Todos somos agentes de turismo

agosto 14, 2018

El verano invita a la escapada. Nos empuja a abandonar el lugar habitual de residencia y buscar otros paisajes. La sensación de libertad que encontramos en estos desplazamientos compensa en parte la monotonía de los días que se suceden de forma rutinaria y constante, semana tras semana, a lo largo de todo el año.

Hay quien se recluye en el apacible y soñado apartamento de verano, la mayor parte de las veces en la playa. Hay quien busca ese mismo efecto en un viaje a lugares que aún no conoce. Hay, por último, quien no tiene más remedio que quedarse en casa o, como mucho, aprovechar una semana de un paquete turístico que concentra, en unos pocos días (8 días, 7 noches), las emociones de una playa todo incluido y alguna excursión organizada.

Vayamos donde vayamos, otros cientos, o cientos de miles de personas, habrán decidido emprender nuestras mismas hazañas, alimentando el efecto gentrificador y gentificador del nuevo turismo. Cada día es más difícil visitar la mayoría de los centros históricos de las ciudades patrimonio de alguien y los espacios naturales de reconocido prestigio.

Habrá quien emprenda su peripecia a través de una agencia de viajes de confianza. Sin embargo, me voy dando cuenta de que esta masificación de los desplazamientos, viene acompañada e incentivada, cada vez con mayor frecuencia, por el do it youself que se ha apoderado del mundo moderno. Son muchas las personas que, cuando revelo mi intención de emprender un viaje, se apresuran a incitarme a convertirme en agente turístico. Organizar de cabo a rabo mi propia peripecia.

Nadie me entienda mal. Cada cual haga lo que crea que puede y debe hacer, siempre que no atufe a los demás. Pero lo que para ellas parece tener el resultado de ver aumentar exponencialmente su sensación de libertad y su grado de autoestima personal, se me antoja que, en mi caso puede tener efectos devastadores y hasta trágicos sobre mi propia autoestima.

Conozco a quienes, a sus quehaceres cotidianos, han incorporado la búsqueda sistemática de vuelos de bajo coste a cualquier parte del mundo. Tras lo cual dedican mucho tiempo a buscar alojamientos, también de bajo coste, que tengan la mejor relación de lo que llaman calidad-precio.

Exploran páginas en las que se indica todo cuanto hay que saber sobre tamaños de maletas, compañías aéreas, desplazamientos que debes realizar, lugares que no te puedes perder, restaurantes en los que necesariamente hay que comer, multas que te llegarán a casa tras conducir los coches que vas a alquilar, personajes que no te puedes perder, museos que debes visitar, itinerarios imprescindibles, rincones obligatorios en los que te vas a sentir extraordinariamente feliz, o como conseguir ver, junto a miles de personas, lo que nadie ve casi nunca.

Conozco a quienes, preocupados sin duda por el servicio que prestan, publican todo tipo de comentarios en páginas especializadas, para abrir luego un blog donde van posteando cada uno de sus viajes, acompañados de fotos personales, en las más variadas posturas, ante los más dispares monumentos y en los más insólitos lugares del planeta. Basta teclear en un buscador para que aparezcan cientos y miles de estos comentarios, que ayudan a cuantos decidimos convertirnos en aprendices de brujo.

He intentado, con desigual fortuna, transfigurarme en mi propio agente de viajes. Me lleva mucho tiempo, del que no dispongo, y me ha conducido a algunas sorpresas que quisiera haberme evitado. Debo reconocer que sorpresas no mucho mayores que las que me han originado algunos agentes turísticos profesionales.

A fin de cuentas, los profesionales trabajan con las ofertas que cambian constantemente y que van escupiendo sus ordenadores. Las agencias turísticas han tomado buena nota. Trabajan con los buscadores de viajes y hoteles, publicitan ofertas online y te proponen autodiseñar tu viaje a tu medida.

Es curioso que postear signifique, en algunos países de lengua hispana, meter los postes de un cercado. Y esto va de postes, alambradas, cercados, turistas y viajeros. Han cambiado mucho los tiempos en los que sólo unos pocos podían permitirse el lujo de viajar. Ya no volverán los días de los descubridores de paisajes nuevos, inexplorados, inhabitados.

