Desprotección de las personas en paro

febrero 8, 2018

Hubo un momento, al principio de la crisis, allá por el año 2010, en el que el porcentaje de personas que se encontraban protegidas por alguna prestación por desempleo alcanzaba el 78,4 por ciento. Aquel tiempo en el que el gobierno socialista de Zapatero, intentaba aplicar recetas que inyectasen dinero en las economías familiares para animar el consumo, e iniciar la senda de la recuperación económica.

Esa política conducía, entre otras cosas, a que la tasa de cobertura por desempleo fuera elevada. Más de tres de cada cuatro personas paradas contaba con algún ingreso para asegurar su suficiencia económica y su autonomía personal. Hubo algunos meses en los que la cobertura por desempleo alcanzó el 80 por ciento. Cuatro de cada cinco personas paradas percibía alguna prestación económica.  Sin embargo eso iba a cambiar pronto.

En primer lugar, porque la crisis iba a ser extraordinariamente larga. Era una crisis atípica, sin precedentes. Y, sobre todo, porque los gobiernos europeos se embarcaron en una cadena de recortes y ajustes que alargaron el sufrimiento y  deterioraron la calidad de vida de la ciudadanía. Una política a la que el nuevo gobierno de mayoría absoluta del PP se apuntó de inmediato. Dos huelgas generales no consiguieron torcer este designio de los dioses del Olimpo bruselense, en connivencia con los pedestres semidioses monclovitas.

Las consecuencias sobre la sociedad y la política aún están por sentirse en toda su extensión y profundidad. Pero algunos de sus efectos ya son visibles en los comportamientos electorales y en determinados fenómenos como el racismo, el rechazo a la acogida de refugiados, o el resurgir de la ultraderecha.

La crisis ha destruido mucho empleo, es cierto. Las altas cifras de paro amenazan con perpetuarse como una realidad que nos acompañará durante muchos años más, por no decir para siempre. El desempleo se convierte en paro de larga duración y luego en paro de muy larga duración para muchas  personas y colectivos. Nuestros jóvenes huyen del país. Los mayores de 40 años, lo tienen bastante más difícil.

El hecho es que el porcentaje de personas cubiertas con alguna prestación por desempleo se encuentra ahora en un raspado 58,6 por ciento, Y esto, teniendo en cuenta que, al tratarse de personas que llevan años en el paro, sólo tienen ya derecho a percibir una ayuda asistencial, hasta el punto de que esas ayudas alcanzan ya al 57 por ciento de quienes cobran algún dinero del desempleo. La caída de la cobertura durante los últimos ochos años ha sido brutal.

Mientras la Ministra de Empleo sigue loando los pírricos triunfos gubernamentales en materia de creación de empleo, sigue obviando algunas propuestas que los sindicatos han planteado reiteradamente durante la crisis. A la vista de las limitaciones del PAE (Programa de Activación para el Empleo), sería urgente pensar en las personas paradas de larga duración, poniendo en marcha medidas como un Plan de Choque para la Recuperación de las personas paradas que llevan años hundidas en el desempleo.

Otra medida, para evitar la pobreza y la exclusión social de las personas paradas, sería la implantación de la Prestación de Ingresos Mínimos, que viene siendo sometida al ninguneo gubernamental, pese a haber sido tramitada en el Congreso de los Diputados como Iniciativa Legislativa Popular, tras recoger los sindicatos los centenares de miles de firmas necesarias. Una prestación que podría alcanzar a 1´9 millones de personas desempleadas y que podría ser costeada simplemente con recuperar esos 13.600 millones de euros que se han perdido en gastos por desempleo, a causa de los recortes del PP.

Si de verdad el gobierno cree que estamos saliendo de la crisis y creando empleo, éste sería, además, un gasto transitorio que permitiría animar la recuperación económica, crear empleo y reducir el paro. Una prestación que iría reduciendo su cuantía, por lo tanto.  Un gasto que evitaría la situación insostenible de muchas familias que llevan soportando la lacra del desempleo, durante largos años. Lo que no es de recibo es seguir mareando a las personas y a las organizaciones que las representan social y laboralmente.

Anuncios

Nosotros, los Nadies

febrero 8, 2018

Hace un par de años Antonio Ortiz, me invitaba a presentar el poemario La Tierra de los Nadie, en la Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos-Tetuán. Ahora, han repetido la invitación, en Mimbrestudio, una antigua librería transformada en proyecto de comunicación. En este caso, para presentar el libro Cuentos en la Tierra de los Nadie.

