A este sindicalista le vale este acuerdo

diciembre 2, 2019

Andan los amigos, afiliados, inscritos, o como quiera que les llamen en cada caso, de Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Izquierda Unida y el PSOE, dando su opinión, al parecer no vinculante, sobre si es posible, aconsejable, necesario, un gobierno de izquierdas, o no.

Perdió la izquierda una oportunidad de oro antes del verano. Todos debieron intuir que más adelante sería aún más difícil, pero todos prefirieron dar su oportunidad a la derecha ultraliberal, a la otra conservadora y sobre todo a la ultraderecha, para que ahora respiremos un aire más cargado, viciado y agobiante. En un sinvivir, vaya.

He dedicado muchos años de mi vida al sindicalismo. He visto gobernar a la izquierda en diversas versiones monocolores, colaboradoras y hasta coaligadas. También he visto a la derecha, casi siempre monocolor y pepera, pero no con menos versiones, porque esos colores azules monocromáticos,  escondían en su seno sensibilidades muy distintas.

Desde el conservadurismo, al ultraliberalismo, que luego quiso ser ciudadano y terminó siendo comparsa, charanga, murga carnavalera. O desde el centrismo a la ultraderecha, esa que ahora ha decidido dar la cara y desgajarse de la casa madre, donde Aguirre, o Aznar, les alimentaban con sopa boba y empleos inventados.

Por eso, como a los sindicatos del país, me parece suficiente, necesario y ajustado a necesidad, el acuerdo suscrito entre Sánchez e Iglesias. Ya sé que es un decálogo de buenas intenciones, sin demasiadas concreciones. No son cien, doscientos, ni trescientos puntos concretos de desarrollo de una acción política, pero mucha letra no hace más entendible ni seguro un acuerdo político. Si hay voluntad ya llegarán esas concreciones. Ya he visto muchos grandes, largos y sesudos programas electorales nunca cumplidos, después de no ser nunca leídos.

Es más, con la mitad de lo escrito y hasta la mitad de su cumplimiento también me parecería bien.  La vida se está poniendo muy complicada y me parece que debo saludar toda mejora, sin grandes efusiones, pero con voluntad de avanzar. Decir que este gobierno va a combatir la precariedad laboral, intentar crear empleo y garantizar trabajo digno, estable y de calidad, me parece bien y no poco.

Luchar contra la corrupción, regenerar la política y defender los servicios públicos (educación, sanidad, servicios sociales y dependencia), blindar las pensiones, la vivienda como derecho, apostar por la ciencia, la innovación y hacer posible que nuestros científicos emigrados puedan volver a casa, mejorando la calidad del empleo en el sector, qué queréis que os diga, sólo merece mis aplausos.

Controlar el insufrible crecimiento de las casas de apuestas que degradan la vida de los barrios, significa dar respuesta a los vecinos y vecinas que ven cómo aumenta la dependencia de la nueva droga de la apuesta, condenada a arruinar familias, infancias y vidas.

Luchar contra el cambio climático, proteger el medio ambiente, la biodiversidad, parecía para muchos una ñoñería hace poco tiempo, pero con la que está cayendo, o hacemos algo y rápido, o nos inmolamos como planeta y como especie suicida.

Defender derechos como el de tener una muerte digna supone una de las mayores muestras de respeto a los vivos. Recordar a nuestros muertos, a los desaparecidos a la fuerza, son cosas que parecen banales, pero sin las cuales no tendremos una convivencia de los vivos, que necesita de la memoria de nuestros muertos. También el aprendizaje de sus dramas humanos, que nadie debe repetir, ni alentar.

Defender a los pequeños, a quienes viven la precariedad, ya sean jóvenes, mayores, autónomos, cualquier tipo de trabajador o trabajadora, apostando por un crecimiento sano que asegure el bienestar de las personas. Apoyar la cultura, o el deporte y la estabilidad de quienes viven ahora malamente de estas actividades.

Prevenir y combatir las desigualdades. La de la mujer, la de los desfavorecidos, la de quienes viven en la España vaciada, o quienes sufren la explotación y la trata y esclavitud, por ser mujer, inmigrante, menor de edad. Esas desigualdades que desembocan en pobreza, marginación, exclusión, degradación de las condiciones de vida, salud, vivienda. El futuro sin igualdad real, será un futuro de discriminaciones sin libertad efectiva.

