APRENDICES Y FORMACION DUAL EN EUROPA Y EN ESPAÑA

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Cuando hablamos de la Formación, en un contexto de paro elevado y crisis económica, tendemos a creer que esa formación va a solucionar el problema por si misma. Los propios responsables políticos alimentan esta gran mentira al afirmar, cada vez que inauguran un nuevo programa de Formación, que va a mejorar mucho la empleabilidad de quienes participen en el mismo.

Y no es que sea mentira que la empleabilidad aumenta cuando se está más formado, pero si no hay puestos de trabajo, no hay empleo que valga. Y si el empleo que te ofrecen es un empleo basura, pues lo único que tendrás es precariedad, por muy cualificado que estés.

Lo cierto es que, si la economía genera empleo, es más probable que lo ocupen las personas más cualificadas, pero también es cierto que la cualificación, por si misma, no crea empleo, al menos de forma inmediata.

Otra cosa es que un buen nivel de cualificación de las personas atrae inversiones que necesitan de esa cualificación y que no van allí donde el nivel formativo es bajo. Pero estos son movimientos en el medio y largo plazo y no coyunturales y rápidos.

Cuando hablamos de la formación dual, que combina formación teórica y práctica en las empresas, podemos correr ese mismo riesgo de entonar un mantra repetitivo y pensar en una solución idílica de los problemas de empleo, para terminar descubriendo que esa formación dual no es más que la antesala de la precariedad laboral para toda la vida. Una formación que, en el caso español, condena no pocas veces a ser aprendices de por vida, a base de contratos de formación, becas, prácticas y demás eufemismos que tan solo ocultan alta temporalidad y mucha, mucha, explotación laboral y precariedad.

Vivimos un momento político muy interesante, que debería permitirnos afrontar los problemas y abordar soluciones reales. De hecho, aún antes de formarse gobierno, ya existen algunas iniciativas parlamentarias (me acaba de llegar a las manos la del Grupo Parlamentario de Podemos-En Comú-En Marea) que abordan el problema concreto de las prácticas no laborales en las empresas, que realizan estudiantes universitarios y de formación profesional (FP).

Creo que son los primeros pasos que van en la buena dirección y tan sólo espero que el nuevo gobierno, que deseo no tarde demasiado en constituirse, ponga en marcha medidas para aprovechar un escenario europeo favorable a vincular formación con prácticas, pero evitando la explotación laboral y la precariedad en dichas prácticas. Porque es verdad que la formación dual, cuando se aplica en condiciones decentes, contribuye a que el paro no sea tan elevado entre las personas jóvenes.

Así ocurre en Alemania, en Holanda o en Austria, por poner algunos ejemplos. Además, en estos países, la transición entre la formación y el empleo se ve facilitada. Eso sí, siempre que la formación se realice en el marco de centros educativos (FP, universidad), siempre que las prácticas se realicen en empresas que acrediten la calidad y obteniendo una titulación oficial de la cualificación adquirida. Siempre, por último, que se garantice a la persona que se forma realizando prácticas en las empresas, la condición de empleado, con un salario digno y con derechos laborales regulados con carácter general y en la negociación colectiva.

Se quejan los empresarios de que, pese al aumento de los niveles de cualificación formales (en 2025 tan sólo el 14 % de los trabajadores y trabajadoras europeos tendrán un bajo nivel de cualificación), las personas que contratan, no tienen la preparación que requiere el puesto de trabajo que van a ocupar. Pues bien, la formación dual, o formación con prácticas, es un buen instrumento para solucionar el problema. Y la Formación Profesional una herramienta muy útil para facilitar la inserción laboral.

De hecho, los jóvenes europeos aprecian cada vez más este tipo de formación. Más de la mitad de los jóvenes europeos que cursan el segundo ciclo de enseñanza secundaria, lo hacen en FP. Aunque las diferencias son muy notables entre países. Desde el 70% en Austria, al 13% en Chipre. Y junto a Austria, se encuentran Bélgica, Eslovaquia, República Checa, Alemania, Dinamarca, o Francia. Sin embargo el desarrollo de la formación dual, con prácticas en las empresas, es mucho menor y sólo el 27% de la personas en FP participan en este tipo de programas.