Hace unos días hemos conmemorado el asesinato de los Abogados de Atocha. Muchos piensan que eran abogados laboralistas, porque murieron en un despacho laboralista que dirigía la ahora alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.  Eran los abogados que en aquellos despachos se dedicaban, a la defensa de los vecinos y las vecinas de los barrios.

Libros de los Nadie, librerías desaparecidas que encuentran nuevos proyectos jóvenes, abogados de barrio que defendían a las asociaciones vecinales. Me presenta Dolquisa, la Directora de Proyectos en el Consulado de la República Dominicana. El círculo se cierra. Son muchos los inmigrantes dominicanos en estos barrios y la colaboración entre Asociaciones Vecinales y el Consulado, permite crear espacios de convivencia y prevenir problemas emergentes.

Podría hablar de los orígenes de la Tierra de los Nadie. Recitar el poema de Eduardo Galeano y sus Nadies salidos del español que se habla en los Andes. Recuperar los conceptos de proletariado y lumpemproletariado (el obrero andrajoso al que se parecen cada vez más -salvadas las distancias- los trabajadores pobres, temporales y precarios), según Carlos Marx. Citar a Franz Fanon y sus Condenados de la Tierra.

Podría remontarme a los pobres de la Tierra que inventó Jesucristo con sus Bienaventuranzas y seguir luego el hilo hasta desembocar en la Teología de la Liberación latinoamericana, con sus héroes y mártires. Y releer La epopeya de los miserables, según Naguib Mahfuz. Lo dejo para mejor ocasión.

Para conocer a los Nadies, con su imponente esplendor y su sobrecogedora presencia, basta adentrarse en las calles y las plazoletas de Cuatro Caminos- Tetuán, comprobar su poder de supervivencia en mitad de la degradación urbana programada, que anuncia y prepara el terreno para las grandes operaciones de “rehabilitación” y remodelación, que las grandes constructoras han comenzado ya en el Paseo de la Dirección, columna vertebral de esos barrios.

Estos somos los Nadies. Los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados, jodidos, rejodidos. Los excluidos del dinero, los exiliados del poder, los expulsados del poder del dinero. Los expatriados de su propia tierra, en su propia tierra.

Los Nadies somos Nadies en Tetuán, o en Villaverde; en Vallecas, o en Usera. En Parla, o en Arganda. En las favelas, slums, township, musseques, en las Villas Miseria. En muchos lugares del mundo ya ni los llaman barrios pobres, sino simplemente barrios. Costamos menos que la bala que nos mata de hambre y desnutrición, o de exceso de grasa. Esa es la única diferencia.

La educación y la política, el sindicalismo, el trabajo social, la sanidad, deberían permitir que nosotros, los Nadies, accediéramos a la palabra y, con la palabra, a la oportunidad de gobernar nuestras vidas y nuestros asuntos comunales.

Pero, mientras esto llega y no llega, o lo empujamos, o lo traemos, no estaría mal que hablásemos de lo nuestro, de nuestros paisajes, de nuestras vidas y nuestras mil maneras de morir y resucitar. De los que fueron antes y de cómo seremos después. Vamos, que en lugar de dejar que otros nos engatusen hasta la estafa, tomemos en nuestras manos, con nuestras propias manos, la construcción de nuestro relato y contemos nuestras prodigiosas, o al menos sorprendentes, historias.  Nosotros.


Bicentenario de un tal Marx

febrero 8, 2018

Te sonará a idea romántica. Unos amigos y amigas bastante desencantados con la marcha de la cosa pública en este país y particularmente con los avatares de la izquierda política, andan preparando un libro conmemorativo del bicentenario del nacimiento de Carlos Marx. Quieren editarlo y entregarlo, como donación, en la Casa Museo de su lugar de nacimiento en Tréveris.

La verdad es que el tal Marx y su amigo Friedrich Engels, habían envejecido relativamente bien por estas tierras durante toda la dictadura franquista. Seguidores, o al menos simpatizantes, de sus tesis, sus antítesis y sus síntesis, su materialismo histórico y dialéctico, eran hasta los curas obreros, como el Padre Llanos, Francisco García Salve, o Mariano Gamo, precursores en España, de la Teología de la Liberación.

Pedro Casaldáliga, Alfonso Carlos Comín, José María Díez-Alegria, o Ignacio Ellacuría, bebieron de esas fuentes y, cuando algunos de ellos viajaron a América Latina y comprobaron que lo de las venas abiertas de Eduardo Galeano era literal y no una metáfora, se convirtieron en apóstoles, o agitadores (según se mire), de la Liberación de una Latinoamérica convertida en patio trasero del vecino del Norte.

