Las locas de La Cala

noviembre 6, 2022

Escribo este artículo pensando en todas esas mujeres y hombres que, en los más diversos rincones de “este país de todos los demonios”, se empeñan en defender la vida de unos pocos árboles, a veces un solo árbol, de las máquinas que les envían políticos corruptos y especuladores inmobiliarios, con la misión de destruir mundos.

Uno de esos rincones se encuentra junto a la iglesia de San Jacinto, en Sevilla, se alza un imponente ficus, sometido a un procedimiento de apeo, que así es como llaman los técnicos indolentes y los políticos depravados, a la tala, al desalojo, desahucio y condena a muerte de los árboles que, por cualquier razón, no les interesan.

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La muerte del licántropo

julio 23, 2022

Los homenajes post mortem se producen en honor de una persona que ya no está. Al igual que los homenajes ante mortem, suelen consistir en el lucimiento de unos pocos a costa del homenajeado. Y cuidado, que no estoy diciendo que los homenajes sobren, que no creo que no creo que nunca esté de más demostrar a una persona, a su familia, a los amigos, que estamos aquí, que no vamos a fallar, que ante algo tan irreparable como la muerte, ante algo tan irreversible como la vejez, aquí estamos y vamos a seguir estando.

Así creo que lo debía pensar también un hombre tan singular, tan excepcional y tan capaz de equivocarse y de acertar, tan humano, como Carlos Álvarez. No hemos podido resistirnos, sin embargo, y amigos tan cercanos como José Luis Esparcia y como Manuela Temporelli se encargaron de montar una pasarela, un momento de memoria, un punto de encuentro en torno a él. Porque eso es también un homenaje, un momento para quienes conocimos, leímos, cruzamos nuestros caminos, o tratamos en algún momento con Carlos.

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Las vistas de un derribo

julio 12, 2022

Haber dirigido durante unos años la Tertulia de Autor Indio Juan, me ha permitido conocer a algunos poetas y muchas poetas. En particular, desde que comenzó la pandemia decidimos mantener y revitalizar la tertulia con presencia de autores y autoras, en sesiones aproximadamente quincenales.

Gracias a la cobertura del Ateneo 1º de Mayo que nos ha facilitando los medios técnicos necesarios, hemos podido mantener encuentros online, en los que han participado medias de entre 25 y 50 personas en casi todas las reuniones. La pandemia nos ha obligado a reinventarnos para mantener la actividad, aunque hayamos tenido que renunciar a la presencialidad.

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Necesitamos la poesía

marzo 5, 2022

Hablar nos parece algo normal, algo que hacemos cada día, que no cuestionamos, que no ponemos en duda. Todos podemos hablar, incluso hemos encontrado nuevas formas de hablar y de transmitir ideas, sentimientos, sensaciones, órdenes, o preguntas.

Escribir, sin embargo, nos parece normal tan sólo cuando nos ponemos a ello para wasapear, escribir una nota, rellenar un formulario, hacer una búsqueda en internet, redactar un informe. Nos cuesta mucho más escribir cuando lo que queremos hacer es expresar nuestros sentimientos, contar algo que nos ha pasado, o que hemos imaginado.

Y, sin embargo, es la palabra la que nos hizo humanos y fue la escritura la que nos permitió recordar nuestro pasado como seres humanos, hasta el punto de que tan sólo tras la escritura comenzamos a entrar en la Historia. Todo lo anterior a la escritura es Prehistoria, por más que esa investigación que realizamos sobre lo no escrito nos permita escribir la Historia de la Prehistoria.

Cuando las palabras se depuran, cuando rompen las fronteras de las reglas, cuando liberan el pensamiento y las ideas de las prisiones que construimos los seres humanos, todo se convierte en más humano.

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Carlos Álvarez, la muerte de un poeta del pueblo

marzo 5, 2022

Difundo, a través de algunos grupos de las redes sociales en las que participo, la noticia de la muerte del poeta Carlos Álvarez. Al poco recibo una nota desde Italia de la profesora y poeta Paola Laskaris en la que me envía una foto de uno de los poemas de Carlos, sacado del libro Escrito en las paredes.

El poema, en italiano, se titula, Emigranti, di voi la Spagna ha bisogno (Emigrantes, España os necesita),

España os necesita/ para que mane el río,/ para que crezca el árbol,/ para lograr la alquimia cotidiana/ de convertir en pan la piedra dura/ Os juro desde aquí que os necesita…/ España/ sudor que se derrama en otros vasos,

Un poema dedicado a esos emigrantes que partieron de España en busca de cuanto su patria les negaba, como aquellos otros emigrantes que llegan ahora como inmigrantes a nuestras tierras buscando todo aquello que su tierra les ha vedado, vetado, prohibido.

Aquel libro, el primero de Carlos Álvarez, data de 1962, año en el que resultó finalista del Premio Antonio Machado en París. El libro vio la luz  en danés al ser galardonado en el Premio Lovemanken, otorgado por los poetas daneses.

