El final de ETA

mayo 3, 2018

Leo en los medios de comunicación que ETA ha anunciado su final como banda terrorista. Deja tras de sí más de ochocientas personas muertas en atentados y un rastro de desolación, desencuentro, tensiones insostenibles, agresividad a flor de piel, que han envenenado la convivencia en el País Vasco a lo largo de las últimas décadas.

Hay quien se entretiene en dilucidar si las disculpas de ETA son suficientes o no y no seré yo quien niegue que esas disculpas me han sonado a mezquinas. Cada muerte relacionada con el terrorismo, o con el ejercicio de la violencia, no debe ser nunca justificada, ni merece la justificación de nadie.

Sin embargo, prima en mí el cansancio  de tan larga historia de atentados, pesando sobre cada instante de mis recuerdos, por muy atrás que me proyecte en el tiempo. Quiero ser optimista y esperar que más allá de tanta muerte, tanto sectarismo y tanto odio sembrado, tanta utilización del terrorismo para fines mezquinos, se puede abrir un camino de convivencia pacífica, justa, en libertad.

Durante años, cuando comencé a desempeñar el cargo de Secretario General de CCOO en Madrid, en el 2000, tuve que organizar, acudir, encabezar, manifestaciones, concentraciones, actos de repulsa, paros en las empresas, para rechazar cada atentado de ETA. Durante años me recomendaron, desde la propia Delegación del Gobierno, pedir, cuando menos, un servicio de contravigilancia. Nunca lo hice, porque cualquiera y no yo más que otros muchos,  podía terminar siendo víctima de uno de aquellos atentados.

Siempre creí que el final de ETA era inevitable, tras el atentado del 11-M, en Madrid. Por brutales que quisieran ser sus métodos, nunca podrían igualarse con esos yihadistas que matan y mueren en nombre de un Dios, en cuyo nombre construyen un imperio de cadáveres. La bandera del terror había cambiado de portaestandartes. Definitivamente ETA no era el Estado Islámico, como antes no identificaba sus ideales con Pol Pot y sus Jemeres Rojos.

Siguieron matando y hasta intentaron algo extremadamente brutal que terminó, el sábado 30 de Diciembre de 2006, con las vidas de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, en la T-4 del Aeropuerto de Barajas. Dos ecuatorianos que convocaron el rechazo unánime y provocaron todo el afecto, el apoyo y la solidaridad del pueblo de Madrid, en la impresionante manifestación que dos semanas después convocamos los sindicatos, junto a las organizaciones de ecuatorianos. Quisimos que fuera de todos, por encima de los que intentaron que fuera una manifestación partidaria.

Seguir matando policías, guardias civiles, mandos del ejército, políticos de derechas e izquierdas, emigrantes, periodistas, transeúntes, en nombre de un ideal nacionalista, era un sinsentido que no podía prolongarse mucho tiempo. Tardaron en declarar el fin de la lucha armada, porque ya se sabe que las inercias empozadas en lo más profundo, se resisten a dejar paso a lo inevitable. Terminaron por declarar el cese definitivo de la actividad armada casi cinco años después del atentado de la T-4.

Ahora anuncian su final, con una petición de disculpas, a medias. Podrían haber tirado la casa por la  ventana y, con todas las explicaciones que considerasen oportunas, haber pedido perdón a cuantas personas hubieran matado y a cuantas hayan podido herir de por vida con sus bombas, sus pistolas, su “lucha armada”. Perdón y reparación en cuanto sea posible y reparable.

Siempre he creído que la España de mujeres y hombres libres, tuvo sus orígenes medievales en el País Vasco. No sé si será un mito infundado que yo me he ido construyendo por entretenerme en buscar raíces que expliquen  el origen de mis querencias y mis creencias. Esa libertad llevaba demasiadas décadas secuestrada en Euskadi, a manos de la represión franquista y de la espiral terrorista de acción y reacción, de violencia constante, que se autoalimenta hasta el infinito, si nadie lo para.

