FOTO SIN FAMILIA

diciembre 15, 2009


La Conferencia de Presidentes autonómicos ha concluido en sonoro fracaso.  Algo no funciona en España.  Como si una losa secular pesase sobre el país, impidiendo su modernización y comprometiendo nuestro futuro.

J.M. Coetzee, premio Nóbel de Literatura, en un ensayo sobre Cees Nooteboom, autor de libros como El desvío de Santiago, se detiene sobre la visión de una España que ha mantenido viva la cultura social de la Europa premoderna.

Afirma Coetzee que, para Nooteboom, como para el Gerald Brenan de El Laberinto Español, los lazos nacionales son mucho menos importantes para los ciudadanos españoles que los que existen en la ciudad o en el pueblo.

Esa España ha cambiado mucho desde que Nooteboom escribiera su libro y Coetzee formulara sus críticas al mismo.  Sin embargo, la modernización producida por más de treinta años de democracia, la integración en la Unión Europea, o la globalización mundial, no han abierto las puertas a la superación del cantonalismo.  El proceso de descentralización administrativa y política en el Estado de las Autonomías, no ha encontrado los mecanismos institucionales para la universalización de los derechos, que nos hagan sentir parte de un proyecto compartido.  Lejos de ello, hasta Madrid, cuyo único sentido es ser la capital de ese proyecto común, se comporta como el cantón mayor del reino y utiliza el maltrato del Estado Central, como forma de aglutinar voluntades en torno a un hecho diferencial que, paradójicamente, nos hace iguales a todos los demás.

La descentralización autonómica ha hecho que dos de cada tres euros del Estado sea gastado en las Comunidades autónomas.  Sin embargo no hay Comunidad Autónoma que no se sienta maltratada y funde en ese malestar una parte importante de su identidad. Madrid a la cabeza. 

Manejando un presupuesto superior a los 20.000 millones de euros, cuando hace década y media no gestionaba más allá de los 500.000 millones de pesetas (es decir 3.000 millones de euros),  el Gobierno de Madrid ha puesto en marcha un potente programa de rebajas fiscales a las rentas altas, intentando atraer grandes fortunas a un sucedáneo de paraíso fiscal autonómico, logrando que Madrid recaude 2.100 millones de euros menos cada año.

Aguirre presume de rebajas fiscales como la mejor política económica posible ante la crisis y presume ante Zapatero de modelo liberal.  Pero, en tiempo de crisis, la recaudación baja aún más y los Presupuestos Regionales se resienten.  Comienzan los llantos, las lágrimas, los lamentos.  El culpable, Zapatero.  El dinero que lo ponga Zapatero.  El culpable de los males de Madrid … Zapatero.

Aguirre es modelo de la España de rompe y rasga, pero no caso único en el panorama peninsular, donde quien más quien menos juega a lo suyo y luego pone el cazo.  La corresponsabilidad fiscal brilla por su ausencia.

Atención, nadie pretenda leer, interesadamente, ataque al autogobierno o a las pluralidades y diferencias culturales, lingüísticas, nacionales.  Muy al contrario.  Construir una realidad autonómica, federal, confederal o de Unión Europea pasa por asumir la pluralidad.  Conviene recordar los versos de Machado dedicados a su amigo Meabe.

Descansa, suave, Meabe,
pestaña contra pestaña
sólo es español quien sabe
las cuatro lenguas de España.

Léase que para construir federalidad hay que dotarse de instrumentos  federales.  La Conferencia de Presidentes Autonómicos podría ser uno de esos instrumentos, pero, sea por tirios o troyanos, no lo es.

Y, vive Dios, que en los tiempos que corren, es un derroche, un desperdicio, que inmersos en la crisis, en el paro, en la escasez de recursos, nuestros dignatarios autonómicos y el Gobierno Central, sean incapaces de concluir unos pocos compromisos compartidos, un puñado de objetivos en común, un ramillete de esperanzas que ofrecemos a todos.

Unos compromisos, unas respuestas, que hemos reclamado más de 200.000 trabajadores y trabajadoras venidos de toda España reclamaban, en Madrid, el 12 del 12, a las 12.  no es bueno el espectáculo de una foto de familia, a la que se invita a empresarios y sindicatos, a manera de parientes cercanos, para terminar descubriendo que sólo era una foto en la que la familia de derecho queda diluida por los hechos.

Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO de Madrid