Aguirre vende menos.

mayo 6, 2008

Las ventas comerciales en Madrid han caído un -11,7 por ciento en Marzo sobre el mismo mes del año pasado. Es la mayor caída de todo el Estado. Es una situación como para preocuparse. Los madrileños no dejamos de comer, la alimentación es lo que menos cae. Pero los equipamientos del hogar tienen un desplome muy importante.

La economía no está sólo globalizada, sino interrelacionada en sus diferentes sectores. Si cae la vivienda libre y el sector de la construcción se desploma, aumenta el paro en la construcción, pero luego aumenta el paro en los servicios. Si se vende menos vivienda, se venden menos equipamientos del hogar. Si hay más paro y más incertidumbre en las familias, retrasamos lo que podemos cambiar la lavadora, comprar un coche o un televisor. Al final se produce menos y la industria no despega. Si además hay crisis financiera, el acceso a créditos se dificulta y un problema de liquidez transitorio en una empresa se puede convertir en un problema de supervivencia.

El empleo en el sector de comercio no se ha resentido aún, pero el pequeño comercio y las pequeñas cadenas comerciales son las que más sufren la caída del consumo. Esperanza Aguirre ha encontrado la “piedra filosofal” para abordar el problema. Aprobar una Ley de Modernización del Comercio para abrir durante más horas las grandes superficies y, en un futuro inmediato, liberalizar completamente la apertura de las grandes superficies en domingos y festivos.

Esperanza Aguirre, inducida por sus ideales ultraliberales, ha escuchado que el mercado en absoluta libertad se autorregula. Ignora, sin embargo, que Madrid, con el mayor número de festivos y domingos de apertura, es la Comunidad con mayor caída de ventas. Porque los consumidores compramos cuanto podemos, pero si no podemos compramos menos, independientemente del tiempo que permanezcan abiertos los comercios.

La liberalización absoluta de horarios puede hundir al pequeño comercio y poner en riesgo a cadenas comerciales que incrementan gastos con más horario de apertura, sin por ello vender más. En cuanto a los trabajadores el efecto puede ser o menos empleo o más precariedad y aún peores salarios, para mantener beneficios empresariales, o ambas cosas a la vez.

Afrontar los problemas de un sector en una economía globalizada e interrelacionada, exige prudencia, paciencia y mucha negociación para armar consensos y acuerdos en los que sectores empresariales y trabajadores nos sintamos representados.

El proyecto de Ley de Modernización del Comercio carece de todos estos componentes. Es un desastre que siembra incertidumbre y malestar en el comercio madrileño. No es eso. No es eso, que diría Unamuno.

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