Se presenta el documental «Luchadores: 50 años de CCOO»

«Luchadores: 50 años de CCOO» es el título del documental que se ha presentado en el salón de actos de CCOO de Madrid. El documental repasa el periodo que va desde la postguerra hasta la actualidad. Se ha proyectado el capítulo que abarca desde el nacimiento de la primera Comisión Obrera Provincial del Metal hasta el Proceso 1.001. En el acto han participado el secretario general de CCOO de Madrid,Javier López; el presidente de la Fundación Sindical de Estudios, Rodolfo Benito;y el director del documental, Jorge Martínez Reverte.

De izquierda a derecha, Rodolfo Benito, Presidente de la Fundación Sindical de Estudios de CCOO de Madrid; Doroteo Peinado, miembro de la primera Comisión Obrera Provincial del Metal de Madrid (1964); Jorge Martínez Reverte, director del documental; Javier López, secretario general de CCOO de Madrid


El Madrid Sindical de junio de este año publicó en su última página la historia de la mina de La camocha, referencia fundacional de las Comisiones Obreras, hace ahora 50 años, y la historia de uno de sus mineros que, por su interés en el acto que mañana se celebra, reproducimos:

Canción popular: «La mina de La Camocha, dicen que va baxu el mar, que por eso los mineros, oyen les oles bramar». Hoy, en las galerías de esa explotación hullera cercana a Gijón, acaso se puede escuchar también la historia de cómo nació un proceso duro, esperanzador y cómo terminó otro también duro, algo más triste.

Abierta en 1930 en una zona apartada de las grandes cuencas, La Camocha es la referencia fundacional de Comisiones Obreras. En las profundidades de ese pozo se consolidó en 1957 una de las primeras comisiones o comités obreros. Algo tan simple como un grupo reducido de trabajadores encargados de defender las demandas de sus compañeros ante los patrones. Ese fue el principio.

El próximo 31 de diciembre, el año en el que se cumple medio siglo de aquello, La Camocha cerrará sus galerías para siempre. En ella sólo quedarán los mineros encargados de cegar los pozos. Ese será el final.

O el comienzo de otra historia, pues el terreno que hoy ocupa la mina, a unos seis kilómetros de Gijón, ha sido objeto durante la campaña de varias promesas electorales que van desde la construcción de un parque empresarial científico-tecnológico o una piscina a dar marcha atrás y seguir explotando el pozo.

«Cuando me enteré del cierre fue como si me arrancaran algo», confiesa Casimiro Bayón, que trabajó ocho años en La Camocha y fue uno de los tres miembros de aquella comisión que lideró la huelga del 57. Desde su casa en El Campello (Alicante), donde reside para aliviar los achaques de la silicosis que contrajo en la mina, este asturiano de 82 años recuerda de carrerilla las reivindicaciones que defendió ante la patronal y el Gobierno Civil en pleno franquismo.

«Aumento del precio de los destajos, puestos aptos para los afectados de silicosis, reducción a cinco horas de la jornada de los que picaban en galerías anegadas…». En enero, mientras la comisión negociaba con la patronal, los 1.500 mineros pararon la mina. En nueve días se llegó a un acuerdo. No hubo ni un detenido, ni una agresión.

Militante del PCE, Bayón fue el encargado de materializar en La Camocha la nueva táctica del partido en la lucha obrera: promover las comisiones de representantes para reivindicaciones específicas y que sus militantes se presentasen a las elecciones del sindicato único franquista hasta coparlo.

La huelga del silencio

La táctica resultó ser un éxito y, junto a otras experiencias similares en País Vasco o Andalucía, sentó las bases de un sindicalismo que luchaba desde dentro del sistema para defender los derechos de los trabajadores y de paso acabar con la dictadura. Un camino duro, pero esperanzador.

«La llamaron la huelga del silencio porque los problemas de la mina sólo se hablaban dentro de la mina y cuando se pedían explicaciones los mineros respondían: ‘que pregunten a la comisión’. Era una forma de evitarse problemas, había mucho miedo a hablar», rememora Bayón.

«La huelga del 57 acabó con la apatía de los trabajadores, con el sentimiento de que no había nada que hacer», recuerda el ex minero que en septiembre de ese mismo año se hizo con la presidencia de la Junta en el Sindicato del combustible, la central franquista. Después de aquel triunfo dulce el régimen reaccionó y reprimió con dureza las huelgas de 1958, 1962 y el resto de las que estaban por llegar.

Despedido después de la primera, Bayón se dedicó a recomponer la maltrecha dirección local del partido y buscó trabajo en otras cuencas a pesar de estar «en la lista negra». Muchos le conocían ya como «Bayón el de La Camocha».

Desde su retiro en El Campello, recuerda aquellos días como «los mejores» de su vida. «Allí empecé a militar, allí se me murió un hijo y me nació otro».
Hoy, la dictadura es historia, pero el trabajo sindical continúa en La Camocha a unos siete meses de su cierre. CCOO, junto a otros sindicatos, está luchando en los tribunales para que reciban su dinero los mineros prejubilados tras la reestructuración de 1999, a los que la empresa adeuda un complemento salarial desde 2002.

José Luis Villares, responsable de Minería en CC.OO. Asturias, explica que el cierre de La Camocha es un eslabón más del desmantelamiento general del sector industrial en los 80 y 90. «A partir de entonces vivimos un receso terrible en el sector naval, siderúrgico y minero», lamenta. Villares no esconde cierta amargura ante la parada de La Camocha y la progresiva agonía del histórico sector minero en Asturias, que pasó de ocupar a unas 25.000 personas en 1980 a 4.000 en la actualidad. El único consuelo es que, según el sindicalista, los castilletes de La Camocha, que subían carbón y bajaban mineros al pozo, no podrán ser demolidos sea cual sea el uso que se haga del terreno. Un final duro, algo triste, para un lugar en el que se escribió un capítulo clave, lleno de esperanza.

Más en www.ccoomadrid.es 

Madrid Sindical nº 114, junio 2007

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