Porteadores de la modernidad

julio 18, 2018

Son tantos los cambios que se producen en nuestras vidas cotidianas, tan acelerados, inmediatos, imperceptibles, o impactantes, que tendemos a aceptarlos sin crítica alguna, sin oponer objeciones, como inevitables y hasta necesarios.

He caído en la cuenta, como quien cae de un guindo, de la cantidad de vehículos motorizados o de tracción animal, por más que el animal en cuestión sea racional, que circulan por nuestras calles acarreando productos de todo tipo.

Compras de supermercado, comidas de restaurantes, pizzas, hamburguesas, productos variados y selectos, son entregados a domicilio por unos modernos porteadores que conducen bicicletas y motos tuneadas, o a las que se han incorporado todo tipo de modelos estrafalarios de cajones para el transporte de productos perecederos, o no. Eso ya es lo de menos.

A pleno sol, o diluviando, mañana, tarde y noche, haga frío, o se frían huevos sobre el asfalto, hemos aceptado la imagen conmovedora de jóvenes y no tan jóvenes, mujeres y hombres, más o menos uniformados, llamando a los porteros automáticos para hacer entrega de bienes de todo tipo. Ahí quedan sus vehículos, aparcados frente a la puerta. Un perro llega, olisquea, marca su terreno sobre el carruaje, para que su imperio se expanda por toda la ciudad, sembrando la envidia de otros canes propios y extraños.

Un buen día leo que algunos de estos porteadores que se adentran en la selva urbana acarreando todo tipo de bultos, han denunciado a su empresa, que tal vez se defina a sí misma como una empresa colaboradora, por contratarles como autónomos y no como asalariados. La diferencia entre lo uno y lo otro es sustancial y no sólo en salario, sino en propiedad de los medios de producción, en seguridad social, condiciones de trabajo, vacaciones, o derecho a paro y a una futura pensión.

Los jueces no lo han dudado. Eso no es ser autónomo, sino falso autónomo. Con lo cual la exitosa empresa se ha visto obligada a contratar laboralmente a los porteadores y dejar de utilizar la contratación mercantil entre empresas. Es buena noticia, pero hablamos de una entre cientos de empresas que hacen negocio de esta forma, aprovechando las necesidades de empleo y de ganar algún dinero, aunque sea sometiéndose a fórmulas de moderna esclavitud.

Porque una cosa es el libre mercado y la libre competencia y otra, muy distinta, el pelotazo del negocio de la nueva economía a costa de aprovechar las necesidades y la inexistencia de reglas del juego claras. Para cuando estas regulaciones llegan, los emprendedores inasequibles al desaliento, huyen porque ya han encontrado una nueva fuente de negocio con la que hacer dinero utilizando nuevas remesas de manos porteadoras. Lo llaman modernidad.

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Carta abierta a Esperanza Aguirre, descubridora de la Gürtel

junio 21, 2018

Esperanza,

Llegó por fin el momento. Eras una de las destinatarias de estas cartas desde el principio, pero mes tras mes se me ha cruzado alguien en el camino, de forma que lo urgente me ha impedido atender lo necesario.

Cada vez que miro alguna de esas fotos de hace años en las que aparecemos juntos, me hundo más en mi incapacidad de comprender la condición humana. Por allí andan Gerardo Díaz Ferrán y su concuñado y sucesor al frente de la patronal madrileña, Arturo Fernández. Mi inseparable compañero José Ricardo Martínez. Tus manos derecha e izquierda, Ignacio González y Francisco Granados. El eterno concejal, luego consejero menor en tu gobierno y todopoderoso conseguidor, Alberto López Viejo. Casi todos cuantos aparecieron contigo en esas fotos se encuentran condenados, o cuando menos imputados.