Por eso, más allá de cualquier otra consideración, saludo el final de esta negra historia en la que no hay gloria, sino tan sólo un terrible rastro de dolor y miedo. Toca ahora construir una convivencia en la que ya no hay maketos, ni txakurras y todas y todos podemos ser gudaris, sólo de los buenos. De aquellos que desde la libre expresión de sus ideas, defienden la vida. Sin procesos inquisitoriales y con más charivaris, enamorados de la palabra y la risa.

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Contratos de formación que no forman

mayo 3, 2018

En un intento del gobierno por salvar la imagen de desgobierno de la formación veo a la Ministra de Empleo presentar algunas medidas que aparecen en el Proyecto de  Presupuestos Generales del Estado que Montoro ha presentado en el Congreso.

Cuenta la ministra que quiere poner en marcha un Bono de Formación de 430 euros durante 18 meses para aquellos jóvenes que suscriban un contrato de formación y aprendizaje. No queda la cosa ahí. También piensa conceder una bonificación en las cuotas empresariales de 3.000 euros/año, durante 3 años, para aquellos empresarios que transformen en fijos estos contratos.

De nuevo me temo que estamos ante la política de reinaugurar, sin reflexionar sobre los problemas de los cimientos sobre los que se pretende construir. Se fomenta e incentiva económicamente, un contrato sobre el que pesan serias sospechas de ser tan sólo una fórmula de financiación del fraude y la precariedad laboral, con dinero de todas y todos.

El propio Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE) reconoce con sus datos que este contrato es utilizado en la mitad de los casos para formar camareros, peones, limpiadoras y dependientes de comercio. Un contrato que ha permitido durante los años de la crisis contratar a cientos de miles de jóvenes de forma barata, bonificada, precaria, sin compromiso alguno de estabilidad y con escasos, a veces nulos, niveles de formación.

Tan sólo cuando los sindicatos forzamos que se pusiera coto a abusos como el hecho de que la formación fuera inexistente en muchos casos, o se limitara a un sistema de cursillos a distancia, en el que te mandan unos materiales sin control de calidad y luego ya te apañas, hizo que algunos empresarios de pymes dejaran de ver negocio fácil y seguro en este tipo de contrato y su número se ha reducido desde casi 175.000 en 2014, hasta los menos de 50.000 en 2017.

Aquí hay una diferencia sustancial entre la pequeña empresa y la gran empresa. En el caso de las microempresas, son las asesorías, consultoras y gestorías que les llevan las cuentas, las nóminas, o los contratos, las que les aconsejan las fórmulas más baratas y precarias de contratación laboral y hasta les orientan en cómo suscribir un contrato de formación, con el mínimo compromiso de formación y el máximo beneficio de retorno económico. Negocio para la empresa, para la consultora y para las empresas de formación, que cobran por alumno “formado”. Todos ganan, menos el joven, o la joven, que trabaja en precario y sin formación que merezca tal nombre.

En el caso de grandes y medianas empresas, que cuentan con una política de personal y de cualificación propias, la situación es distinta y se pone más el acento en la formación que acompaña a este tipo de contratos y en terminar convirtiendo en personal fijo a algunos de estos jóvenes, al acabar el periodo de formación.

Así las cosas y aunque parezca una paradoja, el contrato de formación y aprendizaje consigue integrar más y mejor a nuestros jóvenes, cuantas menos bonificaciones y ayudas económicas recibe la empresa. Parece extraño, pero lo que ocurre realmente es que, cuando hay dinero de por medio, algunos empresarios usan y abusan de este contrato, obteniendo beneficios económicos de las ayudas y sin compromiso alguno de transformarlo en fijo. Sin embargo, con unas ayudas más ajustadas y requisitos formativos asegurados, es un contrato que se utiliza para formar y cualificar a las trabajadoras y trabajadores jóvenes que la empresa termina contratando de forma más estable.

