LEY WERT Y FORMACION PROFESIONAL

junio 11, 2013

imagesCAACFDE8La Ley Wert comienza bien, apelando al sentido común para impulsar una reforma gradualista y prudente del sistema educativo. Ocurre que, como en tantas otras cosas en este país, terminamos llenando el infierno de buenas intenciones, en el mejor de los casos, o traicionamos las buenas intenciones en aras de intereses banales y espurios.

Si de sentido común hablamos, deberíamos de poner en valor la necesidad de dotar de estabilidad a un sistema educativo demasiado manoseado a los largo de la etapa democrática. Siete leyes educativas en 35 años de convivencia constitucional, una ley cada cinco años, no puede ser bueno. Si queremos ser rigurosos, prudentes, responsables del futuro de nuestro país, deberíamos evitar cambiar la estructura y organización, los niveles, el currículum del sistema educativo cada dos por tres.
Siempre hay cosas que mejorar, indudablemente, pero los cambios deberían ser el fruto de un diagnóstico, unos objetivos, compartidos y asegurando siempre los recursos necesarios.

El sistema educativo español tiene fortalezas innegables. A lo largo de la etapa democrática hemos dado un vuelco educativo sin precedentes. La distancia entre los niveles formativos de quienes cursaron estudios en el pasado y de quienes los han terminado recientemente, es reveladora. Así, entre quienes tienen más de 70 años, el 39 por ciento son analfabetos, o no completaron sus estudios y sólo el 5´8 por ciento tiene titulación universitaria, mientras que entre los que tienen entre 25 y 29 años el analfabetismo no llega al 2 por ciento y el 24 por ciento tiene estudios universitarios.
No todo lo hacemos mal en este país.

Claro que hay cosas que deben preocuparnos en el sistema educativo. Pero no precisamente su relación con el paro juvenil, que, en nuestro caso, no se produce esencialmente por un mal sistema educativo, sino por un modelo económico y productivo que no valora en nada, o casi nada, la cualificación de nuestros jóvenes.

Debería preocuparnos, por ejemplo, que la educación sea una víctima más de la crisis y los recortes, cuando debería ser una apuesta estratégica para abrir las puertas a un mejor futuro económico y del empleo. No es entendible que en 2013, por ejemplo, los Presupuestos Generales del Estado para Educación, incorporen un recorte del 17´2 por ciento. Mientras tanto, la Reforma Educativa vuelve a centrar el esfuerzo en cambiar itinerarios formativos, bachilleratos, evaluaciones externas, funciones directivas.

Para emprender esta peligrosa deriva y aún sin tomar en cuenta los elementos ideologizantes, como la asignatura de religión, o los ataques a la coeducación de niños y niñas en el mismo aula, se saca a pasear una y otra vez el Informe PISA. Ese Informe promovido por la OCDE, nos alerta de que nuestro porcentaje de abandono educativo es demasiado alto, o de que debemos mejorar en el aprendizaje de las denominadas competencias básicas.

Esa debería ser una preocupación compartida, como compartidas deberían ser las soluciones que no tendrían que pasar, en todo caso, por cuestionar todo el sistema educativo. Entre otras cosas, porque con el mismo sistema educativo, unas Comunidades Autónomas presentan resultados escolares más que aceptables y otras no, al tiempo que centros de una misma Comunidad presentan resultados muy dispares. Taponar estas brechas que debilitan la igualdad y afectan a la cohesión de la sociedad, debería ser el objetivo de la política educativa y no tanto poner patas arriba el sistema educativo.

Debería preocuparnos que haya más de 800.000. jóvenes trabajando sin haber terminado la secundaria obligatoria, o sin estudios más allá de ese nivel. O que contemos con unos 750.000. jóvenes parados en esta situación y sin encontrarse realizando ningún tipo de formación. Conectar el sistema educativo con el empleo debería ser una preocupación de nuestros gobernantes. Pero no se puede mejorar y ampliar oferta formativa recortando presupuesto.