Siempre he pensado que llegaste al poder madrileño, tras aquella maniobra del Tamayazo contra Simancas, cuando deberías haber realizado el gesto de renunciar a dos de tus votos para contrarrestar el transfuguismo inaceptable de aquellos dos siniestros personajes, de los que aún no sabemos qué beneficio sacaron y quién lo pagó. Pero sí sabemos quién se benefició.

Aquel verano, entre intrincadas comisiones de investigación y la repetición de las elecciones, los corruptos de España recibieron la señal inequívoca de que todo era posible y, si no lo era, siempre se podía torcer la voluntad popular hasta que lo imposible se convirtiera en viable y hasta deseable.

Tu Manuel Lamela y tu cachorro Güemes, emparentado con el capo de la corrupción valenciana, se convirtieron en adalides de las privatizaciones sanitarias. No importó que por el camino quedasen profesionales como Luis Montes, recientemente fallecido, pese a demostrarse lo infundado de los casos de asesinatos de pacientes del hospital Severo Ochoa de Leganés.

Nunca enmendaron tus escuderos aquel entuerto. Nunca pidieron perdón, ni tan siquiera disculpas, por los daños que causó aquella denuncia “anónima” contra los profesionales de la sanidad pública, a la que se dio publicidad y credibilidad, siguiendo el más puro estilo inquisitorial. Hoy, aquellos dos pícaros granujas, se ganan magníficamente la vida con lo que aprendieron a tu lado.

Granados parece que se especializó más en poner precio a las concesiones de colegios privados. A Ignacio le apasionaban los negocios del Canal. López Viejo bastante tenía con atender las timbas de Correa y demás. Unos cobraban y otros pagaban. Unos se enriquecían y otros conseguían contratos y concesiones.

Te empeñaste en convertir Telemadrid en una carcasa, en cuyo interior las productoras y los compadres afines a tu gobierno hacían su agosto, alejados del servicio público, pero con pingües beneficios privados. No importaba, tampoco, que los estudios previos dijeran que el MetroSur sería una ruina. Había que hacer más kilómetros de metro que Gallardón y había que inventar nuevos negocios radiales, peajes en sombra y modelos sanitarios privatizadores a la carta, como ensayo general de dónde, cuándo y cómo corre más el dinero desde las arcas públicas hasta los bolsillos privados.

Perdidas en las hemerotecas, han quedado tus aventuras de una Ciudad de la Justicia, tu amigo Sheldon Adelson con su Eurovegas, las donaciones empresariales a FUNDESCAM, el campito de golf en terrenos del Canal, o aquel Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama que dejaste reducido a la mínima expresión.

Los sindicatos éramos una excelente víctima propiciatoria, un gran espectáculo de entretenimiento, una gran cortina de humo. Mientras laminabas la oposición política, llegaste a decirme que nosotros éramos la verdadera oposición y la emprendiste contra los “liberados sindicales”, a cuenta de las supuestas mamandurrias que recibíamos.

El principio de tu fin comenzó cuando quisiste controlar Cajamadrid. Ahí topaste con Gallardón, atrincherado en el Ayuntamiento, con el Partido Socialista y con los sindicatos. El Constitucional te paró preventivamente los pies, durante todo un año, hasta que un acuerdo entre la socialista Elena Salgado y el popular De Guindos, su sucesor al frente del Ministerio de Economía, colocó al inefable Rodrigo Rato al frente de la Caja y relegó a Ignacio González a seguir siendo incierto aspirante a Presidente de la Comunidad. En la búsqueda de alguna pequeña venganza personal, le confesaste al propio González, a micrófono abierto, Hemos tenido la suerte de poderle dar un puesto a IU, quitándoselo al hijoputa.

Han pasado los años y, como le pasaba a Alberti, me siento tonto, pero afortunado. Salí del cargo como Secretario General de CCOO de Madrid sin más fortuna que la que tenía al llegar al mismo y nunca entendí que debiera haber sido de otra manera. No sé cómo te sientes tú. Tampoco te juzgo. Imagino que sigues conservando algo de aquella niña traviesa y agitadora de la que hablaba tu tío, el poeta Gil de Biedma, al recordar a sus sobrinas madrileñas.

