El abandono de la educación pública

abril 5, 2019

Vivimos tiempos electorales y hasta las miserias son presentadas como triunfo. Es algo perfectamente posible en un país poco acostumbrado a echar cuentas y valorar retrocesos y avances. El gobierno madrileño nos dice que el presupuesto educativo crece un 5´5 por ciento. Así dicho puede parecer un gran avance. Madrid se gastará 4.928 millones de euros en sostener su sistema educativo.

Sin embargo, cuando recibo el Análisis Sindical de los Presupuestos Educativos de la Comunidad de Madrid para 2019, elaborado por CCOO de Madrid, me doy cuenta de que la publicidad esconde los numerosos recortes de presupuestos anteriores, que hacen que la educación madrileña haya visto reducidos sus recursos en 1.464 millones de euros desde el año 2012. Es verdad que, a lo largo de los dos últimos años, los presupuestos educativos han crecido en 395 millones.

Echando cuentas de lo recortado y lo incrementado, los responsables del gobierno de la Comunidad de Madrid deberían explicar que la pérdida de recursos desde 2012 ha supuesto 1.069 millones de euros menos. De ellos 174 corresponden a la enseñanza no universitaria. Conviene reparar en que la reducción ha sido mucho mayor en la enseñanza pública que en la privada concertada sostenida con fondos públicos. Lee el resto de esta entrada »

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La Formación Profesional sigue esperando

enero 10, 2019

Ahora, después de tragarnos riadas de mensajes que nos hablaban del fin de trabajo y del final de la Historia, que iban a ser barridos por inevitables y acelerados procesos de digitalización y globalización, nos encontramos con que el debate que atraviesa la incorporación de nuevas tecnologías, el cambio climático, las migraciones, la globalización, es el problema del reparto de la riqueza, la decencia del empleo y, en consecuencia, la formación inicial y permanente de las personas.

El desempleo, la temporalidad, la baja calidad del empleo, la precariedad, la infracualificación de muchos y la sobrecualificación de otros tantos, la inadaptación entre cualificación y empleo disponible, el deterioro salarial y de derechos laborales atacan directamente al centro del modelo social que ha permitido construir Europa y la cohesión social.

La educación, la formación inicial y la formación permanente de las personas se nos presentan como llave para abordar estos retos. Es cierto que se consideran elementos esenciales para las empresas, pero se tiende a olvidar que, por encima de ello, son un derecho de la persona. Cada país pone el acento en una interpretación distinta de estos conceptos. Lee el resto de esta entrada »


Carta abierta al Presidente de una Asociación de Vecinos

enero 9, 2019

Querido Antonio,

Me dirijo a ti, como Presidente de la Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos Tetuán, pero esta carta va dirigida a cuantas personas os conjuráis en esa aventura de defender los derechos de la ciudadanía, el vecindario, el pueblo llano, que sufre cada día las ineficacias, las ineficiencias, la desidia de nuestros gobernantes. Una carta abierta a quienes dedican tiempo de su vida a defender lo que es de todas y todos en las Asociaciones de Vecinos y Vecinas.

Acabáis de entregar los premios Constitución la del 31, inequívoca muestra de vuestras convicciones republicanas y me habéis honrado con uno de ellos. En el diploma habéis escrito, Por su contribución al conocimiento de “los nadies”. Entre los premiados se encuentran otras personas que, desde la política municipal y autonómica, el teatro, el urbanismo, el cine, la pintura, el diseño, colaboran con vuestro esfuerzo por situar al barrio en una de esas centralidades que pugnan por convivir con el Madrid Central. Reconocimientos que no han olvidado a mujeres y hombres que nos han dejado, pero que han compartido vuestra vida y empeños. Lee el resto de esta entrada »


Os engañan, hijo, siempre os engañan

diciembre 3, 2018

Casi cada día iba a ver a mi madre. Desde hacía más de cuarenta y cinco años vivía en un pequeño piso del barrio de Villaverde, uno de esos lugares que han quedado como anclados en el tiempo. Ha cambiado el perfil de sus habitantes, pero social y económicamente, quienes siguen viviendo allí, quienes vivimos hace años, o aquellos que han ido llegando desde los más diversos rincones del mundo, llevamos grabada a fuego la marca de los Nadie.

