SINDICALISMO NECESARIO, O BARBARIE

1515297-Manifestacion_huelga_general_14N_en_Madrid_Version1“Nosotros somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual porque explota al que es débil desde el punto de vista económico, con sus salarios desiguales, con su evaluación indecente de un ser humano según tenga riqueza o no la tenga, en vez de evaluar la responsabilidad y la actuación de la persona, y estamos decididos a destruir este sistema capitalista en todos sus aspectos”.
Se admiten apuestas sobre la autoría de esta frase que firmarían sin pestañear muchos, en una situación como la que atraviesa nuestro país y otros muchos países de la Unión Europea.

Allá va otra cita: “el movimiento sindical ha dejado de servir a sus objetivos iniciales. Año tras año, va cayendo cada vez más en el radio de acción de la política socialista (y comunista, añadiría yo), para ser sólo utilizado como un ariete en la lucha de clases. Le corresponde por lo tanto la función de destruir, a fuerza de golpes, el campo económico de la nación, para así poder demoler más fácilmente el edificio estatal, después de haber minado sus bases económicas”.

Tras años de ataques continuados al sindicalismo, no serían tampoco escasos, los que coincidirían con estas afirmaciones.
Tras dos consideraciones como las reseñadas anteriormente, cabe una nueva cita. Una conclusión aparentemente lógica: “el trabajador debe saber que la prosperidad de la economía nacional, significa su propia felicidad material. Por su parte el empresario debe estar persuadido de que la felicidad y el contento de sus trabajadores son condición previa para la existencia y el incremento de su propia capacidad económica. Ambos, trabajadores y empresarios, son los representantes y administradores del conjunto de la comunidad nacional”.

Tengo que alertar al lector de dos pequeñas trampas, advertido sobre las cuales puede acercarse al conocido personaje histórico, autor de los textos. La primera argucia consiste en haber formulado en presente la segunda de las citas cuando figura en pasado en el original. La segunda consiste en haber traducido la tercera cita convirtiendo en “trabajador” y “empresario” lo que en el original figura como “obrero nacionalsocialista” y “patrón nacionalsocialista”.

Dicho esto no hace falta decir que las citas corresponden al Gran Dictador, Adolfo Hitler.

La primera cita forma parte de su discurso del 1º de Mayo de 1927, cuando aún nada hacía presagiar el ascenso del pequeño partido nazi al poder absoluto.

La segunda y la tercera están escritas en 1924, en la fortaleza de Landsberf, la cárcel donde cumplía condena de 5 años, tras un intento de golpe de estado fracasado. Sólo cumplió 9 meses y salió de allí con un libro escrito, el Mein Kampf (Mi Lucha). Su capítulo 12 está dedicado a “El problema de los sindicatos”.

No puedo dejar de pensar en este siniestro personaje cuando día tras día me enfrento a las páginas de algunos periódicos como ABC, La Gaceta, o La Razón. Cuando escucho a los tertulianos en Telemadrid, en 13 Televisión, en Intereconomía y hasta en Tele Berlusconi. Cuando leo a opinadores como Luis María Ansón, el inefable Hermann Tertsch, o Carlos Cuesta, por poner sólo algunos ejemplos.

Son medios, opinadores, tertulianos, que se embolsan cientos y hasta miles de euros al día, por recitar consignas que parecen sacadas de un recetario recibido por correo electrónico cada mañana. Hasta tal punto coinciden en sus temas y obsesiones diarias, entre las que nunca falta el sindicalismo.

Los sindicatos son Organizaciones sociales, como otras muchas. Reciben el voto de millones de trabajadores y trabajadoras en las elecciones sindicales, donde se eligen centenares de miles de representantes sindicales.

