Un mayor enfadado, una mujer multada

Hay por la tele un mayor enfadado que se queja de que en las residencias, por lo menos en la suya, hay poca calidad y bastante escasez de las comidas, falta  personal, no hay climatización en las habitaciones y la seguridad es poca. Y yo, al oírle, me digo que parece mentira que no hayamos aprendido nada tras el terrible golpe de la pandemia.

Las residencias de mayores de Madrid vieron morir a más de 8.000 personas en los años del COVID, el 15% de las personas que viven en residencias autorizadas por la Comunidad de Madrid. Tal vez no lo vimos venir. Tal vez nadie prestó atención a un modelo de gestión de residencias que acepta que la administración ahorre costes entregando la gestión a grupos privados, que hacen caja arañando los recursos mermados de la administración regional, que es la responsable de las residencias.

El sistema se tensiona de tal manera que tiene que hacer agua por algún sitio y en algún momento. Una urgencia como la generada por la pandemia ha hecho saltar todas las alarmas y ha puesto delante de nosotros una realidad incuestionable de deficiencias, carencias y problemas en el modelo residencial.

El hecho es que la fiscalía madrileña ha investigado menos del 1´8% de las muertes de personas mayores en las residencias madrileñas y excluye de sus investigaciones las decisiones adoptadas por el Gobierno Regional. Sólo investigará a algunos médicos, personal y directores de residencias.

Y todo ello pese a que la propia Comunidad de Madrid ha reconocido que en los dos meses peores de la pandemia se produjeron hasta 1.000 traslados menos a hospitales que durante los meses de enero y febrero, en los que aún no había pandemia. Admiten que en esos momentos tan duros se dejaron de realizar 15.000 derivaciones de mayores enfermos de COVID, internados en residencias, a los hospitales madrileños.

Sin embargo, lo cierto es que nuestros mayores no se han convertido en objetivo prioritario para nuestro gobierno, que se encuentra más empeñado en la libertad de tomar cañas y en las fracasadas recetas de Liz Truss de bajar impuestos, que en la auténtica libertad que produce una adecuada atención a las necesidades de las personas mayores.

En esto de bajar impuestos, sin tomar en cuenta que hay necesidades básicas que sólo pueden cubrirse con los impuestos aportador de forma justa y proporcional por todos los ciudadanos y ciudadanas, todos en el PP van al mismo palo. De hecho el alcalde de la capital ya ha anunciado que durante el año 2023 se producirán importantes bajadas de impuestos.

En otro lugar de Madrid una mujer recibe la notificación de una multa por haber dejado una caja de cartón fuera del contenedor. La multa en cuestión es de 2.001 euros. La vecina de Madrid vive en el barrio de Aravaca y se va a dejar mucho más que todos los ahorros fiscales de Ayuso en la caja recaudatoria del alcalde Almeida.

Por supuesto que el Alcalde, como hace siempre que responde a una noticia de este tipo, o a una queja vecinal, viene a decir que la culpa es del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, venga o no a cuento, tenga o no que ver el gobierno central con el asunto en controversia. Eso sí, cuando haya problemas de recursos derivados de sus reducciones fiscales, la culpa será también del susodicho Sánchez.

La multa es claramente desmesurada y excesiva, la ha impuesto el Ayuntamiento de Madrid y no toma en cuenta la proporcionalidad de este tipo de sanciones, ni mucho menos su carácter reparador y disuasorio. Empiezo a pensar que nuestros gobernantes, en todos sus niveles de responsabilidad, son instruidos, en el momento de su investidura, para descargar sus responsabilidades sobre terceros en liza.

Ya se trate de contar con los recursos necesarios para atender necesidades básicas, o de adoptar medidas para que nunca más vivamos una tragedia como la producida en las residencias de personas mayores, que dio lugar a la dimisión del Consejero de Servicios Sociales del momento, o de anular una multa impuesta de forma abusiva a una mujer, lo cierto es que nuestros gobiernos deben asumir sus responsabilidades, no lavarse la manos y dar solución a los problemas de las personas, sin echar balones fuera.

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