EL ORGULLO DE LOS GUARDIAS

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Mi blog se encuentra presidido por un lema de Ernesto Sábato, “Nos salvaremos por los afectos”.  De eso va, sin duda, el premio que me entregó la Asociación Unificada de la Guardia Civil de Madrid (AUGC).  Su insignia de Oro. De un afecto cultivado, trabajado, defendido, durante años.  Un premio compartido con Felipe Brihuega, hasta hace poco Secretario General del Sindicato Unificado de Policía de Madrid.

Un premio, como casi siempre, que premia, en una persona, a todo un equipo.  El equipo que ha representado a las CCOO de Madrid durante la primera década del siglo XXI. Gente como las que me acompañaron esa noche, Francisco Naranjo, Jaime Cedrún, Ana González, Paco Cruz, Manuel Rodríguez.

De los premios que he recibido, hay algunos que me han conmovido especialmente. Casi siempre han sido premios que vienen de quienes trabajan por la vida.  El premio a un cuento sobre los templarios que me entregó un bibliotecario de Hervás (Cáceres) enamorado de su oficio y empeñado en fomentar la lectura en uno de esos pueblos que, a modo de islas, a modo de valles helénicos, aún existen en España.

Otro premio, por un cuento que se adentraba en la corrupción, premonitoriamente, que me concedió la Asociación Voces de Chamamé en Asturias.  Un grupo de enamorados de la poesía encabezado por Javier García Cellino.

El premio a un poemario, la Tierra de los Nadie, escrito por esos pagos suburbiales del sur de Madrid, que me fue concedido por el Ayuntamiento de Lekumberri (Navarra).

Esa placa que me entregó Pilar Manjón, de la Asociación 11M, grabada desde el dolor de los atentados en los trenes que venían hacia Atocha.

El premio que me entregaron los ecuatorianos de FENADEE, en memoria de la unidad que el dolor habrá fraguado, tras los atentados de la T-4.

El premio de la AUGC es uno de ellos.  Un premio que conceden servidores públicos a otros servidores públicos.  A periodistas, a sindicalistas.

Siendo maestro he dado clases a los hijos de los guardias.  Siendo Secretario General de CCOO de Madrid he aprendido a conocer la dureza de la vida que fragua el sindicalismo de los guardias civiles.

He conocido a gente como a Joaquín Cánovas, al que ha sucedido Francisco Cecilia en el cargo, combatiendo por la libertad sindical y pagándolo con un cerro de expedientes disciplinarios.  He compartido con ellos manifestaciones, actos públicos, reuniones.

Y hoy, cuando los tiempos son más difíciles, los servidores públicos son más necesarios que nunca. En la sanidad, en la educación, en los servicios sociales.  En la seguridad ciudadana, en nuestras carreteras, nuestras calles, velando por la seguridad de nuestros hijos en Internet.  Investigando los delitos cometidos por quienes se apropian, siempre indebidamente, de lo que es de todas y todos.

Esta insignia de oro es un motivo de orgullo para mi gente y para mí. Un acicate más para defender la libertad sindical y la dignidad del trabajo, porque como también decía Sábato, son momentos para abrazarse a la vida y salir a defenderla.

Gracias. ¡Viva la AUGC!

Francisco Javier López Mart

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