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Brassens, Valéry, Sète y los cementerios

noviembre 9, 2021

Se cumplen estos días 150 años del nacimiento de Paul Valéry, 100 del nacimiento de Georges Brassens, y 40 de su muerte. Traigo a los dos a este artículo porque ambos nacieron en la preciosa localidad marinera de Sète en el Languedoc, cerca de Montpellier y porque ambos descansan en sendos cementerios del pueblo costero donde nacieron.

La tumba de Valéry se encuentra en el Cementerio Marino, con mejores vistas al mar y menos masificado que el de Le Py, donde se encuentra la sepultura de los Brassens. Los traigo a colación porque representan ideas distintas, o así lo parece, al tiempo que reivindican un mismo lugar de descanso frente al mar Mediterráneo que bañó sus días de infancia.

Podrían parecer personajes tan opuestos que hasta fueron enterrados en dos cementerios tan diferentes como el histórico de Saint Charles, rebautizado como Marino precisamente por un poema de Valéry, mientras que Brassens tiene su tumba en un panteón, colmado de familiares, a los cuales no podrá reclamar apartarse un poco para hacerle sitio, tal como reconoce en su canción plica para ser enterrado en una playa de Sète.

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Un albatros llamado Baudelaire cumple 200 años

julio 10, 2021

A menudo, para divertirse, suelen los marineros

dar caza a los albatros, vastos pájaros de los mares,,

que siguen, indolentes compañeros de viaje,

al barco que se desliza sobre los amargos abismos.

Así es la vida, una visión fugaz que perdura en el tiempo. Alguien la plasma en el papel, siguiendo ese raro vicio de escribir la vida sobre el que nos habla Manuel Rico en su último libro y que termina marcando a toda una generación. Algo así ha pasado con El Albatros de Charles de Baudelaire, ese imponente poeta que acaba de cumplir 200 años sin haber perdido un ápice de fuerza en sus ideas y de belleza en sus poemas.

Baudelaire navegaba, con apenas 20 años, hacia los los Mares del Sur en una larga expedición de comerciantes, militares, hombres de negocios, dispuestos a construir sus vidas en la lejana Calcuta, un largo viaje de año y medio impuesto por su padrastro, un alto militar represor de levantamientos populares, para reconducir la vida bohemia y libertina del joven estudiante parisino. Es en ese trayecto cuando la visión del albatros sobre la cubierta del barco se convierte en poema.

Apenas los arrojan sobre las tablas de la cubierta,

esos reyes del azul, torpes y avergonzados,

dejan que sus grandes alas blancas se arrastren

penosamente al igual que remos a su lado.

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La trilogía de los Nadies

junio 1, 2021

Los nadie, los nadies, así en plural, los de Galeano. El término que usan en el Altiplano entre Bolivia, Perú, Ecuador, en menor medida Chile, o Argentina. Los nadies, los naide, naiden, nadien, naides, que de todas estas formas son conocidos en aquella tierra.

Europeos, abran este libro, penetren en él.

Hace ya más de veinte años escribí un poemario que mandé a Lekunberri, al Certamen de Poesía Ángel Urrutia Iturbe. Lo titulé La tierra de los Nadie. Versos escritos a lomos de una bicicleta, a orillas del Manzanares suburbial plagado de pescadores de agua infecta, las huertas valladas con somieres, las chabolas de los poblados de la droga, los descampados repletos de escombros, las ruinas de una iglesia, o las humildes imágenes de una parroquia prefabricada. El mundo de nadies que me vio crecer como  uno de los suyos.

Aquel poemario construido a base de epigramas alejandrinos, con ritmos tomados prestados de Gil de Biedma, ganó el premio. Me produjo una gran ilusión que aquel alcalde y aquella bibliotecaria, Inma, nacionalistas los dos por los cuatro costados, me entregaran aquel premio que consistía en la edición del libro por parte del Ayuntamiento de Lekunberri. Siempre he pensado que algo de vasco corre por mis venas y alimenta mis cabellos pelirrojos.

Un premio muy especial que me permitió conocer además a uno de esos poetas, Ángel Urrutia, curtido en los más variados oficios y entregado a la edición, el activismo cultural y la poesía de factura propia, sin escuelas, ni estilos que no fueran el suyo, único y personal. Este libro, reeditado hace seis años por Legados Ediciones, fue el primer pilar de la Trilogía de los Nadie.

– Javier López ha escrito un hermoso libro sobre la tierra de nadie, o la tierra de los nadie. Esa tierra no alude sólo a los que no tienen nada, sino también a la configuración de un tiempo que elige la identidad de la nada como forma de vida. Se trata de la experiencia del desarraigo, el frío o el calor del anonimato, el vapor de una condena de soledad que busca deshacer la experiencia y convertir los números y las letras en pura abstracción –escribe Luís García Montero en el prólogo.

