Las vistas de un derribo

Haber dirigido durante unos años la Tertulia de Autor Indio Juan, me ha permitido conocer a algunos poetas y muchas poetas. En particular, desde que comenzó la pandemia decidimos mantener y revitalizar la tertulia con presencia de autores y autoras, en sesiones aproximadamente quincenales.

Gracias a la cobertura del Ateneo 1º de Mayo que nos ha facilitando los medios técnicos necesarios, hemos podido mantener encuentros online, en los que han participado medias de entre 25 y 50 personas en casi todas las reuniones. La pandemia nos ha obligado a reinventarnos para mantener la actividad, aunque hayamos tenido que renunciar a la presencialidad.

Hemos contado con autores como Manuel Rico, David Fraguas, Serafín Picado, Arturo Salas, o Pascual García Arano. Pero sobre todo nos han acompañado con sus obras poetas y narradoras como Adriana Serlik, Amparo Arróspide, Elena Santiago, Ana Luisa López, Eva Chinchilla, Isla Correyero, Marian Giménez, Marta Agudo, o Manuela Temporelli, que ha sido la fuerza organizadora de muchos de estos encuentros.

Ha sido Manuela la que ha soportado el peso de la organización de encuentros como el de Poemas Republicanos en torno al 14 de Abril, el de Palabras de Mujer en torno al 8 de Marzo, el de 37 voces para 37 Gritos para conmemorar el Día contra la Violencia de Género, o el propio homenaje al recientemente desaparecido Carlos Álvarez.  

A lo largo de estos duros e intensos años hemos podido pasar de lo presencial a las sesiones online y de nuevo a lo presencial con retrocesos, suspensiones y avances. Pero hemos tenido la suerte de contar dos veces con Esperanza Párraga, una poeta a la que conocí hace ya casi 25 años, en la Tertulia Poética que dirigía en aquellos momentos Indio Juan.

En una primera sesión online nos presentó su poemario Ojos, ganador del Certamen Internacional de Poesía María del Villar. Un encuentro en el que Esperanza convocó telemáticamente a más de 40 personas interesadas en su poesía. Los poemas de una mujer que ha sabido combinar su pasión por la ciencia con el amor a la creación literaria. Una ingeniera técnica industrial, experta en Medio Ambiente, que lleva en su sangre la poesía.

No hay cifras:/ el átomo que estalla/nos deja el beneficio de la duda/ prendido en las solapas/ de los que no murieron/ y caminan de azul. Ojos es un hermoso poemario prologado por Inma Chacón y con hermosas ilustraciones de Marina Díaz Gutiérrez.

La segunda ocasión en la que hemos podido compartir una tertulia con Esperanza ha sido en la presentación de su poemario Vistas de un derribo, publicado por Editorial Juglar, un encuentro con el que cerramos esta dura etapa de pandemia y la Tertulia Indio Juan de este curso.

Hemos tenido, con estos dos encuentros la posibilidad de conocer dos Esperanzas que habitan en esta mujer aparentemente frágil, pero capaz de adentrarse en esos duros escenarios en los que sólo cabe aceptar el encuentro, o el desencuentro, la batalla permanente, o la reconciliación contigo misma.

Esperanza concibe en este poemario su tránsito por la vida como un edificio que nos va desvelando en su planta, su perfil, su alzado. Un edificio en el que podemos reconocer sus poderosos elementos de tierra, aire. Sus elementos generadores de vida y el inevitable destino que nos aboca a la destrucción, la caída, el derribo.

Es poder de la palabra, la fuerza de los poemas, la confianza en el amor, lo que nos conduce a la certeza de que el edificio sigue ahí, podemos habitarlo y acogernos a su protección.

…ya no temo que venga la noche con su frío/ me arden las palabras/ con los labios cerrados con su fuego/ y en mi lengua un río que camina/ hacia el extremo exacto de tu uña,/ donde empieza tu cuerpo…

No ha desaparecido el miedo, ni el dolor de la ausencia, el desconsuelo, pero pese a todo Esperanza se afirma, se reivindica a sí misma… Llevaré el pelo largo, en eso aún me mantengo./ Te aviso desde hoy que estaré entre los árboles,/ con botas y sin labios/ dispuesta a recorrer todas las galerías/ hasta que el sol se ponga./ Regresaré a mi casa con el deber cumplido,/ destejiendo.

Una voluntad que le permite afrontar la reconstrucción del edificio derribado afirmando, Nunca cierres los ojos en la lluvia del llanto que beben los gorriones,/ que su canto te deje un sabor en las manos de niñez y de tierra.

La poesía de Esperanza Párraga me parece hoy más compleja, se detiene una y otra vez en la evocación, en la reconstrucción de sensaciones, imágenes, de cuanto fue y vivirá mientras cada poema reconstruya la vida. Porque, de esta forma, cuanto fue, puede volver a ser.

En este verano, que forma parte del nuevo mundo en el que andamos embarcados, merece la pena que recalemos en el poemario Vistas de un derribo, como una forma de conjurar con amor y palabras los males que envenenan cada día nuestras vidas y destruyen los edificios que pacientemente construimos a fuerza de amor y de palabras.

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