Así iban las cosas, hasta que el PSOE decidió prescindir de tan ilustres pensadores, tras las peripecias de un Felipe González, que pareció tomarse como una afrenta personal el hecho de que el XXVIII Congreso socialista rechazase su propuesta de abandonar los principios marxistas como ideología oficial.

Tan personal fue el asunto, que se negó a dirigir una organización política que siguiera tras la senda de Don Carlos. Forzó así un Congreso Extraordinario, cuyo lema bien pudiera haber sido: Marx o yo. Bien conocido es quién tuvo que hacer las maletas y largarse del primer partido de la izquierda española. Esto ocurrió allá por el 79, en pleno proceso de Transición.

Para colmo, diez años después, algunas amistades peligrosas terminaron de dar la puntilla a Marx. Los regímenes comunistas del Este de Europa se fueron diluyendo como azucarillos, víctimas de los desafectos de sus propios pueblos. Habían sido fundados por algunos marxistas revolucionarios, como Vladímir Ilich Uliánov (alias Lenin, por el río siberiano Lena, donde vivió desterrado) y sus seguidores Iósif Vissariónovich Dzhugashvilli (más conocido como Stalin, el hombre de acero) y Lev Davídovich Bronstein (al que todos llamaban Trotsky, por el nombre de uno de sus carceleros, que utilizó para huir de Siberia).

Trotsky acabó sus días siendo víctima de un asesinato en diferido, cuando ya había huido a México para escapar de las garras de Koba el Temible (también conocido como el padrecito Stalin). Aquí se ve que nadie se llamaba como le pusieron sus padres en la pila bautismal y que cuanto más poder acumulaba uno, se hacía acreedor a más motes y apodos.

Así pues, el marxismo goza de buena salud en América Latina, pero no está demasiado bien visto en los países eslavos. No quiero ni imaginar lo que los dos amigos, Marx y Engels, hubieran pensado del comunismo experimental chino de Mao Zedong y del puesto en marcha por sus herederos, encabezados por Deng Xiaoping, para quien, No importa si el gato es negro o blanco mientras atrape ratones… ¡Enriquecerse es glorioso!

Por cierto, éste es el argumento proverbial que introdujo Felipe González en nuestro país, inaugurando así las importaciones indiscriminadas de productos chinos y la admiración de los políticos españoles, Esperanza Aguirre a la cabeza, por su modelo de comunismo capitalista.

Si Karl Marx y su amigo Friedrich Engels volvieran para celebrar el bicentenario del más conocido de los dos, a la vista de la inmutable condición humana, tal vez hubieran revisado sus innovadoras reflexiones sobre el conflicto entre Capital y Trabajo y no hubieran incorporado peligrosos conceptos como “dictadura del proletariado”, que al final acabó convertido en cimiento para la dictadura de las élites burocráticas del partido único sobre el proletariado.

Bien pudiera ser que ambos decidieran tomarse una buena botella de vino de Burdeos, o unas copas de absenta, con Mijaíl Bakunin. Y, tal vez al final, entonaran juntos una Internacional en la que la famélica legión conjurara las borracheras del poder con dosis suficientes de libertad.

En fin, que corren malos tiempos para conmemorar que el de Tréveris cumpliría 200 primaveras el próximo 5 de mayo. Y, sin embargo, aquí ando, dándole vueltas al breve artículo que mis amigos me han pedido para el libro. El tema, el que yo quiera.

Todo un lujo, teniendo en cuenta que vivimos momentos en los que el trabajo,  según se nos explica, se encuentra amenazado por los cuatro jinetes de la Precariedad, la Temporalidad, la Pobreza y hasta el de la Desaparición, en virtud de la revolución digital y tecnológica.

Creo que les diré a mis amigos que escribiré mi artículo sobre Marx y la Pereza.


Carta abierta a Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell

febrero 8, 2018

Alejandro,

De cuantas cartas llevo escritas, ésta es la más difícil y te puedo asegurar que ninguna ha sido fácil. Temo siempre que la sensiblería se apodere de mí, tanto como caer en la frialdad de la distancia aséptica que nunca existe para con quien forma parte de tu vida. En tu caso se añade el miedo a hacer daño, agitando los fluidos que tan difícil e inestablemente se asientan en tu memoria.

