Cuentos en la Tierra de los Nadie

julio 18, 2017

En la Casa del Lector del Matadero de Madrid acabo de presentar mi último libro titulado Cuentos en la Tierra de los Nadie, editado por Legados Ediciones. Mi anterior libro era un poemario titulado La tierra de los Nadie. Esta columna se llama La Voz de los Nadie. Es forzoso preguntarse, ¿de dónde viene esta obsesión recurrente por los Nadie?

Sin embargo, vengo hoy aquí a hablar de mi libro y, siguiendo al maestro Umbral, no dejaré que nada ni nadie evite que lo haga. Dejaremos sin responder, al menos de momento, la pregunta. Alimentemos por ahora la insatisfacción. Provoquemos que se establezcan conjeturas, hipótesis, dudas razonables, sobre la existencia o no de una Tierra de los Nadie. Dejemos trabajar la imaginación.

Vayamos al grano. He construido estos Cuentos en la Tierra de los Nadie con diez relatos prefabricados y ensamblados en un universo confederal de pueblos, valles, barrios periféricos y minas asturianas. Cuentos escritos a lo largo de varios años y que han conseguido algún premio o reconocimiento en lugares tan diversos como Hervás (Cáceres), Oviedo (Asturias), Coria (Cáceres), Bilbao, Trigueros (Huelva), NH Hoteles. En alguna ciudad de la Mancha, como Azuqueca, y en algún lugar de la Mancha de cuyo nombre no consigo acordarme, por más que lo intente.

Cuentos protagonizados por ancianas de barrio, bibliotecarias, trabajadoras de temporada en algún camping del Ambroz, porteros de finca, drogadictos, cundas, viudos, viudas, jóvenes desarraigados al borde del exilio interior y exterior, camioneros, efebos a la helénica usanza, un divisionario  (de aquellos genuinos de la División Azul) y unos cuantos mineros que trabajan, con el agua hasta la cintura, en el pozo de la Camocha.

Historias de ayer que podríamos contar hoy, casi tal cual. Historias de hoy que podrían tener décadas a las espaldas, porque las circunstancias de los Nadie se atienen a un principio de relatividad incierta, que no tiene que ver con la velocidad de los cambios, sino con la intensidad del dolor y de la alegría, que de todo hay en esta desconocida tierra.

Manuel Rico, poeta, novelista, presidente de la Asociación Colegial de Escritores, me ayudó en la presentación y atendió a mi petición de redactar el Prólogo del libro, al que tituló: Un canto a los sueños de los invisibles. Le agradezco este esfuerzo suplementario que ha realizado, sacando tiempo de donde no lo tiene, para atender a mi demanda.

Y agradezco esa referencia al género del “cuento preocupado por la condición de los humildes” que floreció por los años 50 y que contó con escritores como Medardo Fraile, Meliano Peraile, Jesús Fernández Santos, o el enorme Ignacio Aldecoa, que escribió La tierra de nadie y otros relatos.

Es inmerecido, pero halagador, que Manuel considere que mis cuentos navegan, transcurridos los años y en el tránsito entre dos siglos, por el mismo mar de fondo  de una sociedad injusta, gobernada por una minoría ignorante y egoísta, que aplasta las ilusiones de los humildes, que se ven obligados a la lucha cotidiana por la supervivencia.

Contar cuentos puede parecer un ejercicio de diversión, evasión, invención. Pero todas las historias están inventadas. Cambias los personajes, el espacio y el tiempo y los ancestrales relatos vuelven a aparecer ante nosotros. Escribir cuentos, contarlos, me parece un intento de reinventar la realidad, establecer un relato de cuanto no podría ser narrado exactamente tal cual ocurrió. Escribir novelas y cuentos para que la vida pueda ser aprehendida, comprendida y no sólo literalmente conocida. Los personajes del cuento existen o han existido en  uno o varios de otros seres reales. Los tiempos, o los espacios, las circunstancias, son reconocibles, aun cuando procedan de los  sueños o de los miedos más profundos.

Nada como leer a Valle-Inclán, sus esperpentos, para intuir una España que se despeña irremisiblemente hacia una Guerra Incivil. Nada como leer Siete casas en Francia, de Atxaga, antes o después de El corazón de las tinieblas, de Conrad, (cuento largo, novela corta), para comprender el horror de las potencias coloniales en Africa, en este caso en el Congo sometido al rey Leopoldo II de Bélgica.

Escribir, contar, para intentar atrapar en ti una vida incomprensible que siempre se nos escapa.

Francisco Javier López Martín

 


La transición comienza en CCOO

junio 28, 2017

Se avecina el 11 Congreso de CCOO que concluirá el sábado próximo con un relevo en la Secretaría General del sindicato, que será, con toda probabilidad, asumida por Unai Sordo, hasta hace poco Secretario General de CCOO de Euskadi.

Los cambios son necesarios. Unas veces son deseados, otras provocados. En muchas ocasiones inevitables y otras son impuestos. No pocas veces son tardíos y sirven de poco. Lo ideal es que se produzcan a tiempo y sabiendo establecer una transición serena entre lo que se acaba y lo que está naciendo. Unas veces se puede y otras no. Gobernar los cambios es gobernar el futuro.

