LA ROJA Y LA UNIDAD DE ESPAÑA

La Roja ha dado la talla y ha ganado el campeonato del mundo de fútbol. Una Roja, por cierto, compuesta por un buen número de jugadores del Barça venidos de todas partes de las Españas. Un trabajo en equipo, bien armado, ha permitido superar un último partido en el que los holandeses intentaron, por todos los medios, romper el juego.

He escuchado definir a esta selección como una selección de obreros del fútbol. Por encima de las figuras, es el trabajo en equipo el que marca el estilo de la Roja.

El partido se celebra un día después de la impresionante manifestación que recorrió las calles de Barcelona, en contra de la decisión del Tribunal Constitucional, que recorta algunos contenidos del Estatuto de Autonomía.

Claro que hay tendencias separatistas que apuntan a la independencia y autodeterminación de Cataluña. Pero con todo y pese a ello, la lección de estos días, es precisamente que trabajar en equipo puede reportar buenos beneficios para los pueblos que conviven en esta parte de la península ibérica que llamamos España. La lección es que no se pueden negar las realidades lingüísticas, culturales, nacionales que componen el Estado Español.

No conviene olvidar que uno de los males tradicionales de España, ha sido precisamente la incapacidad y dificultad de integrar la diversidad territorial de las España. Una realidad que quedó laminada, yugulada, aplazada, por la Guerra Civil Española.

Pero los males no resueltos, o resueltos a golpe de bayoneta, terminan por aflorar tarde o temprano. Así ocurrió en la Transición española y tuvo como resultado hacer tabla rasa, aplanar montañas, rellenar valles, para crear una planicie de Comunidades Autónomas. Crear una España casi federal, sin una Constitución Federal. Una España de 17 Comunidades Autónoma iguales, en una Constitución que reconocía cuatro realidades específicas de carácter histórico, en Cataluña, Euskadi, Galicia y, por los pelos, Andalucía.

Los Estados no nacen por voluntad divina. Tampoco exactamente por voluntad de los pueblos. Nacen de un convenio aceptado por muchos actores políticos y sociales que avalan un Convenio Colectivo llamado Constitución. Hablamos de los Estados Constitucionales, claro está, y no de los impuestos por la fuerza de las armas o de la dominación.

Durante más de 30 años de Constitución hemos construido un Estado autonómico de Comunidades con amplias competencias. De hecho las Comunidades autónomas gestionan casi dos de cada tres euros del Estado. El Estado son la Administración Central, la Administración Autonómica, y la Administración Local.

Ha llegado un momento en el que algunas de estas partes del Estado reclaman su protagonismo, su participación en la toma de decisiones, su capacidad de autogobierno de los recursos, el reconocimiento de su lengua, su cultura, su propia realidad como nación. Si todo esto cabe o no en la Constitución, es uno de los temas que tenemos que resolver. Hay quienes en la crispación sobre estos temas encuentran su “leiv motiv” para justificar un retroceso democrático.

Hay quienes en estos temas encuentran su “leiv motiv” para fracturar aún más la península ibérica. De la prudencia, el equilibrio y la voluntad de diálogo de la mayoría, dependerá que la grieta y la fractura se cierren, o que las tensiones se agudicen. Algo que muy pocos desean, pero no improbable, si tomamos en cuenta los demás factores que también actúan en estos momentos sobre nuestra sociedad y nuestra política. La crisis prolongada y dura, indudablemente, como principal elemento tensionador de la sociedad.

España no fue siempre como hoy la entendemos. Primero hubo las Españas que juntaron Isabel y Fernando y que no se unieron bajo un mismo monarca hasta su nieto Carlos. Pese a la unidad y pese al aplastamiento del movimiento comunero de los reinos de Castilla, Aragón o Navarra, mantuvieron amplias competencias. Luego las Españas fueron con Portugal, de la mano, durante un tiempo.

Todo aderezado y mezclado con un imperio cada vez más amplio en América, África o Asia.

Con choques importante guerracivilistas como el acceso de los Borbones al trono. Amenazas de descomposición, como la cesión del trono, la abdicación, a favor de los Bonaparte, que trajo una guerra de la Independencia, con componentes también de Guerra Civil.

Las posteriores luchas entre liberales y absolutistas, entre isabelinos y carlistas. Entre una periferia desarrollada económicamente en torno al comercio, la industria, las finanzas y un interior agrario, latifundista, de aristócrata.

Cuando estos males se enquistan y aparecen otros nuevos, como el fin del imperio, el auge del movimiento obrero, los militares espadones, juntistas o africanistas, el escenario de Guerra Civil se abrió paso de forma inevitable.

El franquismo fue el fracaso de España. La incapacidad de integrar, la voluntad de imponer. La Transición y la Constitución fue un intento de abrir las puertas a un proyecto de diálogo permanente. Hoy, no parece mucho pedir, que España dé un paso más, compartido y dialogado, a favor de una integración de realidades ineludibles. Sin miedos ancestrales, con serenidad inusual, con deseo de crear espacios de convivencia. Sin depresiones previas y prejuicios injustificables.

Se trata de negociar el convenio colectivo de convivencia para los próximos 30 años. No va a ser fácil, pero es necesario. No contamos con una clase política que haya demostrado la generosidad y altura de miras, el sentido de Estado, de quienes protagonizaron la Transición española, pero eso no les exime, ni nos eximen, de nuestra responsabilidad.

La Roja, que no es más que un grupo de jóvenes, procedentes de diferentes clubs de toda España, ha dado una lección a este país y nos ha demostrado que unidos podemos hacer jugar lo mejor de nuestra diversidad y pluralidad. No eran grandes figuras, como no lo somos casi nadie, pero han sido buenos, muy buenos, poniendo lo mejor de sí mismos a favor de un objetivo compartido.

Vascos, Catalanes, Castellanos, andaluces, en cada rincón de las Españas, la inmensa mayoría se siente orgullosa de estos jóvenes, tremendamente currantes, y enamorados. A ver si dura y marcan estilo.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid

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4 respuestas a LA ROJA Y LA UNIDAD DE ESPAÑA

  1. [...] carta de naturaleza pero sí conseguimos que toda Europa se aprendiese el nombre de Torquemada. Las autonomías existían antes del “Monta tanto Isabel como Fernando“. No solo eran Cataluña o el País vasco es que en Castilla se luchó hasta que los [...]

  2. vim dice:

    Cuando hablas de “la roja” supongo que te refieres a la Selección Española de Fútbol. Si lo dices por el color de su camiseta no es correcto porque su color es rojo y amarillo, como el color de nuestra bandera, la de España. Además, en algunos partidos, como en la Final del reciente Campeonato del Mundo, nuestra Selección llevaba camiseta azul. Por favor, basta ya de politizar todo. Nuestra Selección de Fútbol no es roja ni de ningún color. Es de TODOS los españoles, tengan las ideas que tengan. Porque se supone que en Democracia cabemos todos, los rojos, los azules y el arco iris entero.

    • ccooblog dice:

      Innecesaria susceptibilidadad. La Roja porque así la han bautizado y así se queda. No te compliques más, ni busques más explicaciones. Es la
      roja y no la azul, qué le vamos a hacer, Cuestión de amantes del futbol. Es todo. La roja me parece bien ¿a tí no?

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