Che

octubre 11, 2017

Aprendimos a quererte,

desde la histórica altura,

donde el sol de tu bravura

le puso cerco a la muerte.

Carlos Puebla.

Hasta siempre, comandante

 

Cómo pasa el tiempo. Hace 50 años era yo un niño.Los escasos noticiarios de la época daban cuenta de la muerte del guerrillero Ernesto Guevara, al que llamaban Che. Todo era confuso. Luego fuimos sabiendo que había sido acorralado y capturado por el ejército boliviano en la quebrada del Yuro, con la ayuda de agentes de la CIA y había sido ejecutado en la escuelita de La Higuera.

Pocos personajes resultan hoy tan polémicos como el Che. Su nacimiento en Argentina. Su infancia a caballo entre Buenos Aires y la provincia de Córdoba. Sus estudios de medicina, Sus largos viajes por América Latina. Su enrolamiento en la expedición guerrillera organizada por Fidel Castro en México para liberar Cuba de la dictadura de Batista. La dureza de la lucha guerrillera en Sierra Maestra, en la que su principal enemigo era el asma que combatía a base de voluntad y fumando puros.

El triunfo de la guerrilla, sus cargos en el gobierno de la revolución, sus desencuentros con Fidel y sus consejeros soviéticos. Su huida hacia adelante, emprendiendo aventuras que pretendían extender focos revolucionarios, primero en el Congo y luego en Bolivia.

Bien mirada, la historia del Che es la historia de un fracaso. Tal vez resida en ello buena parte su capacidad de seducción. No tanto sus logros, como el trágico final de su marcha incansable, por tortuosos caminos, en busca de la libertad para los pueblos oprimidos por el imperio que hoy gobierna Trump.

Un imperio para el cual América Latina era patio trasero en el que actuar con total impunidad, apoyando, e impulsando golpes militares, allí donde cualquier gobernante intentara contravenir sus designios. Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Perú. Toda América Latina sufrió la brutalidad de botas militares pagadas y fabricadas en Estados Unidos.

Su imagen, retratada por Korda, se convirtió en icono equiparable al del fundador del cristianismo. Un ejemplo para jóvenes rebeldes que participan en cualquier  acto de protesta, descontento, o reivindicación. Desde mayo del 68, hasta el 15M. Sin embargo, el Che era un revolucionario, un guerrillero y eso ha suscitado odios exacerbados.

Recuerdo septiembre de 2008, cuando los sindicatos madrileños fuimos invitados por el partido gobernante en Madrid, liderado por Esperanza Aguirre, para asistir a la clausura de su Congreso Regional. La euforia despertada por el discurso de Aguirre, con su reiterado lema de pico y pala (por más que lo más parecido a pico y pala que ha esgrimido Esperanza, es un palo de golf) se vio precedido por la fogosidad del jefe de las Nuevas Generaciones madrileñas, un joven llamado Pablo Casado.

Arrancó aplausos a rabiar y puso en pie al auditorio (yo permanecí sentado), a base de gritar consignas oídas en algún foro exclusivo: ser de izquierdas ya no está de moda, porque son unos carcas y están todo el día con la guerra del abuelo, con el aborto, la eutanasia y la muerte.

Atacó a los sindicatos como parte de este entramado y contrapuso todo ello al carácter “emprendedor”, palabra mágica, de los jóvenes del PP. Los mayores aplausos del público agradecido y el “olé, olé, olé” de la propia Esperanza, surgieron cuando aseguró con vehemencia que los jóvenes del PP idolatran a mártires como Miguel Angel Blanco y no a asesinos como el Che Guevara, como hace la izquierda.

Estuve a punto de abandonar la clausura del Congreso. Permanecí sentado y preferí aguantar el chaparrón, pero salí preocupado por el tipo de juveniles fuerzas de choque que comenzaban a surgir en el PP y que un día llegarían a puestos más importantes, medrando a la sombra de personajes como Aguirre.

50 años son muchos años en una vida. Lo cierto es que personajes de otro tiempo son muy difíciles de juzgar con los ojos de hoy: Espartaco, Nelson Mandela, Juana de Arco, Sandino, Bolivar, Churchil, Zapata, Washington, o el propio Che.

Prefiero recrear la imagen de un joven que se buscaba a sí mismo a lomos de una motocicleta, al tiempo que descubría las venas abiertas de América Latina. A ese hombre, al que los indígenas andinos rezan, ponen velas y veneran bajo la advocación de San Ernesto de La Higuera. Aquellos indígenas que dieron origen a los Nadies de Eduardo Galeano.