Ignacio Fernández Toxo ha tomado la decisión de impulsar el relevo en la Secretaría General de CCOO, antes de que fuera inevitable y desde la autoridad que todo el mundo le reconoce tras ocho años al frente del sindicato. Una decisión tomada con esa prudencia, no exenta de audacia, de los gallegos de El Ferrol.

Mi relación con Ignacio no tuvo buenos principios. El choque en torno al conflicto de SINTEL, allá por 2001, fue sonoro. Todo para que, pasados los años y unos cuantos conflictos más, Madrid garantizase el apoyo mayoritario a Toxo, en el Congreso de 2008, en el que se enfrentó a José María Fidalgo. A penas 28 votos de diferencia entre 1001 delegados, dirimieron el conflicto. Visto el desarrollo y las consecuencias de una crisis (económica, de empleo, política, social) implacable, creo que no nos equivocamos.

Desde entonces, hemos vivido el duro tránsito de la crisis, tres Huelgas Generales y miles de movilizaciones, así como la confluencia con organizaciones sociales en la defensa de los más golpeados por los recortes. La defensa de la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, las rentas mínimas, la protección por desempleo, el refugio, el derecho de huelga, las pensiones, han sido parte de nuestro trabajo.

Las CCOO salen unidas de la recesión (la salida de la crisis queda lejos) y con voluntad de recuperar derechos. Todos hemos aprendido de los errores. Es cierto que SINTEL no tiene ya vuelta atrás, pero su ejemplo ha hecho que hayamos afrontado el conflicto de Coca-Cola con la convicción de que los trabajadores y trabajadoras siempre debemos tener al sindicato guardando las espaldas, aunque nos equivoquemos. Porque contra lo que se suele afirmar, la verdad del porquero no es, ni será nunca, la de Agamenón.

 No ha sido un periodo fácil para CCOO y Toxo ha sabido dirigir el tránsito de este desierto económico y político con su peculiar carácter gallego de El Ferrol. ¿Podría haber sido mejor? Nunca se sabe. Lo que sé es que podría haber sido peor, mucho peor y no lo fue. Es de agradecer.

Y ahora llega el relevo. Cada vez que me han preguntado, durante años, en Madrid, en otros territorios, Federaciones, los compañeros y compañeras de la Ejecutiva Confederal, sobre el futuro, siempre dije que si Toxo quería seguir, estaría perfectamente justificado que lo hiciera. Pero si decidiera retirarse de la Secretaría General, teníamos pocas más opciones que Unai Sordo.

Muchos me objetaron que venía de una organización territorial y además pequeña. Siempre contesté que Euskadi es el lugar donde el sindicalismo de clase de CCOO ha sido más difícil y ha resistido, en condiciones muy duras y con éxito, al sindicalismo nacionalista y a la irracionalidad de la violencia. Allí hemos pagado un alto precio, a veces de vidas humanas y somos referencia sindical ineludible, cuando no única.

Hablar de Unai es ya hablar de futuro. Somos una organización unida, pero con desequilibrios importantes, con una diversidad sectorial que se corresponde con la diversidad de la clase trabajadora y sus nuevas realidades y con una pluralidad de ideas tan amplia como la que caracteriza toda España. Sólo cabe desearle suerte, aciertos, equilibrio y buen criterio, para gobernar una transición serena. Porque de esos aciertos y buen criterio dependerán buena parte de nuestra suerte.

Vayan en su ayuda los versos del poeta sevillano, que cantó la Castilla donde nacieron sus antepasados:

Cuatro principios a tener en cuenta:

Lo contrario es también frecuente.

No basta mover para renovar.

No basta renovar para mejorar.

No hay nada que sea absolutamente empeorable.

(Antonio Machado)

 

 


Formación Profesional para el Empleo y la orquesta del Titanic

junio 28, 2017

Llegué a la Secretaría de Formación de CCOO a principios de 2013, cuando el Titanic de nuestro Sistema de Formación para el Empleo, había chocado ya con el iceberg, pero justo antes de que alguien diera la voz de alarma de que el problema no era el boquete abierto en el casco, sino un error de diseño que convertía en sumergible lo que el hombre, en su orgullo pretencioso, consideraba insumergible.

El Gobierno del PP había intensificado su campaña de deterioro de la imagen de los sindicatos como gestores de la formación. Nos desayunábamos un día sí y otro también con los escándalos de los ERE y de los cursos de formación. Con juezas estrella, hoy estrelladas, que imputaban por doquier. Con informes del Tribunal de Cuentas que ponían en solfa el sistema de formación.

No importa a estas alturas que toda la basura vertida se pueda resumir en que unos cuantos corruptos espabilados y empresarios desaprensivos, vinculados en muchas ocasiones con gobiernos autonómicos como el de Madrid, o con el propio Gobierno Central,  hayan hecho negocio con los cursos de formación y estén siendo investigados por la justicia. No importa que no haya sindicalistas de CCOO implicados, ni imputados. Ya es demasiado tarde. El trabajo sucio ya ha sido hecho.

