Estamos en campaña

marzo 4, 2008

La negociación colectiva es el campo donde se dirime el reparto de las rentas y las condiciones de trabajo. La campaña de la negociación colectiva está en pleno auge. Por eso llama la atención que el PP gobernante en Madrid y aspirante en España, intente sacar réditos electorales de las necesidades y el conflicto laboral, acusando a los trabajadores de realizar huelgas políticas.

Venimos de un año complicado en el que la inflación ha terminado alcanzando el 4,2 por ciento, comiéndose una parte del poder adquisitivo de los salarios. Un año en el que los empresarios han ganado mucho dinero. Así lo demuestran los resultados económicos que presentan y los extraordinarios aumentos de sueldo de altos ejecutivos, por encima, en muchos casos del 15 por ciento.

Vamos a un año también complicado que exigirá mucha prudencia, pero sin debilitar aún más las rentas salariales y los derechos laborales y, entre ellos, mejorar la igualdad entre mujeres y hombres, o el fortalecimiento de las actuaciones en materia de salud y seguridad en el trabajo.

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La EMT, la recogida de basuras urbanas, la limpieza de edificios y locales y los trabajadores chinos de los restaurantes WOK, del Grupo Vips, se encuentran en huelga.

88.000 trabajadores de la limpieza de edificios, de los cuales 70.000 son mujeres, muchas de ellas inmigrantes. Cobran 450 euros de media y, a jornada completa, menos de 800 euros. ¿Son ellas las que quieren arruinar la fiesta electoral del PP en Madrid?. ¿Las que quieren ensuciar hospitales y colegios?. Cuéntate otra y no me toques las narices.

Que esos empresarios ganen un poquito menos y paguen un poquito mejor y que este Gobierno madrileño apueste por la igualdad y medie en el conflicto para dar un poquito de decencia a esas empleadas y un poquito de dignidad a sus salarios.

Que se note que estamos en campaña.

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Madrid: 25 años de estatuto

marzo 4, 2008

Por Javier López

Madrid nació como Comunidad Autónoma en 1983. Después de que nadie quisiera asumir esos millones de habitantes que desequilibrarían, en un centro peninsular desértico, a las comunidades castellanas colindantes, los representantes en la Diputación Provincial de Madrid tenían pocas opciones y, en el castillo de Manzanares el Real, decidieron convertir Madrid en Comunidad Autónoma. Así se elaboró un Estatuto, fue aprobado y se inició la andadura de la región capital de España.

Tan escasos andaban de simbología identitaria que eligieron un pendón en color rojo, con siete referencias astrales como bandera. La música del himno se la encomendaron a un compositor madrileño de sangre vasca y la letra a un reconocido anarquista. Bien pensado, ahí se encuentran las claves de Madrid. Fueron hombres libres de origen vasco los que, palmo a palmo, fueron construyendo el Condado de Castilla y, pasando la Sierra, llegaron a Madrid. Gentes acostumbradas a vivir bajo fueros que sólo les obligaban a responder ante el rey y no ante ninguna orden militar o religiosa, marqués de turno o arzobispo de rigor.

En cuanto al anarquista, quién mejor que él para reivindicar la libertad que el Madrid comunero defendió frente a Carlos V. El Madrid ilustrado frente a Esquilache. El Madrid liberal frente a Napoleón, Fernando VII, los cien mil hijos de San Luís o Isabel II. El Madrid republicano y socialista frente a la dictadura, la dictablanda y el franquismo, que más que fascismo era capellanía cuartelaria y guerracivilista. Libertad frente a la larga noche de la España convertida en cuartel y capellanía de todos los rencores.

La libertad es la pasión de los castizos y de cuantos vinieron a vivir con ellos de cualquier lugar de España y del mundo. Sin otro examen ni condición que no querer ser más que nadie pero tampoco menos.

Veinte años son nada y veinticinco poco más que nada. Así que han pasado volando y ahora en el mismo Manzanares el Real, en las inmediaciones del castillo que fuera de los Santillana, se ha celebrado una escueta ceremonia conmemorativa.

No sería malo, si los tiempos no fueran tan ariscos y crispantes, que nuestros políticos se pusieran la tarea de revisar el Estatuto. Son muchas las competencias que hemos asumido. Hay que reflexionar sobre los recursos y financiación. Pero sobre todo hay que contemplar los derechos ciudadanos. El derecho a una educación a lo largo de toda la vida. El derecho a una sanidad pública, gratuita y universal. El derecho a un empleo estable y una vivienda digna. A vernos atendidos en las situaciones de dependencia. A la igualdad entre mujeres y hombres. A un desarrollo económico equilibrado, sostenible, respetuoso con el medio ambiente. Esos derechos de ciudadanía que nos hacen sentirnos parte de una comunidad de mujeres y hombres libres e iguales. Aunque sólo por ser algo seamos madrileños, como advierte nuestro himno.