Seguir insistiendo en inyectar dinero a esta modalidad de contrato, sin corregir sus problemas, sólo contribuye a  empeorar las cosas. Además, con una situación de ingresos insuficientes en la Seguridad Social, entre otras cosas por el empleo precario y temporal que se está creando, a causa de la reforma laboral, creo que no conviene seguir abusando de desgravaciones, bonificaciones y regalos fiscales a las empresas, a costa de bajar los ingresos de la Seguridad Social, tan necearios para el pago de las pensiones. Sobre todo cuando esas ayudas ni forman, ni crean  puestos de trabajo, ni estabilizan el empleo de nuestra juventud.

A estas cosas las llaman en el Gobierno Formación Dual, pero bien saben gobiernos como el de Alemania que esas políticas tienen poco de formación, ni de relación entre centros de formación y empresa. Habrá que seguir esperando tiempos de más sensatez y menos propaganda.


Pensionistas y tanques

mayo 3, 2018

No acaba la Semana Santa, tiempo de reflexión y de tregua, momento para coincidir en las procesiones, en los lugares de vacaciones, en los parques y jardines de los barrios, cuando las tertulias sacan de nuevo a paseo el futuro de nuestras pensiones.

Otra vez el tenaz y persistente formato televisivo de unos cuantos pensionistas que hablan de sus necesidades y de la miseria que supone sobrevivir con una pensión baja, percibiendo cada año una subida ridícula y de la imposibilidad de cubrir las mínimas necesidades propias y de sus familias, siempre necesitadas de la ayuda de los abuelos, en un mundo concebido por individualistas feroces y amantes del egoísmo desaforado.

Luego, tras algunas entrevistas a pie de calle, llega el turno de los tertulianos. Algunos, profesionales bregados en el oficio, saben de todo, en función de lo que han leído para la ocasión y de lo que han escuchado de algunos contactos bien informados. Otros son profesores de universidad y, en ese caso, depende de la universidad y la escuela ideológica, económica, o de pensamiento de la que procedan.

Por último, nunca faltan los representantes de los think tank, los tanques del pensamiento (el nombre ya tiene lo suyo en cuanto a intencionalidad agresiva), que bombardean siempre a favor de obra de los grupos de poder que les sustentan.

Estos personajes declaran la ruina del sistema público de pensiones, mientras venden la idea de que estamos ante un timo piramidal que va a acabar con todos nosotros en muy pocos años y proclaman, cual feriantes y chamarileros, las bondades del sistema pinochetista de pensiones privatizadas en Chile, en el cual las personas jubiladas que consiguen cobrar una pensión, terminan recibiendo menos de la mitad del salario que percibían estando en activo.

Es entonces cuando intervengo, a través de una red social, para denunciar, como ya lo he hecho en alguno de mis artículos, que estamos ante una campaña orquestada y organizada, que pretende dejar en manos de intereses privados, esencialmente aseguradoras y entidades financieras, fondos de pensiones, fondos de inversiones, la gestión de nuestras pensiones.

Y es entonces cuando cientos de personajes que no conozco, de nombres ficticios e impostados (esos que llaman trolls), con perfiles ridículos y fotos cargadas de banderas y monstruos, arremeten contra mí. Sindicalista, subvencionado, mariscador, desinformado, burócrata, analfabeto y cosas así es lo más bonito que ponen en sus comentarios. Si veo que son personas, lo dejo estar. Al menos dan la cara y desvelan, en toda su crudeza, las limitaciones que impone la naturaleza en algunos seres humanos. Si son trolls organizados, los bloqueo.

Goebbels ya afirmaba, Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad. Y más adelante teorizaba que La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.

Los 11 principios de propaganda del lugarteniente de Hitler han vuelto a ser reformulados desde una perspectiva más moderna y vinculada al tremendo desarrollo de los medios de comunicación, por parte de Noam Chomsky, que los ha traducido en la formulación de 10 Estrategias de la Manipulación Mediática.

