El fraude del Black Friday

noviembre 26, 2021

Qué mejor que volver a la normalidad, parecen pensar algunos, que volver a las rebajas, al Black Friday que da el pistoletazo de salida a los excesos navideños, los grandes descuentos. La pandemia ha conseguido que muchas de estas compras se realicen ahora online. No hace falta acudir a la tienda, rellenamos un formulario en casa y listo.

El problema es que todo lo nuevo supone abrir las puertas a grandes oportunidades, especialmente para aquellos que han aprendido a trastear en internet y preparar estafas, engaños y fraudes a la carta.

Estamos muy acostumbrados a confiar en los proveedores de la red, comprar confiando en unas siglas, un logo, una marca, pero es muy fácil caer en las redes de los ciberdelincuentes. El phising es, tal vez, la principal amenaza, la técnica más exitosa para suplantar identidades y cobrarnos dinero a cambio de nada de nada.

Nos ofrecen grandes descuentos, nos dirigen a páginas engañosas que suplantan a las grandes marcas, roban nuestra información bancaria, la de nuestras tarjetas de crédito y nuestros códigos de seguridad. Nos hacen un agujero en la cuenta bancaria.

Los bancos y algunas grandes marcas nos avisan de que no confiemos, que tengamos un especial cuidado con estos mensajes, que no facilitemos nunca nuestros datos personales, ni nuestras claves, pero aún así son muchas las personas que picamos el anzuelo.

Vivimos tiempos de cambios profundos y esos cambios son muy propicios para que los pícaros, especuladores, defraudadores y delincuentes de nuevo tipo llenen sus bolsas a costa de almas incautas como las de la mayoría de nosotros. El timo de la estampita, o el del tocomocho han cambiado mucho, pero siguen funcionando de otra manera.

Hay algunas recetas de sentido común que deberíamos tomar en cuenta para evitar caer en las trampas tan bien elaboradas. En primer lugar la receta de que nadie regala duros a pesetas y, por lo tanto, hay que sospechar de los correos, o los mensajes, que nos plantean grandes ofertas.

Otro factor a tomar en cuenta son los remitentes extraños de correos, no permitir la descarga de documentos que introducen malware en nuestro sistema y nos roban la información. No descargar documentos, pero tampoco meternos en páginas a las que muchos de esos mensajes pretenden dirigirnos.

En cualquier caso, hay fraudes que podemos prevenir manteniendo actualizados nuestros antivirus. Y, además, podemos evitar muchos de estos disgustos si nunca facilitamos nuestros datos personales, si no rellenamos formularios en los que nos los pidan, si comprobamos quiénes nos los están pidiendo.

Los fraudes, el engaño, la mentira, la estafa, forman parte de nuestra historia como especie sobre la tierra. Aparecen en los textos bíblicos y en todas las mitologías de la antigüedad. Cambian las maneras y las formas, aparecen y desaparecen momentos y eventos como este del Black Friday, pero allá donde vayamos podemos esperar que alguien intente engañarnos, enriquecerse a nuestra costa.

A fin de cuentas los ciberdelincuentes del Black Friday son los delincuentes de siempre con otros medios a su alcance.


Madrid negocio de futuro

enero 28, 2021

Leo noticias que cuentan que se acaba de constituir una asociación de grandes, potentes y poderosas empresas, que incorporan en su nombre dos banderines de enganche: De una parte Madrid, capital de las zonas catastróficas de España y, de otra, la devaluada palabra Futuro.

Dos palabras para un nombre, un anagrama a base de dibujar emes y estrellas, una página web, mucho diseño y toda una declaración de intenciones, consistente en inventarse decenas de proyectos y captar miles de millones de euros venidos de Europa en eso que llaman Fondos Next Generation.

Que no falte aquello que antes se llamaba pompa y boato y ahora se denomina márketing, o imagen corporativa, también conocida como publicidad y propaganda. Que no falten, en el acto de presentación, el alcalde, la vicealcaldesa y numerosas autoridades, avalando las dimensiones de la operación.

