Los carriles de la vida

octubre 29, 2017

Me gustaría escribir este artículo “objetivamente”, pero bien es sabido que la objetividad de cada cual depende muy mucho del lugar que elige para mirar. Hablar de Paco (oficialmente Francisco) Naranjo, con motivo del libro que presenta esta semana, no puede tener nada de objetivo, porque la amistad es pura subjetividad.

El libro se titula Los carriles de la Vida. El título resulta ineludible porque, según cuenta él mismo, nació debajo de una traviesa negra y alquitranada, contraviniendo las normas más elementales, que dictaban explícitamente que todos los niños debían venir de París, en el pico de una cigüeña. La traviesa en cuestión se encontraba en un lugar llamado Esparragalejo, porque el padre de Naranjo era ferroviario en el cercano apeadero de Proserpina, muy próximo a Mérida.

Avisa la portada que nos encontramos ante un libro de Crónicas de un ferroviario extremeño. Crónicas porque cuanto leeremos es mucho más que un diario de transcripciones aburridas de hechos, acontecimientos y conocimientos personales del autor. Cada breve capítulo recrea momentos, desvela sensaciones, esparce opiniones, disemina anécdotas y evoca en nosotros momentos de nuestras propias vidas.

La verdad del ferroviario, porque eso es lo que ha sido Naranjo, con orgullo, toda su vida. Los dos colectivos más golpeados por la represión franquista tras la guerra civil, le gusta recordar a Almudena Grandes, fueron los maestros y los ferroviarios. Los maestros porque preservaban la cultura para las nuevas generaciones. Los ferroviarios, porque en sus viajes por toda España, transportaban los libros, los panfletos, las enseñanzas de los maestros.

La verdad del extremeño que nunca se sintió charnego en el Madrid que le adoptó y donde se convirtió en un experto en comunicación, mucho antes de que llegaran los “media expert” y se percató de las posibilidades de internet antes de que aparecieran como una novedad los Community Manager.

Paco Naranjo es  ejemplo de trabajador autodidacta, en una España en la que abundan los analfabetos funcionales, con título a cuestas y cargo público, o privado, en ristre. Claro que ha cursado estudios profesionales, pero ha aprendido lo primordial de cuanto sabe por sus propios medios. Fijándose en los mejores, leyendo a los imprescindibles, escribiendo comunicados de prensa, extrayendo lecciones de los momentos vividos, asistiendo a actos culturales, aunque para ello tuviera que disfrazarse de figurante romano en una obra del Teatro Clásico de Mérida.

Si un día, un investigador de las sociedades pasadas (uno de esos que no se fija sólo en los acontecimientos y sus protagonistas  oficiales y autorizados), encontrase el libro Los carriles de la Vida de Francisco Naranjo, en una de las traviesas estanterías de una estación bibliotecaria, habría descubierto las vías de acceso a  lo que Unamuno denominaba la intrahistoria de nuestro tiempo.

Por este tren, pasan los más variados personajes. Desde sus padres, hasta Rafael Alberti, Lorca, Miguel Hernández, o Marcos Ana. Por allí transitan su mujer, Isabel y sus hijos, compartiendo vagón con Dolores Ibarruri, con Lola González, o con Cármen Rodríguez, la mujer de Simón Sánchez Montero.

En el tren, de largo recorrido y lenta velocidad, viajan Marcelino y Josefina, en animada conversación con Genovés y en el mismo vagón un tal Antonio que, más tarde, descubrimos que se apellida Gutiérrez. El senador Pepe Alonso, comparte el mismo compartimento, con literas reservadas, con el profesor anarquista Agustín García Calvo, el sindicalista Paco el Cura y el luchador vecinal Paco Caño.

A través de las ventanillas podemos contemplar escenas de la vida del pueblo y de la ciudad. Recordar las tragedias que nos han marcado en el despacho laboralista de la calle Atocha, o en los trenes que llegaban a la estación de Atocha. Descubrir los paisajes de las luchas mineras y bajarse en la estación del Campamento de la Esperanza de SINTEL. En cada andén podemos reconocer a muchas mujeres y algunos hombres que nos han acompañado y que nos siguen acompañando, aunque ya no estén.

El libro de Paco Naranjo partió, como ya quedó dicho, del apeadero de Proserpina y realiza paradas en más de sesenta estaciones. Se encamina ahora hacia la montaña de Príncipe Pío, a la que el lector puede ascender desde la estación y detenerse un momento en el mirador, para allí asombrarse del largo y sinuoso camino que ya ha recorrido nuestro tren. Para sentir, a continuación, la fascinación de unos carriles que se proyectan hacia un horizonte al que nos encaminaremos en el momento en que bajemos de la colina y Paco Naranjo toque el silbato, baje la bandera y dé la señal de partida.