Estrategias de distracción del personal. Otras dirigidas a crear primero los problemas para ofrecer luego sus soluciones. Las pensiones, o el alargamiento brutal de la crisis, son parte de esta forma de obligar a aceptar recortes. Y hay que hacerlo poquito a poco, gradualmente. A veces el sacrificio se difiere, como el famoso factor de sostenibilidad de las pensiones, que no se aplicó al principio de la reforma de las pensiones del PP, pero que ya se nos viene encima con sus rebajas.

Si además nos tratan como a niños. Si consiguen tocar nuestras emociones. Si logran que nos creamos mediocres y hasta culpables. Si utilizan todos los medios del Big Data para conocernos mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Entonces están muy cerca de conseguir sus objetivos. Esos que nunca nos revelan.

Se da además la circunstancia de que quienes encabezan estas posiciones en todo tipo de foros, son los retoños que Esperanza Aguirre y su Carajillo Party fueron regando con mamandurrias, dándoles cancha en Telemadrid, y trabajo en las universidades públicas o privadas a su servicio, o en fundaciones ad hoc bien financiadas, utilizando su omnímodo poder al frente del gobierno y de los cuantiosos recursos de la Comunidad de Madrid.

Un buen número de personajes que han utilizado abundantemente los recursos  públicos para crear think tank privados, bien relacionados con sectores ultraliberales de otros lugares del planeta. Aquellos personajes paniaguados que prestaron el sustento ideológico para intentar acabar con los sindicatos y que ahora intentan atemorizar a unos pensionistas que, hartos ya de estar hartos, van tomando las calles y gobernando el destino de sus votos.


Mucho bono eléctrico, poca chicha social

abril 2, 2018

Hace justo tres meses publiqué un artículo que se llamaba Un bono social que no funciona. Hablaba del bono social que aplica el canal de Isabel II y que resulta infrautilizado por quienes deberían poder beneficiarse del mismo.

Ahora me encuentro con que, sin duda alguna, preocupados por el problema de la pobreza energética, nuestros gobernantes han decidido hacer algo al respecto y rebajar el coste del consumo eléctrico para personas mayores y con bajos ingresos.

Mi madre es una de esas personas que percibe una escueta y mínima pensión de viudedad y se beneficia de un descuento por bono social que calculo equivale a un 20 por ciento del total de la factura. Un descuento que, en el caso de mi madre, viene a suponer unos 3´5 euros.

Acaba de recibir, la buena mujer, una carta, junto a la factura de electricidad, en la que la empresa “comercializadora de referencia”, le comunica que han entrado en vigor las nuevas condiciones de aplicación al bono social que supone un descuento en la factura sobre el precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC).

Ya tiene delito este eufemismo de “Precio Voluntario”, como si ese “Pequeño Consumidor” tuviera algo que decir respecto al precio de la electricidad, o sobre su factura. Lo que ya es de juzgado de guardia, o al menos asunto de Derechos Humanos, o Defensor del Pueblo, es lo que viene a continuación.

A sus 94 años, mi madre (imagino que como las madres de cada uno de ustedes) ha recibido, en la carta, una batería de direcciones de correos electrónicos, páginas web, teléfonos, correos postales y “puntos de Atención” (estos ya sin dirección concreta a la que dirigirse), para solicitar la aplicación del bono social en su factura.

También deja bien claro, la carta, que esta solicitud deberá ser cursada antes del 10 de abril de 2018. Al parecer, le mandarán el formulario a casa y deberá entregarlo, una vez relleno, a través de los medios indicados anteriormente y acompañado de la acreditación de su condición de pensionista, fotocopia del DNI, última factura, Certificado de Empadronamiento, Libro de Familia. Creo que es todo.

Y yo me pregunto. Si mi madre tenía descuento por bono social eléctrico y demostró reunir las condiciones. Si se trata, de verdad, de mejorar su situación. Si la compañía eléctrica ya tiene su factura. Si una administración no tiene que pedir nunca al administrado aquello que ya obra en su poder. Si una compañía eléctrica no tiene por qué tener y procesar datos personales que no son de su incumbencia. Entonces ¿por qué mi madre, perceptora de una pensión muy por debajo del umbral de la pobreza, tiene, una vez más, que demostrar la evidencia?.