Pero bueno, vamos a lo que vamos. En una de aquellas idas y venidas, en uno de aquellos paseos por el barrio, o en el pequeño salón de su casa (ya no lo recuerdo), comentando alguno de los jaleos en los que me he visto embarcado a lo largo de mi vida, a costa de los cargos que me ha tocado asumir en el sindicalismo madrileño y español, mi madre me espetó a bocajarro, sin alzar un ápice su tono de voz, Os engañan, hijo, siempre os engañan.

En aquellos tiempos no presté mucha atención, aunque la frase se me quedó dentro, como esperando mejor momento para retornar, tal vez cuando los signos de los tiempos lo hicieran posible. Cuando ahora contemplo, con más calma, los avatares de la política y de la vida nacional, no puedo dejar de recordar aquellas palabras que tenían algo de premonitorias y proféticas. Lee el resto de esta entrada »


Desajustes en las competencias

noviembre 18, 2018

Existe una preocupación recurrente en algún sector del empresariado y entre algunos responsables políticos, sobre la falta de correspondencia entre las cualificaciones disponibles y las necesidades para cubrir puestos de trabajo. Eso que llaman el desajuste de competencias.

Reclaman insistentemente que el sistema educativo provea de personas cualificadas para ocupar los puestos de trabajo ofertados por las empresas. Esta demanda es desproporcionada. El sentido común indica que es imposible que el sistema educativo cumpla esa función, entre otras cosas porque no es su papel.

El sistema educativo puede aportar personas que sepan leer, no sólo un libro, sino interpretar sus propias vidas, ubicar su lugar en el mundo, en la sociedad, en su desarrollo profesional, ejercitar sus derechos, asumir sus responsabilidades. Personas creativas, con las habilidades necesarias para convivir, comunicarse, ganarse honradamente la vida, vivir. Cosas así puede hacer la educación.

La educación es un derecho de cada persona, a lo largo de toda la vida y una necesidad para la sociedad y, en consecuencia, para la economía y las empresas. Eso es lo que podemos pedir a la educación. Luego están la Formación Profesional, la Formación universitaria, la Formación para el Empleo, que tienen como misión que la persona adquiera determinadas habilidades, las actualice, o se recicle para adquirir otras nuevas.

Pero volvamos a la preocupación de unos pocos empresarios y de algunos políticos: el desajuste de las cualificaciones. Para empezar, la mayor parte de las veces eso del desajuste se restringe a unas cuantas profesiones que exigen una cualificación superior para ser desempeñadas. Principalmente profesionales de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), profesionales sanitarios, docentes y quienes desempeñan trabajos vinculados a la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM), que se encuentran muy demandados.

Si en lugar de en España, nos encontrásemos en uno de esos países que figuran a la cabeza de Europa, tendríamos que incluir aquí a quienes dedican su vida a la Investigación, el desarrollo y la innovación, por más que en nuestra estepa sean tratados como parias de la tierra.

Hay, ciertamente, otros trabajos que exigen cualificaciones de tipo medio, que también  encuentran problemas para ser cubiertos. No es fácil encontrar buenos cocineros, soldadores, conductores de camiones, por poner algunos ejemplos. Esta situación convive con el exceso de personas cualificadas para desempeñar trabajos que tienen poca demanda y que terminan trabajando en profesiones que no requieren una cualificación tan alta.

Con todo, la realidad de cada país es muy diferente, lo cual hace que los desajustes no se produzcan en los mismos sectores. Recordemos cuando Gran Bretaña reclamaba profesionales sanitarios. No pocos jóvenes españoles emprendieron viaje a Londres por aquellos días. Un déficit que se repite en zonas rurales de otros muchos países. En otros casos necesitan profesionales de la judicatura, como Francia, o arquitectos especializados en construcción ecológica, como en Italia.

Entender la causa de estos desajustes, que suponen una pérdida de la inversión realizada en formación, es esencial en cualquier país. Por ejemplo, son muchos los sectores productivos que reclaman profesionales formados en CTIM, desde ingenierías, o construcción ecológica, a los fabricantes de vehículos eléctricos, o sectores con altos niveles de digitalización.

