Danza Bikutsi por Navidad

enero 9, 2019

Hay quien dice que los jóvenes se han vuelto individualistas y egocéntricos. Encerrados en sí mismos, e inmersos en el laberinto intrincado de las redes sociales. Y, sin embargo, la vida se empeña en demostrarnos que basta una pequeña chispa, para que el aislamiento se rompa y la solidaridad explote de forma sorprendente e imprevisible.

Hace meses, un amigo de Rivas, Marcos, me puso en contacto con una asociación local volcada en la solidaridad, que quería presentarme a un grupo de jóvenes, a las que alguna diputada llamaría jóvenas, que se habían embarcado en un proyecto de apoyo a la educación en Camerún. Sinceramente, conozco poco sobre esas tierras. Poco más que cuatro nociones básicas. Así que, de entrada, antes de verme con ellas, me puse a investigar algo sobre el país.

Parece que por el territorio que hoy llamamos Camerún, han pasado pueblos neolíticos, tribus, reinos y hasta un imperio. Luego pasaron, comerciando por allí, de paso hacia la India, los portugueses que, ante la abundancia de cangrejos, gambas y camarones, le dieron el nombre de Río dos Camaröes. Dejaron a su paso algunos puestos comerciales y unos cuantos misioneros.

Luego los yihadistas de entonces declararon, como los de ahora, una guerra santa y crearon un emirato, desplazando a gente de un lado para otro. Con tanto trasiego, para cuando quisieron darse cuenta, los alemanes, ansiosos de participar en el reparto de títulos coloniales en Africa, se hicieron con aquellas tierras y las sembraron de factorías, negocios, comercios y tropas.

Cuando los alemanes perdieron la Primera Guerra Mundial, franceses y británicos se repartieron la colonia, produciendo una división y desencadenando un conflicto nunca bien resuelto, entre anglófonos y francófonos, antes, durante y después del propio proceso de descolonización.

Identidades confrontadas que vinieron a sumarse a las diferencias tribales y la pluralidad de religiones que profesan los musulmanes, cristianos, animistas, musulmanes-animistas, o cristianos-animistas. Entre Nigeria y el Congo, en la frontera con Boko Haram, Camerún no parece un  país nada fácil para unas pocas jóvenes, ni jóvenos.

La cosa tenía su explicación. Las tres jóvenes, porque tres eran tres, habían viajado escalonadamente a Camerún. Primero llegó una para coordinar un proyecto de prevención de la violencia en escuelas rurales, urbanas y en orfanatos. Luego fueron llegando las otras. Al cabo de unos meses se separaron de la ONG con la que colaboraban y dos de ellas marcharon a Dschang, la ciudad más grande del departamento de Menoua, en la Región Occidental de la república.

Y allí, en un país con dos lenguas oficiales, francés e inglés, que no hablan la mayoría de la población y con otras más de 230 lenguas que vienen del Congo, del Nilo, del Sahara y hasta de Asia. En un lugar donde los franceses,  ingleses, chinos, o los alemanes, invierten para promocionar su lengua, su cultura, sus empresas. En una universidad perdida en una de las diez regiones en las que se divide Camerún, nuestras jóvenes fueron a encontrar a cientos de alumnos y alumnas, estudiando en una Facultad de Estudios Hispánicos. Me pareció increíble, pero era cierto.

Cientos de alumnos apiñados en un edificio construido con ayuda del gobierno español. Ahí quedó la obra, en el olvido, nada más, nada menos. Una biblioteca vacía, gente sin ordenadores y con pocos libros, sentada en los pasillos. Y unas jóvenes españolas que se lanzan a hacer algo que las instituciones españolas ni se plantean. Intentar contribuir al desarrollo local, echando una mano en la formación de los estudiantes. Mejorar un sistema educativo neocolonial, poco participativo, desvinculado de las necesidades de desarrollo de la población local. Reducir las carencias de material didáctico. Alimentar la solidaridad entre la población española y camerunesa, sin paternalismos, sin maternalismos.

