Las locas de La Cala

noviembre 6, 2022

Escribo este artículo pensando en todas esas mujeres y hombres que, en los más diversos rincones de “este país de todos los demonios”, se empeñan en defender la vida de unos pocos árboles, a veces un solo árbol, de las máquinas que les envían políticos corruptos y especuladores inmobiliarios, con la misión de destruir mundos.

Uno de esos rincones se encuentra junto a la iglesia de San Jacinto, en Sevilla, se alza un imponente ficus, sometido a un procedimiento de apeo, que así es como llaman los técnicos indolentes y los políticos depravados, a la tala, al desalojo, desahucio y condena a muerte de los árboles que, por cualquier razón, no les interesan.

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