En nuestra Constitución, los partidos políticos y las organizaciones empresariales y sindicales, aparecen en los artículos 6 y 7, como vertebradores de la voluntad política, los primeros y como legítimos representantes de los intereses de empresarios y trabajadores, los segundos. No seré yo quien niegue que toda organización política o social, sea un partido, un sindicato, una organización vecinal, una asociación cultural, una parroquia, o una comunidad de vecinos, está compuesta por personas. Personas buenas que dan un paso adelante para organizarse y defender ideas, proyectos, intereses, valores. Pero también personas que recalan allí para defender sus propios intereses y algunas se corrompen.

Llevo muchos años en CCOO. Desde 1985. He conocido a miles de esas buenas personas que luchan durante toda la vida. He conocido algunas que se han apoltronado y unas pocas que lo han dejado para dedicarse a sus propios negocios. Entre 1.200.000 afiliados y afiliadas, no he visto corruptos sentados en banquillos por enriquecerse, por defraudar, por robar. Hay dos cosas que penalizamos sin clemencia en CCOO: El ejercicio de la violencia y la mala utilización de lo que es de todos. La expulsión es siempre la condena que aplicamos en ambos casos. Es más, siempre exigimos que si hay indicios de delito debe haber imputación, juicio y en su caso, condena.

De los sindicatos se podría decir lo que en la película la Vida de Brian, cuando se denigra al Imperio Romano. Sin sindicatos no habría convenio colectivo, salario regulado, contrato de trabajo, pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad pública, vacaciones anuales, permisos de maternidad, formación profesional, subsidio de desempleo, rentas mínimas, atención a la dependencia, salud laboral y otros muchos derechos laborales.

Entonces, ¿cuál es la causa de la saña de la derechona mediática con los sindicatos?. ¿A qué obedece que sin imputación alguna se condene mediáticamente con dureza a un sindicato, cuando no se hace lo mismo con corruptos y defraudadores, imputados de todo tipo que pululan por el país?.

Para entenderlo tal vez haya que volver al autor de las citas. En camino para cumplir su programa de destrucción de los derechos democráticos y abrir las puertas al nazismo.

Tras su llegada al poder en 1933. Tras el incendio del Reichstag, del que culpó a los comunistas. El siguiente objetivo fueron los sindicatos, que habían parado en seco el golpe de estado de la derecha en 1920.

Tras organizar grandes demostraciones de fuerza el 1 de mayo de 1933, declarándolo festivo, y proclamando el “Honor, trabajo y respeto para el trabajador”. El 2 de mayo disolvió los sindicatos, los fusionó en el Frente Alemán del Trabajo. Dejó funcionar a los sindicatos católicos durante dos meses y luego los “coordinó” en la nueva organización, el sindicato único.

Los sindicalistas fueron sometidos a “custodia protectora”, osea campo de concentración, incluidos los católicos. Fin del derecho de huelga y las elecciones sindicales. Tras los sindicalistas fueron los políticos, los periodistas, los judíos, los gitanos, los católicos, los demócratas. El partido nazi lo asimiló todo bajo la dictadura total.

Hoy corren malos tiempos de gran depresión, de larga crisis, de alto paro, de fractura social.

Tiempos en los que hay que exigir compromiso, regeneración democrática, defensa del empleo y de los derechos sociales básicos. Tiempos en los que hay que combatir la corrupción sin taparse los ojos, ni callar la boca.

Pero tiempos en los que no conviene caer en el vale todo y contra todos. En los que hay que recordar que la bestia negra, la bestia parda, el populismo de ideas simples y violencia a flor de piel, siguen aguardando su oportunidad, porque nunca se encuentran definitivamente conjurados.

Es la hora de poner en valor la democracia y las instituciones democráticas, la participación social en el futuro que queremos.
Esa es la apuesta de los sindicatos y lo seguirá siendo, por más que algunos se empeñen en llevarnos a terrenos y tentaciones en las que no caeremos. Por más que los ataques no cesen y cada día intenten enfangar nuestro trabajo.

El sindicalismo es hoy más necesario que nunca. O sindicalismo o barbarie.

Francisco Javier López Martín
Presidente de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo
Secretario de Formación Confederal de CCOO

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