Pero, con todo, cuando me meto en estas aventuras de sentirme agente de turismo, no puedo dejar de envidiar al Paul Bowles de El Cielo Protector. No puedo dejar de recordar cómo me marco aquel párrafo, Mientras el turista se apresura por lo general en regresar a casa al cabo de unos meses o unas semanas, el viajero, que no pertenece a un lugar más que al siguiente, se desplaza con lentitud de un punto a otro de la tierra.

El problema se encuentra, al parecer, en la relatividad del tiempo, y en la aceptación (o no) de las alambradas y las barreras. El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla, el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan. Una vez más el cómo es, al menos tan importante como el dónde y el qué.

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La maldición de la poesía

agosto 14, 2018

En un hoyo en la tierra

enterré todos los acentos

de mi lengua natal

ahí yacen

como agujas de pino

que juntaron las hormigas.

John Berger

 

Sigo dándole vueltas a algunas reflexiones sobre la poesía en nuestros tiempos. No pertenezco a escuelas, tertulias, círculos, grupos, corrillos, corrientes, academias literarias de ningún tipo. Me gustan unos poetas y otros me dicen menos. Me deleito leyendo a algunos narradores y otros me aburren, o me cuentan cosas que me llegan menos.

No sé si estoy más acertado en lo que pienso y en lo que cuento, pero me duele cuando aquellas personas a las que considero cercanas en las cosas básicas que defendemos consideran que los poetas deberían dedicarse a trabajar en la intimidad y compartir sus creaciones con un puñado de amigas y amigos en el exclusivo espacio del salón de su casa.

Hay ocasiones en las que un poeta como Luis García Montero, sobre todo desde que decidió presentarse como candidato en las elecciones autonómicas madrileñas, tiene que soportar críticas del estilo de “zapatero a tus zapatos”. Es decir, dedícate a escribir tus poemas (sólo falta añadir “que nadie lee”) y no te metas en política, que eso son palabras mayores que sobrepasan a un poeta.

Yo mismo he tenido que escuchar que, en algunas ocasiones, se dirigieran a mí como poeta, con cierta condescendencia. Pocas veces lo entendí como un halago. Más bien como un aviso. Algo así como, podemos permitirnos el lujo de tenerte al frente de nuestra organización sindical, pero cuidado con esas manías de escribir poemas, cuentos, libros. Eso te aleja de nosotros, te sitúa en la frontera.

Es verdad que casi nunca las cosas van más allá. Tal vez porque los poetas, junto al estigma, han podido conservar la capacidad de maldecir, por más que lo hagan cada vez más bajito y en muy contadas ocasiones.

Cualquier hombre de hierro, ya se dedique a la política, al sindicalismo, o a los negocios, siente el mismo vértigo que aquel hombre de acero, apodado Stalin, cuando empuñó el teléfono en plena noche para llamar al poeta Boris Pasternak (mucho más conocido por ser el creador del médico Zhivago que por su vertiente poética), para preguntarle si ese tal Mandelstam, que le había dedicado el satírico Epigrama contra Stalin, podía ser considerado, o no, un maestro.

Hasta aquel bajito y tosco dictador georgiano intuía que su carrera podía quedar arruinada por la maldición de la sangre de un poeta, como la de Lorca inundó la de aquel bajito y torvo dictador ferrolano elegido por un ambicioso dios menor para salvar España.

Hay quien piensa que el tiempo de la prosa, aquel en el que se construyeron las utopías, las distopías y las ucronías es ya incapaz de restituir la armonía en un mundo incapaz de construir un futuro que repare las injusticias del presente y del pasado. En el ahora sin porvenir, la poesía está en condiciones de mirar de frente a la herida.

Es Berger quien nos dice que los poemas son más parecidos a una plegaria que los cuentos, aunque en la poesía no haya nadie a quien orar oculto tras el lenguaje. La poesía no tiene que explicar nada, no tiene que atenerse a un relato que finalice con un desenlace. Es la fuerza del lenguaje que se abre camino en nosotros, una de nuestras pocas posibilidades de victoria.

Quien hoy desprecia la poesía, no necesita la maldición de los poetas, porque ya ha cavado su propia tumba, su derrota, su imposible mañana, su no futuro.