El Gobierno del PP ha expulsado a empresarios y sindicatos de la gestión de la formación para el empleo y entregado el negocio a la “libre concurrencia”, que bien entendida, consiste en repartir el dinero de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores, entre un mercado cautivo, bien relacionado con los despachos de gobierno.

Lejos de buscar soluciones modernizadoras para la formación de trabajadores y trabajadoras en este país, como hemos propuesto los sindicatos y la  propia CEOE, separando impartición de la formación de gobierno y gestión de la misma. Lejos de unificar las políticas dispersas y contradictorias de los ministerios de Empleo y Educación en formación profesional. Lejos de utilizar todos los recursos disponibles. Lejos de utilizar nuestras Universidades y Centros de Formación Profesional para formar trabajadores. Lejos de acabar con las subvenciones como sistema envenenado, que no consigue hacer algo que es responsabilidad de la Administración.

Lejos de todo ello, nos encontramos que Montoro se queda, año tras año, con una parte importante de los dineros de la formación no gastados. Que los centros públicos no hacen nada de nada en formación para el empleo, simplemente porque no pueden hacerlo. Que unos pocos proveedores de formación privados, bien informados y bien relacionados, acaparan las subvenciones. Que el sistema de subvenciones sique siendo un foco de corrupción, corruptelas, mala gestión y tráfico de influencias. Que el Ministerio de Empleo desarrolla políticas de formación que nada tienen que ver con el sistema educativo.

Eso sí, como siempre ocurre en este país, todos cantan incansable y repetitivamente, el mantra de la formación dual. Formación dual para arriba y para abajo, aunque esa formación profesional que utiliza las prácticas en empresas, sea una selva indecente de precariedad y abuso sobre toda una generación de jóvenes.

Modelo alemán, dicen. La Embajada Alemana se ha visto obligada a organizar viajes de estudio a  Alemania para dar a conocer la formación dual in situ y que los periodistas, empresarios, políticos, responsables del Gobierno, sindicalistas y hasta ONGs, no hablen tan alegremente de formación dual confundiéndolas con unas prácticas laborales que nada tienen que ver con la famosa formación dual.

Aprobaron de urgencia la Ley 30/2015 de Formación para el Empleo y dos años después, el resultado es que en 2015 no hubo convocatoria estatal de formación de trabajadores y trabajadoras y que la convocatoria 2016 sigue sin ser resuelta, casi un año después de ser publicada, entre otras cosas porque los resultados, aún no oficiales de la misma, ponen de relieve que los males siguen intactos: Alta concentración de concesiones en unas pocas entidades especializadas en cazar subvenciones de formación. Inexistencia de centros públicos que hayan podido competir para impartir esta formación. Sectores enteros que se quedarán sin formación y alta concentración en sectores que requieren poca inversión económica. O un 80 por ciento de los programas formativos impartidos con el sistema de teleformación que requieren menos costes de impartición.

El Sistema de Formación para el Empleo en España es un Titanic que va progresivamente inundando de agua marina unos compartimentos que permiten el paso del agua al resto de compartimentos, mientras el capitán se muestra impotente y la orquesta ataca con decisión el himno de la Formación Dual, considerado por algunos el ungüento amarillo, que para todo sirve y para nada aprovecha, mientras otros lo consideran el bálsamo de Fierabrás capaz de curar todas las dolencias habidas y por haber, sin que nadie sepa a ciencia cierta qué cosa sea ni el famoso ungüento, ni el mágico bálsamo, ni mucho menos la formación dual.

A lo largo de estos cuatro años hemos aportado y defendido propuestas para que el dinero de la formación procedente de la cuota de formación se dedique sólo a formación de trabajadores y trabajadoras. Para que los dineros no gastados se reincorporen cada año al sistema de formación. Para que los Centros Públicos de Formación Profesional, los Centros de Formación de Personas Adultas, las Universidades, participen prioritariamente en el sistema. Para que los trabajadores y las empresas sean quienes deciden en el gobierno de sus necesidades formativas.

Hemos denunciado casos de corrupción, como el de Aneri en Madrid, entre otros muchos en Andalucía, o Valencia. Los tribunales de justicia reconocen en sus sentencias que el Gobierno lo hace mal y nuestras denuncias se ajustan a derecho. Hasta la Defensora del Pueblo nos ha dado la razón. El Gobierno calla y sigue adelante, recurriendo a unas prácticas de permisividad e inactividad, a las que intenta acostumbrar al conjunto de la sociedad.

Somos incómodos, pero el hundimiento de la formación para el empleo en España es algo que sólo se niegan a ver los responsables de la misma. En lugar de facilitar la transición de un sistema que merecía ser revisado hacia un sistema que corrige problemas y asegura la participación, optan por asistir impasibles a un deterioro cada vez mayor que está arrastrando al sector de la formación y su empleo. Especialmente a aquellas entidades formativas que no se han especializado en cazar subvenciones y que han apostado por la calidad.