Lo cierto es que no tenías sólo un problema de responsabilidad “in vigilando”, sino un problema de ética política que demasiada gente no quiso ver, ni afrontar. Pienso que, sin tus maneras y sin esas formas que tienes de entender el gobierno (no exclusivamente tuyas, por desgracia), convertidas en receta de éxito empresarial y político, bajo la égida de Aznar, la política española no hubiera caído en este pozo sin fondo de descrédito, corrupción y cinismo en el que nos hemos instalado y del que esperemos que la moción de censura nos ayude a comenzar a salir. No será fácil, por más que me parezca tan urgente como indispensable.

Fuiste, Esperanza, la lideresa de la capital del Ruedo Ibérico, la más castiza imitadora de la Dama de Hierro, la campeona del ultraliberalismo mesetario, eso que más allá del Atlántico llaman Tea Party y en su versión española, Carajillo Party. Aquella que presumió de destapar, ni más ni menos, que el caso Gürtel. La responsable última, en consecuencia, de la caída de Mariano.


Cristina debe caer

mayo 3, 2018

Dicen que Cristina significa fiel seguidora de Cristo. La autoexigencia, el autocontrol, el trabajo duro y bien hecho, la responsabilidad, excelente compañera. Tradicional, pero de buen trato. Parecen ser algunas de las características que acompañan al nombre.

Siempre me pareció que Cristina Cifuentes era de ese tipo de persona. Los diputados y diputadas de la Asamblea de Madrid, donde ha hecho buena parte de su carrera política, nunca me hicieron comentarios que desacreditaran su actuación, lo cual hace suponer que hasta entre sus adversarios gozaba de cierto reconocimiento.

Sus estudios y su carrera profesional tampoco parece que tuvieran tacha alguna. Cuentan de ella que con poco más de 15 años ya estaba en las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Comenzó a trabajar como asesora del PP y pronto rellenó listas electorales, aunque sin posibilidad de salir elegida.

Con poco más de 25 años ya era funcionaria de Gestión universitaria en la Complutense y parecía que sus responsabilidades en el Claustro, el Consejo de Gobierno, el Consejo Social, la encaminaban hacia responsabilidades en la política educativa. Sobre todo teniendo en cuenta que pronto salió elegida como diputada del PP en la Asamblea de Madrid, donde permaneció durante veintidós años.

En la Asamblea ha hecho de todo como portavoz de su grupo en todo tipo de Comisiones y en el Partido ha asumido cuanto le han encomendado. Desde su cargo como diputada ha representado a su partido en Consejos de Administración como el de Telemadrid, o en Consejos y Comisiones de toda clase de instituciones.

Y llegó el cargo de Delegada del Gobierno. Fue dialogante a veces y dura durante muchas de las manifestaciones y las huelgas que los sindicatos, en plena crisis, nos vimos obligados a convocar. No más dura que otras y otros Delegados del Gobierno. Tan dialogante como otros y otras que lo fueron antes que ella. Siempre me pareció más gallardonista que aguirrista. Son matices, pero los matices importan mucho a veces.

El accidente de moto en plena Castellana pareció cambiar su forma de ver y de entender la vida. Algo que parece que ocurre cuando nos vemos de cara ante la muerte. No dejó de ser fiel a su nombre, pero pareció que algo había cambiado en ella. Por lo menos eso decían. Yo ya no me ocupaba de asuntos madrileños por aquella época.

Sin duda, tras ser elegida como presidenta de la Comunidad de Madrid, después del fiasco de Ignacio González, con sus áticos, sus negocios y sus tramas, Cristina se consolidaba como un valor en alza, llamada tal vez a sustituir a un Mariano Rajoy quemado que va abrasando a todos aquellos con los (y con las) que se relaciona.

