7000 profes menos y un pin parental más

De eso va el gobierno de coalición de las derechas en Madrid, mientras Ayuso se niega a asistir a los debates electorales, su socia in pectore de la ultraderecha entretiene al personal con escándalos variados, en un intento desesperado de hacer que la izquierda se centre en debates sobre el antifascismo, los cordones sanitarios, las balas para arriba y las navajas para abajo.

Toda una premonición del reparto de papeles que nos esperará durante los próximos dos años si la presidenta diseñada por el modisto de Aznar se sale con la suya y gobierna Madrid en connivencia, alianza y coalición con sus amigos escindidos por la ultraderecha de su partido.

Mi sindicato, la Federación de Enseñanza de CCOO, el sindicato mayoritario en el sector de la educación madrileña, ha denunciado que Ayuso quiere hacer desaparecer 230 aulas de la Educación Pública y los casi 5000 grupos burbuja que han permitido que la enseñanza madrileña haya tenido mínimos impactos de la pandemia, al reducir el número de alumnos y alumnas por clase.

En lugar de aprovechar que el incremento de las vacunaciones anuncia una reducción de los efectos negativos del coronavirus para abordar un proceso de consolidación de la bajada de las ratios, del número de alumnos y alumnas por aula, la Presidenta se prepara a despedir a más de 7300 profesoras y profesores.

Estoy viendo a Ayuso y su Monasterio, si ganan, es un decir, anunciando a bombo y platillo el pin parental y los recortes en la libertad del profesorado público para impartir las clases, provocando un debate, muchos artículos y manifestaciones en las calles, mientras la calidad de la enseñanza pública se reduce al perder aulas y miles de profesionales.

Tan sólo en el año 2020 se transfirieron más de 50 millones de euros más a la enseñanza concertada y se redujo la inversión educativa hasta convertirnos en la Región de España que menos invierte en educación según un informe de una de los principales bancos del país. Ya se puede intuir quienes pagaron el pato de ese recorte, la enseñanza pública.

Cuando comprobamos dónde se producen los mayores recortes en aulas comprobamos que, como siempre, son el Sur de la Comunidad, el Este y el cinturón trabajador de la capital, los que peor lo llevan, los que sufren un mayor número de aulas suprimidas.

Cuando comience el próximo curso escolar los efectos de la pandemia se dejarán sentir aún sobre España y sobre nuestra Región. Una emergencia sanitaria que seguirá contribuyendo a la emergencia educativa. Una situación que las familias, el profesorado, las alumnas y los alumnos, conocen perfectamente.

Pero dará igual, a estas dos mujeres no les importa que crezca la desigualdad, la emergencia educativa, el aumento de la brecha digital, el crecimiento de las ratios en las clases. No les importa, siempre buscan una justificación, la crisis les dio pie para justificar un retroceso de 1000 millones de euros en inversión educativa, no les importa que volvamos décadas atrás, ni las generaciones que se puedan perder.

Pero ni siquiera se molestan en explicar y anunciar las medidas de recorte, supresión de aulas y despidos del profesorado. Son los sindicatos y las familias los que se encuentran con la sorpresa de que sumando las aulas de cada centro, aparecen estos incomprensibles recortes. La transparencia, inexistente en la administración madrileña, será suplida por grandes debates sobre el pin parental, mientras se castiga a quienes eligen educación pública para que se lo piensen dos veces y lleven sus hijos a la concertada.

Esto que llaman Ley de Libertad de Elección Educativa no es más que un chantaje a las familias que ven cómo aumenta la oferta y los recursos destinados a la enseñanza concertada, mientras se reducen, limitan y recortan los destinados a la enseñanza pública. La libertad de elección funciona sólo cuando se reduce la oferta de aulas y profesorado de la enseñanza pública y se obliga a las familias a elegir privada.

Algo muy similar a lo que hacen con las pruebas médicas, cuando te ofrecen realizarlas en clínicas y hospitales privados de inmediato, o retrasarlos sine die en la sanidad pública. Una libertad con truco, la libertad del embudo, para ti lo  ancho, para mí lo agudo.

El 4 de Mayo nos jugamos mucho y no es la libertad de elegir dónde tomar una caña, sino cosas como la imprescindible calidad de nuestra sanidad pública, que se ha puesto aún más de relieve con la crisis, o como la capacidad de nuestra educación pública de asegurar la igualdad de oportunidades. Algo que no estará asegurado en modo alguno si la coalición de derecha y ultraderecha gobierna esta Región.

Nosotros decidimos.

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