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Soy mayor, pero no gilipollas

octubre 11, 2017

Ya sé que habría que hablar de Cataluña de nuevo. De la disparatada espiral de despropósitos desencadenados por la inacción política de Mariano Rajoy durante años y su exceso de ejercicio de la fuerza de última hora, que han conducido a que un referéndum ilegal se convierta en un espectáculo bochornoso de violencia callejera en las páginas de los diarios internacionales. Y de la estrategia nacionalista que camina de triunfo en triunfo mediático hasta la derrota final. Porque, no nos engañemos, en un escenario como el diseñado por Mariano y Carles, todo son derrotas y todas y todos somos derrotados, en Cataluña y España.

Me parece que hay temas, menos mediáticos, pero que no pueden pasar desapercibidos. Hemos iniciado la semana conmemorando, el 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad. Las Naciones Unidas, explican que la Asamblea General decide estas fechas para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”.

Esto último es lo que CCOO y UGT han querido hacer, iniciando el 30 de septiembre las Marchas a Madrid por unas pensiones dignas. Porque el problema de nuestros mayores tiene mucho que ver son la suficiencia económica para vivir dignamente en su entorno y eso es algo que el Estado español no garantiza ni de lejos.

La crisis ha servido de disculpa para que los gobiernos de Mariano Rajoy hayan puesto en solfa el Pacto de Toledo, adoptando medidas para que las pensiones pierdan poder adquisitivo año tras año. Para ello se inventaron una ininteligible fórmula de revalorización de las pensiones, cuyo resultado es que las pensiones no suben más de un 0´25 por ciento cada año.

La mitad de nuestros pensionistas no alcanza el Salario Mínimo Interprofesional. El 40 por ciento de los pensionistas viva por debajo del umbral de la pobreza, o que la pensión media, en España, sea de poco más de 900 euros y la pensión más extendida de 650 euros al mes.

La crisis ha sido especialmente dura en los países del Sur de Europa, como España. Países en los que la solidaridad familiar ha contenido los peores efectos sobre las personas. Hasta el punto de que cuatro de cada diez pensionistas han tenido que soportar la carga de sostener las economías familiares durante estos años.

Nueve millones de personas dependen de su pensión para vivir. Las pensiones, desde este punto de vista, aportan vertebración de los territorios que componen España, equilibrio entre generaciones y cohesión social.

La mayor amenaza contra el futuro del sistema de pensiones procede de la inacción del gobierno para garantizar el futuro del sistema público de pensiones, pese a las demandas, alternativas y propuestas formuladas por las organizaciones sindicales.

Día sí, día también, entidades financieras, aseguradoras, fundaciones dependientes de ellas, expertos de pago y demás intereses económicos privados, anuncian el fin del sistema de pensiones público y su sustitución por sistemas privados de capitalización, fracasados allí donde se han implantado, ansiosos por hincar el diente a los cuantiosos recursos que los trabajadores y trabajadoras depositamos, en la Seguridad Social.

Lo dijo muy claro mi amiga Paquita, en un programa de televisión, Tengo 91 años, pero no soy gilipollas. Nuestras personas de edad, nuestras personas mayores, necesitan seguridad sobre la viabilidad futura del sistema público de pensiones. Sobre la mejora de las pensiones mínimas. Sobre un mecanismo de revalorización de las pensiones que impida pérdidas de poder adquisitivo. Sobre el futuro del sistema de Seguridad Social, que ha funcionado y sigue funcionando y sobre el que los sindicatos han propuesto medidas que permitirían incrementar sus ingresos en más de 70.000 millones de euros anuales.

Rajoy puede seguir instalado en su cada vez más insostenible dolce no far niente. Pero lo ideal sería que escuchara los problemas de quienes han comenzado a marchar hacia Madrid. El día 9 se manifestarán por las calles de la capital. Luego volverán a sus casas. Pero no van a tolerar un silencio por respuesta, ni un No como solución a sus problemas. Y no sólo por ellos, sino porque saben que las pensiones futuras dependen de su lucha de hoy.


10 Jornada Mundial Trabajo Decente

octubre 11, 2017

ITUC-WDDW-logo-spanish

Hace 11 años, en Viena, se reunían en Congreso conjunto las dos grandes centrales sindicales internacionales, la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres) y la CMT Confederación Mundial del Trabajo). En dicha reunión, el 31 de octubre disolvieron ambas organizaciones y el 1 de Noviembre crearon la CSI-ITUC (Confederación Sindical Internacional).