Comenzar a hablar (sólo hablar ya es mucho) sobre España. Lo que nos une y lo que nos separa. Nuestra necesidad de políticas universales, pero adaptadas a nuestras realidades locales, regionales, nacionales. Resolver el problema de las reformas necesarias para que cada cual se sienta bien en España, en Europa y en el Cantón de Cartagena. No es fácil, pero hablando se entiende la gente y qué mejor que empezar en torno a una mesa. Sin redes sociales de por medio, a ser posible.

Hacer política exige dinero, recursos, presupuesto. Decidir quién pone la pasta y cómo se gasta, qué prioridades se aplican, pensando en el sostenimiento de la cohesión social y el estado del bienestar sólido y duradero. La fiscalidad justa y el presupuesto son elementos esenciales y muy poco valorados en política.

Hasta aquí el acuerdo. Ya lo he dicho. A mí me basta. Me parece lo suficientemente bueno para quienes viven de su trabajo. No temo a las bases. Temo a la irresponsabilidad ya demostrada por los dirigentes. La de quienes dejaron caer al gobierno. Quienes no asumieron los resultados electorales y dejaron pasar el tiempo hasta forzar unas nuevas elecciones. Quienes olvidan el hoy, pensando en un mañana que nunca será, o que, cuando llegue, ya no será.

Un poquito de responsabilidad en la izquierda. Por favor, o sin favor.


Es la hora de la política

diciembre 2, 2019

Ya sé que los políticos no gozan de buena fama en nuestros días. No es casual, ni tampoco repentino, o infundado. Han hecho méritos más que suficientes para que casi la mitad de los españoles considere que los políticos son uno de los principales problemas del país, o para que ninguno de nuestros políticos merezca, no digo ya una nota alta, sino al menos un aprobado de la ciudadanía.

Leo muchas opiniones que hablan de la grandeza de los políticos de antaño, capaces de abrir las puertas a los acuerdos que hicieron posible una Transición, una Constitución y cuarenta años de convivencia sin sufrir esa violencia a la que tan habituados estamos los españoles.

Y es que la Transición fue nuestra manera, nuestro camino, para superar la dictadura y comenzar a andar los caminos de la democracia. Hay quien dice que fue modélica en el planeta. No diría tanto, pero fue la nuestra. Ellos hicieron lo que supieron, pudieron, o quisieron y lo que hagamos ahora ya no es cosa suya, es cosa nuestra.

Algunos pelos nos dejamos en la gatera. Por ejemplo, el poder económico que sustentó al franquismo, quedó intacto y, como mucho, dio cabida en sus Consejos de Administración a unos cuantos rojillos que traspasaron las puertas giratorias hacia las moquetas y los nuevos despachos. Las corrupciones, corruptelas y podredumbres, los sobres, maletines, bolsas de basura repletas de billetes sobrevivieron al dictador, pervivieron y hoy un buen director como Berlanga podría dirigir una Escopeta Nacional de los tiempos modernos.

La democracia y la libertad, son siempre subjetivas, pero quien ha vivido en el franquismo, sabe bien que la diferencia es sustancial. Aún quedando mucho por hacer, España y Europa tenemos unas cotas de libertad, democracia, o protección social, incomparables con las que rigen en la mayoría de los países del mundo.

Pero no es menos cierto que todo hay que medirlo, como dice mi amigo anarquista,

-¿Comparado con qué?

Me parece justo, por tanto, que sin dejar de vigilar a los poderosos y milmillonarios del planeta para impedir que nos precipiten definitivamente hacia el abismo de la autodestrucción, nos miremos a nosotros mismos y procuremos entender de dónde vienen la desafección, el desencanto y la indignación con la política y con los políticos.

En mis años jóvenes, cuando buscaba el camino en la vida, dictadura por medio, en sus últimos coletazos, pero dispuesta a morir matando, ejecutando, reprimiendo, fusilando, unos cuantos buenos amigos mayores, me enseñaron que hay profesiones, tareas humanas, destinadas a cuidarse a sí mismo (lo cual no implica ni mayor ni menor profesionalidad) y otras cuyo objetivo era servir a los demás.

En esta categoría última se encontraban algunas personas como los maestros, los médicos, los sindicalistas, o (fíjate cómo cambian los tiempos) los políticos. Sí, los políticos. Se entiende que sólo aquellos que dedican sus días a pensar en los problemas de las personas, hablar con la gente, buscar soluciones y  poner en marcha medidas que las hagan posibles y no de aquellos otros que hicieron de la política una oportunidad para hacer dinero y subirse a un tren de privilegios, cuando no de actos delictivos, del que no se apearán en toda la vida.