La solución no es hacer muchas pruebas de clasificación del alumnado, ni fortalecer las funciones de los directores de los centros, ni establecer nuevos cursos de formación profesional básica, desconectados del resto del sistema. De nada sirve al objetivo de mejorar el sistema, la ocurrencia desgraciada de establecer tres itinerarios, con titulaciones distintas, al finalizar la ESO: Eneseñanzas Académicas, Enseñanzas Aplicadas y una Formación Básica que actúa como un callejón sin salida, al carecer de efectos académicos. Algo contradictorio con las orientaciones de la Unión Europea, que promueve la formación y la educación hasta los 18 años.

En cuanto a la Formación Profesional en el sistema, el Ministro se encomienda al mito de moda, al mantra, o cantinela, de que debe orientarse hacia el modelo de formación profesional dual alemán. No sabe en qué consiste, sus virtudes e inconvenientes, pero confía ciegamente en que repitiéndolo muchas veces se convierta en la solución mágica.

Para empezar, los que no alcancen las competencias básicas podrán cursar la Formación Profesional Básica y estancarse en ella, porque desde allí no pueden promover a Graduado en ESO, ni tan siquiera a las Enseñanzas Aplicadas. Se mete de lleno en los Grados Medios para descabalar de nuevo las titulaciones recientemente establecidas para adaptarse a la Ley de las Cualificaciones Profesionales.

En cuanto a la Formación Profesional Dual, después de los cantos, mantras y cantinelas exasperantes, termina por no definir en qué consiste y deja su regulación, de nuevo, a futuras iniciativas legislativas del Gobierno. Eso que lo haga el Ministerio de Empleo, parece pensar el ínclito Ministro.

En la Ley Wert no hay mejora de la calidad, ni solución a los problemas. Como mucho unos cuantos guiños a la Iglesia y a la enseñanza privada. El alumnado que más necesita un sistema educativo estable, compensador de desigualdades de origen, topará con un cambio de raíz del actual modelo, sin beneficio alguno para quienes más lo necesitan. No mejora, en absoluto, la financiación del sistema y mantiene los recortes inaceptables en recursos y profesorado.

En cuanto a la Formación Profesional, en nada prestigia esta formación. Al contrario, devalúa sus dos primeros niveles y se convierte en más selectivo el Grado Superior, dejando en manos de los centros la selección del alumnado.

Las soluciones a los problemas deben ser siempre gradualistas, prudentes y basadas en el sentido común. No está mal reconocerlo en el preámbulo de la Ley. Pero es misión del Gobernante hacerlo realidad y alcanzar amplios consensos en materias que lo exigen. Y la Educación es una de ellas. Wert, ni lo ha intentado, tan siquiera.

Francisco Javier López Martín
Presidente de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo
Secretario de Formación confederal de CCOO

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la tierra de los nadie 56 “Transitando …

junio 9, 2013

foto: Fran Lorente


Transitando la ruta perdida de los nadie
entretengo el tiempo escribiendo estos poemas,
por ahuyentar el miedo de no encontrar tus labios
en la maraña sucia de esta ciudad desierta
.

Francisco Javier López Martín
Del poemario “La tierra de los nadie” ganador del Angel Urrutia Iturbe VII Poesia Lehiaketaren Irabazleari, Lekumberriko Udaletxeak


LEY WERT Y EL PROBLEMA DEL PARO

junio 5, 2013

imagesCAQC151VLa culpa del alto paro juvenil la tiene el abandono escolar, nos dice María Dolores de Cospedal, a la sazón, Secretaria General del Partido Popular y Presidenta de Castilla-La Mancha. El Ministro de Educación, el señor Wert, defiende su nueva Ley de Educación con el argumento de que es “imprescindible” para evitar un paro elevado “en el futuro”.
Es curioso como la política partidista tuerce los argumentos, los rebusca, los miente, con tal de justificar sus iniciativas legislativas, como ocurre con el caso de la Ley Wert.

