Online o presencial, esa no es la pregunta

La pandemia nos ha situado de golpe ante una nueva realidad, como siempre de la mano de una nueva necesidad. Hemos tenido que tirar de internet, del teletrabajo, de las compras, o la educación online, para resolver muchos problemas cotidianos derivados del confinamiento, las restricciones de aforo y las medidas de distanciamiento en tiendas, aulas, oficinas.

Ahora, cuando las cosas van volviendo a su ser, descubrimos que ese ser ya no es el mismo, sino un nuevo ser, una nueva realidad, que incorpora algunos elementos que vinieron para quedarse. He visto despotricar a algunos docentes universitarios, recurriendo a argumentos como lo esencial que es la presencialidad en la vida universitaria, lo cual, teniendo parte de verdad, viene a ser algo desproporcionado.

Claro que toda actividad humana requiere ciertos momentos de mirarse a los ojos, hablar, debatir, afrontar un trabajo en equipo, tomarse algo juntos, echarse unas risas. Esas cosas son esenciales, ciertamente, pero ya nada es tan simple. Hoy los investigadores universitarios colaboran a miles de kilómetros de distancia, los alumnos pueden realizar muchas tareas sin estar en un aula, el profesorado puede orientar muchas de sus actividades en encuentros online.

La educación online tiene algunas ventajas, como la bajada de los costes de traslado, los materiales, el alojamiento, la manutención, además de que la formación se produce de forma personalizada, rápida y aprendiendo a manejar tus tiempos de forma autónoma.

Además no importa dónde vivas, las distancias desaparecen y los contendidos están siempre actualizados. Para personas que necesitan conciliar la vida de estudiante con las responsabilidades comunitarias o familiares, la formación e-learning es un invento.

La labor docente también cambia sustancialmente. El profesor no es ya un mero transmisor de conocimientos, que cada día imparte sus clases, sino un animador, orientador, supervisor, facilitador del proceso de aprendizaje que protagoniza cada alumno, o alumna.

Alumnas y alumnos que pueden usar un ordenador, una tablet, un móvil, recursos audiovisuales muy variados, diversas plataformas. Uno de los problemas de los tiempos de pandemia ha sido que ni los medios, ni las plataformas, ni los recursos formativos, ni el profesorado, o el alumnado, estaban preparados para llevar a buen puerto este tipo de formación. Las competencias digitales en el campo educativo eran residuales.

Por eso la pregunta no es si es mejor la educación presencial, o la formación online. Todo depende de su buena utilización. Habrá momentos en los que el encuentro facilitará la socialización y el aprendizaje. Habrá momentos en los que el trabajo personal y autodidacta permitirá un aprendizaje personalizado. En otros momentos el trabajo colaborativo, cada vez más importante, podrá desarrollarse online o de forma presencial.

Hay que tener en cuenta que la enseñanza online nos permite llegar a más personas, dejando al profesorado márgenes para la tutoría y asesoramiento personal. De otra parte, en estos momentos, los registros de actividad están asegurados y las pruebas de evaluación tienen una metodología específica. Por eso las titulaciones en los centros formativos online, o en cada vez más universidades del mundo, tienen plena validez.

Hay una parte del sistema educativo que ha visto la formación online como una necesidad forzada por la pandemia, llamada a desaparecer en el momento en que recuperemos niveles de normalidad. Otros, por el contra, se sienten muy cómodos en la nueva situación y se resisten a recuperar la presencialidad.

Sin embargo la mayoría de la comunidad educativa ha entendido perfectamente que nos encontramos ante unos cambios que han llegado para quedarse, eso sí, dejando de ser cambios forzosos, para convertirse en nuevas experiencias que aprovechen al máximo el encuentro personal y el trabajo en espacios virtuales.

Porque de eso se trata, de aprovechar los nuevos recursos, las nuevas posibilidades y las nuevas tecnologías, sin perder un ápice de calor humano, sentimientos, afectos, sensaciones, momentos de encuentro y de risas compartidas en vivo y en directo. El próximo curso será decisivo para comprobar si hemos aprendido la lección y tomado buena nota de todo lo que hemos vivido.

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