Porque la política no es cosa exclusiva de los políticos. La política es todo aquello que afecta a la polis, a la res pública, a lo que es de todas y todos, a la ciudadanía. Cada vez que votamos hacemos política, pero también pagar impuestos, la asistencia sanitaria, la educación de nuestros hijos, la atención a nuestros mayores, una casa donde vivir, las pensiones, los empleos basura, o la limpieza de nuestras calles son política, alta política, la más importante para cada uno de nosotros.

No me parece mal el acuerdo suscrito por PSOE y Unidas Podemos. Me parece que llega tarde, espero que no demasiado tarde. Es un mero enunciado de temas prioritarios que hay que afrontar sin demora. Seguro que hay quien añadiría otra docena de asuntos y a quien alguno de los planteados le parecerá menos importante. Pero, aún no estando todos los que son, sí son prioritarios todos los temas que están en el acuerdo.

No se admiten disculpas de mal pagador. La izquierda nacional, nacionalista, regionalista, o cantonalista no tiene derecho a defraudar a la gente. Los tiempos son lo suficientemente complicados como para que los políticos sepan estar a la altura y dejen de perder y de perderse en el tiempo.


Evo, el líder indígena cocalero

diciembre 2, 2019

-Han permitido que la Biblia vuelva a entrar en el Palacio de Gobierno ¡Primero Dios!

Es la flamante e infamante presidenta golpista de Bolivia tomando el poder. Todo un programa de gobierno. La cruz y la espada de las fuerzas armadas, el dinero, la corrupción y la policía que han desalojado a Evo Morales de la Presidencia. Vuelven los buenos tiempos del fracasado ultraliberalismo de la Escuela de Chicago.

Estoy en la sala de reuniones de la Comisión Ejecutiva de CCOO de Madrid. En un hoy, que no es hoy. Un día cualquiera de un año indefinido, hace más de una década. Recibo a un líder sindicalista cocalero llamado Evo Morales. Recorre varios países europeos. Se reúne con líderes políticos y sindicales. Difunde los problemas de los indígenas bolivianos. Habla de su intención de presentarse a las elecciones presidenciales.

En Bolivia los campesinos productores de coca defienden sus derechos formando sindicatos. Evo es uno de sus líderes. Los problemas de los indígenas son muchos. Sobre todo la condena de silencio, privados de la tierra, del agua, de los derechos más esenciales a la salud, la educación, una vivienda digna, un empleo que asegure unos ingresos suficientes para vivir.

Han pasado los años y aquel sindicalista de los productores de hoja de coca (no confundir con los industriales de la coca, los traficantes de coca, los gobiernos que protegen el inmenso negocio de la droga) terminó llegando democráticamente a la presidencia de Bolivia.

Desde entonces el Producto Interior Bruto se ha más que triplicado. Evo ha reducido su salario casi en un 60 por ciento, mientras que el salario mínimo se ha multiplicado por 10. Ha reducido la mortalidad infantil a la mitad. Sus campañas de vacunaciones han permitido la casi total eliminación de enfermedades como el sarampión, la polio, la rubeola. Los presupuestos de salud se han triplicado.

Los recursos educativos han pasado de medio millón de dólares a casi tres millones y medio y Bolivia ha sido declarada territorio libre de analfabetismo. Las mujeres ocupan más de la mitad de los puestos en la Asamblea Nacional y poco menos de la mitad en el Senado. Casi el 70 por ciento de ellas son mujeres indígenas. Evo ha creado una pensión pública a partir de los 65 años y un programa de ayudas económicas para todos los estudiantes.

El país es dueño de sus telecomunicaciones, su petróleo, su gas, su telefonía, su electricidad, su tierra, su agua. No quiere decir que el Estado sea el dueño de las empresas, pero participa en las mismas y asegura que los tradicionales abusos sobre la población se hayan eliminado. No hay que olvidar que hacer llegar el agua a cada casa, o instalar un sanitario en cada vivienda, era una conquista impensable antes de llegar Evo.

Durante su mandato se construyeron decenas de fábricas de litio, cemento, automoción, textiles y casi 13.000 cooperativas. 134 nuevos hospitales. Más de 1.100 escuelas, Más de 7.000 centros deportivos y 25.000 kilómetros de nuevas carreteras.