Porque esa es la clave de la batalla que se está librando en estos momentos en la Formación para el Empleo en España: Calidad, buen gobierno y transparencia, o recursos repartidos de forma clientelar, con criterios opacos y manipulables, en beneficio de los amigos del gobierno de turno. Claro que apostar por la calidad requeriría, para empezar, buenos gobiernos, capaces de convocar los esfuerzos de todos los implicados, para solucionar los problemas y sacar a flote una nave cuya proa se hunde cada vez más en el océano. Para ello hay que querer y saber, pero de ambas cosas no andan muy sobrados en el puente de mando.

Francisco Javier López Martín
Secretario de Formación de CCOO


Amnistía. Que trata de Sapagna

junio 16, 2017

 

Ay, aquel que le pareciera

que es fácil mi batallar

siquiera por un momento

que se ponga en mi lugar.

(Blas de Otero)

 

Dicen que fue Alberti, quien recordando el poemario de Blas de Otero, Que trata de España, pensó en el mejor título para la exposición que iba a inaugurarse en Milán. Tenía que trasladar la imagen de una España convertida en inmensa prisión, que buscaba en la solidaridad internacional de los sindicatos italianos, el apoyo a una solución democrática para una situación cada vez más insostenible, en la que la falta de libertad condenaba a hombres y mujeres a largas penas de cárcel y hasta a la muerte, por ejercer derechos plenamente reconocidos en cualquier lugar de Europa. Así Rafael Alberti propuso que la muestra llevara el título: Amnistia. Que trata de Spagna.

Cuentan, también, que fueron los sindicatos italianos (la CGIL, UIL, CISL), en colaboración con la organización en el exterior de las CCOO y con la  agrupación de artistas plásticos del PCE, quienes organizaron en marzo de 1972 la Mostra, que incluyó numerosas actividades en Milán y también en Roma. Y cuentan que casi 300 artistas plásticos de España, Francia, Italia, aportaron sus obras. Y que casi 50 poetas y escritores enviaron textos y poemas. Y que muchos cantautores cantaron en Milán o en Roma, a favor de la amnistía para los presos y la libertad en España. Manuel Estaban Marquillas realizó un documental con intervenciones de algunos de ellos a lo largo de la Mostra.

Las obras salieron de España clandestinamente. Pasaron la frontera por Cataluña camufladas en coches o fueron porteadas a través de las montañas de Euskadi y Navarra. Un esfuerzo que merece la pena ser recordado, para entender el despliegue de  voluntad, el riesgo y la capacidad organizativa de la oposición al franquismo en aquellos momentos. Todos sabían que tras la Mostra podían llegar las represalias. Todos asumieron la responsabilidad.

El destino de la venta de las obras de Genovés, de Picasso, del Equipo Crónica, Juan Giralt, o Ricardo Zamorano, entre otros muchos, no era otro que sostener el sindicalismo de las CCOO, que actuaba como punta de lanza de la lucha por la libertad y los derechos. Las CCOO habían ganado las elecciones sindicales, pero no se plegaron a los deseos del Régimen de integrarlas en el sindicalismo vertical. Por lo tanto fueron ilegalizadas y, en aquellos años, casi 10.000 sindicalistas de las CCOO fueron encausados en los Tribunales de Orden Público del franquismo. El mayor número de procesamientos y condenas del franquismo recayó contra militantes de las CCOO. Es difícil entender que alguien sostenga que la democracia se fraguó en unos despachos de personajes notables. Franco murió en la cama, pero el franquismo murió en las calles.

Me comentan que un periodista de esos tan renombrados, prepara una serie documental que conmemora los 40 años de la democracia en España. En ella aparecerán, parece ser, notables políticos, empresarios notables, periodistas notorios y numerosos representantes de los nobles despachos en los que se sentaron quienes pergeñaron la transición española. Pero, al parecer, no habrá trabajadores, ni los de antes, ni los de ahora, ni el mismísimo Marcelino Camacho, al que todos reconocen y al que todos quieren olvidar cuanto antes.

Hace 45 años (hoy lo recordamos en el Museo de la Historia de Madrid, con una exposición, inaugurada por Manuela Carmena y por nuestro secretario general Ignacio Fernández Toxo,  que recupera textos, obras, cuadros, imágenes de la Mostra de Milán), los artistas, la cultura, los poetas, novelistas, periodistas, no eran tan pacatos en reconocer la lucha de las CCOO y su empuje hacia la democracia en este país. Eran otros tiempos. No mejores, desde luego, pero mucho menos mezquinos y miserables con la clase trabajadora de este país, sin la cual la democracia no hubiera nacido.

La exposición Amnistía. Que trata de Spagna se inauguró, por fin, en marzo de 1972. En aquellos días en los que la represión franquista acababa con la vida de dos trabajadores en una manifestación en El Ferrol. En aquellos días en los que Marcelino Camacho salía de una de sus numerosas estancias en la cárcel. Tres meses después, la cúpula de las CCOO sería detenida en el convento de los oblatos de Pozuelo de Alarcón. Permanecerían detenidos para ser luego juzgados en el proceso 1001, cuya celebración coincidió, a finales de diciembre de 1973, con el asesinato del almirante Carrero Blanco y la venganza del franquismo vino de la mano de las desproporcionadas condenas contra los 10 de Carabanchel.