No he querido hacerlo antes del 24 de enero, porque sé que son días en los que las entrevistas, los actos de reconocimiento, los viajes, las noches fuera de casa, se apelotonan y se encadenan, provocando una complicada y agotadora sucesión de emociones. He preferido esperar a que terminen los actos conmemorativos del 41 aniversario del asesinato de los Abogados de Atocha, en Madrid, en Salamanca y en otros lugares de España, para enviarte esta carta. Espero que la recibas cuando descanses ya en tu casa cordobesa, en uno de esos días tranquilos que deseo te haya traído tu reciente jubilación en la Universidad.

No te conocía, o al menos no te conocía tanto como ahora, en el año 2000. Hasta esa fecha eras para mí uno de los cuatro supervivientes (luego me enseñaste que preferíais definiros como sobrevivientes), de aquella trágica noche del 24 de enero de 1977, en la que un comando terrorista de ultraderecha decidió ejecutar la última sentencia de muerte del franquismo.

Un escarmiento que no pudieran olvidar quienes, en aquellos días, defendían la llegada de la libertad y la democracia con las únicas armas pacíficas de la manifestación, la huelga y la defensa de los derechos y de la justicia. Hemos escuchado muchas veces a Nicolás Sartorius (una de las cabezas más lúcidas con las que contamos para interpretar aquellos años, los que vinieron después y para intuir los que se avecinan), que Franco murió en la cama, pero el franquismo murió en las calles. Aquel asesinato, atentado (al que llamaron matanza) y el posterior entierro, masivamente secundado, pacífico, ordenado, en estremecedor silencio, fueron la condena definitiva de destierro de una dictadura que comenzó y terminó matando, haciendo desaparecer, condenando al exilio interior, o exterior, a los mejores.

Pronuncias cada 24 de enero, durante tu intervención en el Auditorio Marcelino Camacho, muy despacio, los nombres de los asesinados: Luis Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado de Antonio, Angel Rodríguez Leal, Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdelvira Ibáñez. A los cuales has ido añadiendo los de tres sobrevivientes que han ido falleciendo a lo largo de estos años: Miguel Sarabia Gil, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz.

Siempre nos cuentas que no haces otra cosa que seguir el consejo de Miguel Sarabia, que tantas veces nos dirigía unas palabras en aquellas frías y, con frecuencia, soleadas mañanas de cada 24 de enero, ante el portal de Atocha, 55, donde trabajabais los abogados laboralistas y los de barrios, de los que tú formabas parte: Hay que decir sus nombres despaciosamente, porque diciéndolos, cobra sentido la Historia y se pone en armonía el Universo.

En nuestros carteles omitimos casi siempre los segundos apellidos. Pero nos has contado muchas veces la importancia que para ti ha tenido el apellido de tu madre. Aún creo recordar aquella primera edición de tu libro La Memoria Incómoda, la que presentamos en 2002, en el que el nombre del autor en la portada figura como Alejandro RH Carbonell. Por eso, tal vez, te gusta decir sus nombres completos.

Ibas para sacerdote jesuita, hasta que pensaste que había otras maneras de servir a la gente. Tu padre, el militar de convicciones franquistas, te quería en el campo del derecho. Estudiaste derecho, pero lo tuyo no eran los despachos que defendían a los grandes. Aquellos habitantes anónimos de las barriadas populares, en los que vivían jesuitas como el Padre Llanos, o Díez-Alegría, necesitaban tus servicios y, como otros muchos de tus compañeros y compañeras, abandonaste tus orígenes de “buena familia” y te lanzaste al mundo de los despachos laboralistas y de barrio que había fundado María Luisa Suárez, junto a Pepe Jiménez de Parga, o Antonio Montesinos y que continuaron Cristina Almeida,  Manuela Carmena y  otros tantos como vosotros mismos.

Lo de Atocha conmovió al mundo. En Europa, se conmemora el Día del Abogado Amenazado cada 24 de enero. Y, sin embargo, durante décadas, en España, la memoria de los de Atocha ha querido ser olvidada. No fue fácil comenzar de nuevo. Has contado muchas veces que aquel bolígrafo Inoxcom, que te entregó esa misma mañana Ángel Rodríguez Leal, te había salvado la vida, pero dejó inconclusa aquella insoportable levedad del ser que se llevó a Luis Javier, mientras te dejaba a ti. Afrontar cada nuevo día, desde hace más de 40 años ha sido dura tarea.