Es la inmensa tarea de un indígena, pobre, sindicalista, que no acabó los estudios primarios, al que el orgullo de clase, las convicciones personales, el compromiso con su pueblo, le llevó a disputar el gobierno y la Presidencia a los que estudiaron en Chicago, Harvard, Oxford, Yale, o en una universidad española. Formados para seguir haciendo lo que siempre habían hecho sus antecesores. Nada nuevo bajo el sol en El Alto.

Dirigir un país tan pobre como Bolivia, obtener los recursos necesarios para acometer las inversiones imprescindibles para su desarrollo, atender y resolver las tensiones entre sectores sociales tradicionalmente enfrentados y con intereses contrapuestos debe ser tremendamente complicado.

Construir una carretera puede ser bueno para el desarrollo de un territorio, pero puede deteriorar el medio ambiente. Cerrar una instalación petrolera en la selva es bueno para el medio ambiente, pero malo para la economía nacional. Dar tierras al campesinado puede ayudar a mucha gente, pero los desmontes e incendios pueden contribuir a que la selva continúe retrocediendo y los problemas ambientales sigan aumentando.

Con todo no ha sido ninguna de estas cosas la que ha conducido al golpe de Estado perpetrado por la policía, el ejército, una parte del empresariado, los corruptos de siempre y la domesticada oposición política, con permiso del imperio del Norte. Los inmensos beneficios económicos de las grandes corporaciones se han visto reducidos, los corruptos se encuentran sometidos a procesos judiciales. Ocho bases estadounidenses han sido cerradas.

Por si faltaba algo en el golpe, resulta que Bolivia es dueña de las mayores reservas de litio del planeta, imprescindible para fabricar las baterías eléctricas de los coches que fabrican masivamente las multinacionales.

Tampoco la jerarquía eclesiástica boliviana ve con buenos ojos que la nueva Constitución haya eliminado el catolicismo como religión de Estado. Evo se declara católico de base y, como la mayoría de los indígenas, practicante del culto de la Pachamama, la Tierra Madre. El Papa visitó Bolivia,

-Pido humildemente perdón no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por todos los crímenes contra los pueblos originarios, durante la llamada conquista de América.

En alguna ocasión Evo ha dejado claro, sobre Francisco,

-Tengo enormes coincidencias sobre el capitalismo, sobre la Madre Tierra, sobre la justicia social. Por eso desde el momento en que lo conocí en Brasil, hace dos años, dije: Ahora sí tengo Papa.

Está ocurriendo en América Latina, desde Chile a Venezuela, pasando por Ecuador, Colombia, o Brasil. Los pueblos aspiran a vivir con dignidad y no soportan el enriquecimiento abusivo, las desigualdades crecientes, la secular pobreza. En el siglo pasado, con la complicidad de los Estados Unidos, proliferaron los golpes militares que impusieron el rancio neocolonialismo y el ultraliberalismo destructor de economías, pueblos y recursos.

Hoy Bolivia, con la complicidad de Trump, vuelve a vivir un golpe de cruz, dinero, espadas militares y botas policiales. Evo es otra de sus víctimas. El pueblo boliviano afronta uno de los periodos más duros de su historia por haberse atrevido a soñar aquello que el Papa de Roma les dijo en su visita, allá por 2015,

-Necesitamos un cambio. Queremos un cambio real. Un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta. No lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la hermana Madre Tierra.

Y Evo responde,

-Mi único pecado es ser Indígena y amar a mi Pueblo.

Así pues este golpe es el de la fuerza bruta y las malas artes del dinero corrupto, dueño de las fakes repetidas sin parar, el de las espadas cruzadas de militares, policías y los omnipresentes asesores estadounidenses. Pero la cruz ya no es suya, ni lo son los pueblos, ni lo es la Tierra.


Las elecciones no eran broma pesada

noviembre 20, 2019

La suerte se ha decantado, se ha desplomado sobre nosotros, como una pared fracturada en cien pedazos. El suelo sobre el que la pared se sustentaba se ha convertido en barro inestable y movedizo. Es algo que no parecen haber tomado en cuenta quienes se fiaron de los asesores que les aconsejaban acudir a nuevas elecciones, tras impedir a toda costa cualquier forma de gobernabilidad del país.

Sánchez, el menos marxista de los socialistas, ha demostrado ser capaz de realizar un tremendo esfuerzo para convertir en realidad, una vez más, el teorema de Marx, Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. El otro Marx, se entiende, el insigne y preclaro Groucho. Tras el viaje electoral en el que nos embarcó ha perdido diputados y ha perdido la mayoría en el Senado.