Mi madre, la tuya, está claro, no lo hará. Tendremos que demostrar nosotros que tu madre, mi madre, son pobres. O, a lo mejor, perdemos más tiempo y dinero, en resolver tanto papeleo y requerimiento. De nuevo, un caso práctico, de cómo una necesidad genera una política que se anuncia a bombo y platillo, para que luego todo quede en nada, o en menos que nada, en virtud de los reglamentos de aplicación, los requisitos extemporáneos, las cautelas desmedidas, la inoperancia programada. Me cabe una pregunta. ¿Es cosa del Gobierno? ¿Es cosa de las eléctricas? ¿Actúan a pachas? Mi madre dice que nos engañan, todos nos engañan, siempre nos engañan.


Reglamento de lecturas infantiles

abril 2, 2018

Acudes a una Biblioteca Pública (para el caso es igual que la titularidad de la misma corresponda a una Comunidad Autónoma, o a un Ayuntamiento). En la familia tenéis un carnet de adulto y otro carnet infantil para tu hija, que cuenta con el preceptivo permiso paterno para ser emitido. Incluso te han pedido que autorices los criterios y límites con los que la menor de edad puede acceder a los servicios internet en la biblioteca. Hasta aquí todo perfecto.

Si tu hija quiere leer a Federico García Lorca y visita, sola, o contigo, la Sala Infantil, encontrará a varios Federicos “para Niños” y algún ejemplar de otros libros del autor que hay que leer en las escuelas, o institutos. El Romancero Gitano, por ejemplo. Suelen ser los bibliotecarios y bibliotecarias, los que indagan con diligencia y por iniciativa propia, estos extremos sobre las lecturas obligadas, en los centros educativos de su entorno.

Sobre la mesa de exposiciones de la Sala encontrarás una selección de posibles lecturas infantiles, entre las que encontrarás títulos como El bosque de los enamorados, Intenta enamorarte, El amor según Venus, El piano embrujado, El bosque de tus ojos, Enamorada de un friki (cito títulos inventados sobre variaciones de otros reales, no menos atractivos, desde el punto de vista de su interés pedagógico, educativo, psicológico, o sociológico).

Ahora bien, el problema surge si quieres que tu hija lea ese mismo Romancero Gitano, pongamos por caso, en esa hermosa y reciente edición de 2017 a cargo de Mil Coeditores y Blur Ediciones, en la que  ilustradores, fotógrafos, diseñadores, artistas, han puesto su granito de arena para ilustrar poemas cargados de vida y alegría, al tiempo que de atormentado amor y dramatismo. Esa edición que se encuentra, por un aquel, en la Sala de Adultos, pero no en la Infantil, o Juvenil.

Si quieres que tu hija lo lea, el bibliotecario o bibliotecaria de turno, que cuenta, por cierto con una excelente preparación y una vocación incuestionables, te entenderá perfectamente, pero se verá obligado a aplicaros el reglamento de las bibliotecas públicas que explicita, claramente, que los carnets infantiles o juveniles, sólo pueden acceder, sobre todo a efectos de préstamo, a libros ubicados en la sala correspondiente a dicha categoría. No es una ley, ni un decreto, ni una ordenanza. Es un reglamento. Y, como bien dijo Romanones, haz tú la ley y déjame a mí el reglamento.

Puedes desgañitarte explicando que eres la madre (o el padre) de la niña y razonando que la Declaración Universal de los Derechos Humanos deja bien claro que los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, o que la Declaración de los Derechos del Niño insiste en que la responsabilidad de la Educación incumbe, en primer término, a los padres. Y hasta que nuestra Constitución viene a remachar en el mismo clavo, insistiendo en que los poderes públicos tienen que garantizar este derecho. Frente a un reglamento, no hay derecho que valga.