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Erradicar la pobreza y la miseria

octubre 25, 2017

Ya sé que andamos muy entretenidos con ese inmenso árbol que ha crecido en mitad del camino y que no sabemos cómo sortear para continuar andando entre el bosque. Anda el país dándole vueltas al tronco del independentismo catalán, que alimenta sus raíces gracias a la inestimable cooperación del gobierno de Mariano.

El resultado es que los nacionales han redescubierto las esencias patrias con tonificantes gritos guerreros como el inimitable ¡A por ellos, Oé! Al tiempo que entonan el nuevo himno nacional ¡Que viva España! De vez en cuando, por poner en práctica las ideas, se les va la mano, o se les va de las manos, y se lían a porrazos en las terrazas de los bares, antes o después de un partido de futbol. Otras veces intentan quemar una bandera que no les arde en condiciones y en otros momentos intentan sembrar el caos a base de palos en algún acto nacionalista.

Un paréntesis, para evitar confusiones en torno al mejor intérprete del himno nacional, un tal Manolo Escobar, andaluz de nacimiento, charnego en Badalona, internacional de oficio y fallecido en Benidorm, conviene recordar la anécdota de López Bulla, el que fuera Secretario General de CCOO de Cataluña, quien cuenta que en los duros años de la dictadura franquista, cuando abordaban al cantante para solicitar ayuda para los detenidos en alguna huelga, en una manifestación, en una reunión clandestina, Manolo sonreía y contestaba, Aquí estamos pa lo que haga falta” y, consciente de su fama, terminaba diciéndoles, Decidme si hay que hacer algunas gestiones. Cierro el paréntesis.

Por su parte, los independentistas, conscientes de las tremendas limitaciones de un ideario nacionalista, que tantos desastres ha sembrado por el mundo y en la vieja Europa, se han lanzado, con buen oficio, a la escenificación de la socorrida obra dramática (unas veces comedia y otras tragedia), de la construcción de Arcadia, la república de Platón, o la de Utopía, el Reino de los Cielos, la Ciudad del Sol, la Nueva Jerusalén, o la Nueva Atlántida. Lo llaman INN (Independentismo No Nacionalista). Es imposible vivir en esta España busquemos refugio en una utopía, aunque termine en distopía.

El caso es que mientras Mariano y Carles dirigen la función, en Barcelona y en Madrid, hay cosas que se nos escapan entre los dedos. Asuntos a los que habíamos comenzado aprestar atención han desaparecido de la agenda política y de la escena social.

Este 17 de octubre se conmemoraba el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Cada año un buen número de organizaciones sociales organizan actos para ratificar un compromiso de la sociedad y reivindicar soluciones de los gobernantes. Se presentan informes sobre la situación de la pobreza en el mundo y en España. Se organizan manifestaciones, actos. Este año no faltan motivos, pero el día ha pasado mucho más desapercibido.

Vivo en Madrid. Según CCOO hay 84.000 pobres más que hace un año, en mi Comunidad. Una de cada cinco personas vive bajo el umbral de la pobreza. Son 280.000 los niños y niñas pobres, lo cual supone más de uno de cada cuatro en la Región capital de España. Más de 380.000 trabajadores y trabajadoras, que cobran un salario mensual, viven en situación de pobreza. Trabajar ya no te saca automáticamente de la pobreza. Una de cada dos familias monoparentales es pobre.

La pobreza ya no es la consecuencia de vivir en familias con problemas y desestructuradas. Ana González, la responsable de Política Social y Diversidad de CCOO de Madrid, advierte que hoy la pobreza convive con nosotros de forma cotidiana y corremos el riesgo de que se asuma como “algo normal”. Efectivamente, no podemos asumir como normales los recortes y el deterioro programado de la protección social. Hechos como que antes de la crisis la cobertura por desempleo fuera de más del 41 por ciento y hoy esa cobertura no llegue al 25 por ciento.

Imagino que esta situación, con ligeras variables, es similar en los lugares que, como Madrid, ostentan las rentas más altas de España, como el País Vasco o Cataluña. Y estoy seguro de que la situación será notablemente peor en otras Comunidades con rentas mucho más bajas. El aumento de las desigualdades es el gran drama de sociedades como la española.