El precio de la operación elecciones no es suma cero, ni mucho menos. El coste del crecimiento de la ultraderecha y de las fuerzas nacionalistas no significan lo mismo, pero dan buena cuenta del desastroso panorama político que ha producido la irresponsabilidad política de las dos fuerzas de la izquierda que tenían la obligación de entenderse a cualquier precio, antes de acudir a una nueva convocatoria electoral. Por cierto, el surgimiento de una nueva fuerza política a la izquierda del socialismo no ha sumado nada.

Como muchas otras personas que conozco, he votado izquierda, con el corazón helado y el alma en vilo. No nos hemos quedado en casa, pero intuíamos todo cuanto los asesores mercenarios de turno no quisieron ver. Vivimos en los barrios, hablamos con los vecinos, paseamos por las calles, compramos en los comercios, tomamos una cerveza en los bares, observamos el aumento de la desconfianza en la política y en los políticos, incapaces de hacer nada para asegurar la gobernabilidad y hacer frente a los problemas.

La izquierda ha perdido votos. Es una realidad. La derecha, pese al terremoto político en su seno, es la gran beneficiaria de este desparramo político y electoral al que hemos asistido. Casado puede darse con un canto en los dientes, por haber recuperado más de veinte diputados.

Eso sí, con el aliento en el cogote de una ultraderecha que le pisa los talones al grito de ¡Viva España!, con la misma fuerza y convicción con la que aquel militar golpista gritaba al Rector de la Universidad de Salamanca, ¡Abajo la inteligencia, viva la muerte! Es algo con lo que, desgraciadamente, tendremos que aprender a vivir. De nada sirve lamentarse a estas alturas.

Del Valle sólo salieron los huesos de un dictador, pero el franquismo ha seguido anidando, en estado de latencia, protegido por lideresas como Aguirre, esperando su oportunidad para renacer en la política española. Y lo ha hecho. Y contra eso de nada sirve ya la respuesta de Unamuno, Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Entre otras cosas porque ya han demostrado que, en muy poco tiempo, siempre que se den las circunstancias adecuadas y se acrecienten las torpezas de los partidos democráticos, pueden convencer a muchas personas.

Junto al avance de la ultraderecha, la otra gran consecuencia de las elecciones es el hundimiento de Albert Rivera. El centro político es el que, girando a un lado u otro, permite el gobierno de derechas o de izquierdas en muchos países. En España esta función la venían desempeñando los paridos nacionalistas, el PNV y CiU, hasta que el vendaval catalán se llevó este escenario por los aires.

Ciudadanos parecía haber llegado para ocupar ese espacio liberal y de centro que asegurara la estabilidad y gobernabilidad. En muy poco tiempo, el crecimiento electoral de Ciudadanos parecía dar alas a la confirmación de esta tesis. Pero Rivera ha sido demasiado soberbio, pagado de sí mismo, presumido y presuntuoso como para verlo. No es el único en la política española. Parece que para ser líder político en España hay que reunir esas condiciones, aunque el precio termine siendo éste.

En muy poco tiempo Rivera ha laminado y expulsado a quienes sostenían las posiciones más centristas. Se ha volcado en un antinacionalismo militante del que los catalanes y no catalanes comenzamos a estar hastiados. Ha consentido formar parte de gobiernos con el apoyo explícito de la ultraderecha.

Y mientras maniobraba para liderar la derecha, cerraba todas las puertas para buscar entendimientos con la izquierda. Cuando alguien renuncia a su alma, a su esencia, a su sentido de ser, lo termina pagando y Rivera lo ha pagado, aunque no está claro que asuma las consecuencias.

Los acuerdos no van a ser inmediatos, pero el panorama político, económico y social del país debería hacer pensar a nuestros políticos que el aguante de la ciudadanía está llegando a su límite, los tiempos de esperar soluciones a los problemas cotidianos y concretos no son infinitos, el agotamiento de la paciencia produce monstruos, muertos vivientes resurgidos de las tumbas del pasado.

Les aconsejaría que dejen de mirarse el ombligo de sus apetencias personales y comiencen a verse como servidores públicos que escuchan, atienden, entienden y buscan soluciones para los problemas reales que atenazan nuestras vidas. Porque nuestras vidas, su dignidad y su decencia, son la única patria que existe.


Violencia desparramada

noviembre 20, 2019

-No te pego, porque eres mujer.

