San Isidro, en mitad de mayo y del coronavirus

mayo 19, 2020

Llevamos dos meses confinados, encerrados, atrincherados en casa, mientras realizamos esporádicas salidas para comprar y, últimamente, para realizar cortos paseos de una hora, a un kilómetro de distancia, una vez al día, como mucho con una persona que conviva con nosotros. Lee el resto de esta entrada »


En el momento de la partida de Juan Genovés

mayo 19, 2020

Por causas naturales dice la noticia, Juan Genovés ha fallecido esta noche (este viernes, dicen en otros lugares) por causas naturales en su domicilio madrileño (en un hospital madrileño, dicen otros medios). Lo que duele es que ha muerto un hombre al que queremos mucho y debemos mucho. No el único con el que tenemos deudas, pero sí uno de los que se ha ganado a pulso el reconocimiento de la inmensa mayoría de las mujeres y hombres que  vivimos en este país al que llamamos España.

En las casas de quienes aspirábamos, hace más de 40 años, a que la dictadura cuartelaria (que había durado otros 40) dejara paso a algo distinto, a eso que llamábamos democracia (aunque la gran mayoría no teníamos ni idea de a qué sabía tal cosa), teníamos colgado en la pared el cuadro del Abrazo, el mismo que la Junta Democrática había acordado que fuera símbolo de la deseada Amnistía y punto de llegada de la política de Reconciliación Nacional que el Partido Comunista había adoptado como estrategia de futuro desde 1956.

El cuadro fue comprado por un coleccionista particular al poco de ser terminado por Genovés, al final recuperado por el Estado español en la etapa democrática, eso sí, tuvo bastante menos suerte que el Guernica de Picasso que terminó expuesto en un espacio relevante del Museo Reina Sofía,  mientras que El abrazo fue encerrado en los almacenes del museo.

Al final, la presión de Izquierda Unida, de Comisiones Obreras de Madrid y de la Fundación Abogados de Atocha, consiguió rescatar la obra de los sótanos para ser expuesto en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, junto a los retratos de los reyes de España, o los bustos de Niceto Alcalá Zamora, Clara Campoamor y Manuel Azaña, hace cuatro años.

Allí, ante el cuadro, se han hecho algunas fotos nuestros políticos cuando han querido trasladar una voluntad de encuentro, tal vez no estaría mal que para superar los efectos de esta pandemia que vivimos volviéramos a elegir el lugar para suscribir los Pactos del Abrazo, si nuestros políticos consiguen demostrar la grandeza y la responsabilidad de aquellos que protagonizaron la tan denostada Transición.

El mismo cuadro cuya reproducción se encontraba en el despacho de los abogados laboralistas de la calle Atocha, 55, donde aquel 24 de enero de 1977 un comando ultraderechista cometió el atentado que acabó con la vida de cinco jóvenes y dejó gravemente heridos a otros cuatro. Lee el resto de esta entrada »


Los invisibles, el coronavirus y la Inteligencia Artificial

mayo 19, 2020

El coronavirus nos ha situado ante la realidad de una revolución digital que podíamos percibir pero de cuya profundidad y dimensiones no habíamos tomado conciencia. Como si de un iceberg se tratase, lo que era una punta visible se ha convertido en un inmenso espacio virtual en el que hemos vivido el confinamiento

Desde el trabajo al entretenimiento, desde los estudios a las actividades culturales, de las compras a las gestiones administrativas y buena parte de nuestra información (desinformación a veces) los hemos realizado utilizando internet y las nuevas tecnologías. El confinamiento hubiera sido otro muy distinto sin estas herramientas. Aún así sus potencialidades, sus problemas, lagunas, e insuficiencias, también han quedado en evidencia.

Eso que llaman ciencia de datos ha demostrado ser muy útil para las grandes corporaciones económicas privadas, sin embargo no lo está siendo tanto para las organizaciones sociales y para las personas que padecen las peores consecuencias de la desigualdad. Los invisibles lo son hoy más que nunca y la brecha que los recluye en la pobreza es cada vez mayor.

Hasta en la muerte la brecha está presente. Con unos u otros criterios los muertos europeos por coronavirus serán contabilizados. Los muertos por COVID19 en países como Ecuador sólo se contabilizarán si se producen en un hospital. Los demás no existirán.

En Europa nos preocupa que el Gran Hermano nos vea, controle, utilice nuestros datos más de la cuenta, invada nuestra privacidad. Reclamamos el derecho al olvido, como la posibilidad de borrar todos nuestros datos de internet. Sin embargo, lo hemos comprobado también con el coronavirus, el problema para muchas personas consiste en conseguir ser vistas, un poco vistas, entrevistas al menos.

