Educación Digital

Ya sé que el panorama político se ha complicado mucho y que las urgencias políticas se han desencadenado en las sedes de los partidos. Las elecciones en Madrid forman parte de esas urgencias que ha decretado nuestra caprichosa presidenta para evitar cualquier otro debate que no gire en torno a su persona en toda España.

Sin embargo, mientras ella se ocupa de sus urgencias, alguien tiene que seguir gobernado, atendiendo a lo necesario y otros muchos tenemos que seguir pensando en lo importante. Los cambios en todos los campos están siendo tan brutales que nadie puede entender que haya responsables políticos que juegan a su propio interés, a saciar sus ansias de poder, a llenar los bolsillos de sus socios económicos.

La pandemia ha obligado a afrontar transformaciones inesperadas en nuestras maneras de vivir lo cotidiano, nuestras relaciones personales, nuestras formas de trabajo y también en cómo afrontamos los procesos educativos. Muchos de estos cambios son temporales, otros, sin embargo, han llegado para quedarse y algunos han sido tan forzados, que desaparecerán en cuanto que las vacunas hayan hecho aparición en número suficiente.

Lo he podido comprobar en el campo de la educación, donde, junto a los convencidos de la necesidad de los cambios, los apóstoles de las nuevas tecnologías, abundan aquellos que entienden que la educación requiere presencialidad, sin la cual no existe verdadera educación. Opiniones que he podido escuchar tanto en el profesorado, como en el alumnado.

El cierre de los centros educativos nos demostró que podíamos haber preparado mejor las herramientas ya disponibles para hacer posible una educación no presencial. Comprobamos que el acceso a nuevas tecnologías no siempre es fácil, los equipos tienen precios no asumibles para todas las economías familiares, la red wifi deja mucho que desear y no en todos los sitios funciona bien.

Pero es que, además, no habíamos previsto contar con plataformas educativas que sustituyeran a las aulas, ni contábamos con contenidos adecuados de aprendizaje electrónico, e-learning. El profesorado (y el propio alumnado) era víctima de la brecha digital y, como mucho, había aprendido a realizar algunas tareas administrativas (notas, comunicaciones con familias, faltas de asistencia…) utilizando las nuevas tecnologías.

Así las cosas, una de las primeras constataciones es que la relación personal se resiente al desaparecer el contacto diario. Se dificulta la socialización que tiene que producirse de otra forma y por otros medios. Pero es que, además de unas mínimas competencias tecnológicas, la educación digital exige mayor autonomía en la organización del trabajo, más esfuerzo personal y más tiempo por ambas partes y produce una dependencia de las nuevas tecnologías, teniendo en cuenta que las dificultades de conexión, las deficiencias del equipamiento, el desconocimiento, generan problemas que pueden convertir la formación online en un infierno.

En condiciones normales, los países más avanzados como Canadá, o Alemania, por poner ejemplos, van introduciendo con gaseosa los experimentos de digitalización y de aplicación de nuevas tecnologías en las aulas, dotando a los centros y al alumnado de recursos tecnológicos, buenas conexiones en las redes, usando novedosos programas de aprendizaje, formado al profesorado y preparando al alumnado para esta nuevas formas de trabajo.

El problema es que la pandemia ha obligado en todo el mundo al cierre de centros, o a formas de educación semipresenciales sin haber allanado el camino. Puede parecernos un fracaso, lo que tan sólo es el inicio de un camino para el que no nos habíamos preparado.

Sin embargo hay cosas que deberíamos tomar en consideración para introducir las nuevas tecnologías sin abandonar absolutamente la presencialidad. El horario escolar se corresponde con el horario laboral de los padres y eso no tiene un sentido educativo, sino que satisface necesidades productivas. De otra parte, el profesorado ha sido instruido para una educación que no consiste en facilitar, animar, ayudar, provocar, incitar al aprendizaje, sino en llenar de contenidos la cabeza de las alumnas y los alumnos.

Porque el e-learning, tiene cosas negativas y cosas positivas, De las negativas ya hemos enumerado algunas, pero la más importante, en mi opinión, es vernos obligados a utilizar nuevas tecnologías sin haber preparado los medios, los recursos, ni haber adquirido la formación necesaria.

En cuanto a las positivas, las hay de todo tipo, desde las económicas que suponen ahorrar gastos de libros, desplazamientos, o alojamiento en algunos casos, hasta otras ventajas como el entrenamiento para gestionar tu propio aprendizaje, decidiendo el cómo, cuándo y dónde.

Una buena utilización de las nuevas tecnologías al servicio de la educación, sin acabar con la presencialidad, permite el desarrollo de procesos colaborativos y la capacidad de intercambio de conocimientos. El profesorado se convierte más en facilitador, orientador, tutor y acompañante del aprendizaje de sus alumnos.

La vuelta a una cierta “normalidad” tras lo más duro de la COVID-19 no debe consistir en reimplantar las viejas costumbres, volver a los viejos errores y cerrar puertas y ventanas a una sana y necesaria reforma de la educación que permita mayor autonomía de aprendizaje, sin perder la necesaria socialización. La pandemia ha acelerado el proceso de digitalización de las aulas y nos ha permitido ver con claridad las ventajas, inconvenientes y necesidades que acompañan al nuevo y complicado mundo que se abre ante nosotros.

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