Así, de entrada, en el autobús, nadie hace nada, todo el mundo calla, el conductor manifiesta luego que ni se ha dado cuenta de que pasase nada.

-Sinvergüenza, a tu puto país.

Tal vez el puto país al que se refiere el joven que grita sea España, si la mujer en cuestión es española. Pero no importa. Una patada por la espalda y a la puta calle.

En el diario,

La reyerta se ha producido sobre las 23´20 horas entre bandas latinas que se han enfrentado con armas de fuego y blancas y que se extendió por distintas calles del barrio como Peña Gorbea, Ciudad de Barcelona y El Cafeto.

Aquí, al lado. Pero también en otros lugares,

-En esta ocasión un grupo de neonazis ha acorralado a un joven entre las callesBalmes y Roselló de la Ciudad Condal.

-Un ultra ha sido herido después de haber sido agredido por antifascistas en la calle Muntaner de Barcelona.

Tres jóvenes en prisión por violar en Mataró a una chica de 17 años discapacitada; en Cádiz seis menores detenidos por abusar de dos niñas de 12 y 13 años; cuatro hombres acusados de violar en Gran Canaria a una turista; otros diez detenidos por violar a tres chicas de 14, 15 y 17 años en Alicante.

-El menor tutelado, de 17 años, ingresó en el hospital con el cráneo hundido tras ser víctima de una brutal paliza en el barrio del Actur de Zaragoza.

-Durante dos noche consecutivas, un grupo de dominicanos trató de asaltar el Centro de Hortaleza con el objetivo de agredir a los menas.

El imperio de la fuerza bruta, la violencia desparramada, amplificada, propagada, difundida, como islas de plástico que van cubriendo la superficie toda de la vida ciudadana.

La violencia es siempre la expresión de un problema, un conflicto no resuelto, mal resuelto, a lo peor irresoluble. La violencia estalla cuando el problema negado, enquistado, re-negado, da la cara. No es la primera vez que pasa. Puede volver a pasar. Somos sociedades complejas, complicadas, de equilibrios delicados.

Siglo pasado. Años 90. Comenzaba la década. Un Consorcio de Administraciones construye un poblado cerca de Perales del Río y Villaverde Bajo para realojar a 88 familias chabolistas, mayoritariamente gitanas. Estalla la movilización vecinal,

-Bastante tenemos con el trapicheo que hay en los prefabricados de la rivera de San Fermín y en la chabolas del Rancho del Cordobés.

Comienzan las manifestaciones, encierros, marchas vecinales, cortes de la carretera de Andalucía,

-¡A la carretera!

La policía carga, les disuelve, pero ya no son tiempos de dictadura. Es complicado cargar contra el vecindario indignado. Su líder se llama Nicanor y a ellos los llaman los nicanores. Se explican,

-No se trata de un problema de payos y gitanos, sino de droga.

-Es una protesta contra los gitanos que venden droga, pero también contra los camellos payos.

-Si alguien se atreve a decirnos racistas porque estamos en contra de la droga, ¡Viva el racismo!, clama Nicanor ante miles de vecinos.

Cuando el tigre anda suelto y te montas en él, lo difícil es gobernarlo y, por encima de todo, lo más complicado es bajarse de él. Tarde o temprano aparece la violencia y la confrontación civil. Menudean primero las agresiones, las embestidas puntuales. Luego dejan de ser aves de paso y se convierten en parte de lo cotidiano.

Nicanor dimite, se va, abandona.

Un vecino contrario al movimiento desencadenado,

-Se les ha escapado de las manos. Han estado cuatro meses llamando a la venganza particular contra yonquis y camellos y, al final, alguien ha captado el mensaje y ha iniciado las agresiones.

Es fácil dejar que el conflicto se enquiste, probar a envolverse en una bandera, integrarse en una banda, sentirse más valiente. Es fácil intentar imponer tus criterios, tus visiones, tus soluciones. Por ser impuestas y de parte, han dejado ya de ser soluciones.

Lo difícil es dar un primer paso, dirigir primero la palabra, sentarse a negociar, romper la negociación y volver a sentarse a hablar. Una y otra vez. Escuchar, explicarse, transaccionar, acordar. Construir un acuerdo, que mañana será de nuevo conflicto y volver a sentarse y negociar hasta acordar de nuevo. Aceptar el imperio de la ley. Hacer que la ley funcione.