En primer lugar conviene destacar que nos encontramos ante la octava ley educativa desde 1970, año en el que un Ministro de Franco, Villar Palasí, presentó una Ley General de Educación que venía a sustituir la ley Moyano de 1857, que había sufrido retoques pero permanecía esencialmente intacta.

Digamos, por tanto que la Ley Moyano transitó por la Revolución gloriosa de 1868, la Primera República, la restauración borbónica, la II República, la Guerra Civil y el Franquismo. Digamos que la Ley Moyano, reitero que con retoques, hizo un recorrido atravesando tres Constituciones, una de ellas republicana.

Es cierto que la República planteó un proyecto de Ley de Instrucción Pública, que Unamuno, como Presidente del Consejo de Instrucción Pública, encargó a uno de los mejores pedagogos del momento, Lorenzo Luzuriaga, pero el anteproyecto quedó en eso, las bases de lo que hubiera debido ser una Ley que hacía al Estado responsable de la educación pública, laica, gratuita, creativa, que integrase a las personas en la sociedad y basada en la coeducación de niños y niñas.
La República no fue un paraíso perfecto y las tensiones y cambios políticos impidieron consagrar en una ley la auténtica revolución que impulsó el régimen republicano en materia de modernización de una educación, que, hasta entonces, lideraba la iglesia católica. No es extraño que los obispos recibieran brazo en alto el golpe sangriento de los militares, que terminó encabezando el General Franco, tras dar un golpe, dentro del golpe.

Retomando el hilo. Una Ley con retoques durante más de 110 años. Con retoques, reitero. Desde 1970, con la Ley Villar Palasí, hemos vivido otras seis leyes.

Tras la Constitución de 1978, se aprueba la LOECE (1980), que establece un Estatuto de Centros Escolares. La LODE (1985), La LOGSE (1990), la LOPEG (1995), la LOCE (2002) y la LOE (2006).
Es decir, la LOMCE de Wert, será la séptima Ley Educativa de la democracia. Una ley educativa cada cinco años.

Cabe preguntarse, a estas alturas, si esas ansias de notoriedad de cada ministra o ministro de educación por dejar su impronta en el Boletín Oficial del Estado, es lo más recomendable para mejorar el sistema educativo.

Por otro lado, cuando tanto insisten nuestros gobernantes en que el empleo lo crean los empresarios, suena chocante que intenten hacernos creer ahora que el empleo lo crean los centros educativos y que cambiar la ley es un remedio infalible contra el paro. Es asombroso que Cospedal considere que si hay mucho paro juvenil, es a causa de que hay mucho fracaso escolar.

Si hay mucho paro es porque nuestra economía y la estructura empresarial española son muy débiles y la temporalidad, la precariedad, los bajos salarios y la baja cualificación son característicos de la Marca España.

Creamos mucho empleo con los pelotazos fáciles y seguros y lo destruimos a manos llenas con la crisis. Nuestra marca no es la calidad, la innovación, la formación, y ahí está la clave de nuestro fracaso económico y nuestro desastre de empleo.

Es cierto que la formación es un elemento esencial para nuestro futuro, pero no porque solucione el problema del paro, sino porque si somos capaces de orientar nuestra economía hacia un nuevo modelo productivo, con innovación y calidad en nuestros productos y servicios, contar con personas cualificadas será esencial para el futuro de nuestras empresas.

Los argumentos de competitividad y productividad, que tanto se esgrimen para justificar las reformas laborales o de la negociación colectiva no tienen base alguna. Optar por un mercado de trabajo precario, temporal, de bajos salarios y escasa cualificación, sustenta un modelo con pies de barro. Venderás más en el inmediato, aumentará la productividad. Pero será la antesala de nuevas pérdidas de competitividad y de productividad, obligando a nuevas vueltas de tuerca sobre los mismos temas. Sólo compiten y son productivos, con bases sólidas, quienes apuestan por innovación, calidad, cualificación y salarios justos para trabajadores estables, comprometidos con su futuro y el de sus empresas.

