Educación Digital

La pandemia nos ha puesto en la tesitura de tener que realizar muchas tareas utilizando medios digitales, desde pedir comida, a teletrabajar, desde estudiar en casa a ser atendidos por el médico con cita telefónica, o desde comprar un libro o un jersey hasta pedir una prestación por desempleo.

Las grandes empresas tecnológicas como Apple, Amazon, Facebook, Google, o Microsoft han disparado sus beneficios durante los meses más duros de la pandemia. Grandes beneficios que vuelven a contrastar con la desigualdad observada en muchos sectores de la sociedad con respecto a su acceso al mundo digital.

Para empezar, desde el punto de vista del empleo, no todos los trabajadores y trabajadoras han podido teletrabajar, no todas las personas tienen los conocimientos y habilidades digitales suficientes para realizar trámites administrativos en la Seguridad Social, en los Servicios de Empleo, en los propios centros de salud.

Hay empleos que exigen presencialidad, pero también hay otros en los que nadie había pensado que algunas de las actividades pudieran ser realizadas online, nadie se ocupó de formar y preparar a las personas para utilizar las nuevas tecnologías, nadie vio la necesidad de invertir en equipos informáticos y medios tecnológicos.

Tampoco en la educación, pese a la enorme voluntad desplegada por el profesorado, ha sido fácil poner en marcha un nuevo sistema que permita la educación online y, posteriormente, una formación y procesos de aprendizaje semipresenciales. El profesorado no había sido formado para ello, no contaba con plataformas formativas y hasta los equipos que han utilizado son personales.

En cuanto al alumnado estaban muy habituados a utilizar el móvil, las redes sociales, jugar a ser influencers, gamers, o youtubers, pero estaban poco acostumbrados a esa disciplina que necesita el estudio online, que exige otras habilidades, pero no menos esfuerzo, compromiso y trabajo personal.

A esta situación se ha unido el hecho de que las nuevas tecnologías no están al alcance en todos los lugares por igual. De otra parte, comprar el hardware y el software, los equipos y los programas necesarios, no son gastos accesibles para todo el mundo.

Es duro afrontar un horizonte de formación con mucho menos contacto personal, con menos interacción, con menos presencialidad en las aulas. Elaborar contenidos e-learning exige mucha inversión no sólo económica, sino también y fundamentalmente disponer del conocimiento personal.

La educación digital tiene virtudes e inconvenientes, pero como todo proceso educativo necesita partir de la igualdad de oportunidades en el punto de partida. La brecha digital sigue siendo una realidad que condiciona las posibilidades de nuevos modelos educativos que, sin renunciar a los momentos de presencialidad y  socialización, pueden ayudar en la educación a lo largo de toda la vida y en todas las edades.

Dicho de otra manera, la formación online, el e-learning, no está aquí para sustituir a la educación presencial, pero ha venido para quedarse, no sólo en momentos de pandemia, confinamiento y suspensión temporal de las clases presenciales.

Es verdad que no existe un consenso general entre el profesorado, que muchos lo han vivido como un atraco, un mal necesario y transitorio, algo con lo que han tenido que lidiar sin más remedio, ante la imposibilidad de reanudar las clases en el aula en condiciones de “antigua normalidad”.

Han aprendido rápido, pero también a costa de pagar un coste personal de adaptación forzosa, soledad y pérdida de contacto con familias, alumnado y el propio profesorado. Volverán las clases presenciales, pero las herramientas digitales se van a quedar entre nosotros. La gran nevada de los últimos días ha obligado a suprimir en comunidades como la de Madrid las clases presenciales y volver de golpe a la enseñanza online durante una semana.

La situación que vivimos está requiriendo la adquisición de competencias en el manejo de las nuevas tecnologías por parte de toda la comunidad educativa, tanto alumnado, como profesorado, incluidas madres y padres. Vamos a necesitar medios, herramientas, facilidades de conexión, acceso a wifi. Hemos descubierto que vamos a tener que reforzar nuestra autonomía para aprender y nuestra voluntad y esfuerzo personal.  

Las nuevas tecnologías, como cualquier otra herramienta, pueden ser utilizadas para el sometimiento y la explotación de los seres humanos, para acelerar la destrucción de la vida, o para hacer realidad un mundo donde la especie humana aprendamos a convivir con nosotros mismos y con el resto de seres que habitan el planeta.

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