Cifuentes tiene una sólida carrera política. Si en el mundo universitario existiera lo que en el mundo del trabajo se conoce como reconocimiento de la experiencia laboral, Cristina podría tener bastantes másteres sin cursar una sola hora de estudio universitario.

Además, como ha dicho recientemente Gabilondo, hay quienes valoran excesivamente un título y lo sitúan por encima de la experiencia y del conocimiento, Lo cual viene a significar que hay analfabetos con título y sabios sin titulación alguna, pero con amplia experiencia, conocimiento y capacidad de discernir.

No entiendo qué le ha pasado a Cristina. Es verdad que están pasando cosas que antes no pasaban. Probablemente un amigote de esos tan listos, un tipo bien relacionado en la universidad pública más afín al PP, le dijo que podía tener un título de máster. Que a  lo mejor hasta sin ir por clase se lo podían dar y que ella lo valía y que  bien merecido se lo tenía.

Lo cierto es que la hoy Presidenta se equivocó y, salvo sorpresas mayúsculas, no cursó el máster, aunque sí obtuvo el título, dejando el expediente plagado de notas reconstruidas, firmas falsas y sospechas de espacios enteros en una Universidad Pública dónde las irregularidades forman parte del paisaje de lo cotidiano.

Por eso Cristina está reprobada y censurada, o ha dimitido ya, aunque ella no lo sepa. Puede que este artículo sea publicado cuando estas cosas sean ya un hecho. Además, cuanto más tarde en hacerlo, más casos como el de ella seguirán apareciendo. Y parece que todo apunta a que son muchos los políticos y políticas, por toda España, que han falsificado, maquillado, perfeccionado, embellecido, sus expedientes académicos.

Ya dijo Mary Reanult, en su excelente novela sobre Teseo, el del Minotauro, que El Rey debe morir. Su cuerpo será troceado y esparcido por el campo, para que la cosecha sea buena y para que su muerte conjure la de todos los demás. Y Rajoy, cual buen minoico, es experto en dejar morir en el mejor momento. En estos tiempos de igualdad, reyes y reinas se turnan en el triste destino. Cristina no ha sido la primera, pero ha llegado su turno. Y ella lo sabe.


El Minotauro en su Laberinto

abril 1, 2018

Agotado como estaba por los interminables casos de corrupción protagonizados por sus hombres de confianza, que no cesaban de verse arrastrados ante los tribunales. Señalado por la ciudadanía como el  responsable de las desmedidas calamidades, incluida la revuelta en los Condados Mediterráneos y de las hambrunas en la imperial piel de toro. Acompañado por una generalizada fama de inoperante, apático, e indolente. Encerrado en aquel remedo de laberinto cretense, al que llamaban la Moncloa. No se dio cuenta, nuestro Minotauro, de la que se le venía encima.

Confiando en su porte señorial y distinguido. Satisfecho y seguro con la buena forma que demostraban sus andares deportivos de buena mañana, el Señor del Laberinto se dedicó a cantar que los días del hambre habían pasado y que los vientos marinos comenzaban a traer aires de primavera.

Los cretenses mesetarios, los pueblos del mar y los de allende los mares, parece que iban comprendiendo que eso de meter la mano en el tesoro público era una costumbre ancestral de estas tierras, que nunca ha impedido que el oro vuelva a llegar desde los Nuevos Mundos, o que, tras las pertinaces sequías, nos invadan periodos de bonanza. Tan abundante, la bonanza, que suele terminar convertida en exceso de lluvia, diluvio, inundación.

En esto andaba, cuando fueron las mujeres de la sometida Atenas (diferentes en todo a las mujeres cretenses) y se lanzaron a las calles, exigiendo dejar de formar parte, junto a los jóvenes, de ese tributo anual que, por costumbre instaurada por el triunfante Minos, se depositaba a las puertas del Laberinto, para goce, disfrute y manutención del monstruo, mitad hombre, mitad toro.