No hay más. Aquí, en la Cochinchina, o en Cataluña. No hay otra. Todo, menos la violencia desparramada.


Un corazón helado y en campaña

noviembre 20, 2019

No, no veo grandes ilusiones electorales. No hace tanto que votábamos y dejábamos en manos de los partidos políticos armar los consensos necesarios para poner en marcha un gobierno. El relativo triunfo  electoral del Partido Socialista, con un panorama electoral fragmentado, hacía aconsejable un gobierno moderado de la izquierda, con el consenso, si no el acuerdo, o la connivencia de la derecha.

Para ello hubiera sido necesaria la generosidad de los socialistas para dar cabida a un Podemos que, a su vez, debería haber volcado sus esfuerzos en acordar las medidas imprescindibles de un gobierno de izquierdas, más que en la obtención de carteras ministeriales. Hay que reconocer que las dos almas de la izquierda son difícilmente reconciliables, pero me niego a creer que sean incapaces de alcanzar acuerdos claros, firmados, públicos, realizables y exigibles.

También hubiera sido necesario que los partidos de derechas que se reclaman centristas, al menos alguno de ellos, hubieran facilitado la gobernabilidad, por ejemplo con una abstención, aun habiendo puesto condiciones y limites al programa de un gobierno de izquierdas.

Otra parte de la solución hubiera pasado por que el catalanismo militante hubiera dado su apoyo a la fórmula de gobierno de izquierdas. No es que la izquierda hubiera alentado el independentismo, pero la reflexión sobre un futuro modelo de Estado en el que las fuerzas nacionalistas pudieran sentirse cómodas, hubiera sido, tal vez, viable en breve plazo.

El último problema ha sido que la sentencia del Tribunal Supremo sobre el Procés ha conducido a los sectores más radicales del independentismo al amotinamiento cada vez menos pacífico, lo cual fractura aún más a la sociedad catalana y facilita a la derecha un banderín de enganche en el  resto de España, al tiempo que sitúa en el filo de la navaja el entendimiento de la izquierda.

Basta comprobar las discrepancias entre las posiciones de Esquerra Republicana, con sus líderes en la cárcel, más proclives al diálogo, frente a las de Puigdemont, o Torra, instalados en sus palacios de Waterloo, o de Barcelona, echando leña al fuego y dando caña a diestro y siniestro.

Nada de esto se hizo viable, por más que fuera necesario y que nada lo hiciera imposible. Cada uno de los actores en liza justifica sus posiciones. Nadie dará su brazo a torcer, aunque algunos pagarán un alto coste electoral y otros resultarán beneficiados por una apuesta a todas luces arriesgada, que tan sólo puede reforzar al bipartidismo y a la ultraderecha. Operaciones de mayor fragmentación de la izquierda, surgidas al rebufo de la nueva convocatoria electoral y de las tensiones dentro del podemismo y sus confluencias, pueden terminar en Más, o en Menos. Nunca se sabe en los días que corren.

Lo cierto es que la gran beneficiaria será la derecha sin complejos, la que no duda nunca en pactar con el diablo con  tal de ocupar el poder, la que está dispuesta a realizar concesiones y guiños a la ultraderecha, aunque supongan recortes de derechos y libertades públicas. Hay hasta quien se gasta el dinero en seguir el ejemplo de Trump y poner en marcha campañas, en redes sociales, encaminadas a desalentar el voto de la izquierda y fomentar la abstención. Si al amigo americano le dio resultado, por qué no intentarlo también en España.

Por otro lado, cada punto que pierda la izquierda, será  un punto ganado para la derecha. Esa derecha que por activa, o pasiva, de forma pública y abierta, o de manera vergonzosa y vergonzante, pondrá en marcha no pocas propuestas programáticas de una ultraderecha, cuyo programa se encuentra plagado de propuestas inconstitucionales cuyo único objetivo es profundizar en la locura de dos Españas enfrentadas, abocadas a un único destino posible que termine juntando sus huesos fusilados en cualquier cuneta, dentro de un mausoleo presidido eternamente por el caudillo triunfador de turno.

Los programas ultraderechistas y ultraliberales que proponen acabar con la autonomía de Cataluña y, como consecuencia, con todas las comunidades autónomas, recentralizando las competencias, están fuera del marco constitucional de un estado de las autonomías que nos permitió recuperar la democracia y las libertades hace más de cuarenta años. Supone volver a esa España una, pequeña, mediocre y dictatorial.