Somos mucho más vulnerables de lo que parece. Entrar en la pobreza es muy fácil, pero salir de ella es muy difícil. Por eso es esencial que la sociedad permanezca alerta y que los poderes públicos se sientan forzados a hacer cuanto está en sus manos, utilizando los recursos necesarios, para erradicar la pobreza de nuestra sociedad.

Convendría que, mientras estos juegan a ser nacionales, aquellos a ser nacionalistas y los de más allá buscan una identidad independentista no nacionalista, delegaran las responsabilidades de gobierno de la res pública en un puñado de buenas y voluntariosas gentes que se ocuparan de cosas prosaicas como erradicar la pobreza económica y la miseria cultural “en un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles”.


Ni para viejos, ni para jóvenes, ni para…

octubre 25, 2017

Mi amigo acaba de volver de su merecido puente. Parece que su salida hacia el Sur había sido buena, escalonada, sin demasiados atascos. La vuelta ya ha sido otra cosa. Mientras transitaba por la autovía soportando retenciones, veía cómo un carril adicional estaba habilitado, pero sin circulación. Eso sí, al cabo de unos 50 kilómetros un cartel luminoso indicaba la incorporación del carril vacío al atasco. Ha perdido tan sólo una hora. Se da por satisfecho.

Mañana tendrá que ir a trabajar atravesando una ciudad altamente contaminada. Parece que, por el momento, se han retirado las restricciones al tráfico, pero en cualquier momento la boina sobre la ciudad puede jugarle una mala pasada, teniendo en cuenta que tiene un solo coche, con sus añitos y de matrícula par.

Comenzará su jornada llevando a los críos a la guardería privada, en unos bajos de mala muerte. Menos mal que le han dejado retrasar la hora de entrada al curro a cambio de retardar también la de salida. Su mujer no tiene esa suerte, así que le toca a él llevarlos y luego ella los recoge.

La verdad es que tienen una Escuela Infantil municipal a la puerta de casa, pero entrar en ella es tarea que cada año intentan y nunca consiguen. Las plazas son escasas y siempre hay quien queda por delante en las puntuaciones. Unos porque efectivamente tienen necesidades especiales y otros porque saben administrar sus circunstancias personales, o laborales, para obtener puntuaciones ventajosas. Si no, dice mi amigo, no se explica los cochazos que desembarcan niños y niñas en la guardería.

El caso es que, su niña y su niño, terminan haciendo una jornada más larga que la de sus padres. Así desde pequeños se van acostumbrando a que la vida es dura. Luego vendrán las largas jornadas escolares con complementos de extraescolares y, al final, un trabajo precario, mal pagado y sin horarios fijos. De los de disponibilidad 24 horas.

Con suerte, si tienen buen expediente y currículum, puede que tengan alguna oportunidad en el extranjero. En uno de esos lugares del planeta donde el mérito y la capacidad tienen algún valor y son tomados en cuenta.

Mi amigo acabará su jornada hacia las 6 de la tarde, pero antes de volver a su domicilio tendrá que pasar por casa de su madre a dar una vuelta y comprobar que todo va bien por allí. Su madre es viuda, vive sola y acaba de sufrir una operación, de la que se ha repuesto a fuerza de hacer de la necesidad, virtud.

Intentó que pasase la convalecencia en un hospital de rehabilitación traumatológica, pero, como en el caso de la escuela infantil, las plazas en este tipo de centros son escasas. Recurrió a los servicios sociales del Ayuntamiento, pero tres cuartos de lo mismo.  Las ayudas para casos de urgencia se agotan pronto y lo de las ayudas a la dependencia va despacio y, aún eso, después de presentar un buen número de papeles que hay que recopilar en las más variadas ventanillas. Como si no existiera una bonita ley que explica claramente que la administración no tiene que pedirte aquello que obra en poder de alguna administración.

Al final, mi amigo ha tenido que contratar a una persona que realiza las tareas imprescindibles para que su madre pueda ver atendidas sus mínimas necesidades de aseo, limpieza de la casa, comida. Y todas las tardes, al salir del trabajo supervisa que todo va bien, que su madre resiste, como buena mujer forjada en la posguerra.

El presidente Carles anda entretenido enviando cartas a Mariano, declarando la independencia de Cataluña y dejándola en suspenso y el presidente Mariano se entretiene sopesando la respuesta a Carles, deshojando la margarita del artículo 155 de la Constitución, para luego aplicarlo en diferido, al mejor estilo del despido de Bárcenas.

