La niña

marzo 7, 2008

Hoy voy a hablaros de una niña. No de esa niña que Rajoy ha puesto de moda en la campaña y que imagino rubia, blanca y de ojos azules. Hablo de otra niña. La que de la mano de su madre ecuatoriana entraba ayer en la Asamblea de Trabajadoras de la limpieza de edificios y locales que están en huelga por conseguir un salario digno de 1.000 euros y un trabajo decente. 1.500 mujeres y hombres en Asamblea.

La niña asistía a la mejor clase de educación para la ciudadanía. La que todos los días imparten miles de trabajadores y trabajadoras en lucha por sus derechos. Escuchaba la niña cosas que no entendía. Escuchaba como esos hombres acostumbrados a ganar miles de millones de euros en beneficios empresariales. Los dueños de contratas como FCC, FERROVIAL, ACS o Acciona. Esos hombres acostumbrados a salarios millonarios y ganancias brutales en las bolsas de todo el mundo,  se niegan a que sus “señoras de la limpieza” cobren 1.000 euros al mes, ni reducir sus jornadas laborales.

Escucha la niña como otro hombre, el Consejero de Sanidad, Señor Güemes,  acusa a su madre de hacer una huelga política y realizar peticiones desorbitadas. Cómo el poder político y el poder económico se alían y decretan servicios mínimos abusivos del 100 por ciento, imposibilitando el ejercicio real del derecho de huelga.

La niña no entiende buena parte de estos términos y conceptos pero aprende algo que la acompañará toda la vida: Que allí hay muchas mujeres y hombres unidos por la decencia de su empleo y la dignidad del salario. Que la unidad es un arma poderosa, nuestra mejor arma, nuestra única arma.

Y aprende otra cosa. Que independientemente de donde naciera su madre, esas mujeres y esos hombres son su patria. La misma lección que aprendió la madre de Joan Manuel Serrat, emigrante en Cataluña que a la pregunta ¿de donde es usted? Respondía “de donde trabajan mis hijos”. Esas gentes son su patria y quienes le niegan sus derechos, desde el privilegio económico o desde el sectarismo político, son sus extranjeros.

La niña seguirá jugando, estudiaría y, cuando trabaje, recordará, cualquier día cercano al de la mujer trabajadora, cuando ejerza su derecho al voto, cuando defienda sus derechos laborales, que ella tiene una patria que descubrió con su madre, una tarde de Asamblea junto a miles de trabajadoras.

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