Otras propuestas como derogar la ley contra la Violencia de Género, atentan contra la igualdad y dan carta de naturaleza a la violencia en las relaciones entre sexos. Rebajar el impuesto de sociedades y las cotizaciones sociales que pagan las empresas por cada trabajador o trabajadora, ya bastante mermados por bonificaciones, exenciones, e ingenierías fiscales, supone acabar con las pensiones y cargar sobre el resto de la ciudadanía el sostenimiento de las pensiones, las prestaciones y servicios que recibimos del Estado.

Una de las consecuencias será que habrá dos sistemas de pensiones. Uno chiquitito y público, en función de lo que hayas cotizado. Otro privado y de capitalización, en función de lo que hayas ahorrado en fondos privados, que como bien sabemos, capitalizan poco y terminan perdidos en las casas de apuestas de la bolsa.

Hay que buscar un enemigo. Antes quemaron judíos, moriscos, homosexuales y a las que ellos llamaban brujas. Luego fusilaron maestros, intelectuales, obreros, rojos, masones, socialistas, comunistas, republicanos y demócratas. Ahí siguen en las fosas y en Cuelgamuros. Por eso no soy partidario de demoler ese monumento que perpetúa la memoria del horror franquista.

Los enemigos que han encontrado ahora son los inmigrantes. Esas personas que vinieron de lejos para buscar una oportunidad de vida para ellos y para los que quedaron en su tierra. Quienes no tienen papeles deben ser deportados. Hay que privarles del acceso a la sanidad pública, olvidando que supondría poner en peligro la salud de toda la ciudadanía. Arrebatarles la posibilidad de acceder a una situación regular demostrando el arraigo en nuestra tierra. Levantar muros, a lo Trump, en Ceuta y Melilla.

Da igual que haya más de 2´5 millones de españoles repartidos por todo el mundo, de Argentina a Australia, de Alemania, o Reino Unido, a Estados Unidos. Imaginemos que en cada uno de esos lugares hicieran lo mismo que la ultraderecha quiere hacer en España.

No veré muchos debates electorales. No asistiré a mítines a aplaudir a nadie. No entiendo la razón por la cual la derecha, la derechita cobarde, la ultraderechona sin complejos, va a tener una nueva oportunidad de gobernar España. Pero iré a votar y votaré izquierda, porque creo que ese voto, el tuyo, el mío, es una de las pocas oportunidades de futuro que tenemos, que nos dejan, que nos queda.


Sindicalismo y elecciones

noviembre 3, 2019

Vamos hacia unas nuevas elecciones políticas que se van convirtiendo en costumbre, rutina y hasta manía. Elecciones poco ilusionantes para la izquierda que esperaba un gobierno de coalición, confluencia, cooperación, o como hubiera querido llamarse, pero con un programa de progreso que superase los recortes, o al menos repartiera los esfuerzos equitativamente.

Elecciones convertidas en segunda oportunidad para una derecha que daba por descontados unos cuantos años de gobierno de la izquierda y que se ha encontrado de bruces con la posibilidad de recomponer la figura y rehacer el mapa político nacional.

Elecciones que parece que lavarán definitivamente la cara de un bipartidismo que se apresta a beneficiarse de las contradicciones, dudas, indefiniciones, incapacidades de una autodenominada nueva política que ha envejecido a pasos agigantados. Los vaticinios no son halagüeños para riveristas, pablistas, ni tampoco para el errejonismo surgido de la dispersión y fractura de Podemos, sus confluencias y mareas.

Si otro beneficiario colateral pudiera haber en todo este inmenso disparate sería el de la ultraderecha emergente que no ha tenido tiempo de desgastarse y que representa lo más oscuro del pasado que había estado, hasta el momento, agazapada y cazando a la retranca en los apacibles cotos aznaristas y del aguirrismo.

Como siempre, los grandes perdedores serán las trabajadoras y trabajadores y sus organizaciones. No me refiero sólo a sus sindicatos, que también, sino a toda clase de organizaciones sociales, ya sean vecinales, ecologistas, culturales, deportivas, o de cualquier otro tipo.

Las luchas sindicales de los últimos años han combatido las reformas laborales, sus efectos en la negociación colectiva y la pérdida de derechos conquistados. Junto a otras organizaciones sociales, los sindicatos han construido plataformas, mareas, cumbres, para hacer frente a los recortes sanitarios, educativos, en servicios sociales, o defender el sistema público de pensiones. Lee el resto de esta entrada »