Miles de millones de personas en este planeta son invisibles, no podrían demostrar su existencia (dónde nacieron, cuando, quienes eran sus padres), a veces ni papeles tienen que demuestren su identidad, dónde viven, ni tener una cuenta bancaria, ni comprar una vivienda, contratar un seguro, o un teléfono móvil, ni conseguir un trabajo regular, ni tan siquiera votar, no acceden a la educación, ni al sistema sanitario, ni viajar pueden. Lee el resto de esta entrada »


Mayores frente al coronavirus

mayo 12, 2020

La pandemia, esta peste moderna, nos ha invadido así, de golpe, de forma tan inesperada, sembrando el desconcierto. Pensábamos que el mundo se había desbocado porque la globalización y las nuevas tecnologías estaban acelerando de tal manera nuestras vidas, que no nos dimos ni cuenta de que los verdaderos cambios los produce la propia Naturaleza cuando despreciamos sus reglas, sus lógicas internas y despreciamos a los virus deseosos de expandirse por el planeta utilizando como transporte a los animales, hongos, seres humanos, bacterias y hasta otros virus.

El mundo que salga de este desastre no sólo será distinto, sino que tendrá que repensar seriamente sus relaciones económicas, sociales y las del género humano con el resto de los seres vivos del planeta. La primera tentación será olvidar deprisa y repetir la fiesta, como si nada hubiera pasado.

Pensando en un futuro deseable quiero detenerme en cómo han tenido que vivir (cómo viven aún) nuestros mayores este complicado proceso en el que nos hemos metido, no diré que sin comerlo ni beberlo, pero sí, al menos, sin olerlo, ni verlo venir por ninguna parte. Lo que ha ocurrido con las personas mayores (de otra manera también con los niños) les ha convertido en víctimas propiciatorias ofrecidas a los dioses de la muerte desbocada e incontrolable.

Se veía venir. Con cada vez mayor frecuencia queremos controlar la vida de nuestros mayores. Es cierto que hay motivos de seguridad en juego. Escuché recientemente a un hijo (experto en seguros) que las noches de su padre y sus frecuentes visitas al baño, sin atinar con el alejado interruptor de la luz, le habían acarreado varias caídas, sin consecuencias, pero con el temor de que llegue el momento en que esa caída sea más grave.

Encontraron una solución contratando uno de esos asistentes virtuales que permiten decirle al móvil que encienda la luz desde la cama y zas, la luz se enciende. Desde ese momento se acabó el problema de las caídas de su padre. Hasta aquí todo bien. El problema comienza cuando invadimos la intimidad de nuestros mayores y les colocamos un dispositivo para saber su qué, cómo, cuándo y dónde y hasta el por qué de cada momento de su día. Lee el resto de esta entrada »


Muerte, sudor y lágrimas

mayo 12, 2020

Dediqué mi anterior artículo a la muerte de mi tío Ramón en un trágico accidente de tráfico. Poco podía pensar en esos momento, hace más de un mes, que la tragedia de otras muertes se iba a cernir sobre nosotros con la brutalidad con que lo ha hecho este coronavirus. En casi todas las familias, entre personas cercanas y amigas, hemos sufrido enfermedad, muerte y lágrimas.

Nos parece increíble el daño que puede infringirnos una molécula capaz de realizar sólo algunas funciones de los seres vivos a la que muchos no consideran viva y no pocos ni viva ni muerta, todos coinciden en que no muere, no envejece, puede desactivarse, pero puede volver a activarse, se reproduce, aunque para ello utiliza las células de otros seres vivos para hacer copias de sí misma. Zombis mutantes, eso es lo que son. No muertos, no vivos.

Les da igual entrar en animales, hongos, plantas, no desprecian a las bacterias, ni tan siquiera a otros virus. A la mayoría de esos virus ni con microscopios podemos verlos. No tienen conciencia, no tienen inteligencia, al menos como nosotros la entendemos, hacen lo que saben hacer, con eficacia y adaptándos sin cesar. A veces sus muchos cambios y mutaciones les permiten pasar de animales a personas, o de personas a animales y otras veces los convierten en mortales.

Es el caso, al parecer, del COVID19. Viaja deprisa, muta deprisa, hasta el punto de que el que se encuentra entre nosotros ya no es igual que el chino y a América habrán llegado nuevas mutaciones, invade selectivamente, especialmente a nuestros mayores, ataca los pulmones, ensaya y se equivoca mucho pero se expande por cualquier otro, no en todos los casos los mismos, no se hace notar pero provoca colapsos repentinos y lo peor es que no tenemos antivirales, ni tratamientos y tardaremos en tener vacunas.