En estas estaba el buen Minotauro, cuando también las abuelas y los abuelos se lanzaron por las calles exigiendo el cese de todo tipo de ofrendas de sangre humana. Eran ellos los que cubrían las bajas ocasionadas por los sacrificios, atendían a las familias, protegían a los menores y malvivían hasta el momento en que, cercados por la muerte, incapaces de soportar el abandono y la desidia de sus opulentos gobernantes, se arrojaban al mar desde el más alto de los acantilados.

Sabían, los verdaderos dueños del Laberinto (que no eran, por supuesto, ni el rey Minos, ni su esposa Pasífae, la que engendró al Minotauro tras su escarceo con el Toro de Creta), que el tiempo se acababa y preparaban en secreto el relevo del Minotauro, por un personaje de arcilla, de apariencia más amable, juvenil y humana, al que habían conseguido insuflar vida.

Sólo faltaba que el descontento cundiera entre otros sectores de la ciudadanía. Más valía, incluso, que enviaran a los voceros a anunciar de dónde vendría el asalto final al Laberinto. Que los foros, las ágoras, los mercados, comenzaran a hablar de estas cuestiones. Era importante determinar por dónde debería comenzar la conquista del Laberinto. No para evitarlo, sino para pilotarlo, como barco en la tempestad y conseguir que todo cambie, para que todo siga igual.

No ha de venir el ataque del lado de la costa. Los farallones se alzan imponentes frente al mar y cierran el paso a los que vienen de fuera, surcando el Mediterráneo en precarias chalupas, buscando pan, o huyendo de las frecuentes guerras que asolan lejanas tierras.

Tampoco parece concebible, que quienes malviven en los extrarradios del puerto de Heraklion, esperando que algún comerciante contrate sus prescindibles servicios, estén en condiciones de otra cosa que intentar sobrevivir a las sequías, las inundaciones, a la falta de trabajo y al omnipresente miedo, alimentado constantemente por los heraldos plenipotenciarios del Palacio, a que el Minotauro desborde los muros del Laberinto y siembre el terror en cada calle y casa a casa.

Bien pensado, tal vez podrían alentar una reedición de aquellas lejanas revueltas protagonizadas por los jóvenes en las calles de Cnosos, la capital, cuando cansados de mendigar un empleo, una ayuda, un puesto entre quienes eran considerados ciudadanos, hartos de tener que partir de su tierra en busca de la Atlántida, se arremolinaron en el ágora y permanecieron allí acampados, hasta que los rigores del verano hicieron aconsejable que se retiraran a lugares más frescos.

Si ahora volvieran a las andadas, tal vez los días del Minotauro estarían contados. Por eso, los dueños del Laberinto estudian concienzudamente los enigmas de las esfinges, las profecías de las sibilas, las adivinaciones contenidas en los misteriosos oráculos, porque hay que anticiparse a las convulsiones que se avecinan.

Si saben encarrilar y conducir las revueltas en ciernes podrán construir un hermoso relato, con tintes épicos, según el cual un príncipe heredero, venido del Condado Mediterráneo, con la ayuda impagable de la mismísima hermana del Minotauro, traspasa las puertas del Laberinto, vence al monstruo y abre el camino de una nueva Transición que habrá de durar, cuando menos, un par de generaciones.

Como acabaremos descubriendo pasados los siglos, el Príncipe de Lampedusa, escritor de epopeyas, pondrá en boca de su héroe, el también Príncipe de Salina (aquel en cuyo escudo de armas lucía un Gatopardo), aquella lapidaria frase, Mientras hay muerte, hay esperanza.


LIBERALIZACIÓN DE HORARIOS VERSUS LIBERTAD CIUDADANA

diciembre 21, 2011

Los ciudadanos madrileños tienen “problemas más graves que el horario para poder ir a comprar”. Lo ha dicho Paloma Vega Secretaria dela Federaciónde Comercio, Hostelería y Turismo de las CCOO de Madrid.