Era muy complicado que los diferentes modelos ideológicos y organizativos del sindicalismo mundial se pusieran de acuerdo en juntarse en una Confederación Internacional de carácter mundial. Sindicatos de orígenes socialistas, comunistas, católicos, nacionalistas, democratacristianos, o sin adscripción ideológica, cuyo principal vínculo de unión era la defensa de los trabajadores y trabajadoras de un país, o de un sector de la producción, o de los servicios.

Componían un puzle muy difícil de unir. Y, sin embargo, lo hicieron. Cerca de 200 millones de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo, organizados en más de 300 organizaciones de trabajadores y trabajadoras crearon una internacional sindical mundial.

Desde el primer momento coincidieron en que debían proponerse un objetivo común. Y ese objetivo bien podía partir del concepto de trabajo decente, acuñado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de la que forman parte organizaciones empresariales, Gobiernos y organizaciones sindicales. Un objetivo que podría, por lo tanto, ser asumido y defendido en todo el planeta.

Tras abordar las urgentes tareas de organización de la Internacional, una de las primeras actuaciones de la CSI fue convocar la primera Jornada Mundial por el Trabajo Decente, el 7 de octubre de 2008. Afrontamos, así pues, este año, la 10 convocatoria de la Jornada Mundial.

Recuerdo que aquel primer año un mapa en internet se iba abriendo poquito a poco, a medida que amanecía en todos los países del planeta. En ese momento aparecían las acciones que en cada lugar del mundo se iban a llevar adelante. Manifestaciones, paros, concentraciones, actos festivos, marchas, mítines, en más de 500  ciudades del planeta.

En Madrid, en aquella primera convocatoria, nos concentramos en la plaza Mayor, con el apoyo de casi 400 organizaciones sociales de todo tipo, denunciando que la mitad de los trabajadores y trabajadoras del mundo carecen de protección social y exigiendo que las políticas de desarrollo mundial, impulsadas por organismos internacionales, centrasen sus esfuerzos en conseguir que el empleo sea decente, estable, con derechos. Uno de los principales motivos de aquella convocatoria se centró en la lucha contra el trabajo forzoso de los niños.

Comenzó su andadura, la jornada Mundial por el Trabajo Decente, con vocación de convertirse en referencia de lucha y reivindicación para todos los trabajadores y trabajadoras del planeta. Pero ya se sabe que cuando conocemos las respuestas, nos cambian las preguntas. La crisis financiera de las hipotecas basura se desencadenó con toda su virulencia aquel mismo año. Pronto se transformó en crisis de empleo y ya de paso fue convertida en crisis social y política. Ya nada es igual y la Jornada Mundial por el Trabajo Decente ha ido perdiendo fuelle en el marasmo de la destrucción y descomposición del empleo por todo el planeta.

El efecto más duro de la crisis es que ha reforzado inevitablemente la parte más corporativa y nacionalista de la ciudadanía y del propio sindicalismo. Vaya, que conscientes de la dificultad de gobernar el mundo salvaje de capitalistas sin freno, procuramos blindar nuestro empleo, nuestra empresa, nuestro sector, nuestro pueblo y, como mucho, nuestro país. Si el país es grande, adquiere carta de naturaleza su fragmentación en nuevas y más pequeñas nacionalidades, con la vana esperanza de que los trabajadores y trabajadoras pesemos algo en un nuevo gobierno más cercano de las cosas.

Este año, los informes que sustentan la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, ponen el acento en que, tras la crisis, el 1 por ciento más rico del planeta acumula más riqueza que el 99 por ciento restante. Que los empleos son más precarios que nunca y los salarios más bajos. Todos y todas, en este planeta, somos conscientes del deterioro generalizado del empleo y los salarios.

Necesitamos hoy más que nunca eso que llamábamos internacionalismo proletario. La capacidad de los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones, de responder al reto del trabajo decente y la vida digna. Más que nunca, tiene sentido que un día al año constatemos nuestra fuerza y nuestra capacidad de responder a un capitalismo globalizado, gobernado por la avaricia y el egoísmo de unos pocos.

Y lo necesitamos, porque no estamos ante un problema puntual, sino ante un fenómeno estructural que amenaza las posibilidades de supervivencia, no tanto del planeta que seguirá aquí reconstruyéndose a  sí mismo cuando nosotros hayamos desaparecido. La supervivencia de los seres humanos en este planeta.

Por eso, este 7 de octubre, volvemos a exigir, en todo el mundo, un Trabajo Decente.


Porco Madrid, povero Madrid

octubre 9, 2017

Madrid es el centro geográfico, centro absoluto del poder político y judicial español, junto con los principales medios de comunicación. Me lo dice un pariente catalán, nacionalista, independentista, para el cual esta afirmación debe ser parte esencial de su cosmovisión (su weltanschauung).

