PREMIOS PILAR BLANCO DE PERIODISMO

Hace unos días CCOO entregó los Premios Pilar Blanco a la Comunicación Sociolaboral en el Centro Abogados de Atocha. Pilar Blanco era trabajadora de Isodel, estudió periodismo y trabajó durante años en CCOO como directora de Madrid Sindical.

Sin renunciar a sus ideas, a sus principios, a su carácter, hizo de la información y comunicación sobre los avatares de la clase trabajadora, mucho más que una profesión, como si fuera portadora de la poesía de León Felipe, para enterrar a los muertos cualquiera vale, cualquiera, menos un sepulturero.

Nos dejó aún joven Pilar Blanco, cuando guardaba muchas columnas pendientes. Anécdotas, historias de la historia, cuentos sin concesiones, leyendas urbanas o agrarias de la clase obrera y de sus Comisiones Obreras. Tanto amor y no poder contar la muerte, parafraseando a César Vallejo. Ese es nuestro sentimiento de pérdida. El mismo que dio origen a la creación de los Premios Pilar Blanco a la Comunicación Sociolaboral. Un intento de mantener viva su memoria, recuperándola como mujer, militante y amiga, en cuantos hacen de la palabra y el artículo periodístico, un esfuerzo para comunicar a los trabajadores y trabajadoras con el conjunto de la sociedad.

En esta ocasión el jurado ha reparado en unos cuantos, en unas cuantas, periodistas, que llevan dentro gotas de la sangre de Pilar Blanco. De esa pasión por el trabajo bien hecho y la voluntad de estar cerca de quienes forman parte, mueven y sustentan la sociedad, sin protagonizar casi nunca las noticias de los medios.

El diario gratuito ADN, desde su sección madrileña, conducida por Natalia Chientaroli, constituyen un buen ejemplo de ese periodismo cercano que siempre guarda un espacio, al cierre de su edición, para los problemas sociolaborales. Cuantos tomamos un metro o un autobús, valoramos cada mañana que ADN se haga eco de nosotros, haciéndonos protagonistas y partícipes de la vida de la Región. Natalia, embarazada de siete meses, recogió, rodeada de sus jóvenes compañeros, el merecido premio.

Elisa García, periodista de raza, histórica, de larga andadura y conocimiento de los entresijos laborales, recibió también el reconocimiento que supone la concesión del Premio Pilar Blanco. Su trabajo en la agencia Colpisa es callado, pero tremendamente cuidado y cuidadoso.

En cuanto a Felipe Serrano, nacido para la profesión desde las entrañas del Hotel Ritz, sobre cuyos 100 años de historia acaba de publicar un libro, que ha tenido en sus antiguos compañeros una calurosa acogida. Desde los micrófonos de la SER, llena cada día los noticiarios de anécdotas y crónicas. Felipe Serrano dignifica la información local, que suele ser punto de partida, plataforma y trampolín para otros espacios informativos, pero que para él es vocación de cercanía a sus conciudadanos. La impronta local de Felipe hace que, aún cuando podamos imaginarlo en otro puesto informativo, no seamos capaces de pensar en otro estilo periodístico que no conecte directamente con cuantos viven los problemas y crean la noticia. La objetividad, es en Felipe Serrano, una forma de simpatía y complicidad con cuantos necesitan comunicar algo y sólo a través de periodistas como él, pueden convertirse en protagonistas mediáticos de un mundo que no puede ser entendido sin las gentes que lo constituyen y lo padecen.

Merecidos premios, merecidos reconocimientos que Pilar Blanco, sin duda, hubiera dado por buenos.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid

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