Lee el resto de esta entrada »

2021, nosotros y el abismo

enero 16, 2021

En agosto de 2020, aquel en que dio comienzo la pandemia, se cumplieron 75 años desde la explosión de la primera bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Ya en aquellos momentos el físico Robert Openheimer, uno de los participantes en el Proyecto Manhattan, los que serían conocidos después como padres de la bomba atómica, revelaba,

-Los físicos han conocido el pecado y este es un conocimiento que ya no pueden perder.

El estallido de aquellas dos primeras bombas atómicas tendría que haber movido de tal manera las conciencias que nunca debió ser posible la guerra fría, la carrera de armamentos, otras guerras como las de Corea, Vietnam, esos cientos de conflictos silenciosos y silenciados, alrededor de todo el planeta, en los que se dirimía la explotación de los recursos naturales a cargo de las grandes potencias, ni accidentes como el de Chernóbil, o el de Fukushima.

Lee el resto de esta entrada »

Una nueva ley de educación

diciembre 1, 2020

Dicen que cada vez que alguien en política no sabe, o no quiere arreglar un problema, crea una comisión. Pero no es la única maniobra de distracción con la que cuenta un político. Con el tiempo me he dado cuenta de que la educación es otro gran argumento, muy importante pero recurrente para evitar abordar otras preocupaciones acuciantes.

En los últimos 40 años llevamos aprobadas 8 leyes educativas, es decir salimos a una ley cada 5 o 6 años. Cada gobierno que llega al poder quiere pasar a la historia por una nueva ley orgánica de educación. La UCD de Suárez aprobó su ley (LOECE), Felipe González se marcó hasta tres leyes (LODE, LOGSE y LOPEG), Aznar la LOCE, Zapatero la LOE, Rajoy la LOMCE y ahora Sánchez la LOMLOE. No hace falta ser maestrillo, para que cada gobernante quiera su librillo. Es de sobra sabido que el siguiente cambio de gobierno traerá nueva ley que llevará el nombre del ministro o ministra de turno (Maravall, Solana, Castillo, Cabrera, Wert, o Celaá).

Hubo un extraño tiempo en el que un gobierno liberal progresista empleó dos cortos años de gobierno para que un tal Alonso Martínez, que hoy tiene plaza y estación de metro en Madrid, preparase un proyecto de Ley de Instrucción Pública, que terminó siendo aprobado por el gobierno siguiente, nacido del golpe de Estado de O´Donnell contra Espartero. Dicho de otra manera, un gobierno conservador de los moderados aprobó en 1857 una ley diseñada por los progresistas. Una ley que se quedó con el nombre del ministro de turno, que esta costumbre no ha cambiado mucho y pasó a la historia como Ley Moyano.

Lee el resto de esta entrada »

DARIO FO: MUERTE NATURAL DE UN TRABAJADOR DE LA LIBERTAD

octubre 14, 2016

fo

Eran aquellos tiempos en los que el franquismo no había muerto y la democracia no acababa de nacer. Eran tiempos en los que los jóvenes nos reuníamos en asociaciones de vecinos, que aún eran llamadas de cabezas de familia; en los sótanos y salones parroquiales de las iglesias; en locales dependientes de algún colegio, o de alguna universidad; en algunas salas alternativas de cineclub, o de teatro.

En uno de aquellos lugares se representaba la obra teatral de un desconocido para la gran mayoría, un tal Darío Fo y allí acudíamos decenas de chavales de todos los barrios de Madrid, convocados por la red social del boca en boca, que funcionaba magníficamente, si formabas parte de algún grupo juvenil legal, ilegal, clandestino, o simplemente parroquial. La información circulaba y convocaba con bastante más éxito que dos o tres redes sociales actuales juntas.