Mientras esto ocurre, mi amigo piensa que vive en un país lleno de derechos suspendidos y en diferido y que más valdría que estos dos (y sus palmeros) se dedicaran sin tardanza a que las cosas funcionasen. Que nuestras vidas fueran un poquito más fáciles cada día. Que éste fuera un país para niños, para jóvenes, para viejos, para su mujer, para él mismo. No le parece mucho pedir.


Soy mayor, pero no gilipollas

octubre 11, 2017

Ya sé que habría que hablar de Cataluña de nuevo. De la disparatada espiral de despropósitos desencadenados por la inacción política de Mariano Rajoy durante años y su exceso de ejercicio de la fuerza de última hora, que han conducido a que un referéndum ilegal se convierta en un espectáculo bochornoso de violencia callejera en las páginas de los diarios internacionales. Y de la estrategia nacionalista que camina de triunfo en triunfo mediático hasta la derrota final. Porque, no nos engañemos, en un escenario como el diseñado por Mariano y Carles, todo son derrotas y todas y todos somos derrotados, en Cataluña y España.

Me parece que hay temas, menos mediáticos, pero que no pueden pasar desapercibidos. Hemos iniciado la semana conmemorando, el 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad. Las Naciones Unidas, explican que la Asamblea General decide estas fechas para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”.

Esto último es lo que CCOO y UGT han querido hacer, iniciando el 30 de septiembre las Marchas a Madrid por unas pensiones dignas. Porque el problema de nuestros mayores tiene mucho que ver son la suficiencia económica para vivir dignamente en su entorno y eso es algo que el Estado español no garantiza ni de lejos.

La crisis ha servido de disculpa para que los gobiernos de Mariano Rajoy hayan puesto en solfa el Pacto de Toledo, adoptando medidas para que las pensiones pierdan poder adquisitivo año tras año. Para ello se inventaron una ininteligible fórmula de revalorización de las pensiones, cuyo resultado es que las pensiones no suben más de un 0´25 por ciento cada año.

La mitad de nuestros pensionistas no alcanza el Salario Mínimo Interprofesional. El 40 por ciento de los pensionistas viva por debajo del umbral de la pobreza, o que la pensión media, en España, sea de poco más de 900 euros y la pensión más extendida de 650 euros al mes.

La crisis ha sido especialmente dura en los países del Sur de Europa, como España. Países en los que la solidaridad familiar ha contenido los peores efectos sobre las personas. Hasta el punto de que cuatro de cada diez pensionistas han tenido que soportar la carga de sostener las economías familiares durante estos años.

Nueve millones de personas dependen de su pensión para vivir. Las pensiones, desde este punto de vista, aportan vertebración de los territorios que componen España, equilibrio entre generaciones y cohesión social.

La mayor amenaza contra el futuro del sistema de pensiones procede de la inacción del gobierno para garantizar el futuro del sistema público de pensiones, pese a las demandas, alternativas y propuestas formuladas por las organizaciones sindicales.

Día sí, día también, entidades financieras, aseguradoras, fundaciones dependientes de ellas, expertos de pago y demás intereses económicos privados, anuncian el fin del sistema de pensiones público y su sustitución por sistemas privados de capitalización, fracasados allí donde se han implantado, ansiosos por hincar el diente a los cuantiosos recursos que los trabajadores y trabajadoras depositamos, en la Seguridad Social.

Lo dijo muy claro mi amiga Paquita, en un programa de televisión, Tengo 91 años, pero no soy gilipollas. Nuestras personas de edad, nuestras personas mayores, necesitan seguridad sobre la viabilidad futura del sistema público de pensiones. Sobre la mejora de las pensiones mínimas. Sobre un mecanismo de revalorización de las pensiones que impida pérdidas de poder adquisitivo. Sobre el futuro del sistema de Seguridad Social, que ha funcionado y sigue funcionando y sobre el que los sindicatos han propuesto medidas que permitirían incrementar sus ingresos en más de 70.000 millones de euros anuales.

Rajoy puede seguir instalado en su cada vez más insostenible dolce no far niente. Pero lo ideal sería que escuchara los problemas de quienes han comenzado a marchar hacia Madrid. El día 9 se manifestarán por las calles de la capital. Luego volverán a sus casas. Pero no van a tolerar un silencio por respuesta, ni un No como solución a sus problemas. Y no sólo por ellos, sino porque saben que las pensiones futuras dependen de su lucha de hoy.