El problema es que estos profesionales tardan en formarse, en carreras intensas, que exigen altas notas para el ingreso y que cuentan con elevados niveles de fracaso. A todo lo cual tenemos que añadir que los mejores terminan emigrando y formando parte de la fuga de cerebros. Los que se quedan, acaban desanimados porque se les exige ser buenos profesionales en lo suyo y además ser buenos comunicadores, gestores, administradores, jefes de equipo y manejar varios idiomas. Eso, cuando no se les propone trabajar en plataformas externalizadas, como autónomos y por cuatro perras.

Los responsables empresariales no pueden exigir al sistema educativo que mantenga actualizados los conocimientos de estos profesionales, porque los acelerados avances tecnológicos lo hacen imposible. Se generan continuamente nuevas necesidades de cualificación, mientras que otras se van quedando desfasadas.

Para abordar, por tanto, el problema de la falta de personas cualificadas creo que hay que actuar en varios niveles. Por supuesto en el nivel educativo y formativo inicial, pero también en la cualificación permanente de quienes se encuentran trabajando,  en desempleo, o se plantean mejorar su formación para encontrar nuevas oportunidades laborales.

Pero, además, si queremos retener sus conocimientos y evitar su fuga, tendremos inevitablemente que animar a estudiar estas carreras, ofreciendo luego condiciones de empleo dignas y evitando su precariedad, los bajos salarios, cuando no el empobrecimiento de estos profesionales.

Junto a todo ello, la evaluación permanente de las necesidades nuevas, con participación de las empresas y los trabajadores, observar los desajustes que se producen y mejorar la flexibilidad en los procesos de formación, pueden permitir una mejor utilización de los recursos y una mayor capacidad de solucionar los problemas de cualificación que se vayan presentando.


Mi nombre entre los nombres

noviembre 4, 2018

Tenía pensado escribir este artículo sobre alguno de los temas que me preocupan. Sobre El fascismo que viene, o tal vez sobre La vida con filosofía. Sin embargo, una noticia ha trastocado mis intenciones y me ha incitado a adentrarme, una vez más, en un asunto espinoso, de aquellos de los que nunca sales bien parado, porque a muchos incomoda, a otros contraría y a no pocos duele.

Un medio de comunicación ha publicado una noticia sobre un supuesto homenaje de la “vieja cúpula” de CCOO a uno de los condenados por las tarjetas Black, antes de que entre en la cárcel. Sólo dan el nombre de dos de los asistentes y uno de ellos soy yo, lo cual me llena de cólera, simplemente porque no es verdad.

Ya he vivido episodios parecidos, cuando han confundido mi nombre, Francisco Javier López Martín, con el del compiyogui zalzuelero y yernísimo de Villar Mir, Javier López Madrid, también implicado en el asunto tarjetas. Como cada vez que esto ocurre, me toca desencadenar una campaña en todas las redes a mi alcance, hasta que el medio correspondiente, espero que sólo desinformado y no malintencionado, termina corrigiendo la noticia.

Así ha ocurrido también ahora. Disculpas privadas y rectificación pública de la noticia. Nada de esto merecería más atención y ya me parece hasta mucha. Avatares de la vida en el solar patrio. Si lo traigo a colación es por dos comentarios que he recibido, uno público y otro privado. El público, viene de toda una profesora de universidad con alguna responsabilidad en CCOO. Viene a decir, Bueno, seguramente es porque tú eras uno de sus amigos, sindicalmente me refiero. Los que no nos gustó nunca no figuramos en ninguna quiniela.

El mensaje privado, tampoco daré nombres, me dice, Javier, disculpa, creo que al contrario, lo mejor es no darle mayor difusión… es lo que buscan y la estrategia de las “fake news” es esa, entre mentiras y desmentidos, marcar la agenda informativa y que se siga hablando para que las redes lo amplifiquen al máximo.