Aquellas jóvenes volvieron a casa, crearon una modesta asociación a la que llamaron Bikutsi. Han organizado el viaje a España de algún profesor y algún alumno, para que expliquen aquella realidad en nuestro país, para que contacten con universidades españolas. Han enviado libros de literatura para la Biblioteca de la Facultad, lo cual parece sencillo, pero termina resultando tremendamente difícil, dadas las dificultades para que alguien asegure la entrega del envío.

Desde que me explicaron su proyecto, Letras Españolas en Dschang, hemos conseguido contactar con la UNED, a través de su Consejo Social y se han producido donaciones de libros de Filología por parte de la universidad. Se han establecido relaciones entre el profesorado de ambas universidades. Se han grabado programas de la universidad y organizado conferencias.

Se me ocurre que otras instituciones universitarias, el Ministerio de Asuntos Exteriores, o el Instituto Cervantes, deberían prestar alguna atención a aquellos cientos de personas que quieren formarse en estudios hispánicos, en las peores condiciones imaginables, aunque sus ojos estén puestos no tanto en venir a España, sino en atravesar el Atlántico hacia América Latina.

Se me ocurre que estas jóvenes se han empeñado en hacernos bailar Bikutsi, esa danza que significa algo así como Vamos a golpear la tierra. Danzar, bailar, golpear, patear la tierra, hacerla temblar, hasta que las cosas cambien. Hasta que los caminos se desbrocen y la voz, el ritmo, el canto, la lengua, nos acerquen lo suficiente como para contar, sin miedo, nuestras historias, nuestras leyendas, nuestros mitos y nos ayuden a superar los problemas del aquí y del ahora.

Hay maneras y maneras de celebrar festejos navideños. Ésta de bailar, danzar, pensar, hablar y ponerse a andar en bikutsi, me parece increíblemente hermosa, joven, sugerente. Aún a riesgo de caer en el tópico y la generalización, diría que no se me ocurre mejor cuento de Navidad, fábula o leyenda del desierto, o relato oral, para contar y preservar del olvido, en una pequeña capilla, en una madrasa, en una Casa de la Palabra, en cualquier universidad española.

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Cuando en Tetuán de las Victorias había hasta 25 cines

enero 9, 2019

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que, en Tetuán de las Victorias, había hasta 25 cines. Cines míticos como el Metropolitano, Maravillas, Lido, Cristal, Bellas Vistas, Novedades, Regio, Savoy, Tetuán, Victoria, Windsor y otros muchos. Por eso  el barrio merecía el nombre de El pequeño Hollywood.

Hoy, al cabo de los años, en esas calles y plazas de leyenda, Bravo Murillo, Raimundo Fernández Villaverde, Cuatro Caminos, Reina Victoria, Francos Rodríguez, no queda un solo cine.  La Asociación de Vecinos acaba de publicar el listado de estos cines en uno de sus Pliegos del Cordel, incluyendo una pequeña referencia a la ubicación, historia y fecha en la que fue cerrado cada uno de ellos.

Hermoso proyecto, éste de los Pliegos del Cordel, cuyo primer número fue dedicado a las poesías escritas por las poetas del barrio, con la incursión de unos pocos hombres, entre los que tengo el privilegio de figurar. Retoman así una ancestral tradición, vinculada a las coplas de ciego y el romancero. Esos papeles sin encuadernar que se colgaban en cuerdas y que daban cuenta al vecindario de milagros, hechos extraordinarios, leyendas, cuentos, noticias, sucesos cotidianos, crónicas históricas.

Es cierto que han cambiado mucho los tiempos. Que para ver una película no es estrictamente necesario ir a un cine. Que son muchas más las formas y maneras de entretenimiento y que las que había, han sufrido profundas transformaciones. La resolución es mucho mejor en las pantallas de televisión y su tamaño es ahora XXL.

Pero nada justifica la desaparición de todos los cines de Cuatro Caminos y Tetuán, ni de la inmensa mayoría de nuestros barrios. Hace no tanto tiempo, casi cada barrio tenía uno o varios cines. Habrá quien diga que ya no son necesarios, o que ya no son negocio. Pero tras esa afirmación se oculta la justificación para que mañana desaparezcan las bibliotecas, los museos, los teatros, los centros culturales y, ya puestos, hasta los colegios.