PP, giro a la derecha

agosto 14, 2018

Se veía venir. La política, no sólo la española, se está decantando hacia el patrioterismo fácil. Se buscan líderes con imagen juvenil, con ideas aparentemente claras, aunque tremendamente simplonas, que calen en el imaginario sentimental de las masas.

Líderes que nos hagan identificarnos orgullosamente con unos cuantos mantras exitosos, no tanto por su racionalidad, sino por ser incansablemente repetidos y porque parecen encarnar la solución a todos nuestros problemas. Desde la aparente coherencia, se trata de delimitar claramente nuestro espacio, confrontado con el de los otros.

Hay que ser atrevidos, osados. Hay que ofrecer un proyecto que rechace el enquistamiento, la solemnidad y el poder que se le supone a los aparatos. Ofrecer una cierta imagen antisistema, unas veces por la izquierda y en otros casos por la derecha. Aunque ese carácter antisistema consista en recuperar lo tradicional y hasta lo rancio. Quien aparece vinculado más directamente a la estructura de poder en el partido lleva todas las de perder.

El triunfo de Trump en Estados Unidos ha sido uno de los más claros episodios de esta nueva forma de entender la política, pero no ha sido el único, en la política internacional, ni en la nacional. Digamos que las formas de entender la política han cambiado y comenzamos a notar los efectos.

El último ejemplo, el de las primarias aderezadas en el PP para elegir al nuevo Presidente del partido, tras la dimisión de Rajoy. Con el triunfo de Pablo Casado, todos los líderes con posibilidades de gobernar España son chicos, aunque eso sí, han rejuvenecido notablemente el panel político español.

Casado representa, a la perfección, todos los vicios privados y las públicas virtudes de la nueva política. Es joven, ciertamente, pero muy viejo ya en el aparato del PP, donde ha rellenado todo su currículum público y privado. Ha hecho carrera con Aguirre, Aznar y Rajoy. No se le conoce contrato de trabajo en la empresa privada, ni en el sector público. Toda su carreta tiene que ver con el aparato del partido. Si algo hizo en el sector privado es, como mucho, representar a su padrino Aznar en sus labores de comisionista de Abengoa ante el régimen libio del dictador Gadafi.

Ha comenzado su andadura, tras ganar el Congreso, desgranado unas cuantas ideas que no no sé si darán votos, pero que levantan pasiones en el interno del partido. Una de ellas, la defensa de la unidad nacional, conectando, para ello, con la España de los balcones y las banderas.

La idea es simple, pero eficaz, aunque prefiero la España de la ropa tendida, aireada, bien lavada, que la de la corrupción envuelta en banderías, sean pujolistas, o de los nacionales. Pero no, mejor ilegalizar a los partidos independentistas y punto. Simplista, probablemente inconstitucional, pero no importa, si levanta aplausos.

Otra de sus grandes ideas consiste en defender la vida sin complejos. Combatir la ley del aborto, e impedir la ley de la eutanasia. Es decir, la defensa de la vida de los no nacidos y de los que se enfrentan al momento de la muerte afligidos por una enfermedad irreparable. Lo que queda en mitad de estos dos momentos, lo que constituye el núcleo duro de la vida en sí, ya importa menos y hay pocas, casi nulas, referencias a la igualdad educativa, al trabajo decente, a la sanidad universal y pública, a servicios sociales dinámicos y eficaces, a las pensiones de nuestros mayores, o la atención a la dependencia.

Uno de los valores más aireados por la derecha conservadora es el de la libertad. Pero, de nuevo, ésta parece consistir en la libre elección de colegio privado y pagado con fondos públicos, para sus hijos. De nuevo, el olvido de quienes carecen de los recursos necesarios para elegir, o de quienes, siendo de derechas o izquierdas, eligen un centro público.

Porque son los centros públicos los que han padecido el brutal recorte de medios humanos y materiales durante la crisis, aún siendo los garantes de la igualdad de oportunidades. En las pasadas pruebas de EVAU, para acceder a la universidad, estos centros públicos han barrido, obteniendo los mejores resultados.