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En el momento de la partida de Juan Genovés

mayo 19, 2020

Por causas naturales dice la noticia, Juan Genovés ha fallecido esta noche (este viernes, dicen en otros lugares) por causas naturales en su domicilio madrileño (en un hospital madrileño, dicen otros medios). Lo que duele es que ha muerto un hombre al que queremos mucho y debemos mucho. No el único con el que tenemos deudas, pero sí uno de los que se ha ganado a pulso el reconocimiento de la inmensa mayoría de las mujeres y hombres que  vivimos en este país al que llamamos España.

En las casas de quienes aspirábamos, hace más de 40 años, a que la dictadura cuartelaria (que había durado otros 40) dejara paso a algo distinto, a eso que llamábamos democracia (aunque la gran mayoría no teníamos ni idea de a qué sabía tal cosa), teníamos colgado en la pared el cuadro del Abrazo, el mismo que la Junta Democrática había acordado que fuera símbolo de la deseada Amnistía y punto de llegada de la política de Reconciliación Nacional que el Partido Comunista había adoptado como estrategia de futuro desde 1956.

El cuadro fue comprado por un coleccionista particular al poco de ser terminado por Genovés, al final recuperado por el Estado español en la etapa democrática, eso sí, tuvo bastante menos suerte que el Guernica de Picasso que terminó expuesto en un espacio relevante del Museo Reina Sofía,  mientras que El abrazo fue encerrado en los almacenes del museo.

Al final, la presión de Izquierda Unida, de Comisiones Obreras de Madrid y de la Fundación Abogados de Atocha, consiguió rescatar la obra de los sótanos para ser expuesto en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, junto a los retratos de los reyes de España, o los bustos de Niceto Alcalá Zamora, Clara Campoamor y Manuel Azaña, hace cuatro años.

Allí, ante el cuadro, se han hecho algunas fotos nuestros políticos cuando han querido trasladar una voluntad de encuentro, tal vez no estaría mal que para superar los efectos de esta pandemia que vivimos volviéramos a elegir el lugar para suscribir los Pactos del Abrazo, si nuestros políticos consiguen demostrar la grandeza y la responsabilidad de aquellos que protagonizaron la tan denostada Transición.

El mismo cuadro cuya reproducción se encontraba en el despacho de los abogados laboralistas de la calle Atocha, 55, donde aquel 24 de enero de 1977 un comando ultraderechista cometió el atentado que acabó con la vida de cinco jóvenes y dejó gravemente heridos a otros cuatro. Lee el resto de esta entrada »


La poesía, la plegaria y la muerte

julio 18, 2019

Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados juntos. John Berger.

 

Me topo de nuevo con este curioso texto de título provocador, Doce tesis sobre la economía de los muertos, escrito por John Berger. Pintor, escritor, articulista, guionista, crítico de arte, poeta, autor teatral y uno de los mejores filósofos de nuestro tiempo.

A lo largo de su vida pasó por el cristianismo, el anarquismo, el marxismo, o el comunismo para, a través de las influencias de gentes como Orwell o Walter Benjamin, terminar haciendo de la libertad una bandera para defender a aquellos que Galeano denominara los Nadies, ya fueran campesinos de la Europa vaciada, zapatistas de Chiapas, negros estadounidenses, disidentes de más allá del Telón de Acero, emigrantes, exiliados, o gentes sin un techo bajo el que cobijarse cada noche. Y todo ello sin renunciar a ninguna de las fuentes de las que fue bebiendo a lo largo de su vida.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la relación de los vivos y los muertos era cotidiana y se cuidaba intensamente. Hoy, mencionar esa relación en un artículo veraniego, cuando buena parte del personal se embarca en aventuras turísticas y nuestros políticos siguen empantanados en el tortuoso e inhóspito corral de las ambiciones humanas, a mí mismo me parece incómodo, cuando no inconveniente.

Ocuparse de nuestros muertos, tal como explica John Berger en sus tesis, suponía algo así como intentar visualizar la experiencia de quienes nos precedieron, intuir el fin hacia el que nos encaminamos. Sólo el egoísmo desenfrenado de la sociedad capitalista deshumanizada, de consumo compulsivo, ha permitido romper esa relación permanente y conseguir que pensemos en los muertos de forma esporádica, hasta considerarlos como eliminados.

A través de la religión, de todas las religiones, con sus ritos, sus ceremonias, sus oraciones, sus plegarias, los seres humanos hemos intentado establecer sistemas  y reglas de relación con quienes habitan ya fuera del tiempo. Difícil empeño éste de traspasar las fronteras que separan el tiempo de la infinitud.

Aquí es donde entra en escena la poesía. La poesía, ahora que la narración, el cuento, el artículo, se ponen al servicio de la construcción de eso que llaman un relato, que parece consistir en el imperio del chisme, el infundio, la patraña, o la certeza particular y no en el encuentro con el otro para buscar la verdad. Lee el resto de esta entrada »