La desaparición de los cines, como la de las abejas, deja el terreno libre para la desertificación cultural de nuestros barrios. Ahora son las casas de apuestas las que pueblan los escaparates, como si aquella inmensa operación de los años ochenta, que pretendía convertir a muchos de nuestros jóvenes en drogadictos, con sus terribles consecuencias de adormecimiento, cicatrices y condenas a muerte, estuviese siendo sustituida por esa nueva droga, no menos mortífera, del juego infinito y la falacia del enriquecimiento repentino. El pequeño Hollywood se ha convertido en pequeña Las Vegas.

Permitir la desaparición de los cines de los barrios, para aglomerarlos en un centro peatonalizado, supone acabar con la pluralidad de centralidades que necesita una ciudad. Significa convertir barrios que siempre tuvieron vida propia en lugares mortecinos, inseguros y sin personalidad. Por eso hay que reivindicar, en cada barrio, al menos, un cine.


14-D: Así que pasan 30 años

enero 9, 2019

En estos días se cumplen 30 años desde la realización de aquella primera Gran Huelga General de una democracia española que acababa de cumplir diez constitucionales años. No han abundado los actos conmemorativos de la fecha, pero tampoco han faltado, o van a faltar, aquellos en los que han participado algunos de sus principales protagonistas.

Entrevistas a quienes dirigían las organizaciones que convocaron la Huelga, como Antonio Gutiérrez y Nicolás Redondo. En casi todos los medios se publican noticias que recuerdan aquella Huelga, sus causas y sus repercusiones. Algún libro se ha escrito y un puñado de artículos de opinión se han dedicado a profundizar en aquel momento.

Historiadores pretendida, o pretenciosamente, considerados oficiales, o bien oficiosos, querrán fijar en la memoria la “verdadera” historia de aquellos días, ignorantes de que la historia colectiva tiene tantas versiones como personas, personajes, actores y actrices, héroes o villanos, la vivieron y participaron en la misma.

No faltarán, por último, los tertulianos que analizarán, explicarán, desentrañarán y examinarán cada instante, minuto a minuto, de la Huelga General, para alcanzar las conclusiones prefabricadas que contribuyan a ratificar sus ideas iniciales, con las que ya venían de casa. No pocos dirán que el éxito de la huelga se debió, tan sólo, al apagón de la televisión a las 12 de la noche.

Poco que agregar, por tanto. Inutilidad de un artículo que poco podría añadir, sin caer en la reiteración de cuanto se haya dicho y hecho para recordar aquel día, sus circunstancias, sus prolegómenos y sus consecuencias. Tal vez he echado de menos, al recordar aquellos días, salvo algunas excepciones, la ausencia de quienes eran jóvenes por entonces y encabezaron y supieron unir al movimiento estudiantil y las organizaciones juveniles, en la defensa de la decencia del empleo y contra aquel Plan de Empleo Juvenil, precursor de la discriminación laboral y vital, a la que la juventud se ve hoy sometida, como si de una maldición bíblica, e inevitable, se tratase.

Personas, como Jesús Montero al frente de las Juventudes Comunistas, o como Paco Moreno, responsable de los Jóvenes de CCOO, a las que he conocido y tratado por diferentes razones, que encabezaron las manifestaciones y movilizaciones previas que sirvieron de ensayo general para el 14-D.

Hay muchas veces, especialmente en un país como España, en que las propuestas más razonables topan con la aparente desidia, el presunto desinterés, la supuesta pereza, de quienes parece que deberían ser los principales interesados en alzarse del suelo y sacarlas adelante.

Siempre hay algún motivo. Una Huelga General anterior, la del 85, convocada contra la reforma  del sistema de pensiones, que anticipaba los recortes del primer gobierno socialista, no logró tanto eco, tal vez porque ese gobierno se encontraba aún en estado de gracia y porque, aunque Nicolás Redondo votó, en el parlamento, a favor de devolver el proyecto a los toriles del Consejo de Ministros, la UGT no terminó dando el paso y CCOO se quedó sola en la convocatoria de la Huelga del 85.

Tres años después, sin embargo, el felipismo no gozaba ya de tan buena salud y sus relaciones con la UGT se habían deteriorado a marchas forzadas. El movimiento estudiantil se había rebelado abiertamente contra las subidas de tasas, la selectividad, las dificultades de acceso a la universidad, el numerus clausus, las reformas educativas.