El problema de Cataluña es mi problema

octubre 11, 2017

Se habla, con demasiada frecuencia por cierto, de
los problemas de Cataluña.¿Qué problemas de Cataluña? 
En Cataluña no hay ningún problema, 
el único problema que pudiera haber planteado en Cataluña 
está planteado por nosotros, 
pero el problema que está planteado por nosotros 
no es un problema de Cataluña, es un problema universal.
Salvador Seguí | Discurso en el Ateneo de Madrid. 1919

Salvador Seguí, el Noi del Sucre, Secretario General de la CNT en Cataluña, lo tenía meridianamente claro, hace ya casi cien años, cuando en Madrid, en el  Ateneo y en otros centros obreros, planteaba que la cuestión social, las reivindicaciones de la gente trabajadora, se situaban por encima de cualquier otro problema y, muy especialmente, por encima de la cuestión nacional, planteada por elementos reaccionarios vinculados a la Liga Regionalista.

Aquella Liga Regionalista que se dedicaba a visitar ministerios en Madrid, pidiendo cargos, dineros y, si era necesario, el aplastamiento militar de los molestos sindicalistas que se lanzaban de cuando en cuando a las calles para defender a cuantos unas veces se negaban a ir a combatir por la patria en Marruecos, como había ocurrido en la Semana Trágica de Barcelona (1909) y otras veces se empeñaban en mejoras salariales y laborales, como en la famosa huelga de La Canadiense (1919), que desembocaba en huelga general. Una huelga reprimida por el general Milans del Bosch (¿de qué me suena a mí este nombre?) a base de la  militarización de servicios  y de meter presos a 3.000 obreros en el cartillo de Montjuich.

Fue Salvador Seguí, quien ante 20.000 trabajadores y trabajadoras, convocados en la plaza de toros de Las Arenas, cambió el curso de la historia y convenció al auditorio de la necesidad de poner fin a la huelga. Ningún baño de sangre, de las dimensiones del que se avecinaba, justificaba seguir adelante. El sindicalismo cambió derramamiento de más sangre por organización y fortaleza sindical en las empresas y en la sociedad catalana. A explicar esas cosas que estaba haciendo el sindicalismo en Cataluña, es a lo que vino Seguí a Madrid, en otoño de ese mismo año.

De nada le valió en lo personal, a Salvador, mantener estas posiciones poco violentas y bastante sensatas. Aquellos nacionalistas de la Liga no dudaron en apoyarse en un nuevo general, Martínez Anido, designado Gobernador de Barcelona, para organizar grupos de pistoleros, en torno a los denominados Sindicatos Libres, que fueran asesinando sindicalistas. El 10 de marzo de 1923, le tocó ser asesinado a Salvador Seguí, el Noi del Sucre (el Chico del Azúcar).

Salvador Seguí no tenía miedo a la independencia, como bien explicó en su discurso en Madrid. Si llegaba, la independencia sería utilizada por los trabajadores catalanes para unirse más que nunca a los trabajadores de toda España en su lucha por la emancipación. Y esto lo dice mientras explica que no hay un problema nacional en Cataluña, sino otro problema universal, el del movimiento obrero que quiere emanciparse.

Está claro lo que pensaba Seguí, como está claro lo que piensa Joan Coscubiela, mal que le pese a cuantos se han apresurado a lanzar sus dardos envenenados, ante su intervención en el parlamento.

Lo que no llego a entender bien (no soy sociólogo, ni psicólogo, ni politólogo, ni me juego el voto en unas elecciones) es el mecanismo por el cual los intereses de la clase trabajadora terminan convertidos en reivindicaciones nacionalistas. No es un fenómeno específico de Cataluña. Lo ocurrido con otros temas y en otros países, como el referéndum sobre el Brexit son elementos a tomar en cuenta. ¿Algo ha cambiado a lo largo de las últimas décadas, o los últimos años, que pueda explicar qué está pasando?

En primer lugar, creo que el fenómeno de la globalización financiera y económica, o nuestro propio ingreso en la Unión Europea, han contribuido a debilitar la convicción de que los gobiernos nacionales tengan capacidad alguna para controlar su economía y decidir las mejores políticas que pueden aplicar, especialmente en momentos de crisis.

De otra parte, el desarrollo de internet y de las redes sociales, ha creado realidades virtuales compartidas por personas muy diversas, que poco tendrían que ver entre ellas si se conocieran realmente, pero que pueden vivir juntas en un mundo paralelo, alimentando la ilusión de que comparten ideas, sentimientos, sensaciones, consumo, imágenes y hasta convocatorias de movilizaciones.