En el primer caso, el comentario me parece, cuando menos, desafortunado. Cuando pertenecemos a una organización y personal, o colectivamente, alguien que forma parte de la misma se ve implicado en un asunto como el de las black, no creo que la frivolidad de la mofa, la burla y la guasa sirvan de mucho. Bien lo saben las personas que trabajan en universidades, acosadas por el desprestigio general que han sembrado quienes han utilizado la institución en beneficio propio.

En el segundo caso, agradezco la opinión, cargada de sentido común, si atendemos a la estrategia de la tensión y el debate crispado que utilizan algunos medios como ariete, abusando de los mejores principios propagandísticos de Goebbels, según los cuales la mentira repetida mil veces, adquiere apariencia de verdad.

Yo, en esto, me he fiado siempre del consejo que un buen día Burroughs le dio a Patty Smith, Crea un buen nombre, mantén limpio tu nombre, no lo comprometas, no te preocupes por hacer mucho dinero, o ser exitosa. Preocúpate por hacer un buen trabajo, tomar las decisiones correctas y proteger tu obra. Y si creas un buen nombre, finalmente ese nombre será su propia moneda.

Pues bien, pese a la mofa de la señora profesora y el prudente consejo del segundo compañero, lo único que tengo, lo único que he construido a lo largo de todos estos años, allá donde me haya tocado estar, lo único con lo que he salido de cada cargo o responsabilidad, lo único con lo que me terminaré yendo del tiempo que me quede, es mi nombre, limpio y libre. He cometido errores, sin duda, pero nunca me cegó el dinero, ni el poder.

Dicho lo cual, quiero también contaros que algunos de quienes hoy están en la cárcel por las tarjetas black, han compartido conmigo momentos muy duros para los trabajadores madrileños. Desde la primera gran huelga general del 14-D, hasta el NO a la Guerra, el 11-M y la T-4 de Barajas. Desde la lucha de SINTEL en la Castellana, hasta la de Coca-Cola en Lucha.

Desde las miles de viviendas protegidas entregadas por la cooperativa VITRA, en silencio, sin escándalo alguno, hasta la defensa cerrada contra la ofensiva contra lo público de la beneficiaria del Tamayazo, que comenzó con el brutal ataque a los profesionales del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Allí dieron comienzo todas las mareas y la dura confrontación contra el neoliberalismo que puso pica, hizo nido y se fortificó en Madrid.

Cómo no voy a sentir dolor, cuando esas personas ingresan en la cárcel. Tal vez algunos creyeron que en los despachos de Cajamadrid, o de Bankia, comenzaban a formar parte de la élite financiera, ignorando que nunca seremos uno de los suyos, como ellos nunca serán uno de los nuestros. Ignorando que la justicia suya y la nuestra tienen poco que ver. Pese a su ceguera aparente, sabe quien tiene que acabar en prisión y quién no.

Cómo no voy a sentir dolor si forjé parte de lo que soy junto a ellos y algo de mí, sin duda, guardarán dentro. Si conozco a sus mujeres y a sus hijos. Algunas de sus virtudes y sus defectos. Cómo no sentir que una parte de mí está hoy en prisión. No me pidáis que me alegre su desgracia.

No, no he ido, ni iré, a homenajes, ni despedidas. No juzgo a los que van, ni a quienes los organizan, ni a quienes los rechazan. Tampoco a los que guardan silencio para no verse salpicados. Pero no puedo dejar de pensar en aquel Napoleón, tan bien descrito por Bernanos, que, recluido y abandonado en Santa Elena, presumía de haber sabido aprovecharse de los imbéciles, cuando la verdad es que fueron los imbéciles quienes se aprovecharon de él, primero como incondicionales bonapartistas y más tarde, engendrando sobre su ruina humana, un nacionalismo patriotero que les permitió blindar su posición social y su riqueza.

Es cuanto os puedo contar en 1001 palabras.


Cuídate de los guardianes de los dioses

octubre 18, 2018

Uno de los primeros premios de  narrativa que gané me lo concedieron por escribir un cuento que se titulaba La Academia Club Social. El jurado del Certamen Voces del Chamamé, presidido por el poeta y novelista asturiano Javier García Cellino, me entregó el galardón en el Salón de Actos del Diario Nueva España, en Oviedo.

