Ruidos nocturnos de Rajoy

agosto 8, 2017

Liberamos las fuerzas destructoras

y controlamos las productivas.

Exterminamos lo inferior

y aumentamos lo útil.

El huevo de la serpiente

Ingmar Bergman

Antes de que comiences a leer, ten en cuenta que cuanto aquí se cuenta no tiene que ver, en absoluto, con una realidad que casi con toda probabilidad será más dura y tendrá mucha menos gracia. Que cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. Que debes entender que te encuentras ante una parábola, similar a las evangélicas, probablemente helicoidal.

Comenzaremos así, Erase una vez… Mi primo Paco, al que de pequeño llamábamos Paquito en la familia y que ahora vive frente a las numerosas vías de los trenes que parten de la Estación de Atocha. Me cuenta sus cuitas mi primo, con la misma confianza con la que el primo de Rajoy le cuenta al Presidente sus impresiones más variadas sobre asuntos tan transcendentales como el cambio climático. Me cuenta, decía, que casi todas las noches, cuando la actividad ferroviaria desaparece de la estación de Atocha, monstruos de metal se adueñan de las vías, con enormes ojos luminosos y emitiendo bufidos, ruidos, rugidos de todo tipo.

Cuando esos engendros se desplazan de un lugar a otro cercano, para continuar su actividad frenética, devoradora de vías, emiten aullidos estridentes de todo tipo y de diferentes frecuencias, según el tamaño y envergadura del monstruo que se desplaza lentamente. Una ruidosa ocupación bélica que dura, muchas noches, hasta las tres o las cuatro de la mañana.

Durante el invierno, con las ventanas cerradas, el ruido es soportable, algo más que un molesto murmullo. Pero durante los meses de verano, con las ventanas abiertas, el primer sueño de los habitantes del lugar es sustituido por un estado de nervios permanente, que dura horas, hasta que alguien, en el ejército agresor, decide parar el combate hasta el día siguiente.

Mi primo ha escrito al Ministerio de Fomento, a Mariano Rajoy, a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de Madrid, a la Defensoría del Pueblo, a la Policía Municipal, al Concejal del Distrito, al de Medio Ambiente, a la Asociación de Vecinos, a ADIF, a RENFE, al Presidente de la Comunidad de Vecinos y a alguien más, que seguro, seguro, que se me olvida. Ha utilizado todos los correos electrónicos que ha encontrado disponibles desde la alta dirección, hasta atención al cliente y toda clase de servicios de reclamación y quejas.

Se supone, por tanto, que Presidentes, Presidentas, Ministros, Alcaldesas, consejeros y consejeras, diputados y diputadas, administrativos, jefes de servicio y de negociado, de todas las administraciones, han recibido en algún momento su reclamación, queja, o sugerencia. Porque mi primo sugiere soluciones, que permitan un pacto entre familias enteras que quieren dormir y los responsables de las contratas, subcontratas y contratas de las subcontratas que se esconden dentro de los monstruos que desencadenan su furia nocturna.

Sin embargo, nadie contesta. Alguna vez un correo automático indica la cantidad de meses que tardará como máximo, en responder, el servicio al que se ha dirigido. En otras ocasiones el servicio responde amablemente que no es cosa suya y que debe dirigirse a otro sitio, que procederá a remitir un nuevo correo electrónico indicando nuevos plazos. Hasta una vez aparecieron unos amables policías municipales, desprovistos de cualquier medidor de ruidos y recomendaron cerrar las ventanas y poner el aire acondicionado, porque, pese a las quejas vecinales, ellos no podían entrar en las instalaciones ferroviarias y los operarios de la contrata de la subcontrata de la contrata manifestaban tener todos los permisos de sus jefes para continuar devorando vías ferroviarias.

