SINDICALISMO MUNDIAL, TRABAJO DECENTE, DEMOCRACIA SOCIAL

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La Confederación Sindical Internacional (CSI) prepara su Congreso en Berlín del 18 al 23 de Mayo. La CSI es el sindicato de los trabajadores y trabajadoras del mundo. Cuenta con 175 millones de personas afiliadas en todo el planeta, que pertenecen a 353 organizaciones, en 157 países.

Sin embargo, pese a constituir la mayor fuerza democrática del planeta, consolidar y desarrollar esa democracia va a exigir organizar a más trabajadores y trabajadoras para defender la democracia, el trabajo decente, la igualdad, la justicia social.

En este planeta la población activa está constituida por 2900 millones de personas. Pero tan sólo 1700 millones tienen un trabajo legal, formal. El resto, 1200 millones, trabajan en la economía informal, que supone hasta el 40 por ciento de la economía del planeta. La mitad de los trabajadores y trabajadoras del planeta tienen empleos precarios y vulnerables. En una situación como ésta, el que la CSI aglutine a 175 millones de trabajadoras y trabajadores y el sindicalismo mundial a poco más de 200 millones, nos sitúa ante la tremenda dimensión del reto que tenemos por delante.

La clase trabajadora del planeta es consciente de que en los lugares de trabajo donde hay sindicato existen mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, de salud y seguridad. Derechos como el de huelga, el salario mínimo por ley, el derecho a la negociación colectiva, la libertad de pertenecer y organizarse en un sindicato, forman parte del sentir mayoritario de los trabajadores y trabajadoras del planeta.

La crisis económica, organizada por el sistema financiero, causante y beneficiario final de la misma, nos ha traído ataques concertados contra los derechos laborales y sociales básicos. Persecución a los sindicalistas, destrozos en la negociación colectiva, buscando el control absoluto sobre la manos de obra. El diálogo ha sido sustituido por la imposición, cuando no la violencia.

El sindicalismo mundial tiene el deber de organizar el contraataque, anticipando los golpes, resistiendo la embestida y preparando la respuesta. Y esa respuesta es organizar a los trabajadores y trabajadoras, sindicalizar, organizarse en las empresas, afrontando luchas nacionales e internacionales en defensa de los derechos laborales, sociales y la libertad sindical, allí donde se encuentren amenazados.

Las grandes corporaciones, las multinacionales desaprensivas como Coca Cola, deben sentir la presión laboral y social, el estigma de quienes desprecian la vida ajena, en aras del beneficio brutal e injustificable. Allá donde se encuentren sus directivos y altos ejecutivos, deben sentir el desprecio de los trabajadores y trabajadoras del planeta.

Las revoluciones que el planeta necesita no basta convocarlas. Esas revoluciones hay que organizarlas, a fuerza de afiliar, establecer mapas de situación, identificar objetivos nacionales y de áreas geográficas, apoyando la fortaleza sindical en las empresas, formando organizadores sindicales, dirigentes comprometidos, intensificando la cooperación internacional, estableciendo fondos de solidaridad, organización, cooperación.

Esas revoluciones no pueden ser sólo de y para los trabajadores y trabajadoras organizados. Son las mujeres, los inmigrantes, los trabajadores y trabajadoras jóvenes. Son quienes trabajan en la economía informal, sin contratos, sin derechos, sin protección de salud, sin salario negociado. Son los colectivos más amenazados en cada país o región, los que más necesitan al sindicato mundial, a la CSI, a la Internacional.

Las grandes corporaciones dominan la economía mundial. Trazan los designios de los gobiernos y sojuzgan la vida de los pueblos. La CSI es la más grande organización democrática del mundo. La democracia y la vida misma en el planeta dependen hoy más que nunca de la lucha organizada de los trabajadores y trabajadoras del mundo. Una lucha laboral en las empresas y una lucha ciudadana, junto a las organizaciones sociales y políticas con las que el sindicalismo comparte objetivos y compromiso en cada lugar del planeta.

A mediados de mayo, renovamos el compromiso y tras el Congreso de la CSI afrontamos un trabajo tan intenso y extenso, como necesario, urgente e inaplazable. Tengo la impresión de que el planeta no está ya dispuesto a dar más oportunidades si no acabamos con la depredación, la explotación y el desprecio a la vida, que el capitalismo global impone.

Francisco Javier López Martín

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