Aquí son países como Alemania y Dinamarca los que lideran la implantación de la formación dual, seguidos de Austria, Eslovaquia, Suecia. Francia se encuentra cerca de esa media del 27% y hay países como Bélgica que, pese a tener una alta tasa de estudiantes de FP, de ellos, menos del 5% participan en programas que combinen el centro educativo y el empleo.

El mito de una FP asociada a una formación de segunda categoría, en comparación con la Universidad, se puede diluir a medida que nuevas profesiones, como las Técnicas de Información y Comunicación (TIC), informática, energías renovables, sanidad, etc…) vayan incorporando estas cualificaciones y en la medida en que establezcamos pasarelas de homologación, equivalencia, tránsito, hacia la educación universitaria y desde la formación universitaria hacia la FP.

En España tenemos un problema añadido. El tejido empresarial cuenta con mucha pequeña empresa y microempresa y pocas grandes empresas, lo cual dificulta el desarrollo de la formación dual, con prácticas de aprendizaje, si tenemos en cuenta que las grandes empresas, son las que mejor aprovechan y utilizan esta modalidad de formación.

Queda, así pues, todo un trabajo de información, formación y desarrollo de la Formación Profesional con prácticas en las empresas, que anime y organice esa participación de pequeñas y medianas empresas en este tipo de programas.

Formar aprendices es mejorar la innovación y la capacidad futura de la empresa para asegurar su desarrollo. Significa también poner en contacto a trabajadores y trabajadoras mayores, con mucha experiencia, con jóvenes que aspiran a trabajar. Supone una cultura empresarial que huye del pelotazo y el beneficio rápido y fácil, para buscar cualificación, calidad y futuro. No es algo muy propio de la cultura empresarial española y así nos va. Pero también hay otro tipo de culturas empresariales y las culturas viciadas hay que erradicarlas promoviendo modelos más sanos y sostenibles de crecimiento.

Los empresarios que quieran afrontar este reto, van a contar con el apoyo cooperación de unos sindicatos que históricamente hemos apostado por Formación de Aprendices, y que ya desde nuestros orígenes, cuando los gobiernos no ofrecían estas posibilidades, crearon Escuelas de Aprendices en los más diferentes artes y oficios.

Lo mismo que pueden esperar unos gobiernos, central, autonómicos, o municipales, que quieran regular y promover la formación dual, la formación con prácticas, la formación de aprendices, para dotarla de garantías, calidad y derechos para quienes participen en la misma.

Es una propuesta que realizamos por enésima vez y que ha sido imposible con un Gobierno de crisis y recortes de derechos, pero que debe abordarse en el futuro inmediato, si no queremos perder el tren de la cualificación y el empleo.

Abordar una formación dual, que se asiente en bases distintas a las del actual contrato de formación y aprendizaje, para evitar el fraude generalizado y la explotación abusiva de nuestros jóvenes. Dotar de calidad a los períodos de prácticas, negociando un Estatuto de la Persona en Prácticas. Hay que revisar las malas prácticas y el mal uso de las bonificaciones empresariales y subvenciones que incorporan prácticas. Reforzar el diálogo social de los gobiernos, empresarios, representantes de las trabajadoras y trabajadores, sobre las condiciones de la Formación Dual.

Son cosas sencillas. Son propuestas razonables, de puro sentido común, que aprovechan la experiencia europea. Propuestas que cualquier gobierno debería acometer cuanto antes. Empecemos a demostrar a nuestra ciudadanía y a Europa que España no es tan diferente. Que no hay un pícaro, cuando no un corrupto, o un salteador de caminos, tras cada esquina. Que África no empieza en los Pirineos.

Francisco Javier López Martín

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