MEMORIA DEL PROCESO 1001

proceso1001El 24 de junio de 1972, la Coordinadora General de las Comisiones Obreras había convocado una reunión en el Convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón. Era una reunión clandestina, porque las Comisiones Obreras, que se habían fraguado aprovechando los resquicios del sindicato vertical franquista y que habían ganado las elecciones sindicales, incluso teniendo que jugar con unas cartas marcadas por el propio Régimen, habían sido ilegalizadas, perseguidas y condenadas.

Hoy sabemos que la mayoría de condenas dictadas por los Tribunales de Orden Público (TOP) fueron dictadas contra militantes de las Comisiones Obreras.

A la reunión faltaban, al menos, un tercio de los convocados. Unos por estar encarcelados, otros por retrasos en el viaje y otros por no poder desplazarse a Madrid.

Allí estaban los que serían luego conocidos como los 10 de Carabanchel, la emblemática cárcel madrileña donde terminaban los presos políticos del franquismo.

Porque en eso quedaron convertidos los dirigentes de CCOO, cuando el convento fue rodeado por las Fuerzas de Orden Público. Con tremenda gracia lo cuenta Eduardo Saborido, en la inauguración de la Exposición “Proceso 1001. Tiempos de clandestinidad”. Ninguno contemplaba ser detenido y em consecuencia, cada uno contó a la policía una versión distinta de su presencia en el convento. Desde la realización de Ejercicios Espirituales, hasta la búsqueda de empleo.

Eran justificaciones formales, porque el franquismo ya había decidido dar una lección a los trabajadores y trabajadoras y la detención en bloque de la cúpula de las Comisiones Obreras formaba parte de la misma.

Los 10 de Carabanchel permanecieron en prisión preventiva y sin fianza, desde el 24 de junio de 1972, hasta el inicio del juicio, el 20 de diciembre de 1973, con la mala fortuna que ese mismo día se produce el atentado que acaba con la vida del Presidente del Gobierno, el almirante Carrero Blanco.

Si el Régimen quería una sentencia ejemplarizante, el asesinato de Carrero conduce, además, a un juicio rápido y el 27 de diciembre la sentencia acarrea condenas desorbitadas, que ni toda la solidaridad internacional en Europa y América consiguen rebajar. Sentencias para personas cuyo único delito es luchar por la libertad sindical:

Marcelino Camacho, 20 años.

Eduardo Saborido, 20 años y 6 meses.

Nicolás Sartorius, 19 años.

Francisco García Salve. 19 años.

Juan Muñiz Zapico, 18años.

Fernando Soto, 17 años.

Miguel Ángel Zamora, 12 años.

Pedro Santiesteban, 12 años.

Luis Fernández, 12 años.

Francisco Acosta, 12 años.

Condenas desproporcionadas para quienes solo representaban el hambre de libertad y de justicia de la clase trabajadora española. El hambre de un futuro mejor. El sufrimiento del trabajo sin derechos. Del silencio impuesto.

Las CCOO escuchan hoy el eco de la memoria viva del 1001, de la misma manera que hemos hecho bandera y orgullo de la memoria de los Abogados asesinados en Atocha.

Como bien recuerda Alejandro Ruiz-Huerta, citando a Paul Eluard, “Si el eco de su voz se debilita, pereceremos”. Porque es en el eco del 1001, o de los Abogados de Atocha, donde las CCOO de hoy afrontamos nuestro camino de futuro.

Francisco Javier López Martín
Presidente de la Fundación Sindical 1º de Mayo
Secretario de Formación Confederal de CCOO

2 respuestas a MEMORIA DEL PROCESO 1001

  1. pablitinho dice:

    Me encanta el relato del proceso 1001 y la cita de Paul Eluard pero… ¿Qué hacemos en muchas de nuestras acciones conniviendo con el poder del estado burgués? ¿No queda otra o podríamos llevar a cabo un socialismo mucho más combativo del que estamos llevando a cabo?
    Es cierto, la realidad no acompaña. Hemos de ser pragmáticos pero… el pragmatismo debería estar enfocado, en mi humilde opinión, a llevar a cabo acciones en beneficio de la clase obrera, ¿por qué desde la dirección del Sindicato nos reunimos con gobernantes que no apoyan al trabajador? ¿Somos tan ilusos que olvidamos lo que reza la Internacional?

    • ccooblog dice:

      Querido Pablo, Gracias por el comentario. Creo, efectivamente, que el pragmatismo nos suele jugar malas pasadas. No obstante, reunirse creo que hay que hacerlo hasta con el diablo, siempre que no nos pongamos a los pies de sus cuatro jinetes del apocalipsis. Que una cosa es realismo y otra pargmatismo. Una cosa oportunidad y otra oportunismo. De nuestro buen juicio, del de todoas y todos depende saber distinguirlo. Un fuerte abrazo.

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