Según parece, no hace sino dar continuidad a esa percepción tan italiana de las cosas que lleva a proclamar, ante cualquier adversidad, Piove, porco Governo!, algo así como, Llueve, ¡Gobierno de cerdos!

Existe otra variante, Piove, governo ladro!, no menos contundente y muy aplicable a los tiempos de corrupción que se han instalado por las cuatro esquinas de España y que se ejecutan utilizando las cuatro lenguas patrias (quizá menos el vasco, porque los corruptos son de mente cerrada y poco dispuestos a aprender lenguas complicadas y difíciles. Con aprender el contundente Tres por ciento, el mágico Tres por cento y el elegante y cautivador Tres per cent, ya te mueves bien por España entera y, decididamente, no es necesario aprender a pronunciar Hiru ehuneko).

Además, estas fórmulas mágicas se pueden enunciar en positivo y en negativo: Non piove, porco Governo! o Non piove, Governo ladro! Así, llueva o no llueva y a sabiendas de que Nunca llueve a gusto de todos, siempre viene a cuento echar las culpas al maestro armerode turno, que invariablemente está en Madrid. Madrid es el mantra que permite iluminar el camino y que entonan cuantos ya no saben cómo enmendar los desastres que, en muchos casos, ellos mismos han provocado.

No funciona la atención a la dependencia… Porco Madrid. Hay listas de espera sanitarias… Madrid nos mata. Hay aulas sobrecargadas de alumnado… Madrid nos roba la cultura. Hay corrupción… Nos roba Madrid. No se invierte en transporte público… Todo para Madrid. Nuestro empleo es malo y miserablemente pagado… el gobierno de Madrid. Da igual que muchas de estas materias se encuentren transferidas. Siempre cabe argüir que no mandaron dinero suficiente… Madrid lladro.

Dicho lo cual, podría continuar intentando emular a Albert Pla y escribir una carta troleada, una carta trampa, llena de mentiras sobre las maldades de Madrid. Pero Albert es un maestro de la provocación, al que, como bien presume él mismo, en justo reconocimiento, han terminado echando hasta de la CNT.

No elegiré esta vía para continuar el artículo, no por miedo a ser echado de ningún sitio (sólo podrían intentar echarme de mí mismo y en eso me he ganado, no sin rasguños, mi independencia), sino porque nunca seré tan bueno como él (ya lo siento) en ese arte del monólogo sarcástico, tierno y cruel al mismo tiempo. Nunca le alcanzaré.

Me conformaré con recordar, a quienes tiran de Madrid para justificar la maldición de la lluvia, o la sequía, que este Madrid del que hablan tenía, hasta hace bien poco, un rey nacido en Roma. Que el dictador que le precedió era gallego de El Ferrol (un día me entretendré en detallar el peso de la idiosincrasia ferrolana en el caso del caudillo). Que el primer Presidente de la democracia era abulense y que los ha habido sevillanos, algún nacido en Madrid emigrado a Valladolid, un astur-leonés y de nuevo un gallego.

Vale que José María Cuevas nació en Madrid, pero el primer Presidente de los patronos de CEOE, fue un barcelonés, Ferrer Salat y el último otro barcelonino, Juan Rosell.

Samaranch, podría haberlo sido todo en Madrid, pero prefirió ser presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) durante veintiún años, entre 1980 y 2001. Nació y murió en esa Barcelona a la que ayudó a ser olímpica. Pero antes fue falangista de joven y luego franquista de corte más nacional que nacionalista. Pasó por la embajada de España en Rusia y consiguió que la imagen de la Virgen de Montserrat tuviera su altar en una iglesia de Moscú. Poco después lamentó con amargas palabras la muerte del dictador, al que consideraba uno de los jefes de Estado más importantes del siglo XX y creó un partido franquista al que llamó Concordia Nacional.

El Presidente de la Conferencia Episcopal es de Avila y el arzobispo de Madrid, un cántabro. Y qué decir de los partidos políticos. Cierto que los líderes del PSOE y Podemos son madrileños. Pero el del PP es compostelano afincado en Pontevedra. El de Ciudadanos viene de Barcelona. El de Izquierda Unida nació en Logroño, de padres malagueños y desde la provincia andaluza se lanzó a Madrid.

En cuanto a los sindicatos, qué decir de una UGT cuyo primer secretario general en la democracia vino de Baracaldo (Nicolás Redondo), el segundo era extremeño-andaluz (Cándido Méndez) y el tercero astur-catalán (Pepe Álvarez).