El profesorado salíamos de una larga y dura huelga indefinida que reivindicaba la homologación salarial con otros cuerpos de funcionarios, o la solución a los problemas de responsabilidad civil de los docentes. Los empleados públicos se veían privados de derechos sindicales como el de negociación colectiva.

En esta ocasión, bastó la intentona del gobierno de aprobar un Plan de Empleo Juvenil, estableciendo un modelo de contrato juvenil temporal, precario y mal pagado, para que las movilizaciones juveniles arreciasen y los sindicatos CCOO y UGT, convencidos de la importancia de la unidad de acción, convocasen una Huelga General el 14 de Diciembre de 1988, añadiendo reivindicaciones como la equiparación de la pensión mínima al salario mínimo, o el derecho a la negociación colectiva de los empleados públicos.

De aquella Huelga, el gobierno salió tocado y, aunque no dio su brazo a torcer, la Propuesta Sindical Prioritaria (PSP) aprobada poco después por los sindicatos, sentó las bases de un modelo de participación sindical y diálogo social estatal, autonómico y municipal, que desarrollaba los artículos 7 y 9 de la Constitución Española y que fortaleció el Estado social en todo cuanto afectaba a la vida de los trabajadores y trabajadoras, desde la seguridad social y las pensiones, a la sanidad, la educación, el salario social, las pensiones no contributivas, o los derechos sindicales.

La clase trabajadora, que había sido la auténtica costalera (y costeadora) de la democracia, en palabras de Nicolás Sartorius, reclamaba participación en el reparto de los recursos y la riqueza disponibles y la Huelga General del 14-D abrió las puertas para conseguirlo.


Carta abierta al Presidente de una Asociación de Vecinos

enero 9, 2019

Querido Antonio,

Me dirijo a ti, como Presidente de la Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos Tetuán, pero esta carta va dirigida a cuantas personas os conjuráis en esa aventura de defender los derechos de la ciudadanía, el vecindario, el pueblo llano, que sufre cada día las ineficacias, las ineficiencias, la desidia de nuestros gobernantes. Una carta abierta a quienes dedican tiempo de su vida a defender lo que es de todas y todos en las Asociaciones de Vecinos y Vecinas.

Acabáis de entregar los premios Constitución la del 31, inequívoca muestra de vuestras convicciones republicanas y me habéis honrado con uno de ellos. En el diploma habéis escrito, Por su contribución al conocimiento de “los nadies”. Entre los premiados se encuentran otras personas que, desde la política municipal y autonómica, el teatro, el urbanismo, el cine, la pintura, el diseño, colaboran con vuestro esfuerzo por situar al barrio en una de esas centralidades que pugnan por convivir con el Madrid Central. Reconocimientos que no han olvidado a mujeres y hombres que nos han dejado, pero que han compartido vuestra vida y empeños.

Mi primera afiliación, fue a una asociación de vecinos de Villaverde, cuando aún se llamaban Asociaciones de Cabezas de Familia. Dicho de otra manera, las mujeres y los jóvenes estábamos legalmente de prestado, aunque teníamos un extraoficial carnet juvenil. Eran aquellos tiempos dictatoriales de democracia orgánica (nunca supimos bien de qué órganos se trataba, aunque podíamos imaginarlo), en la que la representación venía de la familia, el municipio y el sindicato (vertical, por supuesto).

Si los militantes de las CCOO, desde las empresas, se fueron infiltrando en el sindicato vertical hasta ganar las elecciones sindicales, en los barrios, como vecinos, también se fueron haciendo con algunas de aquellas asociaciones vecinales, especialmente las ubicadas en los barrios obreros.

Barrios como Vallecas, Chamartín de la Rosa, Carabanchel, Canillejas, Fuencarral, Villaverde, habían sido antes pueblos, absorbidos por la capital a finales de los 40 y principios de los 50 del siglo pasado. Se habían convertido en lugares de asentamiento de los miles de trabajadores y trabajadoras que llegaban de toda España buscando un empleo en la siempre pujante industria del suelo y la construcción, en sus empresas auxiliares, talleres y en las industrias del metal, automoción, la alimentación, la electricidad, el gas, tabacos, o la confección.