Otra vida dentro de la vida, en la que podemos elegir seguidores, bloquear a quienes no nos gustan, crearnos personajes ficticios con los que insultar, opinar, crear opinión. Sin duda un mundo apetecible lleno de satisfacciones y grandes batallas que no se libran, pero que siempre ganamos.

El ultraliberalismo ya había conseguido tomar el poder sobre las grandes decisiones económica. Los partidos socialistas parecían abocados a aceptar el desastre y aceptar su papel de mitigadores de los efectos más dañinos de la nueva realidad mundial. El comunismo se desplomó dejando tras de sí un recuerdo de opresión política y aplastamiento de las personas en aras de un mundo nuevo cada vez más lejano. La crisis ha llegado para quedarse y dejarnos una herencia de precariedad, pobreza laboral, desigualdad y desprotección social.

Como pocas veces en la historia del mundo, el futuro es percibido con rasgos de peligro y oscuridad comparables a los peores tiempos del pasado. El refugio en las redes puede que funcione como un placebo, pero quien más y quien menos sabe que el futuro personal y colectivo será peor que el pasado conocido.

En una situación así es muy difícil resistir la tentación de escuchar los mensajes simples pero eficaces del populismo autoritario: cerrar las fronteras y atrincherarse en un espacio que se supone unido por una identidad cultural. Seamos pocos, pero de los nuestros.

Ocurre que ni Cataluña, ni España, difícilmente Europa, podemos ya garantizar eso. Una cosa es reclamar autonomía para dirigir las políticas cercanas de un modo cercano y otra muy distinta, creer que la independencia es la solución al problema de cada quien. Porque el problema de cada quien es un problema universal, hoy más aún que en los tiempos de Salvador Seguí. Un problema de desigualdades brutales de las personas en un mundo dirigido por grandes corporaciones, en un escenario de  Estados siempre demasiado pequeños, débiles e impotentes.

Es cierto que Rajoy le está echando una mano inapreciable a Puigdemont y que Carles está ayudando de forma inestimable a Mariano. Nada mejor que dos nacionalismos confrontados por razones culturales, para hacer olvidar los problemas de corrupción, incapacidad, ineficacia, recortes, debilitamiento de la protección social, destrozo del mercado laboral, que ambos representan de la misma manera.

Pero por encima de ellos, hay mucha gente en este país que aún está dispuesta a mirar hacia sus problemas reales. Exigir diálogo, negociación y búsqueda de acuerdos, frente a las imposiciones de una y otra parte. Si una mayoría de personas en Cataluña quiere un referéndum, habrá que negociar un referéndum. Habrá que hablar de un quórum mínimo en la votación y con qué porcentaje de votos es válida una decisión de separación.

Y habrá que hablar y negociar, en todo caso, lo que es una demanda no sólo de los catalanes, sino de los gallegos, los extremeños, los murcianos, andaluces, vascos, aragoneses y de cualquier castellano, por no nombrar a todas las autonomías españolas: una administración cercana, reconocible, transparente, controlable, que pueda responder ante nosotros de cada uno de sus actos. Pero esto es algo que reclamamos también a niveles aún más cercanos, como los municipales. Algo que reclaman todos los ayuntamientos con respecto al centralismo del Estado y las Comunidades Autónomas.

No sé si eso se llamará España plurinacional, si la solución será un modelo federal. En todo caso, exige combatir la corrupción, promover la transparencia y reforzar la voluntad de negociar. Algo muy difícil de hacer si la izquierda política y social se arroja en brazos de quienes pretenden solucionar sus problemas embarcando a la clase trabajadora en guerras sin sentido, mientras enmascaran el conflicto fundamental y universal que amenaza la existencia en cada rincón del planeta.

Es la izquierda la que debe parar esta locura. Con más razones aún y tanta convicción y firmeza, como las que en su tiempo llevaron a Salvador Seguí a viajar a Madrid para explicar qué estaba haciendo la clase trabajadora en Cataluña; como las que le pusieron ante 20.000 trabajadores decididos a mantener la huelga y convencerles de la necesidad de parar una revuelta en ciernes; como las que le hicieron mantener un paso decidido y un camino reconocible y claro, hasta que las balas de los pistoleros organizados por la burguesía nacionalista y por aquel general que luego sería ministro de orden público en el primer gobierno franquista de la Guerra Civil, segaran su vida en la esquina de la calle de San Rafael con la de la Cadena (hoy Rambla del Raval).