Cuando la Ejecutiva salida del 10 Congreso de las CCOO me encargó asumir la responsabilidad de la Formación Sindical, me pareció que una de las tareas pendientes de nuestra organización era recuperar la memoria de nuestros orígenes, de nuestra actividad incansable por la libertad, la democracia y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras de este país. Nicolás Sartorius suele decir que hemos sido los costaleros de la democracia. Los costaleros no salen en la foto de la procesión, como si la Virgen o el Cristo, se desplazaran solos, cuando sabemos que sin costaleros y costaleras no habría procesión.

Me pareció necesario poner en marcha un programa, en colaboración con la Fundación Abogados de Atocha, para que nuestras afiliadas y afiliados pudieran hablar, debatir, escuchar, preguntar, a quienes vivieron aquellos momentos. Hace cuatro años ya no teníamos a Marcelino, recientemente fallecido, ni al asturiano Juan Muñiz Zapico, fallecido en un accidente de coche allá por 1977, el cual da nombre a la Escuela Sindical de CCOO. También había fallecido el vallisoletano Luis Fernández Costilla. Pero seguían junto a nosotros muchos de los 10 de Carabanchel. Eduardo Saborido, Paco Acosta, Fernando Soto, Nicolás Sartorius, Pedro Santiesteban, Miguel Angel Zamora, Francisco García Salve ( el cura Paco).

De quienes sobrevivieron al asesinato de los Abogados de Atocha sólo quedaban entre nosotros Lola González Ruiz y Alejandro Ruiz-Huerta. A lo largo de estos años hemos perdido a Lola y a Fernando Soto. Pero somos una organización joven en la que los protagonistas de la historia, aunque no fueran los protagonistas directos de estos dos hechos, pueden seguir contando las luchas de los trabajadores y trabajadoras en cada Comisión Obrera que se constituía y el trabajo de los numerosos despachos de abogados laboralistas vinculados a las CCOO y al PCE.

Por estos encuentros han pasado, además de los ya mencionados, personas como Manuela Carmena, Cristina Almeida, Francisca Sauquillo, Juan Moreno, Antonio Montesinos, Raul Cordero, Paco Naranjo, Nati Camacho, Hector Maravall, o Pepe Alcázar, junto a compañeras y compañeros de toda España, dispuestos a contar su experiencia en la construcción de las CCOO.

Se han realizado más de medio centenar de encuentros en casi todas las Comunidades Autónomas, en los que cerca de 2000 personas de todas las edades, mayores y jóvenes, hemos podido escuchar las voces de nuestra memoria viva. No un recuerdo del pasado, literal, frío y sin complicaciones. No un pasado que nos esclaviza, sino una memoria que nos interpela y que, como nos recuerda Todorov, tiene un uso ejemplar que “permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechando las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día y separarse del yo para ir hacia el otro”.

Los actos conmemorativos de la legalización de las CCOO, del 40 aniversario de la Asamblea de Barcelona, de la legalización de los sindicatos, del asesinato de los Abogados de Atocha, de los sucesos de El Ferrol, del Proceso 1001 y ahora de la Exposición Amnistía. Que trata de Spagna, son hitos en ese esfuerzo para reivindicar nuestro protagonismo en el presente. No queremos ser presos de nuestro pasado, sino actores de nuestro futuro. Pero somos conscientes de la vigencia de las palabras de George Orwell: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”. En esa batalla, la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, hoy como ayer, seguirá siendo el elemento esencial de nuestra construcción del presente y nuestra proyección hacia el futuro.

 

Si me muero, que no me mueran antes

de abriros el balcón de par en par.

Un niño, acaso un niño está mirándome

el pecho de cristal.

(Blas de Otero)

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 


Un amigo llamado Andrés Ocaña Rabadán

junio 6, 2017

El problema de internet es que ahí está casi todo. Sin embargo nuestra capacidad es limitada y las cosas importantes pueden pasarnos desapercibidas, o simplemente puede pasar que no encontremos el camino para descubrirlas. Eso me ha ocurrido con la noticia sobre Andrés Ocaña Rabadán, el que fuera alcalde de Córdoba, fallecido en el mes de marzo. Una noticia que ha tenido mucha repercusión en los medios locales de Córdoba, y en las ediciones andaluzas de algunos grandes periódicos y agencias, pero muy poca en medios nacionales.

Me he entregado a la lectura de noticias sobre obituarios, biografías, reconocimientos, homenajes, minutos de silencio, banderas a media asta, funeral, presencias, declaraciones e intervenciones de la Alcaldesa de Córdoba, Julio Anguita, Rosa Aguilar y hasta del canónigo de la catedral, Fernando Cruz-Conde, quien reconoció su amistad y el hecho de “dejar como legado un ejemplo de concordia, de reconciliación y de paz, cuando hoy algunos quieren resucitar viejos odios y rencores”, para concluir que “Andrés trabajó por un mundo más justo”.