Era imposible volver a un despacho. Incluso tuviste que soportar que otras puertas se cerrasen porque era demasiado “político” contratarte. Al final conseguiste un puesto en la Universidad de Valladolid, luego en la de Burgos y, en los últimos tiempos en la de Córdoba, especializandote en Derecho Constitucional. Habéis sido víctimas del franquismo, pero sin Franco. Habéis sido víctimas del terrorismo, pero sin ETA, ni Al Qaeda, ni Isis. Sois víctimas en tierra de nadie. Víctimas del olvido.

Escribiste  La Memoria Incómoda sobre todos estos años y, más tarde, creo recordar que en Círculo de Bellas Artes, presentamos Los ángulos ciegos: Una perspectiva crítica de la Transición Española (1976-1979). Lola estaba presente. Lola, la compañera de Enrique Ruano, asesinado en el 69. Lola, casada luego con Francisco Javier Sauquillo, que sufrió el atentado junto a vosotros. Sobrevivió a sus dos amores y rompió su silencio para escribir en el preámbulo de tu libro No murieron por este mezquino mundo que nos ha tocado vivir.

Desde dos perspectivas distintas, la personal y la del investigador que intenta desentrañas las claves para interpretar su propio lugar en el mundo, has intentado encontrar el hilo conductor que te permitiera recorrer el laberinto de nuestra historia reciente. Has combatido siempre el Pacto del Olvido en el que algunos quisieron basar la Transición. Aquello de lo que no se habla, no existe. No hablar facilita el olvido. Un Pacto que ha generado lo que tú denominas zonas oscuras, ángulos ciegos, complicidades de silencio siempre vinculadas a la violencia política en todas sus formas.

Me llamó la atención, ya entonces, que llegaras a tus conclusiones finales citando a dos periodistas tan distintos, como Hermann Tertsch y Emilio Silva. Luego he entendido que las trayectorias humanas no son lineales. La cita del primero plantea que La dignidad no puede plantearse desde la humillación. La de Silva nos recuerda que Esta democracia no estará lo suficientemente madura hasta que trate con justicia a los hombres y mujeres que escribieron el código genético de nuestra democracia cuando construyeron la Segunda República.

Estas reflexiones recuperan la idea de que la legitimidad republicaba es la fuente originaria en la que bebe la democracia recuperada. La libertad no puede ser heredera de la dictadura, ni ser explicada como un resultado evolutivo de la misma. Los problemas de España, los que dejó enquistados Alfonso XIII cuando tomó la vía de Cartagena, los que no pudo solucionar el régimen republicano, los que fueron aplastados y enterrados por las botas militares en el 36, siguen, en buena medida, presentes y pendientes.

Desde la corrupción que envenena las instituciones, al conflicto territorial, o la cuestión social, por no hablar de la cuestión religiosa. La democracia debería ser el marco donde dirimir pacíficamente estos conflictos, pero el olvido del pasado impide asumir los errores y corregir los problemas.

Alejandro, nunca te he agradecido suficientemente que aceptases el reto de alejarte  algunas veces de la seguridad de las aulas, para enfrentarte a los recuerdos y presidir la Fundación Abogados de Atocha, que decidimos crear hace casi quince años. Sé que has pagado el precio de vivir y revivir muchos momentos de amargura y no pocos de abatimiento y tristeza. Te he visto rebuscar en los cajones del teatro, la música, la poesía, por si el arte y la creación ayudaran a remontar el vuelo y ver este mundo a vista de pájaro.

Hace poco me topé con la diferenciación que establecía Marcelino entre lo que se debe y lo que se puede hacer. Nos quebramos la cabeza, doblegamos la voluntad, dominamos el hambre, para transitar por ese filo de navaja que corta el aire entre lo necesario y lo posible. Lo has hecho todos estos años, como pocos se hubieran atrevido a hacerlo. No quiero terminar con un Gracias. No es gratitud lo que siento, Alejandro. Es respeto.


En el homenaje a los de Atocha

enero 31, 2018

Como cada 24 de enero el Auditorio Marcelino Camacho, con sus cerca de mil butacas, se llena para la entrega de los Premios anuales de la Fundación Abogados de Atocha. Muy de mañana, depositamos coronas de flores en el cementerio de Carabanchel, donde se encuentran enterrados Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira. A continuación llevamos otra corona de flores al cementerio de San Isidro. Hacemos un recorrido entre los magníficos mausoleos levantados por familias de renombre y acabamos depositando la corona en la tumba de la familia Orgaz, donde descansa Luis Javier Benavides. Muy cerca se encuentra la tumba del Padre Llanos, al que tanto admiraba.

