NEGOCIACIÓN COLECTIVA Y CRISIS PARTE 1. MENOS SALARIOS, MÁS BENEFICIOS, MENOS INVERSION


Había una asignatura en la carrera de Geografía e Historia que se llamaba algo así como Introducción a la Economía para Historiadores.

En ella se explicaba de forma sencilla que para ganar productividad o produces más con los mismos efectivos y costes laborales o mantienes la producción con menores costes salariales.

Históricamente los aumentos de productividad se han resuelto absorbiendo y compensado aumentos salariales y de la oferta total de trabajo.

También se explicaba que el recurso sistemático a bajar salarios desincentiva la inversión en tecnología e innovación y consigue ventajas competitivas con pies de barro.

La clave final reside siempre en la inversión en desarrollo tecnológico, organización del trabajo y en la innovación.

Juan Francisco Martín Seco avala estas tesis, en un artículo reciente, afirmando que “pretender ganar competitividad reduciendo costes. Tanto si son salariales como sociales, nos introduce en un camino sin salida.  En primer lugar porque nadie asegura que la reducción de costes se traslade a los precios y no a incrementos del excedente empresarial.  En segundo lugar porque siempre habrá países con costes más bajos y, en todo caso, todos reaccionarán disminuyéndolos, de manera que se producirá una carrera al infinito”.

Recientemente la Confederación Europea de Sindicatos (CES) analizaba el experimento alemán de moderación salarial, para alcanzar similares conclusiones.

La política de moderación salarial alemana, conocida como “desinflación competitiva” comenzó en los años 80, vivió un parón en el momento de la reunificación (90-93) y alcanzó su máximo impulso entre 2000 y 2007.

El resultado del experimento de moderación salarial y flexibilidad produjo un aumento espectacular de beneficios que pasó del 36,3 por ciento del Valor Añadido Bruto al 41,4 por ciento.  Al tiempo, el aumento de beneficios no contribuyó a elevar los niveles de inversión que pasó del 21,1 por ciento al 18,7 por ciento, ni la dinámica de demanda nacional.

La moderación salarial mejoró la ligera ventaja competitiva de costes de Alemania con sus vecinos de la zona euro, exportando más e importando menos.  Inmediatamente sus vecinos (Bélgica, Austria o Polonia) hicieron lo mismo, apostando por el aumento de beneficios.

Dinamarca, Irlanda y los Países Bálticos redujeron beneficios, a veces desde niveles extremadamente altos.  Francia, España y Reino Unido mantuvieron sus beneficios estables.

Paradójicamente con beneficios estables, la inversión aumentó en países como Francia o España, o en los que como Dinamarca o Irlanda bajaron beneficios.  Mientras que Bélgica, Austria o Polonia se resintieron del experimento alemán.

Hay quien afirma que la moderación salarial de hoy es la base del beneficio de mañana y la inversión de pasado mañana.  La realidad viene demostrando que este paradigma es falso en su última parte.  La moderación de hoy produce más beneficios, pero no más inversión.  Más pago de dividendos y más inversión, en todo caso en el extranjero, socavando de paso la demanda interna.

Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO de Madrid

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