III Plan Director de Prevención de Riesgos Laborales

mayo 13, 2008

La muerte siempre es injusta. Incluso cuando se produce por causas naturales y a avanzada edad, hay algo en ella que la convierte en intolerable. Si esa muerte se produce por un accidente laboral siempre es injusta, intolerable, inaceptable. No es posible entender que quien parte cada día al trabajo vea segada su vida por un accidente laboral. Sin embargo un accidente mortal se sigue produciendo cada dos día en nuestra Comunidad.

Podemos buscar consuelo en que mientras que la población trabajadora ha alcanzado los 3.060.000. trabajadores el número de muertes se ha estancado y hasta retrocedido. 151 muertes a lo largo de 2007. Podemos explicar que dentro de España somos los tuertos en el país de los ciegos y que ocupamos los últimos lugares en tasas de siniestralidad de entre todas las Comunidades Autónomas. Podemos buscar aliento en el hecho de que la continuidad de tres Planes Directores de Prevención de Riesgos Laborales, firmados por el Gobierno Regional con los empresarios de CEIM y los sindicatos CCOO y UGT, están dando frutos y hay más sensibilidad, conciencia, formación, seguimiento y control y planes de prevención en las empresas madrileñas.

Sin embargo, ante cada muerte por accidente, todo esto suena a explicaciones de mal pagador. Cada muerte es una vida menos y un drama familiar más. Una persona única e insustituible que no compartirá más su puesto de trabajo con nosotros. Por eso, quienes desde el ámbito sindical combaten cada día la siniestralidad laboral, sienten como un fracaso personal cada accidente y la rabia y la desazón acompaña cada muerte en un centro de trabajo. Sobre todo cuando, personados en el lugar del accidente, verifican graves incumplimientos de las mínimas normas de prevención.

Para ellos, para todos los trabajadores madrileños, la firma del III Plan Director de Prevención de Riesgos Laborales, es una noticia muy importante. En primer lugar porque supone mantener un compromiso que se había debilitado el año pasado, cuando el Plan Director sólo fue aplicado desde Octubre en las actuaciones empresariales y sindicales previstas en el mismo.

En segundo lugar, porque supone trasladar la Estrategia Española de Salud y Seguridad en el Trabajo a la Comunidad de Madrid. En tercer lugar, porque supone un compromiso para avanzar en la cooperación entre Administraciones, siguiendo la senda del Acuerdo suscrito en el ámbito del Estado entre Poder Judicial, Fiscalía, Ministerio Trabajo, Ministerio de Interior, con el apoyo de CCOO y UGT, para perseguir los delitos contra la salud de los trabajadores y el propio delito de riesgo, es decir, el que se produce cuando no se cumple la normativa de prevención de riesgos, aunque no llegue a producirse un accidente.

En cuarto lugar, porque se identifican más los sectores y colectivos de riesgo y se comprometen actuaciones específicas sobre los mismos. Por último, porque se produce un paso adelante en el tratamiento de las enfermedades profesionales. Si el accidente es la punta del iceberg, la enfermedad profesional es esa gran desconocida que ni se declara, ni se reconoce, ni se trata, ni se trabaja en su prevención. España es un agujero negro en las enfermedades profesionales, con un nivel bajísimo de declaraciones y reconocimientos de las mismas.

Sólo cabe reprochar que, habiendo concluido la negociación del III Plan Director antes de finales de 2007, la Administración Regional haya tardado más de cuatro meses en firmarlo con empresarios y sindicatos. En la prevención de los riesgos laborales en las empresas, siempre es tarde y nunca es suficiente. La firma de hoy supone un pistoletazo de salida que debe permitir cuanto antes que empresarios y sindicatos podamos actuar en las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, en la formación, asesoramiento y prevención de los riesgos laborales, promoviendo la cooperación de las instituciones en la persecución del delito de riesgo y construyendo una cultura de la prevención del accidente que permita corregir las causas, antes de tener que padecer las consecuencias irreparables del mismo.

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