Si a esta limitada, pacata y restringida defensa de la vida y de la libertad, le añadimos la firme crítica a la “ideología de género”, en un intento de desprestigiar el feminismo, podemos hacernos una idea de la dimensión del retroceso del centrismo en el PP y su decantación hacia el tradicionalismo más conservador, más propio de los años cincuenta del siglo pasado que de una derecha que mire hacia un futuro que permita construir sociedades para mujeres y hombres libres e iguales.

Escuché a Casado las mismas ideas hace ya diez años, cuando intervenía como responsable madrileño de las Nuevas Generaciones en un Congreso Regional del PP. Zapatero les había arrebatado el poder hacía cuatro años y sus cantos guerreros de juventud sonaban aún más impetuosos. Era los años en los que cursaba el grado de Administración y Dirección de Empresas y el mismo máster de Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos.

Aunque con mayor acumulación de títulos, parece que ha evolucionado poco en sus ideas desde entonces. Espero que sus declaraciones de hoy tengan tan sólo un componente de escenificación de cara a la galería interna, porque es bien sabido que todo lo que no evoluciona degenera y la degeneración en política puede tener efectos desastrosos sobre los países que se ven sometidos a ella. Pronto lo podremos comprobar.


Carta abierta a la señora Sara, mi madre

agosto 14, 2018

La señora Sara es viuda.

Con minúscula señora

y con minúscula viuda.

Del cuento Retrato de Señora

 

Sara,

No he escrito nunca una de estas cartas abiertas a una persona que no estuviera ya entre nosotros. Además, sé bien que te gusta contar tu historia, pero no que tus andanzas sean aireadas por escrito, como si presintieras que alguna turbia maldición se cierne sobre quien demuestra ser libre en un mundo plagado de amenazas.

Como aquella vez, en plena posguerra, en la que siendo niña-criada fuiste seguida por las calles de Madrid por una vecina del pueblo, hasta dar con tus padres. Fueron denunciados, juzgados, sentenciados, condenados, apaleados, encarcelados y arrastraron para siempre la marca de la prisión y la derrota.

Nada debes temer, porque ya has dejado de pertenecer al tiempo al que nosotros seguimos sometidos. Una verdad que tan sólo le fue revelada a una mujer, mientras le era negada a los discípulos predilectos, Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Tal vez por esta forma de ver la muerte, este evangelio de María Magdalena nunca ha sido uno de los oficiales y pasa por ilegítimo, apócrifo.

Seguro que nada temes, porque ahora descansas junto a tu marido, en el cementerio del pueblo en el que asegurabas que pasaste los mejores años de tu vida. Ese pueblo en el que encontraste refugio, entre Las Criadas y la vuelta a un Madrid que devora, con crueldad y despiadada avaricia, la vida de sus habitantes. Allí te casaste, tuviste a tus hijos y cuidabas una finca, a modo de guardiana de un paraíso que, de nuevo, te fue arrebatado.

Ahora, las laderas de la Sierra de Guadarrama contemplan el infinito donde resides. La brisa  de los cerros se impondrá a los calores del verano y las nieves del invierno cubrirán tu lápida. Vives ahora la infinitud sin tiempo, mientras nosotros intentamos aprender qué tipo de relación, a base de  recuerdos, contactos, intercambios de memoria, podemos mantener contigo.

Hay muchas mañanas en las que me levanto buscando el momento del día en el que voy a acercarme a verte y muchas noches me sorprende la conexión mental que me impele a llamar para preguntarte cómo has pasado la tarde y que hables con tu nieto Pablo, de tú a tú, de vuestras cosas. Para que viajes con él por cada calle, cada ciudad, las aulas de su instituto, los paisajes de mundos cercanos, o lejanos rincones descubiertos a la vuelta de la esquina. Ese chaval que ha querido ir a verte hasta casi el último día.

Fue esa capacidad de viajar, de vivir tu vida reflejada en otras vidas; la impresionante memoria de cada nuevo nacimiento, cada pérdida, cada cumpleaños, cada enfermedad, que te llevaban a preguntar por la calle, o a coger el teléfono. Fue tu capacidad de vivir sola, sin permitir que nadie se metiera en tu vida, sin dejar de cuidar la memoria de cada persona a la que conocías, la que te hizo tan popular en el barrio.