Lo peor, dice mi primo, aun estaba por llegar cuando, tras conciliar el sueño a las tres de la madrugada, una mala mañana, la contrata de la subcontrata de la contrata municipal de mantenimiento del arbolado, emprendió a las ocho en punto de la mañana, durante varias mañanas, motosierras en mano, el ataque contra las ramas sanas de los árboles, debe suponerse que acusados de ser demasiado frondosos. Es sabido que las podas se realizan en invierno, pero en este caso, debe de tratarse de una operación de saneamiento urgente que justifique la existencia de la contrata de la subcontrata de…

De nuevo a las quejas, reclamaciones, sugerencias en las que mi primo pregunta si no sería posible comenzar la poda en un parque, para luego entrar, motosierra en ristre, en el casco urbano. En fin, no debería ser tan difícil, pero la respuesta consiste de nuevo y, como mucho, en correos automáticos fijando plazos de respuesta, o descargando la responsabilidad en otro departamento. Como siempre, en la mayor parte de las ocasiones la respuesta es el silencio.

Cree mi primo, que los habitantes de su bloque tal vez se encuentran sometidos a un experimento similar al de los protagonistas de la película El huevo de la serpiente de Ingmar Bergman, cuyo objetivo último puede ser el de observar la capacidad de resistencia del ser humano al ruido, la falta de sueño y otras torturas similares. No en vano la película se sitúa en el Berlín, años veinte, en una sociedad anestesiada, que ha perdido el rumbo y que comienza a ser preparada por científicos, que luego servirán a los nazis en su holocausto, para liberar las fuerzas destructoras.

Por calmarle, a la vista de que lleva las cosas demasiado lejos, como si estuviera obcecado y sufriera los efectos de verse sometido a algún experimento social, le digo que no hay para tanto. Que somos españoles y no disciplinados y obedientes germanos. Que bien pudiera ser, sin más, que todos los políticos del país se estén ateniendo rigurosamente a lo expresado por nuestro sabio Presidente del Gobierno en su comparecencia (como testigo, quede claro que sólo como testigo) ante los tribunales de justicia, donde sentó jurisprudencia al afirmar que él solo sabe de política y afirmando claramente, con ese gracejo que le caracteriza, que no sabe de compatibilidades, de contabilidades y, se sobreentiende, que tampoco de ruidos nocturnos.

Y si así ocurre con el Presidente, cómo no ha de ocurrir lo mismo de ahí para abajo. De política todos sabemos un montón, pero de cuentas y de ruidos nocturnos, ya es otro cantar. No hay que buscar nada foráneo para explicar estas cosas que sólo ocurren en España.

Bueno, parece que le he dejado más tranquilo, pero yo no puedo ocuparme de él cada noche. Sería bueno que alguien en algún ministerio, una presidencia de alguna Comunidad Autónoma, o en una alcaldía, algún jefecillo en eso de lo ferroviario, el propio Mariano Rajoy (que he comprobado que conoce lo suficiente de cuentas y contabilidad como para permitirse asegurar que el crecimiento económico, el empleo y otro montón de cosas, marchan de maravilla), se ocupase de saber qué está pasando frente a las vías del tren, o en los jardines cercanos a las urbanizaciones.

No sea que los experimentos terminen saliendo mal. Que se les vaya de la mano, o la mano entera hasta que a mi primo se le vaya la olla. Mi primo siempre ha sido gente sensata, amante de negociar ante cualquier conflicto. Pero, de verdad, le he visto muy alterado con esto de los ruidos. Y yo es que le quiero mucho.

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Recuperar la negociación colectiva

agosto 8, 2017

Resulta que las grandes entidades financieras anuncian a bombo y platillo que en el primer semestre del año han conseguido ganar cerca de 8.000 millones de euros y que los beneficios en comisiones que cobran a los clientes han crecido un 12 por ciento.

Va a resultar que Mariano Rajoy sabe más de contabilidad de lo que reconoce ante los tribunales de justicia. Puede que tenga razón y que la economía se esté recuperando y el crecimiento del Producto Interior Bruto y de los beneficios empresariales sean una realidad.