En cuanto a mi sindicato, CCOO, las cosas no son muy distintas. Marcelino nació en un pueblecito de Soria, hijo de ferroviario. Antonio Gutiérrez salió de Orihuela, como antes lo había hecho Miguel Hernández. José María Fidalgo es de León. Hasta hace bien poco nos dirigía un gallego de El Ferrol (Toxo) y ahora un vasco de Barakaldo, de familia originaria de Valladolid. Obsérvese que este último Secretario de CCOO, Unai Sordo, nació en el mismo lugar que Nicolás Redondo. Este en el 27 y aquel en el 72. No hay casualidades. Algo querrá decir.

Podríamos seguir por los bancos. Al frente del BBVA, un cántabro, como cántabros los Botín que gobiernan el Santander y el bilbaino Goirigolzarri preside Bankia. Inolvidable el manresano Isidre Fainé, al frente de Gas Natural-Fenosa, Caixabank-La Caixa, la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), numerosos bancos y organismos internacionales y sus meritorios sillones en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras y en la Real Acedemia de Doctores de España.

En el capítulo de las multinacionales, la omnipotente y omnipresente Sol Daurella, la Presidenta de Coca-Cola, es barcelonesa y tan pronto coquetea con el independentismo, como concede premios desde el patronato de la Fundación Princesa de Asturias, en el que tampoco podía faltar Isidre Fainé. Para terminar, sin ánimo de exhaustividad, la Presidenta de Microsoft España, Pilar López Álvarez, nació en Astorga, se formó en la Universidad Pontificia de Comillas y tras una intensa y veloz trayectoria internacional y nacional ha sido elegida leonesa del año.

Vistas así las cosas, cuando se habla de Madrid convendría pensar en un foro de encuentro, el meeting point, punto d´incontro, punt de trobada, punto de encontro, topagunea, de personajes venidos de toda España. Si no existiera Madrid, decididamente, habría que inventarse uno a modo de ágora. Dicho de otra manera, sin Madrid, España sería un donut, con un agujero negro en el centro.

Otra razón para no imitar a Albert Pla, escribiendo una carta irónica y sarcástica, pidiendo perdón por la existencia de Madrid. Porque Madrid existe, tan sólo, ya lo dijo Machado, como rompeolas de todas las Españas. Madrid existe, para hacer realidad una greguería de Ramón Gómez de la Serna: Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España.


El terrorismo no borrará nuestra alegría

septiembre 4, 2017

En mayo del año 2000 asumí la Secretaría General de CCOO de Madrid. Ese año la banda terrorista ETA daba por terminada la tregua indefinida y unilateral que había decretado en septiembre de 1998 y cometió 23  atentados terroristas. Una brutal secuencia de muertes que comenzó con el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco.

Tres atentados se produjeron hasta mayo, entre ellos el de Fernando Buesa y su escolta el ertzaina Jorge Díez y, a partir de ese momento, una cadena de actos terroristas en las que cayeron el periodista López de Lacalle, el concejal Martín Carpena, Juan María Jáuregui, o el exministro Ernest Lluch. Así hasta 23 militares, jueces, empresarios, concejales, guardias civiles, funcionarios de prisiones, ertzainas, mossos de escuadra, trabajadores, políticos, policías nacionales…

La clase trabajadora nunca ha hecho buenas migas con el miedo, con la violencia, con el terrorismo. Bien lo pudimos comprobar durante el franquismo, cuando ETA aprovechó el inicio del juicio del Proceso 1001, contra la cúpula dirigente de CCOO, para asesinar al almirante Carrero Blanco. El odio del franquismo se volcó sobre  los sindicalistas, endureciendo las condenas hasta alcanzar más de 20 años de cárcel en algunos casos.

En esto ETA, como cualquier grupo terrorista, ha preferido siempre el dolor, la muerte, el cuanto peor mejor y no ha dudado en llevarse por delante a los trabajadoras y trabajadores con sus actos.

El propio López de Lacalle, era fundador de CCOO, trabajador de la industria, siempre interesado por la cultura, escritor, periodista. Recuerdo a Santi Bengoa, Secretario General de Euskadi por aquellos días, siempre intransigente con el terrorismo, siempre amenazado por ETA.

Ante cada atentado los sindicatos convocábamos paros en las empresas y minutos de silencio a las puertas de las mismas, en las calles, ante la sede de las principales instituciones. Provocábamos reuniones de todas las fuerzas políticas, sociales, empresariales, sindicales. Organizábamos con decenas de trabajadoras y trabajadores el servicio de orden de concentraciones, manifestaciones. Redactábamos comunicados conjuntos llamando a la unidad, la paz y la libertad.