Salvadas las distancias temporales y la perspectiva, teniendo en cuenta que él luchaba con la mirada puesta en una emancipación de la clase trabajadora hoy mucho más difusa, Seguí tuvo su responsabilidad y nosotros tenemos la nuestra. A cada generación lo suyo.


El problema universal de Cataluña

septiembre 26, 2017

Tras el ataque desencadenado contra Joan Coscubiela, por parte de algunos personajes del independentismo catalán, me he sentido obligado a sumarme a cuantos han defendido que Joan puede ser criticado, como cualquiera, pero siempre ha sido honesto y sereno en sus apreciaciones y opiniones, por encima de los gustos y pasiones del momento.

Así lo he podido comprobar cuando hemos coincidido como Secretarios Generales de la CONC (la histórica Comisión Obrera Nacional de Cataluña) y de CCOO de Madrid, respectivamente y, posteriormente, cuando he tenido que tratar con él para plantear las posiciones sindicales en torno a los problemas de la Formación Profesional para el Empleo, durante la primera legislatura con Rajoy en el gobierno, en la que Coscubiela fue diputado por ICV.

Joan Coscubiela es buen sindicalista y gran político. No merece los ataques de los que ha sido objeto por haber dicho con claridad, en el parlamento de Cataluña, algunas cosas incómodas que proceden del patrimonio acumulado por la izquierda y que forman parte del patrimonio general de este país.

En Twitter he escrito, Hay que ver lo difícil que es mantener sensatez en mitad del huracán. Es lo que hace grandes a personas como Joan Coscubiela. Y en otro tuit escribí, No tememos un referéndum, ni la independencia, pero nuestro enemigo es otro. Los sindicalistas como Joan Coscubiela no lo olvidamos nunca. Este tuit va acompañado de una foto de Salvador Seguí, histórico sindicalista catalán de la CNT, con la siguiente frase: El único enemigo que hay en Cataluña es el mismo que hay en Madrid, el capitalismo.

Ha habido de todo en las contestaciones a estos mensajes. Hay quien los ha difundido, quien los ha comentado y quien los ha criticado. Me contesta un tuitero, Vale, en consecuencia: dejaremos que sea la oligarquimonarquía española la que nos gobierne, nos gusta más explotados por el capitalismo español. Cuando le respondo que ni dios, ni patria, ni lengua van conmigo, me responde que tampoco con él, pero que la única patria y lengua que le han impuesto es la española y que lo de la religión ya es otro tema.

Estoy seguro de que el tuitero, en cuestión, es un tipo de izquierdas, respetuoso y, además, declara estar muy interesado por la historia de la educación y la política educativa. Un tipo interesante, sin duda, que no insulta, que es real y opina de cara. Procura decir algo de peso, para él, en estos momentos.

Va a tener razón Luis García Montero cuando afirma que esto del nacionalismo en el siglo XXI va a ser cuestión de sentimientos y que sólo es respetable porque los sentimientos son respetables. Despertar nacionalista, al cabo de los años, por el hecho de que te impusieron de chico una nación y una lengua, es respetable, como sentimiento personal. Pero en eso, creo haber dicho ya en alguna ocasión, que me declaro, como Arrabal, un convencido nacionalista radical y sin fronteras.

En cuanto a la decisión de declararse nacionalista para no ser gobernado por la oligarquimonarquía española, imagino que también forma parte de un sentimiento aprendido. Leer Crematorio, o En la Orilla, de Rafael Chirbes, sin ir más lejos, debería habernos dejado vacunados contra este tipo de sentimientos.

Salvador Seguí, el Noi del Sucre, Secretario General de la CNT de Cataluña, explicaba, en el Ateneo de Madrid, que la independencia de Cataluña no le daba miedo, porque los trabajadores no son un pueblo leproso y, al contrario que los reaccionarios catalanistas, lo tendrían todo por ganar, porque en Cataluña sólo hay un problema universal, el del movimiento obrero.

Las balas de los pistoleros del Sindicato Libre, al servicio de la patronal catalana, aglutinada en torno a la Liga Regionalista y bajo protección del gobernador de Barcelona, el general Martínez Anido, acabaron con la vida de Seguí el 10 de marzo de 1923. Quien quiera conocer esta triste etapa de la historia de Cataluña, puede hacerlo leyendo la impresionante novela de Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta.