Fueron tus viejas películas de Hollywood y las de la tierra; tus canciones para después de una guerra, ese incansable escuchar la radio, tus largas caminatas, las que te hicieron soportar el trabajo, mitigar el miedo, afrontar la soledad, defender tu libertad, aunque, con frecuencia, esa libertad sólo se encontrase dentro. Eso te mantuvo joven y atractivamente moderna hasta el último momento, hasta ese tiempo en que las mujeres y hombres del hospital aprendieron a quererte.

Eras cristiana, desconfiando de los curas y los beaterios. Eras socialista desconfiando de los políticos y de la política. Me seguías la pista de sindicalista y a veces me recordabas, Siempre os engañan. De derechas no eras. Recelabas del dinero, sospechabas del poder. Pertenecías a los Nadies. Con todas sus ilusiones y todo su escepticismo. Sorteando cadenas de decepciones para seguir abrazando la vida.

Decidí comenzar a escribir un día tu cuento Retrato de Señora, La señora Sara es viuda. Con minúscula Sara y con minúscula viuda. Me reprochaste que hablase de ti, aunque algo de orgullo te invadía al ver tu nombre escrito en un papel. De lo contrario no me hubieras pedido que te trajera ejemplares de los Cuentos de la Tierra de los Nadie, para repartirlos entre tus hermanos. No tuve que explicarte que sin ti, mis Nadie no existirían. Tú eras el núcleo de los Nadie.

Cada muerte es dolorosa. Esta vez, el dolor de tus hermanas y hermanos, de tus nietas, tus nietos, tus parientes, tus vecinas, cuantos te conocían en el barrio, en el pueblo donde viviste, en aquel otro en que naciste, no creo que sea menos intenso que el mío. Ver cómo tus nietas se han dedicado a ti y te han rodeado de afecto en tus últimos días, me reconcilia con la especie humana, en esta incomprensible situación que me ha envuelto.

Cada muerte es inexplicable, impenetrable, hermética, desoladora. En estos días, he descubierto y me ha ayudado mucho, leer cómo describe John Berger nuestra relación con ella, Hasta antes de que la sociedad fuera deshumanizada por el capitalismo, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era ésta su futuro último. Por sí mismos, los vivos estaban incompletos. Los vivos y los muertos eran interdependientes. Siempre. Sólo esa forma moderna tan particular del egoísmo rompió tal interdependencia. Y los resultados son desastrosos para los vivos, que ahora piensan en los muertos como eliminados.

No sé cómo hacerlo, Sara. No sé cómo acostumbrarme a vivir en la frontera entre la infinitud donde habitas y el tiempo que nos atrapa. Cómo aceptar que eres ya cuanto seremos nosotros. No sé si sabré cuidar a tu gente, esa con la que viviste, a la que querías, sin plegarme a sus caprichos, sin renunciar a mi libertad, como si tú me vieras. Cómo aprender a sacar fuerzas de flaqueza, a base de atrapar músicas, imágenes, historias, encuentros, palabras, aunque sólo sea dentro de nosotros. Sentir la sabiduría que impregna tu memoria del infinito.

He dudado mucho antes de escribir esta carta. No te gustaba que hablaran de ti en público. Un poco de pudor y otro poco de prevención para preservar tu independencia. Que lo que hace la mano izquierda, no lo sepa la derecha. Al final me he puesto a escribir, releer, tachar, corregir, reescribir. Tal vez porque construir futuro es la tarea que compartimos, que tenemos que imaginar los de allá y los de acá. Y porque tu experiencia y tu memoria ya nos envuelve y nos protege.

Sara, he preferido escribir la carta. No hay peor muerte que el olvido. No hay peor suicidio colectivo que la indiferencia y la desmemoria. Si como dijo el cura en tu funeral, has vencido a la muerte, sólo me queda encomendarme a ti y salir cada día a defender la vida. La vuestra, la nuestra.


El tiempo del bienestar

agosto 14, 2018

Hubo un tiempo en el que el bienestar social era la misión, el objetivo prioritario, que tenía encomendado el gobierno de cualquier nación. El término Welfare State, literalmente Estado del Bienestar, confronta, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el Warfare State (Estado de Guerra) que había sido impuesto por los nazis y las fuerzas del Eje.

