TIEMPO DE ELECCIONES: NO AL PELOTAZO

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Ya había comenzado 2008 y llevaba varios meses entre nosotros la crisis de las subprime, de los bonos basura, en Estados Unido, extendidos por todo el mundo, en paquetes de inversiones contaminadas. Aún había responsables políticos y empresariales, por los foros de la capital cortesana, cantando las bondades de la economía madrileña y española. “Madrid va como un tiro” y si Madrid va bien…¡España va bien! Los imagino sentados en los desayunos del Ritz, en sus despachos y en las comidas en sus restaurantes, en las cenas de trabajo, dándose ánimos con estas milongas y vainas.

Los acólitos de Espe debían pensar que el gobierno férreo de Bankia, las fuentes inagotables de la Gürtel, el maná cotidiano de la Púnica, no tendrían un final inexorable. Luego, algunos de ellos, perdieron sus empresas y se acabaron los fáciles pelotazos. Otros aprendieron rápidamente a hacer negocio de la crisis. Era cuestión de tiempo. Poco. Y el tiempo llegó. Unos pocos, que lo habían sido todo en el foro, acabaron en la cárcel o, al menos, imputados.

La economía española pilla neumonía cuando la economía internacional se acatarra.  Siempre con un poco de retraso. Así que, atentos a la burbuja china, al panorama de recesión en Brasil, a los problemas en Sudáfrica, o Rusia. Las incertidumbres en Estados Unidos. El estancamiento de Francia o Alemania.

Y de nuevo España como un tiro.  Campeones de Europa. Con las tasas de paro más altas de la Unión. Duplicando las tasas de paro, eso sí. Con el paro juvenil por las nubes. Con los salarios devaluados y los contratos precarios, a tiempo parcial y pocos. España va bien, dice Rajoy ¿qué España va bien? El 62% de las personas paradas lleva más de un año en el paro y el 45% lleva más de dos años en situación de desempleo. “España va como un tiro” ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? Da igual. Son tiempos electorales. Todo vale. En política vale mentir, presumía un político madrileño ante quien estuviera dispuesto a escucharle.

Con menos gasto público y menos gasto social. Con menos inversiones. Sin investigación. Con menos impuestos. No hay base sólida desde donde reconstruir la economía española, sin recurrir de nuevo al ladrillo, al consumo de las familias y al endeudamiento de las mismas familias y las empresas. Lo fácil. Lo de siempre. Un nuevo pelotazo.

No es eso. No es eso, tendría que volver a clamar un Unamuno redivivo. Europa ha apostado por los recortes. Ha humillado a Grecia, para evitar veleidades en España, o en Portugal. Pero los rescates y los recortes,las cacareadas reformas estructurales, sólo han profundizado la depresión. Sólo han producido sufrimiento, aumentando la pobreza, la desigualdad y los problemas.

El otro camino parece tener en esta España de charanga y pandereta, poco predicamento. El camino que sortea y procura evitar el recurso al pelotazo, es camino largo. Invertir dinero público y beneficios privados en producir, innovar, mejorar la calidad de cada producto y servicio. Elevar la actividad económica. Crear empleo.  Reducir el número de personas paradas. Apostar por empresas más sólidas, que incorporen más valor añadido. Repartir la riqueza creada con buenos convenios colectivos, que busquen una mejora del empleo, la cualificación de los trabajadores y trabajadoras. Mejorar la calidad de los servicios públicos para producir calidad de la vida. La educación, la sanidad, los servicios sociales, la vivienda, el medio ambiente.

Si continuamos con las malas prácticas del pelotazo, habrá riqueza para unos pocos y miseria para muchos, para la mayoría. Y, de nuevo, crisis de estancamiento, cada vez más largas, cada vez más duras, con caminos más tortuosos para volver al mismo punto de partida.

El camino de la inversión, la cualificación, el empleo, la innovación es más largo y, al principio, más duro.  Pero permite llegar a modelos económicos más productivos, sostenibles y sostenidos en el tiempo. Más integradores, más inclusivos.

¿Quién quiere gobernar para asumir ese reto? Quién firme ese compromiso…tendrá mi voto. Porque en política, pese a quien pese, ya no debería valer mentir. Porque cada programa electoral debería ser un compromiso firmado con cada ciudadano, o ciudadana. Un compromiso exigible y no un cheque en blanco.

Francisco Javier López Martín

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