El cuarto de los abogados descansa en Salamanca y el compañero que trabajaba en el despacho, como administrativo, aquel que entregó aquella misma mañana del 24 de enero de 1977 un bolígrafo Inoxcrom a Alejandro Ruiz-Huerta, el bolígrafo que desvió, horas más tarde, la trayectoria de la bala que hubiera acabado con su vida, Angel Rodríguez Leal, descansa en su pueblo conquense de Casasimarro.

Pero iba diciendo que el Auditorio, como cada año, se encontraba lleno. En las primeras filas, los representantes institucionales de la Asamblea de Madrid, del Ayuntamiento de la capital, de otros municipios y de otras instituciones cercanas a la Fundación, como el Colegio de Abogados de Madrid, o el Consejo General de la Abogacía. Entre el público muchos de quienes fueron compañeros, o siguieron el camino de los de Atocha.

Veo a Enrique Lillo, fraguado en mil batallas legales, la última de ellas la de torcer el brazo de la todopoderosa multinacional Coca-Cola ante los tribunales.

Más abogados y abogadas, como Patri (al que casi nadie conoce como José Luis Núñez) o como Paca Sauquillo y Cristina Almeida. El Comandante Otero, de la UMD. Representantes de la Confederación de CCOO, encabezados por Unai Sordo. Hay bastantes jóvenes, pero es día de diario, de estudio y de trabajo y hay muchos mayores. Por allí andan Salce Elvira, Juanjo del Aguila, Paquita, Victor Díaz Cardiel, Agustín Moreno, Paco Hortet. Un niño llora en brazos de su madre.

Tras la inauguración a cargo del Secretario General de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, este año incorporamos al acto la novedad de la entrega de los premios de narrativa joven Abogados de Atocha. Hemos recibido ejemplares de toda España y de numerosos países latinoamericanos. El reconocimiento a los de Atocha desborda nuestras fronteras y su modelo de defensa pacífica de los derechos laborales y sociales tiene muchos seguidores por todo el mundo.

En esta ocasión, la ganadora del certamen de relatos viene de Cantabria, con un hermoso relato sobre una niña palestina titulado Hasta luego Futuro y el segundo y tercer premios, han llegado desde Madrid y Granada, con narraciones que hablan de igualdad y memoria. Los podéis leer en la página web de la Fundación.

Luego llega el momento de los saludos. En representación del Consejo General de la Abogacía, nos dirige la palabra Victoria Ortega y, como Decano del Colegio de Abogados de Madrid, José María Alonso. Son ellos quienes nos recuerdan que los Abogados de Atocha son referencia obligada en el mundo del derecho. No sólo en España. El 24 de enero, precisamente en recuerdo de los de Atocha, ha sido elegido por la Asociación Europea de Abogados Demócratas como Día del Abogado Amenazado.

Ya os conté que los Premios Abogados de Atocha de este año han recaído en Pepe Mujica y en Reporteros Sin Fronteras. Sólo reseñar que Mujica no puede viajar desde Uruguay hasta Madrid en pleno invierno español. Ya le entregaremos el premio cuando venga en primavera. Mientras tanto, manda un vídeo con una hermosa intervención de agradecimiento. Alfonso Armada, Presidente de Reporteros Sin Fronteras resalta la importancia de unir la defensa de la justicia, con la libertad de expresión y de información.

Si algo quiero retener en el recuerdo de este acto son, precisamente, algunas referencias reiteradas en las intervenciones, ponen en evidencia que la calidad del Estado de Derecho se asienta en el derecho a la defensa, por incómoda e ingrata que sea la tarea de hacer que nadie sea más que nadie ante la justicia. Quiero retener, también, esas gotitas libertarias, a las que alguien aludió, que representaban los jóvenes abogados laboralistas y vecinales de Atocha. Gotas de futuro, mucho más que herencia anclada en el pasado.


El partido de los licenciados

enero 31, 2018

Recientemente, en el auditorio que lleva su nombre, rendíamos homenaje a Marcelino Camacho, con motivo de los 100 años de su nacimiento. Estos días han dado de sí para leer muchas reseñas y noticias sobre la vida de Marcelino, repasar muchas de sus frases y citas, escuchar muchos testimonios de quienes le conocieron, ver muchas fotos suyas en la cárcel; en su casa, junto a Josefina; rodeado de trabajadores y trabajadoras; junto a Nelson Mandela.

