ENFERMEDADES PROFESIONALES (III). Un modelo incapaz


Pero además no se trata solo de datos, las cifras no solo reflejan una subdeclaración muy grave sino que, sobre todo, evidencian la incapacidad de nuestro modelo preventivo en lo que respecta al cuidado de la salud de los trabajadores y de la protección social hacia aquellos que la pierden.

Además de los derechos individuales de seguridad social y salud de los trabajadores y trabajadoras que las padecen, el reconocimiento de las enfermedades profesionales tiene una vertiente colectiva muy importante que tiene que ver con la mejora de las condiciones de trabajo y con la prevención, ya que el reconocimiento de los daños permite poner en evidencia la existencia de riesgos para la salud y su posterior prevención. Sabemos que todo aquello que no se detecta y que no es visible, no se modifica.

Pero además hay que tener en cuenta que la diferencia entre la patología reconocida y los casos reales son tratados como contingencias comunes, lo que supone una sobrecarga asistencial muy importante para los Servicios Públicos de Salud, originando un coste muy elevado que alcanza casi el 14 por ciento del coste total del Servicio Público Sanitario, que debería ser asumido por las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales de la Seguridad Social.

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