Mientras tanto muere gente, seguirá muriendo gente, habrá momentos en los que parecerá que lo controlamos y otros en los que las cifras empeoren, hubo quien dijo que el buen tiempo acabaría con él, porque destruye las proteínas que lo rodean y que le permiten invadir nuestras células, pero ya nadie está seguro de eso, nadie descarta que pueda rebrotar incluso con más virulencia, ni que quien lo ha padecido no pueda volver a infectarse.

Hemos aprendido que nuestra normalidad pasada no era normal y que no podemos bajar la guardia. No conviene eliminar camas hospitalarias creadas de forma acelerada, ni prescindir de profesionales contratados de urgencia. Parece lamentable que cerremos los improvisados hospitales, sin haber restablecido un funcionamiento regularizado en los otros. Nuestro sistema sanitario se ha paralizado para centrarse en el coronavirus y los tratamientos, consultas, operaciones programadas, pruebas diagnósticas, todo, se ha aplazado sine die. Lee el resto de esta entrada »


1º de Mayo con Coronavirus

abril 29, 2020

130 años, esos son los que se van a cumplir este 1º de Mayo, una fecha redonda para conmemorar de forma especial el Día del Trabajo. En esta ocasión comenzábamos a dar por superada la larga crisis económica iniciada en 2008,

(en el horizonte siempre hay alguna nueva crisis apuntando)

pero por lo pronto parecía que la nueva economía

(de la precariedad, la temporalidad, los bajos salarios, la fractura laboral, la brecha digital, la desigualdad social)

creaba suficiente empleo

(de mala calidad y mal pagado, eso sí)

como para exigir un reparto más justo y equitativo de las rentas.

Con un gobierno de izquierdas, esa hubiera sido la naturaleza de la celebración del 130 aniversario del 1º de Mayo,

(recuperar parte del terreno perdido por la crisis en la negociación colectiva y en las empresas)

pero una vez más la vida y la muerte son imprevisibles, por más que los humanos creamos que pesamos algo en estas decisiones del universo.

En muy poco tiempo hemos comprobado nuestra fragilidad como especie en un planeta al que estamos sobreexplotando y maltratando sistemáticamente, en muy poco tiempo hemos comprobado que un mundo construido al servicio de los poderosos y sometido al dios dinero, se vuelve contra nosotros y nos devuelve toda la miseria y la maldad que hemos ido sembrando.

Este 1º de Mayo lo viviremos sin una manifestación callejera, lo cual no quiere decir que dejemos de recordar que hace 131 años el Congreso de París, el que convirtió a los partidos socialistas y laboristas en Segunda Internacional, decidió conmemorar al año siguiente la lucha por las 8 horas de trabajo, la Huelga de Chicago, la Revuelta de Haymarket y el juicio y ejecución de cinco anarquistas acusados de organizar aquello. Lee el resto de esta entrada »


Aprender de la pandemia

abril 29, 2020

No hay un solo país que estuviese preparado para hacer frente a una pandemia como la que estamos viviendo, los hay que han atinado más que otros, por casualidad, porque tuvieron asesores que acertaron, porque contaban con más medios, porque lo vieron venir y aprendieron de las experiencias ajenas, porque estaban más alejados de las rutas comerciales y turísticas, pero librarse, lo que se dice librarse, nadie. En Lombardía ha sido un desastre, en el vecino Véneto les ha ido bastante mejor.

Por eso no conviene culpar a nadie de lo que ha pasado, ni de lo hecho para parar el golpe, nadie pensaba que el COVID19 saltaría tan rápido de China a Europa y cuando ya estaba en Italia y rápidamente en España, los ingleses presumían y Trump ni las veía venir, el Presidente de México abrazaba a los niños y Bolsonaro convocaba actos masivos por todo Brasil, de la mano de sus mesiánicos evangelistas.

No lo vimos venir, confiados en que nuestras formas de vida no pueden verse amenazadas por un virus, alguien vendría inmediatamente con una vacuna y lo solucionaría, si tenemos teléfonos inteligentes cómo nos va a humillar un bicho que ni es vivo, ni muerto, un zombi.

Compadezco a cualquier responsable político estatal, autonómico, o local, que haya tenido que afrontar este reto, imprevisto y desconocido. Las televisiones se han llenado de coronavirus y los programas de expertos de todo pelaje, empeñados en defender a sus amos y atacar al contrario, los tuyos lo hacen todo bien, los otros lo hacen todo mal, de vez en cuando

un psicólogo

(o psicóloga),

un médico

(o médica),

un economista

(o una idem)

explicando lo inexplicable, unos más acertados, otros menos, pero tan desconcertados como cualquiera, unos prudentes para no meter la pata, seguros hoy y seguros de lo contario mañana, las redes sociales echan humo entre consejos buenistas, insultos profusos, defensas encendidas, miedos desbocados, aplausos y caceroladas. Lee el resto de esta entrada »