Muchos mencionan que Marcelino fue el primer Secretario General de las CCOO. Algunos menos son los que recuerdan que ese Marcelino, trabajador de la Perkins, que estudió maestría industrial en la especialidad de fresador, fue también diputado entre 1977 y 1981.

Da que pensar que los líderes obreros de las dos organizaciones sindicales más importantes de aquel momento, Marcelino y Nicolás, fueran diputados y que no fueran los únicos. El asunto parece extraño, pero entonces no lo era. He recurrido a diferentes fuentes para hacerme una idea. Los datos son demoledores. Más del 91 por ciento de los diputados son licenciados, diplomados, tienen un máster, o un doctorado. No llegan al 6 por ciento  los que sólo tienen el Bachillerato y un exiguo 3 por ciento no cuenta con titulación más allá de la básica obligatoria.

Tampoco es que antes la situación fuera muy distinta, A lo largo de todas las legislaturas democráticas, hemos contado con poco menos de 2.200 diputados, de los cuales sólo 80 eran eso que podríamos definir como obreros. Es verdad que han sido muchos menos los artistas, o curas en las nóminas del Congreso. Pero, sin duda, las profesiones de éxito son los abogados, seguidos a mucha distancia por los economistas, los titulados en ciencias políticas y sociología, magisterio, medicina, o filología.

Desde luego, al margen de cualquier otra consideración, la composición del parlamento no se corresponde con una sociedad española en la que más del 40 por ciento de las personas adultas no tiene más allá de los estudios básicos, en torno a un 35 por ciento estudios universitarios o superiores de FP y un pequeño 12 por ciento (en comparación con Europa) estudios de FP. Sólo 10 diputados o diputadas afirman haber estudiado Formación Profesional.

He conocido diputados y diputadas obreros, en el parlamento nacional, o en la Asamblea de Madrid y, la verdad, es que unos eran buenos y otros no tanto, en una proporción similar a la de los parlamentarios notarios, registradores de la propiedad, o abogados del Estado. No sólo Marcelino Camacho y Nicolás Redondo. Un ferroviario como el senador José Alonso, o el también senador José Luis Nieto, de profesión albañil.

Un Gerardo Iglesias, minero, o un Cayo Lara que, al ser campesino, figurará en las estadísticas parlamentarias como empresario, por más que pequeño, autónomo y agricultor. Y también a un diputado autonómico, luego concejal, como Julio Misiego, cuya voluntad de ayudar a su gente, defendiendo Madrid, le llevaba a negociar y hablar con cuantos en el gobierno, o en la oposición se pusieran a tiro para solucionar un problema. Os puedo asegurar que un Ángel Pérez salido de los túneles del Metro madrileño no tenía nada que envidiar en sus intervenciones incisivas y punzantes a los discursos monótonos y leídos de otros diputados aparentemente mejor preparados.

No es un hecho singular y diferenciador de nuestra España. La mayoría de los países parecen gobernados por un clandestino y anónimo Partido de los Licenciados. Alguien podrá decir que los más preparados al poder, pero no necesariamente esto es verdad, si tomamos en cuenta que la formación y las habilidades sociales y políticas adquiridas en una trayectoria laboral, en los barrios y en los pueblos, aunque siendo menos formal que la adquirida en una universidad, es reconocida cada vez más en las sociedades modernas.

Además de que ser un gran notario, registrador de la propiedad, economista, o químico, no te hace ni mejor persona, ni más atenta a las necesidades de la ciudadanía, ni más preparada para buscar las soluciones a las mismas, ni para dialogar con la sociedad. Ahí tenemos ejemplos como el de Pepe Mujica, sin estudios superiores, frente a un titulado superior en Economía por la Universidad de Pensilvania llamado Donald Trump.

Nadie entienda que realizo un canto a la ignorancia. Cualquier persona de orígenes humildes aspira a formarse y en muchos casos llegar a la Universidad, para contar con las herramientas que le permitan tener un empleo más decente y una vida más digna. Yo mismo hice primero magisterio y luego, trabajando, fui estudiando Geografía e Historia en la UNED. Camino similar al recorrido por un Agustín Moreno, un Antonio Gutiérrez, o una Salce Elvira.

Entiéndase que algo falla en política (reitero que no sólo en España) cuando los principios de igualdad y no discriminación que impregnan todos los textos constitucionales aparecen desdibujados en la composición de los parlamentos y los gobiernos.