El Estado del Bienestar había tenido precedentes en el Sozialstaate alemán, o L´État Providence francés, pero ahora poseía una nueva virtud, la de hacer frente, en pleno inicio de la Guerra Fría, al atractivo que los regímenes socialistas podían ejercer sobre la clase trabajadora de los países occidentales. Los comunistas habían constituido el eje vertebrador de la resistencia al nazismo en países como Italia, Francia, o Grecia.

De los Pirineos para abajo ni de lejos pudimos beneficiarnos de tal escenario posbélico, ni del pacto que marcó la vida económica y social de Europa Occidental durante casi cuatro décadas. La Guerra Fría facilitó la consolidación de un enclave fascista en el Sur de Europa, en el que cualquier remedo de bienestar era suplantado por el Estado de Beneficencia.

Para cuando el dictador murió en la cama ya los conservadores ingleses, acaudillados por Margaret Thatcher, preparaban el asalto exitoso del neoliberalismo al Estado del Bienestar. La caída de los regímenes comunistas hizo el resto. Parecían tan sólidos, pero se desplomaron como por inercia, como fichas de dominó.

No siento pena por sus dictadores, pero es cierto que, arrumbada la amenaza del Este, el capitalismo pudo exhibir todo su componente de egoísmo e insolidaridad que, hasta el momento, había permanecido mitigado. Cada espacio público se convirtió en escenario de la batalla campal del beneficio económico, cuando no la especulación y la corrupción.

Uno de los elementos esenciales para el triunfo de este nuevo mundo, al que Bauman ha caracterizado como líquido y que Fukuyama definió como el mundo del fin de la Historia y del último hombre, es la criminalización del fracaso, junto a la identificación del triunfo con el éxito privado.

Hace tiempo que las reglas de la propaganda nazi han sido reeditadas exitosamente por gobernantes y corporaciones económicas. La simplificación, la exageración, la orquestación, la vulgarización, la verosimilitud, la unanimidad y así hasta culminar los 11 principios enunciados por Goebbels.

Noam Chomsky los ha actualizado con acierto en las 10 Estrategias de Manipulación Mediática: maniobras como desviar la atención de la ciudadanía; causar problemas en lo público para ofrecer soluciones privadas; hacerlo poquito a poco, de forma que cuando te quieres enterar ya todo ha cambiado, incluso aplazando los cambios; tratarnos como a niños; apelar a nuestras emociones, impidiendo la reflexión, hasta convertirnos en ignorantes, mediocres, autocomplacientes. Nos conocen mejor de lo que nosotros nos conocemos hasta el punto de que su control y su poder sobre los pueblos son mayores que en cualquier otra época de la Historia.

Estas maniobras, unidas a unos recortes permanentes, agudizados en momentos como la larga crisis que aún no hemos superado plenamente, han conseguido deteriorar la imagen de lo público, hasta convertir esos bienes y servicios esenciales en recursos para los fracasados y los pobres. Todo cuanto no se encuentra en manos privatizadas, todo cuanto no es negocio, es percibido con connotaciones negativas.

Y, sin embargo, si nos detuviéramos un momento, podríamos comprobar que todo forma parte de una inmensa maniobra de propaganda, publicidad y marketing. Quienes, desgraciadamente, padecen una enfermedad grave, saben que es en un hospital público donde mejor pueden tratar su dolencia. Los centros educativos públicos acaban de arrasar en las pruebas de acceso a la universidad. Un título en una universidad pública es distintivo de capacidad intelectual, mientras que en la mayoría de las privadas hace referencia a la capacidad económica.

No quiero decir que la iniciativa privada con fines sociales sea siempre mala. Quiero decir que no es bueno convertir las necesidades sociales, cubiertas con dinero de todas y todos, en un negocio seguro y cautivo para empresarios privados. Que no es bueno dejar que este tipo de política haya pasado a formar parte de una incultura que fomenta el egoísmo, denigra el esfuerzo colectivo y nos cierra las puertas al tiempo del bienestar.