Casa baratas, chabolas, Unidades Vecinales de Absorción, poblados dirigidos, colonias benéficas, obras sindicales del hogar, fueron rodeando los viejos núcleos urbanos, conformando extraños desarrollos urbanísticos. Calles sin asfaltar, alcantarillados deficientes, transportes insuficientes, sin centro sanitarios, ni colegios.

Luego vendría el asalto a los pueblos de la periferia, esta vez sin absorciones de por medio, que dieron lugar al crecimiento acelerado de los pequeños municipios que rodeaban Madrid. Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, Coslada y San Fernando, Getafe y Leganés, Móstoles y Alcorcón, Fuenlabrada, entre otros muchos.

No fue fácil el duro recorrido vecinal. Cuando llegó la democracia era mucho el trabajo por hacer, muchas las carencias, los desastres urbanísticos, las necesidades de servicios públicos esenciales. No fue fácil ir construyendo espacios de convivencia. La limpieza de las calles, el asfaltado de las calzadas, las aceras transitables, plazas, parques, colegios, centros de salud, ambulatorios y hospitales, centros de atención a la drogodependencia que consumió a muchas familias, universidades, centros culturales, autobuses, metros, cercanías. Nada hubiera sido posible sin vuestro trabajo vecinal.

Miro el tablón de anuncios de vuestra asociación y allí veo que los años han pasado deprisa, pero los problemas siguen siendo parecidos. Muestras de cine en barrios que han ido viendo echar el cierre a todos sus cines. Premios Superbache para unas calles abandonadas de la mano de los gobernantes. Defensa de los servicios públicos. Derecho a la vivienda. Convivencia de generaciones, culturas, nacionalidades distintas. Comercio de barrio. Oposición a la proliferación de las casas de juego. Teatro comunitario. Cuestionamiento de movimientos especulativos como la Operación Chamartín, o el Paseo de la Dirección.

Ahora entiendo mejor esa reivindicación de lo constitucional y republicano en vuestros premios. España fue un día República democrática de Trabajadores organizada en régimen de Libertad y Justicia. Luego, tras una larga dictadura, se convierte en Estado social y democrático de Derecho que persigue la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Dicho de otra manera, la legitimidad de los valores republicanos de la Constitución del 31, son los que legitiman la Constitución del 78.

Ahora comprendo que lo esencial de ser republicano, ya sea bajo una dictadura, o en una monarquía constitucional, no es esperar el advenimiento de un régimen republicano, sino trabajar por la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, en cada momento del día, en cada instante de la vida. Proteger lo que es de todos y de todas. Ser republicano, como lo sois en Cuatro Caminos-Tetuán, es sostener los valores republicanos. Defender la vida.


2019: El empleo en la revolución científico-técnica

enero 9, 2019

Aún recuerdo aquellos discursos de Marcelino Camacho, en los que siempre reservaba una alusión a la revolución científico-técnica. Algunos dirigentes sindicales, muy acostumbrados a bregar diariamente, en las empresas, con los salarios, las jornadas, el convenio, las horas extraordinarias, las regulaciones de empleo, o las contrataciones, pero adormecidos en su capacidad de adelantarse a los cambios, sonreían, como si aquello fuera una muletilla  proverbial y típica de Marcelino.

Sin embargo, pasados los años, me parece que el núcleo central del debate y de la acción del sindicalismo, se encuentra, precisamente, en la revolución tecnológica en curso. Porque son los cambios tecnológicos los que van determinando qué empleos desaparecen y cuáles van a ser creados en el inmediato futuro, al tiempo que delimitan las necesidades de cualificación y las características de cada puesto de trabajo.

Vista la naturaleza de los acelerados cambios tecnológicos que se están produciendo, hay quien augura la desaparición del trabajo humano, pero esto no está ocurriendo, al menos por el momento. Ni en puestos de baja cualificación, que difícilmente pueden cubrir por el momento las máquinas, ni en las nuevas necesidades de puestos que requieren altas o medias cualificaciones.