Un poquito de “seny” no vendría mal para romper esa danza perversa de  sentimientos y pasiones. Algo debería hacer la izquierda que, no hace tanto, contaba con mucha gente como Coscubiela, para escapar de la trampa del nacionalismo y reivindicar la resolución del verdadero problema de Cataluña. El problema universal de Cataluña.


La red de los agitadores

septiembre 16, 2017

Todos los que no tienen nada que decir hablan a gritos.

Enrique Jardiel Poncela

Comienzo por reconocer que soy un ser venido de otro tiempo, para que nadie sienta como insultantes mis comentarios. Es muy difícil poder entender la lógica del futuro, si vienes del pasado remoto. Sólo unos pocos privilegiados, como Aldoux Huxley, Julio Verne, o George Orwell, han sido capaces de intuir lo que se venía encima y entender su lógica, para explicárnoslo.

Lo dicho, nadie lo tomen a mal. En un mundo en el que tantos hablan, frecuentemente a gritos, mientras tan pocos escuchan, no sería lógico que fuera yo a estar acertado en mis interpretaciones. Máxime, viniendo desde tan lejos en el pasado.

Verán ustedes, mi idea de tertulia se fijó en aquella época en la que un periodista llamado José Luis Balbín creó y presentó un espacio llamado La Clave. Le concedieron este espacio en el segundo de los dos únicos canales televisivos existentes, en Enero de 1976. El formato procedía de un programa similar emitido en la segunda cadena de la televisión francesa, Les dossiers de l´écran.

El programa duraba cuatro horas. Tras la presentación de los invitados que participaban en la tertulia y del tema del día, se veía una película y, a continuación, Balbín moderaba un debate en torno al tema sugerido tomando en cuenta los diferentes puntos de vista. A lo largo de su andadura, se abordaron casi todos los temas prohibidos durante la dictadura franquista. Desde el aborto, a la crisis, el desempleo, o la legalización del Partido Comunista.

Por allí pasaron personas del periodismo, la política, el sindicalismo, la universidad, las artes, expertos de todo tipo. Lo nunca visto y los nunca vistos en el mundo conocido por la mayoría de nosotros. No es raro que aquello nos marcara de por vida.

Para los más nuevos en la fiesta patria conviene aclarar que acababa de morir Franco, España se precipitaba, entre 1975 y 1976, en una galerna de huelgas. CCOO había ganado las elecciones sindicales en julio de 1975. Ha ganao el equipo colorao, publicaba en portada la revista Doblón, aun antes de haber muerto Franco. La clase trabajadora se preparaba para actuar como punta de lanza de la democratización de España. Costaleros de la democracia, gusta decir Nicolás Sartorius.

No es extraño que, en este clima en el que el franquismo se resistía a morir y preparaba atentados como el de los Abogados de Atocha; en el que los GRAPO y ETA redoblaban sus atentados y secuestros; en el que lo nuevo, la democracia, no había nacido, ni aún se la esperaba, la Clave emitiera sus 13 primeros programas y fuera silenciada y prohibida hasta que, ya bajo el gobierno de Adolfo Suárez, comenzara a emitirse de nuevo, a finales de 1976.

Así hasta 1985, cuando el programa no fue renovado por el gobierno socialista de Felipe González. Desde TVE adujeron caídas en la audiencia, pero otros opinan que La Clave hubiera sido molesta en un año en el que iba a decidirse, en referendum, nuestra permanencia en la OTAN, tema vetado por la dirección de la cadena durante su última temporada. Ya sabemos…De entrada, No…

Han pasado los años, han cambiado los tiempos. Parece que hemos superado, o no, la prehistoria, el franquismo, la transición y hasta el régimen del 78. Ahora nadie parece necesitar las claves para formarse una opinión sobre el mundo en el que vivimos. Todos parecemos más interesados en buscar banderines de enganche que confirmen nuestros prejuicios sobre el origen de nuestros perjuicios.

Esos banderines de enganche nos los proporcionan, en dosis virales de 140 caracteres, o a base de consignas gritadas en las tertulias, unos cuantos “agitadores” (así los llaman ya en uno de esos programas de “debate” televisivo), que han alcanzado su efímera fama a base de histrionismo en las redes sociales.

Que nadie se ofenda, pero empiezo a añorar aquellos viejos dinosaurios como Balbín y sus ocasionales invitados en La Clave. Necesito con urgencia a quienes me hacían pensar, a aquellas personas que hoy me hagan pensar (como las meigas, creo que haberlas haylas). Y me sobran los que me animan y me incitan a gritar, a falta de algo que merezca la pena ser dicho.