DEBATE SOBRE MADRID. ESTADOS DE ÁNIMO

septiembre 17, 2009


Las elecciones autonómicas y municipales, apuntan en el horizonte a una distancia de menos de dos años, que a fin de cuentas tiempo y distancia mantienen una estrecha relación en función de la velocidad. Y la velocidad es mucha en estos tiempos que corren más que nunca. Aunque, al final, tengamos la sensación de que todo cambia cada día más deprisa, para que nada cambie sustancialmente.

Sensaciones que me invaden tras un nuevo debate sobre el Estado de la Región en el que poco de nuevo hemos podido percibir pese a que todo ha cambiado. Porque con la cara de velocidad, Madrid capital de España, puede ser analizada como los kremlinólogos analizaban los lentos cambios en los imperceptibles estados de ánimo de las momias del zarismo soviético.

Pareció que el tono de Aguirre era más sosegado, menos abrasivo, más de mano tendida ante una situación de crisis que requerirá mucha suma de inteligencia. Hubo quien quiso percibir el desgaste, no tanto del poder, como de los escándalos de la camarilla cortesana, siempre agradecida, pero siempre insaciable.

Quién lo sabe. Quién tiene interés en saberlo. Lo cierto es que Aguirre ha escapado casi indemne en una situación realmente complicada. Después de presumir hace tan sólo dos años de que Madrid iba como un tiro, todos los indicadores han ido pasando al ámbar y al rojo. Construcción, servicios, industria. La consecuencia inmediata es que en estos dos años el paro se ha duplicado, hasta más de 460.000 personas.

Refugiada en sus posiciones conservadoras, Aguirre se ha dedicado a denostar al gobierno Zapatero, insultar a sindicalistas y cuidar al club de los más ricos, beneficiándolos con rebajas fiscales costosísimas.

Ahora bien, en una España descentralizada en las Comunidades Autónomas, Madrid puede tiene mucho que hacer contra la crisis. No vale echar toda la culpa al empedrado. Pero claro, necesita al Gobierno Central, necesita a los sindicatos, necesita dinero y con sus rebajas fiscales, la cuenta no cuadra.

Pero Aguirre, que no ha gestionado con inteligencia, es lista, una política de raza, con olfato y sin complejos. Concejala, Ministra, Presidenta del Senado y de la Región Capital, todo en currículum. El mejor probablemente, de una mujer en la política española del momento.

Así que se ha sacado de la manga una Ley de Autoridad del profesorado, ha copado titulares, ha entretenido a los tertulianos de todos los medios y ha salvado el debate.

Uno de cada tres niños madrileños fracasa en el ejercicio de su derecho constitucional a la educación. El doble que en Navarra, País Vasco o Asturias. La autoridad del profesorado es igual aquí que allí. Pero eso no importa.

Hace dos años el PP madrileño echaba por tierra una Iniciativa Legislativa Popular para la Convivencia Escolar presentada por CCOO, UGT y la Federación de APAS Giner de los Ríos, con el aval de 72.000 firmas, sin debatirla tan siquiera en el Pleno de la Asamblea de Madrid. Allí iban medidas para dotar de esa autoridad al profesorado, prestigio social del mismo, combatir el fracaso escolar, apoyar a lo centros y a las familias. Poco importa. Casi humilde en su primer en su primer discurso, reclamó diálogo, acuerdo, consenso, escuchar. Para dar con la puerta en las narices al Partido Socialista en sus propuestas de acuerdo. Por Zapateristas, claro. Para caminar y ningunear a Izquierda Unida, por anquilosados y antiguos, claro.

Pasaba por allí Pedro Castro, alcalde de Getafe y Presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias y también se llevó lo suyo a cuenta de su proyecto de Parque Tecnológico de Carpetania.

Esperanza ha salvado el debate, pero la victoria es pírrica. Si con la que esta cayendo, el Gobierno Regional es incapaz de sumar esfuerzo político y social contra la crisis. Si la ambición política, no se corresponde con inteligencia para unir a los madrileños contra la crisis, Aguirre salvará un debate más, pero perderá Madrid. Ella decide. Para eso es libre, que no por ello liberal.

Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO de Madrid