El problema no es, por tanto, legislativo, sino de formar a las personas para un modelo económico, social y cultural de futuro que debería ser el fruto de un amplio consenso político y social.

Mientras esto no ocurra, cambiar las leyes, como lo hace Wert, está sólo orientado a satisfacer intereses de parte, ya sean eclesiásticos o ideológicos. El debate se convierte en religión en las aulas,sí o no. Separación de niños y niñas en las aulas,sí o no. Los tertulianos se lo pasan bien con estos debates, pero los problemas seguirán sin solucionarse. A la espera de otro Ministro que ponga su nombre a una ley.

Francisco Javier López Martín
Presidente de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo
Secretario de Formación Confederal de CCOO


TRABAJO DECENTE EN ESPAÑA Y AMÉRICA LATINA

junio 3, 2013

trabajo decEl Trabajo Decente es un concepto acuñado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Un concepto que define las aspiraciones de la gente, durante la vida, de conseguir un empleo productivo, que se corresponda con su cualificación y nivel de formación, que proporcione unos ingresos dignos, que cuente con niveles de seguridad necesarios, que contribuya a la protección de su familia, que permita el desarrollo personal y la integración en la sociedad. Un trabajo que asegure la libertad y la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

La calidad, la decencia del empleo, tiene que ver, inevitablemente con la educación de las personas, la orientación y formación profesional.

La propia OIT plantea que la Formación Profesional tiene como objetivo desarrollar las aptitudes humanas para una vida activa, productiva y satisfactoria. Conectar la formación profesional con el empleo, es una tarea de los gobiernos y del conjunto de la sociedad.

Es tarea de los gobiernos que la educación, la formación profesional, el aprendizaje permanente, se conecten con las políticas económicas, fiscales y sociales.

Si esto no se hace, los niveles bajos de formación, la precariedad en el empleo, el paro y la marginación de la juventud, son flancos del mismo drama nacional.

El concepto de país que tenemos, del país que formamos debe incorporar una visión integrada de las políticas económicas de empleo, de formación, las políticas sociales.

El Centro Internacional de Formación de la OIT se dirigió hace ya casi tres años a CCOO y UGT, para poner en marcha un proyecto que vincula la Formación Profesional y el Sistema Educativo con el Trabajo Decente, como elemento esencial para consolidar políticas de desarrollo sostenibles.

Las Fundaciones Sindicales de Formación de UGT y CCOO (IFES y FOREM) han puesto en marcha una primera fase de su proyecto, realizando una experiencia piloto de Formación de Formadores, integrando la dimensión del Trabajo Decente en la Formación Profesional.

Una fase que ha concluido recientemente con un Taller organizado por la OIT en Madrid, a partir del cual iniciaremos la labor de trasladar la experiencia a Europa y América Latina, con la participación de la Oficina de América Latina y el Caribe y la Oficina de Actividades de los Trabajadores de la OIT.

El Trabajo Decente es la respuesta al destrozo de los derechos de los trabajadores, que ha producido el proceso de globalización. Una Globalización que debe tener una dimensión social. El Trabajo Decente parte de la libertad sindical y de la negociación colectiva y asienta sus pilares en la defensa del empleo, una legislación laboral justa, el diálogo social y las políticas públicas de protección social. Sobre estos pilares se sostiene el objetivo de Trabajo Decente en el conjunto del planeta.

A ese empeño es al que se suma este proyecto de Educación, Formación Profesional y Trabajo Decente. Un proyecto que refuerza la unidad de acción del sindicalismo en España y nos vincula con un espacio natural de cooperación como América Latina, en el marco de un proyecto mundial de la OIT.

Los trabajadores y trabajadoras tenemos un objetivo, en el conjunto del planeta: el Trabajo Decente y CCOO no vamos a fallar en ese compromiso.
Francisco Javier López
Presidente de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo
Secretario de Formación Confederal de CCOO