La verdad es que el título se las traía y era todo un anuncio publicitario condenado al éxito, en aquellos momentos: Muerte accidental de un anarquista. Se contaba que la obra se inspiraba en la caída de un anarquista, desde una ventana en una comisaría de Roma, tras ser interrogado y acusado de poner una bomba en Plaza Fontana. Estábamos acostumbrados a esos episodios en las comisarías españolas y debimos pensar, como los espectadores italianos, que la referencia al inicio de la función a una comisaría de Nueva York, era un mero subterfugio para encubrir las verdaderas intenciones y localización de la obra.

Sea como fuere, en aquel ambiente de calor, ilusión y humo, tuve mi primera cita con Darío Fo. Volví, años más tarde, a ver Muerte Accidental de un Anarquista y, por el camino, creo recordar que, incluso en formato televisivo, pude reír con (que no de) aquellas mujeres de Aquí no paga Nadie, que robaban en los supermercados, escondiendo los productos en sus barrigas de “embarazadas”, para hacer frente a las subidas de los precios y los efectos de la crisis económica permanente, el paro, la precariedad de los empleos que azotan sin clemencia y sin descanso a la gente trabajadora,  .

Más tarde, el lujo de asistir a la entrega del Premio Scaena, concedido por el Festival de Mérida, en 2004,  a Darío y a su esposa Franca Rame. Durante dos horas el escenario romano se convirtió en el extraño lugar donde un hombre que hablaba en italiano provocaba la risa y era entendido en nuestra propia lengua. Habló allí de los misterios de cuantos han contado y cuentan historias por el mundo y nos regaló unas cuantas, que, hasta una vez olvidadas, alimentan las futuras historias que nosotros deberemos contar en su nombre. Como si nuevos miembros de la Comedia del Arte fuéramos.

Y, últimamente, he aprendido a descubrir al Darío Fo que cuenta su infancia, en El país de los cuentacuentos, donde vuelve a recorrer los paisajes de Sangiano, allí donde el hijo del ferroviario se empapó de las historias de la gente trabajadora y sencilla. Allí donde aprendió a contarlas, mientras los viajes, los juegos, el Lago Maggiore, llenaban sus sentidos.

Lo último que he leído de él es ese cuento irreverente, Hay un rey loco en Dinamarca, en el que da cuenta de la historia de locura, amor y desamor, del rey Cristián VII, su desgraciada esposa, Carolina Matilde y su hijo y heredero Federico. Un hermoso cuento construido con ingenio y muchas voces diversas que nos van alumbrando el camino entre la genialidad y la locura, en un momento pre-revolucionario en toda Europa.

Una parte de mis primeros pasos anarquistas tiene que ver con Darío Fo, aunque también con con Salvador Seguí, mucho más que con Durruti. Mucho de mi forma de formar parte de organizaciones como el PCE, Izquierda Unida y las propias CCOO (la única en la que sigo militando), hunde sus raíces en la libertad por encima de la disciplina impuesta, la convicción de que es mejor equivocarse junto a tu gente y tal vez perder, que tener la razón junto a los poderosos. Porque, a la larga, la razón del poder nunca es una razón justa, que traiga de la mano la igualdad.

Gran parte de mi forma de entender la vida proviene de esa convicción de Darío Fo que le lleva a enseñarnos que la sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera cuando el poder es democrático, porque la risa libera al hombre de sus miedos. He incluido muchas veces en mis intervenciones esta idea: Que no te borren la risa, porque tu risa es lo que más les duele, lo que menos soportan, lo que más libre te hace.

Ha muerto un Premio Nobel, es cierto, pero ese título es sólo una circunstancia que fue, como pudo no ser. Ha muerto el hijo de un ferroviario. Ha muerto un trabajador que nunca olvidó sus orígenes y que siempre luchó por nuestra libertad, por la igualdad  y por nuestro derecho a la risa. Ha muerto de muerte natural, tras una larga vida de dedicación a la gente aplastada por el poder, por el dinero, por la mafia, que aquí se llama corrupción. Ha muerto uno de los nuestros. Uno de los imprescindibles. Uno de cuantos seguirán viviendo en nuestras historias. Las que seguiremos contando cualquier noche, sobre todo las del duro invierno.

Francisco Javier López Martín