Al final el bibliotecario o bibliotecaria, entenderá perfectamente que tienes razón y si te pones muy pesada (o pesado), hasta te ofrecerá alguna solución a su alcance, tal como que te lleves en préstamo ese Romancero Gitano “de diseño”, con tu carnet de adulto. O bien, hará una excepción y os prestará el  libro con el carnet infantil, tras tomar nota del DNI de la madre como autorizante de la vulneración formal del reglamento.

Amablemente te informarán del lugar donde puedes consultar el reglamento y hasta de los responsables a los que te puedes dirigir para trasladar tus sugerencias y quejas. La respuesta habitual será que te entienden, te agradecen tu interés, pero no es responsabilidad suya. Tal vez te sugieran dirigirte a otros servicios, o responsables de servicio.

Una situación como la descrita no tiene que ver con la voluntad del bibliotecario, o bibliotecaria, ni con la tuya propia y se produce cada día, gobierne quien gobierne en la Comunidad Autónoma y en el Ayuntamiento, al margen del color de los partidos de gobierno y oposición, e independientemente de las leyes que regulan la actividad biblioteconómica y hasta los derechos de las madres y padres sobre la educación de sus hijas e hijos.

Al final, en las bibliotecas (como ocurre en tantos derechos sociales), lo que tú piensas, o lo que piensa la bibliotecaria, importa poco. Termina siendo un reglamento, elaborado, copiado, fusilado, transcrito, o plagiado de otros reglamentos, en algún oscuro despacho, el que decide cosas como lo que leerá y qué no podrá leer, tu hija (o tu hijo) en una biblioteca.


Bicentenario de un tal Marx

febrero 8, 2018

Te sonará a idea romántica. Unos amigos y amigas bastante desencantados con la marcha de la cosa pública en este país y particularmente con los avatares de la izquierda política, andan preparando un libro conmemorativo del bicentenario del nacimiento de Carlos Marx. Quieren editarlo y entregarlo, como donación, en la Casa Museo de su lugar de nacimiento en Tréveris.

La verdad es que el tal Marx y su amigo Friedrich Engels, habían envejecido relativamente bien por estas tierras durante toda la dictadura franquista. Seguidores, o al menos simpatizantes, de sus tesis, sus antítesis y sus síntesis, su materialismo histórico y dialéctico, eran hasta los curas obreros, como el Padre Llanos, Francisco García Salve, o Mariano Gamo, precursores en España, de la Teología de la Liberación.

Pedro Casaldáliga, Alfonso Carlos Comín, José María Díez-Alegria, o Ignacio Ellacuría, bebieron de esas fuentes y, cuando algunos de ellos viajaron a América Latina y comprobaron que lo de las venas abiertas de Eduardo Galeano era literal y no una metáfora, se convirtieron en apóstoles, o agitadores (según se mire), de la Liberación de una Latinoamérica convertida en patio trasero del vecino del Norte.

Así iban las cosas, hasta que el PSOE decidió prescindir de tan ilustres pensadores, tras las peripecias de un Felipe González, que pareció tomarse como una afrenta personal el hecho de que el XXVIII Congreso socialista rechazase su propuesta de abandonar los principios marxistas como ideología oficial.

Tan personal fue el asunto, que se negó a dirigir una organización política que siguiera tras la senda de Don Carlos. Forzó así un Congreso Extraordinario, cuyo lema bien pudiera haber sido: Marx o yo. Bien conocido es quién tuvo que hacer las maletas y largarse del primer partido de la izquierda española. Esto ocurrió allá por el 79, en pleno proceso de Transición.

Para colmo, diez años después, algunas amistades peligrosas terminaron de dar la puntilla a Marx. Los regímenes comunistas del Este de Europa se fueron diluyendo como azucarillos, víctimas de los desafectos de sus propios pueblos. Habían sido fundados por algunos marxistas revolucionarios, como Vladímir Ilich Uliánov (alias Lenin, por el río siberiano Lena, donde vivió desterrado) y sus seguidores Iósif Vissariónovich Dzhugashvilli (más conocido como Stalin, el hombre de acero) y Lev Davídovich Bronstein (al que todos llamaban Trotsky, por el nombre de uno de sus carceleros, que utilizó para huir de Siberia).