Tan seguros deben estar de ello en el Consejo de Ministros que hasta la Ministra de Empleo se permite aconsejar a los empresarios que suban los salarios sin complejos. Que a todos vendrá bien hacerlo.

Pero ni el inefable Mariano, ni su ministra sevillana, parecen tomar en consideración la idiosincrasia de una clase empresarial española recluida en los viejos vicios de recomponer beneficios a costa de exprimir los salarios y buscar nuevos pelotazos. Nada de inversiones, mejoras de productividad, innovación. Exprimir los costes salariales y buscar nuevos campos de operación fáciles y asegurados por los gobiernos de turno.

La operación Chamartín, o el rescate de las ruinosas autopistas radiales, son algunas muestras recientes de cómo aquí no paga nadie el coste de operaciones ruinosas, a excepción de las rentas salariales, se entiende. De hecho son las rentas salariales las que más peso han perdido, frente a las rentas del capital.

Por eso, tras muchos intentos frustrados, tiras y aflojas, pasos adelante y hacia atrás, encuentros discretos y encuentros públicos, bipartitos y tripartitos, los empresarios se descuelgan con que no sólo no quieren un Acuerdo de Negociación Colectiva de carácter general, sino que no quieren ni un siempre insuficiente acuerdo de salarios. Vaya, que del 2 por ciento de subida salarial no pasan, salvo que las cosas vayan de maravilla y que de cláusulas de salvaguarda, de garantía salarial, de revisión salarial, nada de nada, por mucho que mejoren la economía, los beneficios, o la productividad.

Aunque el volumen general de empleo se recupera, parece ser que trabajamos cada semana 108 millones de horas menos que antes de la crisis, lo cual viene a equivaler a más de 2´5 millones de puestos de trabajo a jornada completa.

Eso sólo puede significar que el empleo que se crea es tan precario, temporal, a tiempo parcial y mal pagado, que las grandes cifras disimulan el drama de millones de personas trabajadoras que van encontrando empleo, pero sin seguridad de futuro, ni estabilidad alguna.

Tras la Huelga General del 29 de marzo de 2012, la primera convocada por UGT y CCOO contra la reforma laboral decretada e impuesta por el PP, tan sólo un mes antes, afirmé públicamente que, O se canaliza el malestar, o habrá que negociar con contenedores incendiados. Inmediatamente salieron a la palestra los aguerridos tertulianos del aguirrismo, hoy en declive, para denunciar que se trataba de un llamamiento a la violencia.

Nada más lejos de mi intención y mis convicciones. Esperanza Aguirre acababa de afirmar, ante la convocatoria de Huelga, que “Los sindicatos caerán como el muro de Berlín”. Y mi respuesta fue que la Huelga General expresaba el malestar de millones de personas. “Ese malestar, o lo canalizamos, lo negociamos y llegamos a acuerdos y buscamos sacrificios equilibrados y compartidos, o habrá que negociar con contenedores de basura incendiados y eso es más peligroso”.

Dice Antonio Gutiérrez, en su reciente tesis doctoral titulada Reformas Laborales, competitividad y empleo (1977-2012), que cada una de las reformas laborales que se han producido, han sido justificadas en la necesidad de flexibilizar el mercado de trabajo, sin que nadie se haya molestado nunca en reflexionar sobre la rigidez y anquilosamiento del sector empresarial español y su necesaria modernización.

El conflicto entre capital y trabajo debe ser resuelto, en primera vuelta, en la negociación colectiva. La Reforma Laboral de 2012 supuso un destrozo de ese poderoso instrumento regulador del reparto de rentas y derechos. La negativa empresarial a avanzar por ese sendero de negociación y acuerdo sólo siembra de minas el camino de la recuperación económica, alienta el conflicto, e impide sentar las bases de una economía sana y un trabajo más decente que el que hoy generamos.

Francisco Javier López Martín