No conozco casi nada sobre esta etapa de la vida de Andrés Ocaña. Hace casi 35 años que le conocí y sólo pude compartir con él un curso escolar, en un lugar y en un momento que nadie menciona en su biografía. Luego, tan sólo creo haberle visto en un par de ocasiones y recuerdo que mantuve con él una correspondencia epistolar intensa, cuando aún no existía internet. De todos es sabido que, cuando la red se introduce en nuestras vidas, las conexiones intranscendentes tienden a ocuparlo todo, a multiplicarse de forma proporcional al abandono de las relaciones necesarias, que terminan siendo soterradas por tanto escombro innecesario.

Sin embargo, siempre he tenido la sensación de que con Andrés podría retomar en cualquier momento una conversación allí donde la hubiéramos dejado, gracias a la ley de la relatividad de la amistad, que curva el tiempo, en función de la intensidad de la vida compartida. Una ley no demostrada, pero que se cumple indefectiblemente con determinadas personas. Muy pocas en la vida, es cierto.

Esa conversación no podrá ser ya retomada, o tal vez sí. En cualquier caso vuelve a cumplirse otra de las leyes de la vida, en este caso formulada por Paul Bowles: “Debido a que no sabemos cuándo moriremos, pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Sin embargo, todo parece ilimitado”.

Era el mes de septiembre de 1982. Andrés y yo tomábamos posesión como maestros en el colegio Reina Sofía de Ubrique (Cádiz). El venía de Córdoba para asumir su primer destino definitivo. Yo venía de Madrid. El tenía un hijo pequeño, menudo, risueño, al que habían llamado Alvaro. Yo iba a tener mi primera hija, que terminó naciendo en febrero del año siguiente, en el hospital de Ronda (Málaga), a la que llamamos Inés.

Andrés creo recordar que venía del MC (Movimiento Comunista) y yo venía de la CNT y acababa de afiliarme al PCE. Andrés militaba sindicalmente en USTEA, un sindicato profesional y progresista de la enseñanza y yo iba camino de pedir mi primer carnet de CCOO, precisamente en el pequeño local ubriqueño de CCOO de Andalucía.

Nada más llegar, contacté con Pepe Solano, cuyo nombre completo era José García Solano,  el responsable del PCA en Ubrique y me vi embarcado en la organización de la campaña de las Elecciones Generales de Octubre del 82, aquellas que trajeron un gobierno socialista y produjo la debacle de la UCD y del Partido Comunista, conducido aún por Santiago Carrillo. Aquello  abrió  una crisis interna que terminó produciendo la escisión del carrillismo y, tras el Referendum de la OTAN y múltiples ensayos de convergencias, al surgimiento de Izquierda Unida.

Pero esto no había llegado aún y, allí, en Cádiz, donde Rafael Alberti había sido diputado, cediendo luego su escaño al líder campesino Francisco Cabral, el Partido presentaba a José Luis Núñez, El Patri, uno de los abogados antifranquistas más conocidos del Partido, como cunero. La suerte estaba echada y, pese a las pegadas de carteles, actos, repartos de propaganda, etc., el revolcón fue monumental.

Hablamos mucho Andrés y yo de aquel fracaso. A fin de cuentas éramos forasteros y compartíamos inquietudes políticas, educativas, generación, ratos libres y circunstancias familiares. Así comenzó Andrés a acercarse al Partido. Yo diría que más que al Partido a las gentes del Partido. Pepe Solano, Pepe Rivas, Pepe Muñoz. Esas gentes que se ganaban la vida  fabricando petacas, carteras, bolsos, manualmente, en casa, ayudados por las tardes por sus hijos, encargados de dar cola al cuero. O en la construcción, o en el campo, o en el mejor de los casos, trabajando en una caja de ahorros.

Andrés podría haber sido uno de aquellos maestros de la Segunda República. Preparaba meticulosamente sus clases. Daba largos paseos. Dibujaba mapas del pueblo y de la Serranía de Ubrique, con los que luego trabajaba con sus alumnos. Se interesaba por su vida y por la de sus familias. Investigaba sobre la historia del pueblo y lo descubierto lo ponía a disposición de quienes asistían a sus clases. Esas cosas, maneras, formas y actitudes que el magisterio de la transición intentaba recuperar de sus predecesores republicanos. Desconfiaba de la burocracia que comenzaba a imperar en el sistema educativo, intentando medir, uno a uno los objetivos y obligando al profesorado a rellenar interminables formularios.

Pasaron los meses, pasó la primera gran huelga de defensa del trabajo de los petaqueros y sus familias. La impresionante manifestación nocturna que convocó a todo el pueblo en defensa de la dignidad de la industria. El invento de la marca Ubrique, que aún hoy figura en cada producto fabricado allí. Y llegó el tiempo de las elecciones municipales del 83.