No confiaría mi salud y mi vida a alguien que no tenga título de medicina, ni mi defensa jurídica a alguien que no sea abogado, pero tampoco confiaría la solución de problemas políticos, necesariamente, a un médico, o un abogado, por encima de cualquier otra persona honesta, sensata y con voluntad de buscar soluciones negociadas, acordadas y atentas siempre a los más débiles. Respetuosas siempre con la libertad y la igualdad.


La Formación Profesional como oportunidad

enero 31, 2018

La Formación Profesional (FP) parece ser un problema, pero tan sólo en tiempos de crisis. Cuando aumenta el paro se extiende, difunde y generaliza la idea de que la Formación Profesional podría reducir el desempleo, al aumentar la empleabilidad y las competencias de quienes buscan un puesto de trabajo. Pero lo que vale para un momento de crisis, debería valer para cualquier otro momento. Eso es, al menos, lo que ocurre en muchos países de nuestro entorno.

Son muchos los países europeos que persiguen una Formación Profesional que integre la Formación Inicial, la Formación Permanente, los estudios superiores, la creatividad, la calidad, la innovación, el emprendimiento (que no necesariamente el empresariado). Ensayan programas, itinerarios formativos, nuevas cualificaciones.

Y no sólo lo hacen los países más avanzados de Europa, como Alemania, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, o Reino Unido. Hay otros países que ganan terreno en este campo, han reforzado y promovido la FP buscando una mayor conexión con el entorno laboral y desarrollando y regulando la formación de aprendices. Es el caso de Estonia, Grecia, Croacia,  Portugal, Polonia, o Rumanía.

En países como Italia ensayan conexiones que lleven de la FP a la obtención de títulos superiores y hasta doctorados. En Suecia experimentan en el campo de la formación de aprendices. En otros, como Países Bajos, o Estonia, desarrollan juegos interactivos, promocionan la FP en televisión, utilizan las redes sociales y crean aplicaciones para gestionar ofertas y demandas de puestos de aprendizaje.

En general Europa está desarrollando un interés creciente por la Formación Profesional. Muestra una preocupación cada vez mayor por una adecuada formación de aprendices. Desarrollan procesos de formación vinculados a entornos laborales regulados. Establecen mecanismos que permiten validar los conocimientos adquiridos durante la vida laboral en procesos de aprendizaje no formales, o informales.

Una de las claves del éxito es prestar atención al problema de la igualdad. Dicho de otra manera, volcar más esfuerzos en colectivos de baja cualificación, o en grupos de riesgo. Porque la persona debe ser el centro de la formación y porque la Formación Profesional es parte del proceso educativo de las persona, además de ser un elemento esencial en el desarrollo del tejido económico y social de cualquier país.

Una buena Formación Profesional facilita buenas trayectorias profesionales y calidad de vida. En el ámbito de la economía, las personas cualificadas, innovadoras, emprendedoras, mejoran el rendimiento de las empresas.

En España, como casio siempre, todo es más prosaico, menos imaginativo, menos innovador, menos emprendedor. Poco más que algunas experiencias dirigidas a los jóvenes, para disimular las altas tasas de paro juvenil y orientarlos para convertirse en empresarios autónomos, autoexplotados, de por vida. Mientras tanto se produce un abandono absoluto del sistema de Formación Profesional para el Empleo, al que se ha conducido al conflicto permanente. La FP del Ministerio de Educación va por un lado y la FPE (Formación Profesional para el Empleo), dependiente del Ministerio de Empleo, por otro muy distinto.

Se me ocurren algunas ideas para que esto deje de pasar. Lo primero de todo, la clave, sería prestigiar la Formación Profesional. Conectar el sistema de Formación Profesional con el de Formación para el Empleo. Hacer trabajar conjuntamente a esos dos ministerios que viven de espaldas el uno del otro. Y esto hay que hacerlo con la participación y el acuerdo de los sindicatos y de los empresarios.

Luego hay que difundirlo, contarlo, desarrollar estrategias de comunicación que impliquen a los trabajadores en su propia formación y a los empresarios en la cobertura de las necesidades de sus empresas. Tomarse en serio la orientación y la formación continua del profesorado. Crear plataformas sectoriales y territoriales en las que conectar la investigación, la innovación, las necesidades de la empresa y los procesos de formación. Aprovechar las experiencias de los países europeos más avanzados a los que queremos parecernos.

Necesitamos una Formación Profesional y para el Empleo integral, que actúe a favor de la igualdad, previniendo el fracaso escolar y el abandono educativo temprano. Que preste especial atención a las personas con baja cualificación, a los grupos de riesgo, a las personas paradas de larga duración.

Nos merecemos esta oportunidad como país.