Dejar los estudios, abandonar la educación

julio 18, 2018

Según un reciente estudio de CCOO de la Enseñanza, basado en datos oficiales del Ministerio de Educación, hay 585.000 jóvenes en situación de abandono educativo temprano en toda España. Las tasas, los fríos porcentajes, han ido bajando a lo largo del periodo democrático, hasta situarse en el 18´3 por ciento en 2017. Ese porcentaje era superior al 41 por ciento hace 25 años.

La Tasa de Abandono Educativo Temprano (AET) mide el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que han abandonado los estudios sin haber conseguido aprobar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), una Formación Profesional de Grado Medio, o el Bachillearo.

Habrá quien piense que quienes han superado la enseñanza obligatoria ya han conseguido el mínimo exigible, pero en un mundo como el nuestro es casi imprescindible, a nivel laboral y social, haber superado, además, algún nivel de estudios posobligatorio.

Es verdad que la situación no es la misma en todas la Comunidades Autónomas. Así, en Andalucía, Valencia, Baleares, Castilla-La Mancha, o Murcia, las tasas se mueven por encima del 20 por ciento, mientras que en Cantabria, País Vasco, Navarra, o La Rioja, las tasas de abandono se encuentran muy por debajo del 15 y hasta del 10 por ciento.

Las diferencias sociales, o de género, son también muy marcadas. Incluso el momento histórico influye. Por ejemplo, si la economía marcha viento en popa, aumenta el número de abandonos de quienes encuentran trabajo y piensan que con su nivel de estudios ya es más que suficiente. Si hay crisis y el paro es muy elevado, hay más jóvenes siguen estudiando, a la espera de mejores tiempos.

Los varones abandonan más que las mujeres, la población de origen inmigrante abandona los estudios en mayor porcentaje que los nativos, los grupos sociales más desfavorecidos más que la media y quienes estudian en centros públicos, más que los que han estudiado en centros privados. Hasta la OCDE reconoce este cariz social del abandono temprano y el fracaso escolar en España.

Aquí conviene abrir una reflexión en torno al abuso de la repetición de curso que ha ido facilitando la legislación educativa. A partir de la LOMCE, por ejemplo, se puede repetir cada curso y no cuando termina el Ciclo de dos años, con lo cual han aumentado las repeticiones, que en la enseñanza pública duplican o triplican las repeticiones que se producen en la enseñanza privada. Somos uno de los países donde más se repite, sin que ello influya en mejores resultados en aspectos como el fracaso escolar, o el abandono temprano.

Así las cosas, hay alumnos que, a base de repeticiones, nunca podrán acabar la Educación Obligatoria antes de los 18 años y no podrán concluir la ESO. Es más, se han ido desmontando las posibilidades una segunda oportunidad reforzando la ESO en Centros de Adultos, promoviendo Formación Profesional, o Bachillerato, en horarios nocturnos, o buscando formatos modulares y atractivos para los jóvenes.

Estamos hablando de jóvenes que se apartan de los estudios de forma prematura, para intentar insertarse en el mundo laboral. No debería ser tan complicado pensar en ellos, incentivar la obtención posterior de una titulación. Pero eso exige invertir en la conexión entre el sistema educativo y el empleo, facilitando compatibilizar trabajo, prácticas y formación, permitiendo mejores procesos de reconocimiento de la experiencia profesional a la hora de obtener una titulación.

Para este más de medio millón de personas jóvenes que han abandonado los estudios ya no se trata de volver al mismo sistema educativo, sino de encontrar nuevas oportunidades. Se me ocurre que poner en marcha modalidades como la formación dual, pensando en las necesidades de las personas y evitando su explotación laboral, podría contribuir a mejorar las tasas de Abandono Educativo Temprano en España. El Consejo de Europa acaba de pedir a España que realice más esfuerzos para combatir la explotación laboral, especialmente la que sufren los jóvenes.

Habrá que ver si el nuevo gobierno es capaz de convocar al conjunto de la sociedad para afrontar este reto de igualdad educativa ante el que nadie puede cerrar los ojos, porque la educación es no sólo un derecho de cada persona a lo largo de toda la vida, sino también un factor determinante para el desarrollo económico y una condición para la libertad y el desarrollo democrático.