Comenzamos a elaborar programas electorales, convocando asambleas ciudadanas para ver qué necesitaba el pueblo. Educación, por supuesto, pero también urbanismo, vivienda, salud, servicios sociales, transportes, medio ambiente. Éramos maestros. De todo sabíamos un poco, aunque no fuéramos expertos. Y lo que no se sabe se aprende, o se pregunta a quien sabe. Imprimíamos los programas en una multicopista vieja que se atascaba constantemente y los encuadernábamos a mano. Alquilamos un pequeño local en el barrio del Carril, en lo más alto del pueblo. Organizamos asambleas barrio a barrio, plaza a plaza, en colegios, en locales municipales. A golpe de megafonía instalada en un viejo coche. Inundando las callejuelas de canciones de Carlos Cano.

A Andrés y a mí nos propusieron encabezar las listas, pero los dos sabíamos que estábamos allí de paso. El volvería pronto a Córdoba y yo a mis barrios del Sur de Madrid. Allí quedarían los Pepes, sus mujeres, sus hijos e hijas y otros tantos. Los verdaderos protagonistas de la historia del pueblo. Nosotros podíamos echar una mano, escribir, hablar, organizar actos, pero ellos debían ser quienes jugaran el partido que se avecinaba.

El PCA, que había sacado poco más de 400 votos en las elecciones generales, duplicó sus resultados en estas municipales, celebradas pocos meses después. Pasamos de uno a dos concejales, que sumados al tirón del PSOE, permitieron un cambio de gobierno, con un alcalde socialista, gobernando con dos concejales comunistas.

Ahora, cuando soporto durante días el peso de la noticia del fallecimiento de Andrés, sin que se me vaya de la cabeza, sabiendo que su muerte, o mi supervivencia, son sólo una cuestión de azar. Ahora, me pregunto cuánto de aquellos días siguió vivo en Andrés y en mí. Cuánto de aquellas gentes retuvimos dentro de nosotros, para que Andrés se comprometiera en la política municipal y llegase a ocupar la alcaldía de Córdoba, en los mismos años en que yo me adentraba en la tarea de dirigir las CCOO de Madrid.

Leo y releo sobre sus andanzas, sus batallas, sus derrotas, sus momentos duros, los reconocimientos y pienso que Andrés, como casi todos nosotros, como yo mismo, siguió siendo aquel joven maestro, republicano, de izquierdas, padre de un niño llamado Alvarito, comprometido con quienes más lo necesitaban. Pienso que fue eso lo que le permitió seguir cumpliendo años siendo el mismo hombre honesto y lo que le hizo enfrentarse a aquel corrupto que, harto de no poder comprarle con maletines llenos de dinero, decidió crear un partido para combatirle abiertamente. Conozco más amigos alcaldes que han seguido su misma suerte en Villaviciosa o en Seseña. Los Sandokanes y los Poceros eran sólo variantes del mismo tronco podrido que ha dado sus peores frutos en España.

Y lo pienso así porque, cuando miro las fotos que aparecen en los obituarios de este profesor de tan sólo 62 años, mi amigo Andrés Ocaña Rabadán, sigo reconociendo su sonrisa limpia y esa mirada que juzga , a quien mira, con un punto de ironía, con  firmeza, pero con todo el afecto de un buen maestro. Tenía pendiente con él una conversación que ya no podrá ser, o tal vez sí. En un mundo más justo.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 


FPE (y 6) Las soluciones son aún posibles

mayo 9, 2017

Mirar para otro lado, una de las prácticas habituales de nuestro Presidente del Gobierno,  sólo contribuye a mantener una situación insostenible. El modelo de Formación Profesional para el Empleo (FPE) se encuentra al borde del colapso. Hemos explicado  su desarrollo. Hemos analizado sus logros y sus deficiencias. Hemos reflexionado sobre la inutilidad de abordar reformas impuestas a espaldas de las necesidades de las empresas y de los propios trabajadores y trabajadoras.

Va llegando el momento de enunciar las propuestas que pueden desbloquear la situación y avanzar hacia un modelo de FPE que combine el derecho de las personas a formarse a lo largo de toda la vida y la necesidad de las empresas a contar con trabajadores y trabajadoras cualificados en un mundo cambiante.

  1. Desarrollar el derecho de formación y aumentar la cohesión social.

Para ello contamos con algunos instrumentos muy poco promocionados. Cada trabajador o trabajadora cuenta con 20 horas anuales para formación que deberían constituir un derecho individual efectivo, pero que no se ejerce.

De otra parte, los actuales Permisos Individuales de Formación (PIF) deberían garantizar la igualdad, de forma que las personas menos cualificadas pudieran beneficiarse de ellos.

Vivimos en un país en el que, junto a un alto nivel de titulados superiores, de en torno al 35 por ciento, convive un porcentaje aún mayor, de entorno al 45% de la población activa con niveles básicos, o incluso inferiores, de formación. En el centro un pequeño porcentaje con estudios profesionales. Habría por lo tanto que poner en marcha programas específicos para formar a las personas menos cualificadas y abrir convocatorias permanentes de reconocimiento de cualificaciones.