La mayoría de los empleos sufren ya y van a sufrir aún más en el futuro inmediato, modificaciones importantes, a causa de la introducción de nuevas tecnologías. Determinadas operaciones quirúrgicas pueden ser realizadas por una máquina y a distancia, pero no por eso necesitamos menos cirujanos. Muchos procesos bancarios pueden ser realizados online, pero los bancos dedican mucho mayor esfuerzo a una atención personalizada de fidelización de sus clientes.

Bien pudiera ser que desaparecieran los conductores de taxi, pero no por ello desaparecerán los taxistas, aunque sus funciones puede que no se encuentren manejando un volante. El hecho de no comprar en una tienda física no significa que la producción desaparezca, al tiempo que gana peso la distribución. Cambian las formas y los contenidos del trabajo, pero el trabajo permanece,

Muchos trabajos se tecnifican, automatizan, robotizan, informatizan, o como queramos llamarlo, pero eso exige cada vez más expertos en robótica, informática, diseño de sistemas, automatización, simuladores, probadores, o lo que antes llamaríamos comerciales y hoy encuentran un nuevo nombre cada poco, al tiempo que incorporan nuevas funciones, de forma acumulativa.

Lo podemos comprobar a diario, cuando repasamos las ofertas de empleo en las que se exigen conocimientos y cualificaciones múltiples sobre informática, comunicación, sistemas operativos, matemáticas, además de experiencia previa y posibilidad de desenvolverse en varios idiomas.

Hay algo que está cambiando para bien, si somos capaces de participar y gobernar el futuro, o para mal, si dejamos que sean los fundamentalistas del mercado, los beneficios, la desregulación, los que se hagan con las riendas de los cambios que se están produciendo.

La revolución tecnológica, por ejemplo, demanda más capacidad de cooperación que de competencia y rivalidad. Nadie sabe de todo, ni controla todas las claves de los complejos procesos de innovación. Las transformaciones son, cada día más, el producto de una intensa cooperación entre personas expertas en las más variadas disciplinas, trabajando en equipo, en entornos abiertos y sin rígidas jerarquías. Eso es positivo.

Lo negativo es que muchas de estas personas se ven obligadas a prestar sus servicios en condiciones lamentables, como becarios, aprendices, precarios y mal pagados. Basta repasar esas cientos y miles de ofertas de trabajos forzados, sin sueldo, sin derechos y con la única esperanza de ir rellenando un currículum siempre insuficiente, ya sea como chef, diseñador gráfico, asistente jurídico, o desarrolador.

Lo negativo es que nos estemos acostumbrando a ver como normal, e incluso como una necesidad de los tiempos modernos, que nuestra juventud se inserte en el trabajo y en la vida, en unas condiciones que, salvadas las distancias mecánicas y estéticas, no tienen mucho que envidiar a las del joven Chaplin, perdido en el engranaje de la producción industrial fordista.

Qué cooperación, sentido de equipo, identificación con un proyecto, se puede pedir a quien se obliga a trabajar en estas condiciones. Qué compromiso con la política y los políticos se puede reclamar de quien constata, día tras día, la más absoluta desidia y desatención de sus expectativas y necesidades, mientras los discursos se ven plagados de promesas y buenas intenciones que cualquiera sabe que no llegarán a buen puerto si quien las formula toca pelo del poder.

Este año hemos conmemorado el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, aquel personaje que un día anunció que, los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. No le faltaba razón y sobraban las razones, para que el nuevo proletariado, sometido a la explotación de su fuerza de trabajo y a vivir hacinado en barriadas inmundas, e infectas, en la periferia de las grandes ciudades, se rebelara y se organizara en sindicatos y partidos obreros para tomar el poder y cambiar la lógica capitalista.

Tampoco faltan hoy las razones para que, ante una revolución tecnológica imparable y acelerada, nos organicemos para que esos cambios tengan rostro humano y la mayor riqueza tenga un mejor reparto, en lugar de generar más desigualdad. En esto, el mundo globalizado y robotizado, reclama las mismas respuestas, ideales y banderas de libertad, igualdad y solidaridad, que hace casi doscientos treinta años enarbolaron los revolucionarios franceses.

El año 2019 viene cargado de citas importantes con nuestro futuro y debería estar marcado por el compromiso político y social con un empleo decente y una vida digna para las personas.