CRISIS Y FUTURO DE LAS PENSIONES (I)

Vivimos una crisis larga, dura, sin precedentes. Una crisis que ha puesto al desnudo las debilidades de nuestro modelo económico y del empleo que hemos creado. La cosa funcionó mientras nos creímos el cuento del traje nuevo del emperador. Pero todo tiene su fin y el final ha sido aparatoso en nuestro caso.

Salvar los muebles y esperar que la riada pase parece ser la opción de algunos. Aguardar a que la reconstrucción económica depare nuevas oportunidades de pelotazo. Sin embargo el proceso será más lento y penoso, si no aprovechamos la crisis para preparar el futuro.

Atender a las personas golpeadas por la crisis, evitar el empobrecimiento y falta de rentas y recursos. Salvar empresas y empleo. Reconstruir un sistema económico con bases productivas más sólidas. Apostar por un empleo estable, seguro, con derechos, bien formado. Reforzar la protección social y los servicios públicos. Mantener la inversión pública. Son los retos que tenemos por delante.

Para acometer estos retos es imprescindible contar con recursos. Recursos que deben proceder de una necesaria reforma fiscal que asegure la suficiencia y la equidad en el reparto de las cargas fiscales. Algo en lo que España deja mucho que desear. Recursos que deben proceder de la mejor canalización del ahorro hacia el crédito. Para ello necesitamos reordenar y reformar nuestro sistema financiero. Nuestros bancos y cajas de ahorros.

En este contexto, con la que está cayendo y con los retos pendientes por delante, el Gobierno presenta una propuesta de reforma del sistema de pensiones, que incluye la ampliación de la edad de jubilación a los 67 años.

Los argumentos más aireados para adoptar una medida como esta tienen que ver con la imposibilidad de que las cotizaciones sociales soporten el gasto de un número mayor de pensionistas, que vivirán más años, dentro de 15 ó 20 años.

Efectivamente la esperanza de vida aumenta y en las próximas décadas se incorporarán a cobrar una pensión, generaciones más numerosas. Tendremos que pagar más en pensiones, durante más años. Sin embargo para calcular el gasto en pensiones y su financiación, no sólo debemos tomar en cuenta la evolución demográfica y la esperanza de vida de los futuros pensionistas.

Es importante tomar en cuenta la riqueza previsible del país. Cuantos empleos tendremos. Si serán precarios y temporales o empleos de calidad. Cuál será el Salario Medio y el Salario Mínimo Interprofesional. Cuántas mujeres trabajarán. A qué edad se incorporarán los jóvenes al trabajo y con qué tipo de empleo. Cuáles serán nuestras tasas de natalidad y qué esfuerzo dedicaremos a proteger a las familias.

Cuántos inmigrantes incorporaremos a nuestro mercado de trabajo. Todas estas cuestiones y algunas más determinarán nuestra capacidad de financiar las pensiones y el conjunto de la protección social.

En definitiva las pensiones serán viables si somos un país más rico, con más y mejor empleo. En su caso contrario, no sólo las pensiones, sino el propio Estado, lo tendrán complicado.

Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO de Madrid

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