Intratable pueblo de cabreros

junio 18, 2020

Así nos definía el tío catalán de Esperanza Aguirre, Jaime Gil de Biedma, cuando pensaba en esa media España que había ocupado España entera con la vulgaridad, con el desprecio total de que es capaz, frente al vencido, un intratable pueblo de cabreros.

Pasan los cabreros por ser gente libre porque andan con caprichosos rebaños que van buscando los brotes tiernos, las jugosas hojas que nacen al final de las ramas de los árboles. Esa manía de las cabras, a la que llaman ramoneo, tiene al parecer un papel importante en la prevención de incendios.

Algo de cierto debe haber. Cabreros han sido hombres libres como Miguel Hernández, o como el cantaor flamenco José Domínguez Muñoz, más conocido precisamente  por su oficio, El Cabrero. He compartido algún que otro día de infancia y de verano con cabreros de la Sierra de Gredos y las cabras dejan tiempo para la contemplación, para disfrutar del paisaje, comer junto al arroyo que baja de la sierra y hasta para leer.

Mientras las cabras vagan libres por el monte abierto todo va bien, el problema es cuando un día hay que sacarlas por caminos y veredas en las que su caprichosa actitud ante la vida las conduce a invadir campos particulares a fuerza de saltar ágilmente las tapias. Entonces el cabrero ya no es tan libre y tiene que andar con mil ojos, antes de que los vecinos vengan más tarde a visitarle en su casa para trasladarle sus quejas. Lee el resto de esta entrada »


Desconfina como puedas

junio 18, 2020

Tan importante como escalar una montaña es saber cómo hay que bajarla. No pocos accidentes se han producido al descender de una cumbre ya conquistada. Quienes se han ocupado de este tipo de sucesos aseguran que tres cuartas partes de los accidentes se producen al descender de la montaña.

Casi la mitad de esos accidentes son caídas, pero abundan también los desvanecimientos, el agotamiento físico y hasta los ataques al corazón. Conquistas la cima, estás eufórico, te confías, bajas exaltado y cuando menos lo esperas te caes, te hundes y sólo depende de la suerte que los daños sean mayores o menores.

Los riesgos habituales siempre, hay que añadir, se multiplican cuando no conoces bien el camino, no has estudiado la ruta, improvisas el itinerario, no tienes experiencia previa, o infravaloras anteriores riesgos, o accidentes de los que saliste bien parado.

De todo ello nos ha pasado en este largo proceso de coronavirus, en el que llevamos ya escalando y desescalando más de tres meses. Nadie sabía bien dónde estaba la cima, ni cuando la alcanzaríamos. Hay países que han tenido más suerte y otros menos. No creo que nadie supiese bien las dificultades que jalonaban el ascenso, ni las tormentas que se iban a desencadenar.

La experiencia anterior más parecida, la de la mal llamada gripe española, se produjo hace ya más de 100 años y, pese a su fiereza, sus más de 50 millones de muertes y sus 500 millones de infectados (un tercio de la humanidad de aquellos días) pasa muy desapercibida en nuestra memoria histórica, al originarse en las inmediaciones del final de la horrible Primera Gran Guerra. Lee el resto de esta entrada »