MENOS SALARIOS, MÁS BENEFICIOS

mayo 9, 2008

Los salarios pierden peso en la riqueza nacional y en Madrid más. Si en el año 2001 la remuneración de los asalariados españoles suponía el 54,4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) en 2006 este porcentaje había bajado hasta el 52,4 por ciento. En el caso de Madrid la remuneración de los asalariados suponía el 53,06 por ciento en el año 2000 y el 49,21 por ciento en 2005. En el mismo periodo los beneficios empresariales han aumentado 1,5 puntos porcentuales en España y 2,98 puntos en Madrid.

Si tomamos en cuenta que un tercio de los salarios pagados por empresas madrileñas corresponden a trabajadores domiciliados en otras Regiones y no viven en Madrid y que aquí cobran sus salarios la mayoría de los altos ejecutivos y directivos podemos sacar en claro que la desigualdad salarial es aún mayor en Madrid que en el resto de España. Esto ocurre, paradójicamente, cuando hay más trabajadores que nunca y el número de asalariados ha crecido significativamente, superando los 19 millones de asalariados en España y los 3 millones en Madrid.

Las causas que explican la menor participación de los salarios en la distribución de la renta tiene que ver, como casi en todo, con la globalización. Me explico, la libertad del comercio exterior hace que los países emergentes, con bajos salarios, tengan una ventaja comparativa con respecto a los mismos sectores en países desarrollados que tienden a mejorar su competitividad reduciendo el peso de los salarios.

La deslocalización es otra cara de la misma moneda. La simple amenaza de deslocalización y traslado de la empresa fomenta la sensación de vulnerabilidad y contribuye a contener las demandas salariales.

Por otro lado, en las economías globalizadas, los países centrales tienden a especializarse en productos intensivos en capital, ligados a los cambios tecnológicos, incrementando la productividad, lo cual produce un menor peso de las rentas salariales.

En España se produce, sin embargo, menor inversión tecnológica y una mayor presencia de un empleo extensivo en mano de obra. La productividad crece poco. El empleo crece mucho pero con bajos salarios. Los beneficios empresariales son altos pero con menos futuro.

La terciarización de la economía, pérdida de protagonismo de la industria, la preponderancia de los servicios personales (hostelería, turismo, servicio doméstico, servicios personales y sociales) y de los servicios de distribución, el papel de la construcción en el modelo de crecimiento son causantes también del menor peso de las rentas salariales.

Las privatizaciones de servicios públicos, la externalización y subcontratación, la flexibilidad introducida en el mercado de trabajo, producen también mayor precariedad y un menor peso de los salarios. La incorporación de trabajadores inmigrantes, jóvenes y mujeres se ha producido en sectores con menores salarios y baja cualificación y ha contribuido a que más empleo no signifique más participación de los salarios en la riqueza total.

Sin embargo, los beneficios empresariales nunca han sido tan altos en Madrid, en España, o en la zona euro. Por otro lado, pese a la globalización la economía europea depende, al menos, en un 85 por ciento de la demanda doméstica y no tanto de las exportaciones.

Por su parte, el Banco Central Europeo aparece más obsesionado por la estabilización de la inflación, que por compensar el impacto negativo que unos bajos salarios tienen sobre la demanda doméstica.

Por ir concluyendo. Los políticos liberales de la derecha y los empresarios deberían abandonar teorías económicas de corte ideológico para dar un giro hacia el realismo. Las fuentes del crecimiento económico de los últimos años se están agotando, especialmente, la construcción sobre la base del endeudamiento de las familias y las burbujas inmobiliarias. El mantenimiento del consumo interno, sobre la base de crecimientos razonables pero más intensos de los salarios, que compensen desigualdades y brechas salariales, pude tener un efecto muy positivo sobre la actual situación económica y del empleo en el conjunto de la Unión Europea.

Así lo entiende la Confederación Europea de Sindicatos en su último análisis de la negociación colectiva, los salarios, beneficios empresariales y empleo en Europa.

No es razonable, ni justo, ni decente, que administraciones y empresarios de sectores como la limpieza de edificios y locales o de centros de atención a personas discapacitadas, por poner dos ejemplos con conflictos abiertos, mantengan a sus trabajadores con condiciones salariales y laborales discriminatorias.

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