A propósito de En la basura

diciembre 27, 2009

 

Escribí este cuento, que unas veces he titulado En la basura, Entre la basura, o Basura a secas, a principios de siglo, en uno de esos calurosos veranos que azotaron Madrid. Lo hice circular por varios concursos literarios sin éxito alguno. Llegué a pensar que tenía algún defecto de redacción, o que, simplemente, no enganchaba.

De pronto he recibido una carta de un viejo amigo, al que no conozco en persona, pero que imagino como profesor o bibliotecario del Instituto Dolmen de Soto, en la localidad de Trigueros, en la provincia de Huelva. Uno de esos enamorados de la literatura que mantiene vivo un concurso literario contra viento y marea, con mucho trabajo y pocas ayudas. Tiene hasta que teclear personalmente los cuentos recibidos y no sabe como sacar tanto tiempo libre para hacerlo. He conocido a muchas de estas gentes y me parecen de los imprescindibles, de los que al más puro estilo Alonso Quijano, se enfrentan a los molinos de viento de una cultura ciberespacial que no toca tierra y que de molinos sabe que son esas aspas inmensas sembradas en los campos para afear el paisaje y generar electricidad. A veces hasta tienen la audacia de montar sus jamelgos por tierras de blogosferas litararias para combatir la incultura y las miserias humanas. Los entiendo, porque siento muchas veces lo que creo que  ellos sienten y sólo por imaginarlos me siento un hermano menor de su orden militar incruenta.

Ya voy desvariando, por las fiestas, estas fechas entrañables, o por pura tendencia al desvarío. Volvamos a la carta de mi amigo desconocido, pero presentido y, por lo tanto no menos amigo que otros conocidos. Resulta que ha pensado recopilar y publicar  los 25 mejores cuentos que han llegado al concurso literario en los diez primeros años de su existencia. Los diez ganadores del concurso y otros quince «seleccionados por su calidad», me cuenta. Entre estos ha elegido mi trabajo «Entre la basura». Sorpresas de la vida, uno trabaja, hace algo, una idea, un producto, un cuento, un cuadro. Eres incapaz de recordar dónde lo has mandado, o por qué canales y vericuestos habrá llegado a un destino. Y otro destino, nunca casual, que diría Indio Juan, decide devolverlo amplificado con creces. Así es  la vida, cruel, dulce, sorprendente, amarga, incomprensible, casual, previsible…

El caso es que he agradecido al lejano amigo su consideración conmigo, he dado todos mis permisos para editar el cuento y he releido unas cuantas veces, por pura vanidad, el prólogo que me propone para el cuento:

Con un portero de comunidad de vecinos, un constructor y las bolsas de basura Francisco Javier López Martín es capaz de urdir una trama de intriga, a medio camino entre «Sliver» con Sharon Stone y «La ventana indiscreta» de Hitchcook. «Entre la barura», como toda obra de suspense que se precie, sube al lector al tren del interés ya desde su cabecera y no le permite apearse hasta concluir el viaje en la última estación del recorrido».

Dioooooos! Me hincho como un pavo. No me hagáis criticas del cuento después de esto porque os borro la crítica del blog y como amigos en el facebook.

Espero que este cuento navideño os haya gustado. Releído en la distancia creo que sólo quise dejar leve constancia de los tiempos que nos han tocado vivir y de la corrupción general y generalizada que ha terminado desembocando en este océano de crisis en el que naufragamos. Y, en esa tormenta perfecta, quise salvar al tipo humilde, al corrupto por amor. No sé si lo logré, pero espero que, al menos os resulte cercano, casi un amigo. Entrañable, navideño.

¡FELICES FIESTAS!

Javier López