Trotsky acabó sus días siendo víctima de un asesinato en diferido, cuando ya había huido a México para escapar de las garras de Koba el Temible (también conocido como el padrecito Stalin). Aquí se ve que nadie se llamaba como le pusieron sus padres en la pila bautismal y que cuanto más poder acumulaba uno, se hacía acreedor a más motes y apodos.

Así pues, el marxismo goza de buena salud en América Latina, pero no está demasiado bien visto en los países eslavos. No quiero ni imaginar lo que los dos amigos, Marx y Engels, hubieran pensado del comunismo experimental chino de Mao Zedong y del puesto en marcha por sus herederos, encabezados por Deng Xiaoping, para quien, No importa si el gato es negro o blanco mientras atrape ratones… ¡Enriquecerse es glorioso!

Por cierto, éste es el argumento proverbial que introdujo Felipe González en nuestro país, inaugurando así las importaciones indiscriminadas de productos chinos y la admiración de los políticos españoles, Esperanza Aguirre a la cabeza, por su modelo de comunismo capitalista.

Si Karl Marx y su amigo Friedrich Engels volvieran para celebrar el bicentenario del más conocido de los dos, a la vista de la inmutable condición humana, tal vez hubieran revisado sus innovadoras reflexiones sobre el conflicto entre Capital y Trabajo y no hubieran incorporado peligrosos conceptos como “dictadura del proletariado”, que al final acabó convertido en cimiento para la dictadura de las élites burocráticas del partido único sobre el proletariado.

Bien pudiera ser que ambos decidieran tomarse una buena botella de vino de Burdeos, o unas copas de absenta, con Mijaíl Bakunin. Y, tal vez al final, entonaran juntos una Internacional en la que la famélica legión conjurara las borracheras del poder con dosis suficientes de libertad.

En fin, que corren malos tiempos para conmemorar que el de Tréveris cumpliría 200 primaveras el próximo 5 de mayo. Y, sin embargo, aquí ando, dándole vueltas al breve artículo que mis amigos me han pedido para el libro. El tema, el que yo quiera.

Todo un lujo, teniendo en cuenta que vivimos momentos en los que el trabajo,  según se nos explica, se encuentra amenazado por los cuatro jinetes de la Precariedad, la Temporalidad, la Pobreza y hasta el de la Desaparición, en virtud de la revolución digital y tecnológica.

Creo que les diré a mis amigos que escribiré mi artículo sobre Marx y la Pereza.


El partido de los licenciados

enero 31, 2018

Recientemente, en el auditorio que lleva su nombre, rendíamos homenaje a Marcelino Camacho, con motivo de los 100 años de su nacimiento. Estos días han dado de sí para leer muchas reseñas y noticias sobre la vida de Marcelino, repasar muchas de sus frases y citas, escuchar muchos testimonios de quienes le conocieron, ver muchas fotos suyas en la cárcel; en su casa, junto a Josefina; rodeado de trabajadores y trabajadoras; junto a Nelson Mandela.

Muchos mencionan que Marcelino fue el primer Secretario General de las CCOO. Algunos menos son los que recuerdan que ese Marcelino, trabajador de la Perkins, que estudió maestría industrial en la especialidad de fresador, fue también diputado entre 1977 y 1981.

Da que pensar que los líderes obreros de las dos organizaciones sindicales más importantes de aquel momento, Marcelino y Nicolás, fueran diputados y que no fueran los únicos. El asunto parece extraño, pero entonces no lo era. He recurrido a diferentes fuentes para hacerme una idea. Los datos son demoledores. Más del 91 por ciento de los diputados son licenciados, diplomados, tienen un máster, o un doctorado. No llegan al 6 por ciento  los que sólo tienen el Bachillerato y un exiguo 3 por ciento no cuenta con titulación más allá de la básica obligatoria.

