El Negocio hospitalario en Madrid

A la cola de España en gasto sanitario por habitante. Con las tasas más altas de cartillas por profesional médico o de enfermería. Con demoras de cita para la atención primaria. Con un incumplimiento claro de los compromisos electorales de construcción de Centros de Salud. La situación no es nada halagüeña para la sanidad madrileña. No es extraño que muchos madrileños, pese a la alta confianza en la sanidad pública, manifiesten que las cosas van a peor y que, desde que se produjeron las transferencias, no han hecho sino empeorar.

El banderín de enganche de Esperanza Aguirre es el de los muchos hospitales construidos a lo largo de estos años y, sin embargo, tampoco le lucen todo lo que debieran, porque los problemas en atención hospitalaria, tampoco presentan mejoras. De hecho, las gallinas que entran por las que salen, las nuevas camas hospitalarias han supuesto el cierre de otras tantas en los hospitales tradicionales y, en consecuencia, no superamos la media nacional de camas por cada mil habitantes, muy inferior a la de los países de nuestro entorno
En cuanto a las listas de espera para intervención quirúrgica, Madrid se niega a dar los datos al Ministerio de Sanidad, siendo la única del Estado que no cumple este requisito. Por eso no hay datos oficiales, han desaparecido de las estadísticas, si bien el CIS, en su encuesta de Barómetro Sanitario, pone de relieve que sólo el 20 por ciento de los pacientes consigue ser atendido en menos de 15 días, desde la solicitud de cita médica con un especialista, mientras que casi el 60 por ciento de los madrileños tiene que esperar entre 1 y 3 meses. Como para unas prisas. Tal vez por eso, los madrileños suspenden a la Comunidad de Madrid en tiempo de demora para los ingresos no realizados con urgencia.

Además, la dispersión de las fórmulas de gestión de os hospitales, conviviendo hospitales públicos con Fundaciones, empresas públicas, empresas mixtas (público-privadas), conciertos, empresas privadas con concesión administrativa, alientan el caos y contribuyen a encubrir el tremendo negocio de los hospitales privados y semiprivados que aseguran beneficios superiores al 11 por ciento, en tiempos de crisis y que multiplican por casi cinco veces el coste de la concesión, con respecto a cualquier hospital público.

Uno de los méritos de Esperanza Aguirre ha sido saber vender la construcción de estos hospitales, evitando tener que explicar el alto endeudamiento de los futuros presupuestos sanitarios para tener que pagar los altos beneficios de las concesionarias privadas, compuestas por empresas constructoras, financieras, de servicios y sanidad privada que busca oportunidad de negocio en Madrid, a costa del presupuesto público.

Tal vez por eso, Esperanza Aguirre tiene que realizar un esfuerzo propagandístico y de explicación desproporcionado, con unos gastos de publicidad y propaganda, a cargo de los presupuestos públicos, que ya de paso dan de comer a las numerosas televisiones y medios de comunicación clientelares del Gobierno Regional, que no se atreverán, en modo alguno, a cuestionar las políticas gubernamentales y que podrán todo su empeño en alabar y respaldar cada nueva e ingeniosa ocurrencia “liberalizadora” que permite al sector privado hincar el diente en los recursos que todas y todos, vía impuestos, ponemos en manos del Gobierno Aguirre. No es que no lo vean, es que no quieren verlo, porque hay mucho dinero en juego.

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