El Delegado del Gobierno por entonces, el navarro Javier Ansuátegui, llegó a recomendarme que solicitase guardaespaldas o, al menos, un servicio de contravigilancia. En todo caso, que mirase siempre debajo del coche antes de montarme en él. Teníamos miedo y algunas veces miré debajo del coche.

Luego llegó el 11-M de 2004 y el final de ETA era inevitable. Nunca podrían en nombre de unas ideas nacionalistas provocar tanto horror como el fundamentalismo de unos fanáticos religiosos. El asesinato de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, el 30 de diciembre de 2006, en la T-4 del aeropuerto de Barajas, fue la bocanada final, el punto de no retorno.

La respuesta de los sindicatos, con las organizaciones ecuatorianas y las fuerzas políticas y sociales, fue masiva. Siguieron matando, por inercia, sin sentido, pero ya nadie podía admitir esa lógica infernal de muertes. El final de ETA era cuestión de tiempo, si manteníamos la unidad y la firmeza frente al terrorismo.

La barbarie terrorista desatada el 11-S en Nueva York y el 11-M en Madrid tiene características específicas y distintas. Golpea masivamente. Buscando sembrar el dolor, el miedo, el terror y provocar la reacción violenta no contra los causantes, sino contra cuantos profesan su religión.

El metro de Londres, Charlie Hebdo, la sala Bataclan en París, el metro y el aeropuerto de Bruselas, el paseo de Niza, el mercadillo navideño de Berlín, el Parlamento británico. Decenas de atentados brutales de los heraldos de la muerte en Europa.

Pero no podemos olvidar, que casi nueve de cada diez atentados yihadistas se producen en países de mayoría musulmana y que esas bombas en mercados, barrios populares, cuarteles de policía, mercadillos concurridos, o mezquitas en la hora de la oración, producen centenares de muertes de musulmanes un día sí y otro también.

Vencimos a ETA y venceremos al yihadismo con firmeza y fortaleciendo la unidad de cuantos queremos convivir en libertad, paz, justicia y democracia. Convocaremos concentraciones, manifestaciones, paros, minutos de silencio, en las calles y en los centros de trabajo contra la violencia y el terrorismo. Somos personas trabajadoras. Vivimos de nuestro trabajo. Tuvimos miedo, tenemos miedo. Por nosotros, sí, pero sobre todo por aquellas personas a las que amamos, o con las que convivimos.

Vencimos una vez, volveremos a vencer. No arrebatarán nuestras vidas impunemente. No robarán nuestra forma de vivir, ni nuestra sonrisa, ni nuestra alegría.


Las cuatro lenguas de España

agosto 23, 2017

Cierra los ojos y duerme,

ÑAMeabe,

pestaña contra pestaña.

No es español quien no sabe,

Meabe,

las cuatro lenguas de España.

Gabriel Aresti

Gabriel Aresti, ese bilbaíno que creció con el castellano como lengua materna y que aprendió el euskera de forma autodidacta, hasta convertirse en uno de los más importantes escritores del siglo XX en ese idioma, dedica este poema a Tomás Meabe, hijo de la clase alta bilbaína, discípulo del padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, y fundador de las Juventudes Socialistas, tras su acercamiento al movimiento obrero vizcaíno.

Dos trayectorias tan sólo aparentemente cruzadas, que vienen a coincidir con la convicción de Arrabal de sentirse un nacionalista sin fronteras. Porque ese aparente oxímoron que utiliza dos términos contradictorios uniéndolos en una misma expresión, tal vez no sea tan oxímoron, ni tan contradictorio.

Veo a mi alrededor cómo el mismo partido que defiende que en Cataluña se enseñe castellano, se empeña al mismo tiempo en que en toda España se  implante una enseñanza bilingüe en inglés, casi en igualdad de condiciones con el castellano.

Ni lo uno ni lo otro me parecen mal, de entrada. Con respecto a las lenguas extranjeras creo que hacemos bien en formar a nuestros hijos e hijas en el aprendizaje del inglés, alemán, chino, ruso, italiano, portugués, o árabe. Cuantas más lenguas conozcan, más posibilidades tendremos de movernos por y comunicarnos con un mundo globalizado.

Pero esta globalización sin fronteras debería eliminar el concepto radical de extranjero, en lugar de ampliarlo a los que viven en nuestro mismo país. Cuando, por poner un ejemplo, oímos por la calle a alguien que afirma que un catalán no es español, no sabemos, de entrada, si escuchamos a un nacionalista catalán, o a un nacionalista castellano.

