DON JOAQUÍN RUIZ JIMENEZ

septiembre 4, 2009


Ha fallecido Don Joaquín Ruiz-Jiménez.  Si el fallecido hubiera sido un preboste del franquismo, reconvertido en el último momento en demócrata, por obra y gracia de la transición, la parafernalia mediática hubiera sido mayor.  Otro tanto hubiera ocurrido si hubiera pertenecido a un partido de Gobierno o con opciones de Gobierno.  Cosas de la política inmediatista y desagradecida de los tiempos que corren.

Conviene, sin embargo, que los trabajadores no olvidemos a cuantos desde postulados políticos diversos, un día estuvieron con nosotros.  No olvidar que, desde sus principios católicos y sus orígenes vinculados al régimen franquista, donde llegó a ejercer como Ministro de Educación, su compleja trayectoria humana le llevó a codearse con lo más selecto de la clase trabajadora. La ética personal en política no tiene precio.

Sus intentos de cambio educativo produjeron reformas que abrieron una rendija por la cual se lanzaron los estudiantes universitarios, provocando la represión policial.  Circunstancia que aprovecharon los elementos más inmovilistas del franquismo para forzar la destitución, cese o dimisión del Ministro.

Posteriormente, como Presidente de la empresa Perkins Hispania no tuvo empacho en testificar a favor de los trabajadores en el conflicto planteado por los mismos ante la Magistratura de Trabajo.  Nuevo cese y a otra cosa.

A fundar Cuadernos para el Diálogo, la revista de cabecera de los oponentes al Régimen donde se acogían las firmas de desafectos como Simón Sánchez Montero, Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius o Julián Ariza, que terminó incorporado a su Consejo Editorial.

A defender a los trabajadores encarcelados por la represión franquista.  Allí estaba, ante el Tribunal de Orden Publico, defendiendo a Marcelino en el Proceso 1001, el mismo día de 1.973 en que mataron a Carrero Blanco.  “No hay mal que por bien no venga”, dijo el Caudillo sin que nadie supiera bien qué quería decir.

Participó en la creación de la Plataforma de Convergencia Democrática y, desde sus convicciones de izquierda democrática cristiana, se presentó a las elecciones y perdió.  Primer Defensor del Pueblo en 1982, siguió trabajando por los Derechos Humanos, hasta el final de sus días.

Los medios destacan algunas de sus cruces y galardones. Isabel la Católica, Orden de Malta, Santo Sepulcro, Alfonso X el Sabio, Solidaridad Social, doctor Honoris Causa en la Carlos III o en Jaén.  Nadie repara en que la Fundación de los Abogados de Atocha le entregó su premio anual en 2006, junto a su defendido, amigo y compañero Marcelino Camacho, por la defensa de los valores democráticos a lo largo de toda una vida. 

Los trabajadores tenemos memoria y no olvidamos.  Hasta siempre Don Joaquín.

Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO de Madrid