Iguales en el trabajo

Por Javier López, secretario general de CCOO de Madrid

En Madrid viven ya más de 900.000 extranjeros empadronados. Suponen más del 14 por ciento de la población madrileña y cerca del 20 por ciento de todos los inmigrantes que viven en España. El número de inmigrantes ha crecido de manera muy importante desde el año 2000. Es absurdo plantear que el crecimiento ha sido mayor en los últimos años. No hay que olvidar que bajo el Gobierno del Partido Popular, entre los años 2000 y 2004, el número de inmigrantes censados en Madrid creció en más de 600.000 personas, hasta alcanzar las 780.000 personas extranjeras empadronadas.

Es absurdo plantear que el “efecto llamada” depende de los dos procesos de regularización llevados adelante por el PP o del proceso de normalización desarrollado por el PSOE en virtud del acuerdo con empresarios y sindicatos. El “efecto llamada” se produce porque la economía demanda trabajadores en sectores que no cubren los empleados españoles y porque hay empresarios dispuestos a emplear trabajadores sin contrato, vulnerando leyes, convenios colectivos, salarios y condiciones de trabajo.

Casi el 50 por ciento de los extranjeros son de origen latinoamericano. Casi el 35 por ciento proceden de Europa, sólo el 12 por ciento vienen de África y poco más del 5 por ciento de Asia. Los usos, las costumbres y la cultura de la gran mayoría de los inmigrantes que viven en Madrid son perfectamente compatibles con las de los españoles y no parece que venga a cuento andar planteando por ahí la necesidad de un “contrato de integración”. La Ley es igual para todos y los poderes públicos deben velar por su cumplimiento. Más que “integración”, muchos inmigrantes necesitan un contrato de trabajo, en lugar de verse sometidos a la explotación laboral más impune e infame por parte de empresarios desaprensivos que convierten la necesidad en oportunidad de negocio.

Los inmigrantes han venido a trabajar, a ganarse la vida, a enviar recursos para sus familias en sus países de origen. Ni más ni menos que lo que millones de españoles hicimos hace pocas décadas en Alemania, Francia o Suiza. Han venido a quedarse y, aunque algunos retornen a sus países de origen, sus hijos se quedarán aquí. Son una nueva realidad en el empleo y la sociedad que no tiene vuelta atrás. Cuanto antes lo asumamos y afrontemos el reto laboral y social de la igualdad, más problemas económicos y sociales nos ahorraremos en el futuro.

Los inmigrantes madrileños aportan 2.000 millones de euros a la Seguridad Social porque suponen ya más del 14 por ciento de afiliados. Esa cantidad es casi un tercio del presupuesto sanitario y 23 veces más de lo que se gasta la Comunidad de Madrid en la Consejería de Inmigración, incluida toda la cooperación internacional. El incremento anual del fondo de reserva de la Seguridad Social para pagar las futuras pensiones coincide precisamente con lo que aportan los inmigrantes a la Seguridad Social. El 23 por ciento de los pisos de segunda mano los compran los inmigrantes y el 33 por ciento de los pisos que se alquilan los alquilan ellos.

Eso sí, el 15,8 por ciento de los parados madrileños son inmigrantes. En el último año el paro de los españoles ha crecido un 4,9 por ciento y el de los inmigrantes más de un 31 por ciento. Uno de cada dos inmigrantes tiene un contrato temporal. Esa es la realidad.

No se puede integrar a los inmigrantes a golpe de pagarles fiestas, procesiones, casas regionales y redes paralelas de atención social, como hasta el momento hace nuestro Gobierno regional. Hace casi dos años, ante el Consejo de Madrid, del que formamos parte empresarios, sindicatos y Gobierno regional, la presidenta se comprometió a negociar un pacto por la igualdad de oportunidades de las personas inmigrantes y… hasta la fecha.

Hay que actuar sobre la alta temporalidad, el fraude en los contratos, la formación y cualificación, el empleo irregular. Estamos hartos de denunciar casos como los de explotación de trabajadores de Mali. Los de los inmigrantes sin contrato captados en las plazas madrileñas por “pistoleros” de la construcción. Los de los trabajadores chinos en restaurantes de la cadena The Wok, dependiente del grupo VIPS.

No sería malo que en el marco del pacto ofrecido y necesario se creen instrumentos como una comisión tripartita similar a la que funciona en el Estado y en diversas comunidades, que cuente con un observatorio permanente de la inmigración en Madrid y donde empresarios, sindicatos, Gobierno regional y Delegación del Gobierno podamos analizar problemas, necesidades, impacto económico y productivo y soluciones para conseguir la mejor integración laboral y social de los inmigrantes en la región.

Estamos en elecciones y los inmigrantes se convierten en un arma arrojadiza. De la seriedad y responsabilidad de nuestros políticos esperamos que, cuanto antes, aúnen esfuerzos y coordinen su trabajo.

Mientras en el Gobierno regional se deciden o no a cumplir sus compromisos, abriendo las puertas de la negociación, CCOO acabamos de lanzar una campaña -“Diferencia en el origen, Igualdad en el trabajo”- para impulsar un empleo decente, seguro, estable y con derechos para todos cuantos trabajamos en Madrid.

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