La rebelión de las criadas

julio 18, 2018

De nuevo Genet. De nuevo Las Criadas. Las criadas no son sólo teatro, son un grito, una súplica, una oración, un alegato. Las Criadas son aquello que cada espectadora, o espectador, quieren ver. Hay tantas criadas como actrices, o actores, se lanzan al empeño de ponerla en escena.

No es una obra cómoda. No es una obra monolítica. No es monótona. Era el propio Jean Genet quien insistía en que La manera de actuar de las actrices que representen a las dos criadas debe ser furtiva. Una manera que quiere ser contenida y resulta perturbada, que pretende interpretar la sinceridad hasta inventarla.

Son muchas las actrices y tampoco faltan los actores que se han lanzado a la tarea. Y cada escenificación de Las Criadas resulta distinta. El amor, el odio, la sumisión, la rebeldía, el crimen, el suicidio, la opresión, los sueños y juegos de libertad. Una mezcla inquietante, un equilibrio inestable de sentimientos encontrados, un conflicto permanente, que se renueva en escaramuzas constantes.

La última vez que he podido ver Las Criadas ha sido  en el Auditorio Marcelino Camacho, en representación única organizada por el Ateneo 1º de Mayo y dirigida por Ana Carrasco. Ahora que el problema de las kellys ha conseguido hacerse un hueco en el panorama informativo, parece buena idea de subir a la escena la vida de las mujeres del servicio doméstico, que escandalizó a la burguesía francesa recién salida de la Guerra Mundial y dispuesta a vivir veinte años de bonanza, que culminarían en el famoso Mayo del 68.

El escándalo de un Genet, que había pasado de los reformatorios a las cárceles y que estrena Las Criadas en 1947. Tras más de diez condenas consecutivas, tras haber sido expulsado del ejército a causa de su homosexualidad y sometido a la amenaza de ser condenado a cadena perpetua, que tan sólo es conjurada cuando un buen número de artistas e intelectuales como Sartre, Picasso, o Cocteau, intervienen en su defensa ante el Presidente de la República, consigue que terminen por indultarle en 1949.

Como muestra de la versatilidad de interpretaciones posibles de la obra, en esta ocasión, las criadas parisinas sirven a una señora de la España franquista y la directora ha decidido iniciar la obra e intercalar a lo largo de la misma, pasajes del relato de la vida de su abuela como criada. Una voz que nos atrapa en las redes de una vida condenada y oscura, que lucha por pequeños momentos de felicidad a los que aferrarse para seguir viviendo.

Genet comenzó a escribir para conjurar el tedio de los días de cárcel. Se refugiaba en su vida en libertad, vagabunda, miserable, pobre, la vida de un nadie. Luego siguió escribiendo para ganar algo de dinero. Nada de posteridad. Nada de obra literaria. Lo cual no impide que, pasados los años, termine descubriendo que cuanto ha escrito revela su empeño oculto, paciente y continuado de rehabilitar a los seres, los objetos, las actitudes y los sentimientos que son considerados viles, miserables, perdedores. El procedimiento se le antoja pueril, infantil, demasiado fácil, porque consiste edn nombrar la traición, la cobardía, el miedo, el dolor, el robo, la muerte.

Conceder un nombre, por terrible que éste sea, constituye el acto de la creación en sí mismo. Dice Genet que esta operación no ha sido vana para él. Entregar el derecho a los honores del nombre embellece cuanto vosotros despreciáis.

Imagino a Jean Genet, allá en el cementerio de Larache, junto al otro Jean, en este caso traducido al español como Juan y apellidado Goytisolo, charlando amigablemente sobre esta nueva versión que estas tres jóvenes actrices se han atrevido a llevar a los escenarios. Ana, Ainhoa, Marta.

Seguro que coinciden los dos Jean, en lo acertado del atrevimiento transgresor de convertir el personaje de Solange en el de Sara, introduciendo su nombre y su relato en la representación. Los imagino sopesando, frente al mar, la audacia de cambiar la monótona vida burguesa, gaullista y republicana de la Francia de la posguerra, por la provinciana gris, estraperlista y militarizada vida que soporta el peso de una dictadura implacable que acababa de ganar otra guerra contra su propio pueblo. Porque, ya lo dijo Genet, ¡Incendiaria! Es un título admirable.