Tendría gracia, si no fuera dramática, la propuesta de Esperanza Aguirre de combatir el paro a fuerza de abrir comercios a todas horas y todos los días del año. Con casi 600.000 personas paradas en Madrid hay que reconocer que esgrimir la liberalización absoluta de horarios comerciales, como la solución final puede resultar chusco. Lo cierto es que, como argumenta Paloma, pese a tanta liberalización de horarios, el empleo en el comercio madrileño ha caído un 3% y el 70% de esa pérdida lo es de empleo femenino.

Es verdad, los madrileños parados y amenazados por la crisis, no compramos más en función de la mayor franja horaria de apertura de los grandes centros comerciales. Por más quela Federación Madrileñade Municipios, ola CEIM, aplaudan la propuesta y anuncien miles de empleos nuevos, los datos son tozudos y lo desmienten. Ni se crea más empleo, sino que se destruye, no se consume más, sino al contrario.

Es más, los representantes empresariales del comercio madrileño piden la reconsideración de las medidas liberalizadoras de horarios porque no contribuye a la revitalización del sector ni a la generación de empleo. También lo hacen las organizaciones de consumidores. Tan sólo coinciden con Esperanza Aguirre en la utilidad de agilizar y eliminar trámites burocráticos para crear pequeñas y medianas empresas.

El anteproyecto de ley que pretende liberalizar los horarios comerciales para empresas de menos de750 metros cuadradossupone una vuelta de tuerca más para la desregulación del sector, la destrucción del pequeño comercio y la destrucción de empleo, sin aportar nada a la reactivación del consumo, que depende más de la creación de empleo, que restituye la confianza de los consumidores. En cuanto a los trabajadores del sector comercial, el efecto negativo sobre la desregulación de horarios, jornadas, ocio, descanso y conciliación de vida laboral y personal son dramáticos.

Lo peor, con todo, es que una vez más se desprecia el diálogo, la negociación y el acuerdo. Haría bien Esperanza Aguirre en escuchar a los trabajadores y trabajadoras del sector y a los propios comerciantes, a los consumidores, abordando un Plan General del Comercio Madrileño, porque el comercio es determinante para garantizar un modelo social de convivencia, vertebrador del urbanismo de nuestras ciudades, barrios y pueblos

Francisco Javier López Martínez

Secretario General CCOO de Madrid


EL PARO CONSUME A LA CIUDADANÍA MADRILEÑA

junio 13, 2011

En el mes de Mayo el paro descendió en España en casi 80.000 personas.  En Madrid el descenso del paro no llegó a 3.200 personas.  Madrid es la Comunidad en la que menos ha bajado el paro, en toda España.

Aun bajando el paro, seguimos teniendo más parados que hace un año.  Son casi 476.000 las personas inscritas como paradas en la Región.  Un cifra inasumible e inaceptable para una sociedad democrática y pretendidamente moderna, incapaz de asegurar la fuente de sustento para las economías familiares. Lee el resto de esta entrada »


PODER “POPULAR” ABSOLUTO

mayo 24, 2011

Son días para la valoración política de las elecciones autonómicas y municipales, partiendo de unos datos objetivos que ponen de relieve una brutal caída del Partido Socialista, que ha producido un mapa electoral sin precedentes, con gobiernos del Partido Popular en la inmensa mayoría de las Comunidades Autónomas y en buena parte de las capitales de provincia.

En el caso de Madrid los resultados electorales definen claramente una fuerza de Gobierno en la Comunidad Autónoma, el Partido Popular, que revalida una amplia mayoría absoluta en manos de Esperanza Aguirre y un claro perdedor, el Partido Socialista, que cae en más de siete puntos porcentuales con respecto a las elecciones anteriores. Lee el resto de esta entrada »