Tampoco es que antes la situación fuera muy distinta, A lo largo de todas las legislaturas democráticas, hemos contado con poco menos de 2.200 diputados, de los cuales sólo 80 eran eso que podríamos definir como obreros. Es verdad que han sido muchos menos los artistas, o curas en las nóminas del Congreso. Pero, sin duda, las profesiones de éxito son los abogados, seguidos a mucha distancia por los economistas, los titulados en ciencias políticas y sociología, magisterio, medicina, o filología.

Desde luego, al margen de cualquier otra consideración, la composición del parlamento no se corresponde con una sociedad española en la que más del 40 por ciento de las personas adultas no tiene más allá de los estudios básicos, en torno a un 35 por ciento estudios universitarios o superiores de FP y un pequeño 12 por ciento (en comparación con Europa) estudios de FP. Sólo 10 diputados o diputadas afirman haber estudiado Formación Profesional.

He conocido diputados y diputadas obreros, en el parlamento nacional, o en la Asamblea de Madrid y, la verdad, es que unos eran buenos y otros no tanto, en una proporción similar a la de los parlamentarios notarios, registradores de la propiedad, o abogados del Estado. No sólo Marcelino Camacho y Nicolás Redondo. Un ferroviario como el senador José Alonso, o el también senador José Luis Nieto, de profesión albañil.

Un Gerardo Iglesias, minero, o un Cayo Lara que, al ser campesino, figurará en las estadísticas parlamentarias como empresario, por más que pequeño, autónomo y agricultor. Y también a un diputado autonómico, luego concejal, como Julio Misiego, cuya voluntad de ayudar a su gente, defendiendo Madrid, le llevaba a negociar y hablar con cuantos en el gobierno, o en la oposición se pusieran a tiro para solucionar un problema. Os puedo asegurar que un Ángel Pérez salido de los túneles del Metro madrileño no tenía nada que envidiar en sus intervenciones incisivas y punzantes a los discursos monótonos y leídos de otros diputados aparentemente mejor preparados.

No es un hecho singular y diferenciador de nuestra España. La mayoría de los países parecen gobernados por un clandestino y anónimo Partido de los Licenciados. Alguien podrá decir que los más preparados al poder, pero no necesariamente esto es verdad, si tomamos en cuenta que la formación y las habilidades sociales y políticas adquiridas en una trayectoria laboral, en los barrios y en los pueblos, aunque siendo menos formal que la adquirida en una universidad, es reconocida cada vez más en las sociedades modernas.

Además de que ser un gran notario, registrador de la propiedad, economista, o químico, no te hace ni mejor persona, ni más atenta a las necesidades de la ciudadanía, ni más preparada para buscar las soluciones a las mismas, ni para dialogar con la sociedad. Ahí tenemos ejemplos como el de Pepe Mujica, sin estudios superiores, frente a un titulado superior en Economía por la Universidad de Pensilvania llamado Donald Trump.

Nadie entienda que realizo un canto a la ignorancia. Cualquier persona de orígenes humildes aspira a formarse y en muchos casos llegar a la Universidad, para contar con las herramientas que le permitan tener un empleo más decente y una vida más digna. Yo mismo hice primero magisterio y luego, trabajando, fui estudiando Geografía e Historia en la UNED. Camino similar al recorrido por un Agustín Moreno, un Antonio Gutiérrez, o una Salce Elvira.

Entiéndase que algo falla en política (reitero que no sólo en España) cuando los principios de igualdad y no discriminación que impregnan todos los textos constitucionales aparecen desdibujados en la composición de los parlamentos y los gobiernos.

No confiaría mi salud y mi vida a alguien que no tenga título de medicina, ni mi defensa jurídica a alguien que no sea abogado, pero tampoco confiaría la solución de problemas políticos, necesariamente, a un médico, o un abogado, por encima de cualquier otra persona honesta, sensata y con voluntad de buscar soluciones negociadas, acordadas y atentas siempre a los más débiles. Respetuosas siempre con la libertad y la igualdad.