En el homenaje a los de Atocha

Como cada 24 de enero el Auditorio Marcelino Camacho, con sus cerca de mil butacas, se llena para la entrega de los Premios anuales de la Fundación Abogados de Atocha. Muy de mañana, depositamos coronas de flores en el cementerio de Carabanchel, donde se encuentran enterrados Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira. A continuación llevamos otra corona de flores al cementerio de San Isidro. Hacemos un recorrido entre los magníficos mausoleos levantados por familias de renombre y acabamos depositando la corona en la tumba de la familia Orgaz, donde descansa Luis Javier Benavides. Muy cerca se encuentra la tumba del Padre Llanos, al que tanto admiraba.

El cuarto de los abogados descansa en Salamanca y el compañero que trabajaba en el despacho, como administrativo, aquel que entregó aquella misma mañana del 24 de enero de 1977 un bolígrafo Inoxcrom a Alejandro Ruiz-Huerta, el bolígrafo que desvió, horas más tarde, la trayectoria de la bala que hubiera acabado con su vida, Angel Rodríguez Leal, descansa en su pueblo conquense de Casasimarro.

Pero iba diciendo que el Auditorio, como cada año, se encontraba lleno. En las primeras filas, los representantes institucionales de la Asamblea de Madrid, del Ayuntamiento de la capital, de otros municipios y de otras instituciones cercanas a la Fundación, como el Colegio de Abogados de Madrid, o el Consejo General de la Abogacía. Entre el público muchos de quienes fueron compañeros, o siguieron el camino de los de Atocha.

Veo a Enrique Lillo, fraguado en mil batallas legales, la última de ellas la de torcer el brazo de la todopoderosa multinacional Coca-Cola ante los tribunales.

Más abogados y abogadas, como Patri (al que casi nadie conoce como José Luis Núñez) o como Paca Sauquillo y Cristina Almeida. El Comandante Otero, de la UMD. Representantes de la Confederación de CCOO, encabezados por Unai Sordo. Hay bastantes jóvenes, pero es día de diario, de estudio y de trabajo y hay muchos mayores. Por allí andan Salce Elvira, Juanjo del Aguila, Paquita, Victor Díaz Cardiel, Agustín Moreno, Paco Hortet. Un niño llora en brazos de su madre.

Tras la inauguración a cargo del Secretario General de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, este año incorporamos al acto la novedad de la entrega de los premios de narrativa joven Abogados de Atocha. Hemos recibido ejemplares de toda España y de numerosos países latinoamericanos. El reconocimiento a los de Atocha desborda nuestras fronteras y su modelo de defensa pacífica de los derechos laborales y sociales tiene muchos seguidores por todo el mundo.

En esta ocasión, la ganadora del certamen de relatos viene de Cantabria, con un hermoso relato sobre una niña palestina titulado Hasta luego Futuro y el segundo y tercer premios, han llegado desde Madrid y Granada, con narraciones que hablan de igualdad y memoria. Los podéis leer en la página web de la Fundación.

Luego llega el momento de los saludos. En representación del Consejo General de la Abogacía, nos dirige la palabra Victoria Ortega y, como Decano del Colegio de Abogados de Madrid, José María Alonso. Son ellos quienes nos recuerdan que los Abogados de Atocha son referencia obligada en el mundo del derecho. No sólo en España. El 24 de enero, precisamente en recuerdo de los de Atocha, ha sido elegido por la Asociación Europea de Abogados Demócratas como Día del Abogado Amenazado.

Ya os conté que los Premios Abogados de Atocha de este año han recaído en Pepe Mujica y en Reporteros Sin Fronteras. Sólo reseñar que Mujica no puede viajar desde Uruguay hasta Madrid en pleno invierno español. Ya le entregaremos el premio cuando venga en primavera. Mientras tanto, manda un vídeo con una hermosa intervención de agradecimiento. Alfonso Armada, Presidente de Reporteros Sin Fronteras resalta la importancia de unir la defensa de la justicia, con la libertad de expresión y de información.

Si algo quiero retener en el recuerdo de este acto son, precisamente, algunas referencias reiteradas en las intervenciones, ponen en evidencia que la calidad del Estado de Derecho se asienta en el derecho a la defensa, por incómoda e ingrata que sea la tarea de hacer que nadie sea más que nadie ante la justicia. Quiero retener, también, esas gotitas libertarias, a las que alguien aludió, que representaban los jóvenes abogados laboralistas y vecinales de Atocha. Gotas de futuro, mucho más que herencia anclada en el pasado.

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