Calles para las personas

Por Javier López, secretario general de CCOO de Madrid

Del 16 al 22 de septiembre se celebra la Semana Europea de la Movilidad. Hace unos años el Día sin Coches despertaba el interés y movía las conciencias de muchos ciudadanos que, al menos por un día, dejábamos el coche en casa y tomábamos un Metro, un autobús o nos desplazábamos andando para ir al trabajo.

Hace unos años los sindicatos aprovechábamos el Día sin Coches para recordar que un tercio de los trabajadores muertos en accidentes laborales lo hacen en las carreteras durante sus desplazamientos diarios a su puesto de trabajo. Esos accidentes denominados “in itínere”. Esos accidentes de tráfico que sufren los trabajadores que conducen vehículos o se desplazan durante su jornada laboral.

En ese Día sin Coches utilizábamos la bicicleta o teníamos presentes algunos datos sobre la contaminación generada por el transporte y especialmente por el vehículo privado. Datos aireados en los medios de comunicación, que ponían en evidencia las insuficiencias del transporte público para atender las necesidades de los ciudadanos o el derroche energético que supone la utilización masiva del coche.

Han pasado los años y el Día sin Coches y la Semana de la Movilidad han reducido su incidencia en los medios de comunicación y en la conciencia general de los ciudadanos madrileños.

Año tras año, los sindicatos hemos seguido celebrando, conmemorando el Día sin Coches, junto a organizaciones vecinales y ecologistas. Con actos reivindicativos, lúdicos, jornadas. Hemos reclamado medidas, acuerdos, leyes que planifiquen la movilidad en el conjunto de la región facilitando el acceso a los centros de trabajo, lugares de ocio, hospitales… Sin embargo, ahí están el crecimiento demográfico, el monocultivo urbanístico como fuente de enriquecimiento rápido, sin importar la dispersión o la ocupación de espacios naturales.

La construcción desordenada de Metro y en competencia con autobuses o cercanías de RENFE, ha dejado barrios y pueblos insuficientemente cubiertos. La apuesta del Gobierno regional por construir radiales, autopistas, autovías. La competencia entre Estado, Comunidad y ayuntamientos en lugar de la cooperación, debilitando instrumentos como el Consorcio de Transportes en lugar de fomentar su capacidad de planificación y coordinación de las necesidades de transporte público. Estos elementos, unidos al desinterés general del Gobierno regional y de numerosos ayuntamientos, han conducido a un Día sin Coches donde los atascos son los habituales, salvo que caiga en sábado –como este año- o en domingo.

“Hacer de la necesidad negocio”, constituye buena parte del secreto del milagro de crecimiento madrileño. Año tras año nos han “animado” a utilizar el transporte público, al tiempo que nos conducían a una realidad evidente: ir a trabajar utilizando el transporte público si viven en una urbanización dispersa te puede suponer el doble de tiempo que si vas en tu coche particular.

Fruto de ese desorden planificador un estudio de CCOO y UGT, presentado a lo largo de esta Semana de la Movilidad, viene a demostrar con seis itinerarios distintos que el urbanismo disperso dificulta e impide el uso de una planificación y utilización del transporte publico.

Cerrar los ojos a los problemas puede hacer que no los veamos, que no queramos verlos, pero no consigue que se solucionen por si mismos, ni evitar que se agraven en el futuro. Por eso, en el inicio de esta legislatura, con nuevo gobierno y nueva oposición, los sindicatos hemos presentado de nuevo nuestro decálogo de medidas para una movilidad sostenible: aprobar una ley de movilidad enmarcada en la negociación de un plan de estrategia territorial del que Madrid carece. Crear una red de transporte público en las coronas metropolitanas. Mejorar la calidad y accesibilidad del transporte público. Evaluar las nuevas ampliaciones de Metro. Establecimiento de BUS-VAO y carriles bus. Aparcamientos disuasorios en los entornos de M-30 y M-40. Itinerarios peatonales y red de vías ciclistas. Moratoria a nuevos túneles e infraestructuras cuando suponen graves impactos ambientales. Aplicar la legislación sobre calidad del aire con límites al uso indiscriminado del automóvil.

Son medidas que exigen mucha negociación, diálogo y voluntad de acuerdo, pero absolutamente necesarias en un Madrid pequeño en tamaño pero muy densamente poblado.

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