Me parece que esto de la unidad de España depende más de asumir nuestra diversidad y nuestra pluralidad que de los vericuetos en los que nos meten las incapacidades del Mariano y el Carles de turno. Me siento castellano, pero más exactamente de la Sierra castellana del Guadarrama, a caballo entre las dos Castillas. Y me siento madrileño, pero más exactamente de Villaverde y, dentro de Villaverde, del Alto.

Y me siento un poquito de Ronda, porque allí nació una de mis hijas. Y de Ubrique, porque fui allí maestro. Y de Cáceres, más exactamente de Hervás, porque viven allí grandes personas a las que me unió la vida.

Y todo ello por accidente. Porque tengo una rara tendencia a ser y sentirme de donde vivo y trabajo, de donde viven mis hijos. Eso ha hecho que me haya ido de patrias, o que me hayan echado de ellas, o que haya sido un refugiado en otras y que haya vuelto de exilios voluntarios o forzosos, buscando mis orígenes. Vamos, como todo el mundo.

Pues bien, allá va una idea para fomentar el nacionalismo sin fronteras, al menos dentro de España: Creo que nos iría mejor como país si en los programas escolares incluyéramos el conocimiento y aprendizaje de las lenguas de Euskadi, Cataluña y Galicia. Al menos, al mismo nivel que lo hacemos con el inglés y con otras lenguas extranjeras.

Alguien contestará, lo he escuchado en alguna ocasión, que ya que podemos entendernos en castellano en toda España, para qué volcar esfuerzos en aprender otras lenguas patrias. Pero es que esto de la convivencia en un país tiene menos que ver con las cuentas, que con los relatos que somos capaces de construir en común, interiorizando la musicalidad de la lengua materna de cada cual. Nos unen más las canciones de cuna de nuestras madres, que las guerras caprichosas de nuestros padres.

Suenan bien las declaraciones del nuevo director del Instituto Cervantes, planteando un mayor compromiso de esta institución con la difusión de la cultura y las lenguas cooficiales de España, en colaboración con las instituciones de las  Comunidades Autónomas en las que se hablan esas lenguas.

No hay que olvidar que Don Quijote emprendió su famoso viaje a Barcelona y que no en vano Cervantes escribió el libro más leído y vendido de la Historia, después de la Biblia. Con la diferencia de que él lo hizo con una sola mano y en cuanto a Dios, siempre ha utilizado decenas de escribientes.

Francisco Javier López Martín


A propósito de la tesis de Antonio Gutiérrez

julio 27, 2017

Me entero a través del diario digital Nueva Tribuna de que Antonio Gutiérrez ha leído y defendido su Tesis Doctoral en la Universidad Rey Juan Carlos y que el título de la misma es Reformas Laborales, competitividad y Empleo (1977-1012). Y me entero de que en dicha tesis analiza las más de 50 reformas laborales perpetradas en España a lo largo de los 35 años que abarca el estudio.

Me adentro en internet y compruebo que Nueva Tribuna es el único medio  de comunicación que ha incorporado esta noticia, que viene firmada por los profesores Salvador Perelló y Pere J. Beneyto, a la sazón codirectores de la tesis de Antonio.

Que no me haya enterado yo, tiene un pase, porque debo reconocer que hay días en los que no leo los correos electrónicos y son sus remitentes los que tienen que recordarme mis obligaciones, con tal de no perder alguna cita importante, o cumplir algún deber inexcusable.

Conociendo a Antonio, tampoco creo que haya hecho una difusión amplia del evento, dadas las fechas y su pudor reconocido. Pero no deja de llamarme la atención la existencia de un país con tanta capacidad de olvido como éste en el que vivimos.

Un hombre que ha sido Secretario General de CCOO durante más de 12 años. Que dirigía el sindicato aquel 14-D en que se produjo la primera gran Huelga General de la democracia. Que fue luego diputado socialista durante las dos legislaturas de Zapatero. Ese Antonio Gutiérrez, de extracción trabajadora y de estudios universitarios tardíos, no merece unas cuantas reseñas cuando, a sus 67 años, lee su tesis doctoral ante un tribunal universitario, que termina concediéndole un Sobresaliente Cum Laude.

Podría ahora volcarme en críticas aceradas a los medios de comunicación, a quienes los financian y a quienes, desde el poder, contribuyen al olvido de nuestra vida y de nuestra historia, mientras sacan a pasear de forma interesada y partidaria otros eventos mucho más lejanos en el tiempo y en el espacio. Pero mucho me temo que sólo haría un flaco favor a nuestra inteligencia y a nuestra memoria.

