1º de Mayo con Coronavirus

130 años, esos son los que se van a cumplir este 1º de Mayo, una fecha redonda para conmemorar de forma especial el Día del Trabajo. En esta ocasión comenzábamos a dar por superada la larga crisis económica iniciada en 2008,

(en el horizonte siempre hay alguna nueva crisis apuntando)

pero por lo pronto parecía que la nueva economía

(de la precariedad, la temporalidad, los bajos salarios, la fractura laboral, la brecha digital, la desigualdad social)

creaba suficiente empleo

(de mala calidad y mal pagado, eso sí)

como para exigir un reparto más justo y equitativo de las rentas.

Con un gobierno de izquierdas, esa hubiera sido la naturaleza de la celebración del 130 aniversario del 1º de Mayo,

(recuperar parte del terreno perdido por la crisis en la negociación colectiva y en las empresas)

pero una vez más la vida y la muerte son imprevisibles, por más que los humanos creamos que pesamos algo en estas decisiones del universo.

En muy poco tiempo hemos comprobado nuestra fragilidad como especie en un planeta al que estamos sobreexplotando y maltratando sistemáticamente, en muy poco tiempo hemos comprobado que un mundo construido al servicio de los poderosos y sometido al dios dinero, se vuelve contra nosotros y nos devuelve toda la miseria y la maldad que hemos ido sembrando.

Este 1º de Mayo lo viviremos sin una manifestación callejera, lo cual no quiere decir que dejemos de recordar que hace 131 años el Congreso de París, el que convirtió a los partidos socialistas y laboristas en Segunda Internacional, decidió conmemorar al año siguiente la lucha por las 8 horas de trabajo, la Huelga de Chicago, la Revuelta de Haymarket y el juicio y ejecución de cinco anarquistas acusados de organizar aquello.

Lo haremos de otra manera, pero lo haremos. Convertiremos el 1º de Mayo en una nueva ocasión para reivindicar vidas dignas y trabajos decentes en todo el planeta. No estaremos en las calles pero llegaremos a cada rincón del planeta, casa a casa, persona a persona, exigiendo un nuevo modelo económico y social que ponga a las personas en el centro y al trabajo como el principal factor que puede garantizar la libertad, la igualdad y la solidaridad en nuestras sociedades.

La protección de las personas siempre, pero especialmente cuando las amenazas se desencadenan con todas sus fuerzas, depende del trabajo de las personas en los servicios públicos, sanitarios sí, pero también los no sanitarios, que hacen posible que podamos sobrevivir y evitar el colapso de la sociedad. Recuperar la fortaleza de los servicios públicos es una de las principales conclusiones que podemos extraer de la situación que estamos viviendo. La crisis iniciada en 2008 sirvió para bendecir los recortes y las privatizaciones. Son muchos los que, desde la izquierda incluso, han aceptado esa lógica de que lo privado es más barato, despreciando criterios de calidad en los empleos y los servicios que se prestan en hospitales, en las residencias, en las casas de nuestros mayores, hoy pagamos con vidas ese proceso de conversión de lo público en negocio privado.

Los trabajadores no somos productos de usar y tirar, somos personas con derecho a un trabajo estable, un salario suficiente y una protección cuando enfermamos, cuando perdemos el empleo, o cuando nos jubilamos. La precariedad que se ha instado en nuestras sociedades degrada a las personas, incrementa las desigualdades y produce realidades como la de los trabajadores que pese a tener un empleo no salen de la pobreza.

La mujer ha ido ganando protagonismo en el trabajo, muchos de los sectores que hoy se encuentran en primera línea de lucha contra el COVID19 se encuentran feminizados, lo cual paradójicamente significa peores salarios, peores condiciones de trabajo, más precariedad y, al final, más bajas pensiones.

Son tiempos de exigir que nadie quede en la cuneta, al margen, excluido, empobrecido, machacado por las desigualdades, o por crisis como la que vivimos ahora mismo. Es necesaria una Renta Mínima, un Ingreso Mínimo, da igual el nombre que le demos, se trata de asegurar los ingresos esenciales de las personas más vulnerables.

A nivel nacional y a nivel europeo no se pueden desoír estas exigencias. Las fuerzas políticas, las organizaciones empresariales y sindicales, las organizaciones sociales tienen la obligación de propiciar los acuerdos, los pactos, los microacuerdos, o los grandes pactos, que hagan posible en España y en el Continente, superar esta crisis tremenda que vivimos y la larga secuela de consecuencias que se avecina con responsabilidad y solidaridad.

El Coronavirus ha puesto delante de nuestros ojos el abandono industrial, agrario y de determinados servicios al que nos hemos condenado, siendo incapaces de producir y suministrar bienes básicos de todo tipo, sanitarios y no sanitarios,

(mascarillas, respiradores, equipos de protección, guantes, hasta alcohol ha faltado, componentes industriales, fármacos…)

algo que no puede volver a pasarnos, como no podemos dejar en manos de países extranjeros el potencial investigador e innovador del que disponemos

(ya son demasiados los profesionales sanitarios, personal investigador y de múltiples jóvenes universitarios que, una vez formados, tienen que buscarse la vida en otros países por todo el mundo)

Salir de esta crisis sanitaria, económica, de empleo, va a requerir mucho tiempo, mucho apoyo a la supervivencia de las empresas, mucha inversión en nuevos desarrollos productivos en todos los sectores

(en el campo, en la industria, en los servicios)

mucha fortaleza de los servicios públicos, pensando en el empleo decente, en la salud, en el medio ambiente.

Este 1º de Mayo no recorreremos las calles, pero no por ello dejaremos de conmemorar el 1º de Mayo y reivindicar igualdad, libertad y solidaridad. La esencia misma de la lucha sindical de los últimos 130 años.

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