Cada vez que pienso en aquello, hace ya más de 20 años, se me ocurre pensar que hoy aquel cuento que me llenó de tanto orgullo, no hubiera merecido un premio, sino, tal vez, un procesamiento judicial y hasta una condena.

Leo, en este diario que acoge mi blog, un artículo titulado 9 (+1) canciones que ya se metieron con el rey antes de Valtònyc y no pasó nada. Desgraciadamente, hoy sí pasa algo. Canciones así serían constitutivas de delito de amenazas, calumnias y/o injurias graves a la corona. Leo también que un juez procesa al actor Willy Toledo por insultar a Dios y a la Virgen María, acusado de cometer un delito contra los sentimientos religiosos.

No siento especial admiración personal ni artística por el uno, ni por el otro, pero me parece que cuanto les acontece sólo contribuye a alimentar una fama que, de otro modo, no hubieran conseguido. Vean si no, cómo el actor se arroja en brazos de Teresa de Calcuta, a la que define como una de las mayores criminales que han pisado este planeta, para seguir explotando el filón.

Y es que hay cosas que pasan ahora y que no pasaban antes. Las leyes son las mismas, pero han sido retocadas y reconvertidas sutilmente, de forma que la justicia las interpreta de otra manera y la libertad va siendo recortada, cediendo paso a la condena, la cárcel y el miedo.

Hemos entrado en un tiempo de caza de brujas del que nadie puede sentirse libre. Ha pasado con los sindicalistas que un buen día van a la huelga y terminan por ser acusados de impedir el derecho al trabajo en día de huelga. Y pasa ahora con personajes públicos que la emprenden con Dios, la Virgen Santísima, o con los Reyes.

Debimos comenzar a temernos lo peor cuando Javier Krahe tuvo que sentarse ante un juez pos haber publicitado la receta para cocinar un crucifijo. Juicios tengas y los ganes. Menos mal que, en este caso, el juez terminó por estimar que nuestro Brassens familiar y de andar por casa, sólo quería ejercer su libre expresión artística, ciertamente con burla, sátira, provocación y crítica de la religión, pero sin intento de ofender.

En tiempos del dictador, al que algunos llaman aún Caudillo por la gracia de Dios, la blasfemia era delito. Durante la incipiente democracia dejó de serlo. Ahora no lo es, pero cualquiera puede denunciarte por considerar ofendidos sus sentimientos religiosos. El resultado es el mismo, y a veces peor, que durante el franquismo.

El caso es que cuando escribí el cuento, ganó el premio y fue publicado en un libro recopilatorio. Nadie objetó nada, ni en privado, ni en público, ni mucho menos ante los tribunales. Sin haberlo pretendido entonces, el cuento me parece hoy premonitorio.

Sin darme cuenta lo llené de protagonistas en las fronteras que separan lo ilegal y viciado, de lo soberbio y glorioso. Jóvenes en el escabroso mundo de la pederastia, la prostitución, la homosexualidad. Jueces, personajes corruptos. Y, para colmo, un molesto e inesperado ¡Me cagüen Dios! a bocajarro, en la primera página. Para no haberlo planeado, el relato toca todos los palos y pisa todos los charcos.

El caso es que entonces no sentí miedo ni preocupación alguna. Hoy, sin embargo, cuando el relato ha sido reeditado en un libro que recopila una decena de cuentos premiados, siento la extraña sensación de estar jugando a la ruleta rusa, el temor de que alguien pueda sentirse ofendido en cualquiera de sus creencias y hasta en alguna de sus no  creencias.

O yo era más joven, inconsciente, e indocumentado, o las cosas eran distintas y menos complicadas hace veinte años. O tal vez disfrutábamos de una libertad en expansión que, poco a poco, como sin darnos cuenta, hemos ido perdiendo a manos de inquisidores de todos los colores.

Lo que es peor, lo hemos dejado estar, les hemos permitido hacer, hemos preferido callar. Esos pequeños silencios que, cuando menos lo esperas, nos dejan en manos de monstruos. Nuestros propios monstruos. Guardianes de reyes y dioses.