La memoria es selectiva y elige qué recordar y qué olvidar. De hecho no podríamos recordar exactamente  lo vivido, sin pagar el precio de consumir exactamente el mismo tiempo que empleamos en vivirlo. Y eso es imposible. Somos nosotros, así pues, quienes elegimos los recuerdos y los olvidos.

Le gusta contar a Antonio que a los pocos días de abandonar el cargo de Secretario General del CCOO, llamó a casa a uno de los Secretarios Generales de la organización, con el que había hablado por teléfono en numerosas ocasiones. Cogió el aparato su hija, como en otras muchas ocasiones había ocurrido. Al otro lado del teléfono oyó a la niña gritar: ¡Papá! ¡Te llama un tal Antonio!

Somos, al parecer, pueblo de frágil, imprecisa y dúctil memoria. En esto he sido pesado hasta la saciedad. En el esfuerzo por rescatar la memoria incómoda de los Abogados de Atocha, de los encausados en el proceso 1001, de Marcelino Camacho y ahora, si toca hacerlo, de Antonio Gutiérrez. Y no sólo porque son nombres de nuestra historia, sino porque tras esos nombres hay muchas otras historias de personas menos conocidas que no deben ser olvidadas.

Ahora que CCOO se ha embarcado en procesos varios de Repensar el Sindicato y de recordar que Hicimos, Hacemos y Haremos Historia, cometeríamos un grave error escribiendo un relato que condujera de la Transición democrática al presente de globalización y precariedad laboral, sin solución de continuidad.

Por suerte, o por desgracia, somos los herederos de Atocha y de los Diez de Carabanchel y venimos de recorrer una larga e intensa trayectoria (aunque sea corta en términos temporales), marcada por personas como Marcelino Camacho, Antonio Gutiérrez,  José María Fidalgo y últimamente Ignacio Fernández Toxo. Sus errores y sus aciertos fueron los nuestros. A lo hecho… pecho. A aprender de los errores, a superarlos y a afrontar el futuro.

Pero es que, además de estas consideraciones, que no han hecho más que traerme problemas en el pasado, la Tesis de Antonio es una tesis para la polémica y el debate que tenemos por delante. Resulta que todas y cada una de las reformas laborales han tenido un mismo argumentario y se han justificado en combatir las rigideces del mercado laboral español.

Sin embargo, las rigideces de un empresariado acostumbrado al beneficio fácil, al pelotazo y a la escasa inversión productiva, nunca han sido puestas en cuestión. Nuestro débil sistema productivo, incapaz de competir, innovar y acostumbrado a salvar el culo bajando salarios y derechos laborales, tampoco ha sido nunca cuestionado, tolerando y preservando la existencia de un sistema financiero especulativo y un modelo productivo agotado.

Se permite Antonio poner en cuestión las oportunidades perdidas, comenzando con los propios y aclamados Pactos de la Moncloa (1977), nuestro ingreso en Europa (1985), el proceso de convergencia con Europa (1995) y las soluciones fracasadas de antemano para combatir la actual crisis económica, de la que salimos con la esperanza de continuar la fiesta. La última Reforma Laboral sólo ha conseguido precarizar, devaluar rentas  y empobrecer a la sociedad.

No viene mal que uno de los protagonistas de nuestra historia más reciente ponga sobre la mesa los males que nos han atenazado y a los que hay que hacer frente, si queremos salir del atolladero con bases sólidas. He recibido ya, en la bandeja de entrada del correo electrónico la tesis leída y defendida por Antonio, compuesta por cientos de páginas de argumentos y citas.

Le he pedido que, sobre la base de la misma, escriba un libro que sirva para el debate que el sindicalismo español tiene que realizar en estos momentos, para construir un modelo económico productivo e innovador, en el que el trabajo decente sea elemento esencial y garantía para una sociedad libre, honrada y democrática.

Nota aclaratoria: Sé que este artículo es uno de esos que nunca conviene escribir, porque siempre habrá alguien, o muchos alguien, que se sentirán molestos al ver algunos de estos nombres escritos uno junto al otro y al otro y al otro. Yo mismo podría sentirme molesto conmigo mismo por decir las cosas  tal cual han quedado escritas. Pero ahí queda, porque siempre me gustó la historia que cuenta Eduardo Galeano en su cuento La Piedra Arde. La  de aquel viejecito guardián de los huertos que vivía en la comarca de Pueblo Niebla, solito y solo y que renunciaba a recuperar su juventud, porque no podría reconocerse ante el espejo al ver cada una de sus cicatrices. Allá cada uno con las suyas.

Francisco Javier López Martín