  1. Calidad y oportunidad de la formación.

Contamos con una excelente red de centros público de Formación Profesional, Universidades y Centros de Educación de Personas Adultas, que viven al margen del Sistema de Formación para el Empleo. Por un lado, el Ministerio de Educación y su formación reglada, por otro el Ministerio de Empleo, al frente de un subsistema de formación en el empleo. La descoordinación entre ambas administraciones es absoluta.

Los centros públicos de Formación profesional deben jugar un papel esencial para asegurar una oferta más amplia y menos discriminatoria. Es necesario contar cuanto antes con una red de centros (públicos y privados) acreditados, con mecanismos de financiación suficientes y controles de calidad y requisitos comunes.

Además, el sistema de subvenciones no es el más adecuado para la provisión de un servicio como el que necesita la Formación para el Empleo. Los controles administrativos y económicos son tremendos, pero ello no impide la aparición de empresas especializadas en burlarlos, mientras que la agilidad se resiente y la evaluación de la calidad es una asignatura siempre pendiente.

Contamos ya con Centros de Referencia Nacional, Centros Integrados, Observatorios, que deben funcionar de forma coordinada para mejorar la calidad del sistema. Las actuales Comisiones Paritarias, compuestas por empresas y representantes sindicales en los diferentes sectores, deberían ser reducidas en número y reforzadas en sus funciones, convirtiéndose en instrumentos esenciales para reconducir el sistema actual, burocratizado e inoperante, hacia la realidad de las necesidades de las empresas y los trabajadores.

Vivimos en un país en el que se inaugura mucho, hasta varias veces los mismos proyectos y sus fases de ejecución, pero que evalúa muy poco la calidad de cada proyecto y de las políticas que los sustentan.

  1. Recursos suficientes, estables y transparentes.

Un reciente encuentro sobre la experiencia francesa en Formación Profesional para el Empleo revelaba un gasto anual de más de 30.000 millones de euros en formación para el empleo, en nuestro país vecino. En España, por el contrario, dedicamos a Formación para el Empleo casi exclusivamente los recursos procedentes de la cuota de formación (en torno a 2000 millones de euros), y aún así, en los últimos seis años hemos dejado de gastar 450 millones de euros, cuyo destino es desconocido.

Es urgente asegurar, tal como sentencia el Tribunal Constitucional, que todos los recursos procedentes de la cuota de formación se reanualizan y se dedican a formación y no a otros fines. Es necesario reforzar esos fondos, no sólo con aportaciones de Fondos Europeos, sino con otras aportaciones para formación de colectivos no cotizantes y personas desempleadas. Es preciso que los fondos sean gestionados, en todos los ámbitos, empezando por la propia Administración, de forma transparente para el conjunto de la ciudadanía y para las personas trabajadoras.

  1. Diálogo y negociación. Bases para mejorar la formación.

En las empresas, la formación debe ser fruto de la negociación y el acuerdo entre empresarios y Representación Legal de los Trabajadores, con posibilidad de contar con aportaciones públicas y de las empresas,  para conseguir la mejor formación y la más necesaria en cada momento.
La movilidad laboral dentro de cada sector y la atención de las necesidades formativas de las pequeñas y medianas empresa, tienen que ser fruto de la negociación empresarial y sindical en el marco de las actuales Comisiones Paritarias, que la nueva ley define como Estructuras Paritarias.
La formación en los ámbitos territoriales, cuyo objetivo es la formación y la recualificación de personas ocupadas, o desempleadas, debe ser objeto de negociación entre Administraciones, empresarios y sindicatos, tomando en cuenta los recursos que pueden aportar los Centros de Formación Profesional, la realidad económica y del tejido productivo, las necesidades de empleo y orientación y la articulación de prácticas en las empresas.
Siguiendo las orientaciones europeas sería bueno acordar un Estatuto del Aprendiz que regule las prácticas y su conexión con el aprendizaje en los centros. Se habla mucho de formación dual, pero se hace muy poco para que la formación con prácticas no sea explotación laboral de nuestros jóvenes, a través de la docena de fórmulas dispersas que existen en estos momentos para abusar del trabajo de aprendices y becarios.

  1. Gobierno democrático de la Formación.

El objetivo del Gobierno, en la reforma de la Formación Profesional para el Empleo, parece haber pivotado en torno a la expulsión de organizaciones sindicales y empresariales, no sólo de la ejecución, sino del gobierno del sistema. Para afrontar el problema generado hay que entender que no se puede hacer formación de los trabajadores y trabajadoras sin los trabajadores y trabajadoras y sin las empresas en las que trabajan. Los países con mejores experiencias en formación de trabajadores y trabajadoras son aquellos que cuentan con modelos negociados y acordados en los que participan administraciones y agentes sociales.

Por eso es esencial asegurar la participación de las organizaciones empresariales y sindicales en los instrumentos de gobierno y de gestión del sistema. Contamos con instrumentos como el Consejo de la Formación Profesional, o la Fundación Estatal de Formación para el Empleo, que deben ser redefinidas, orientándolas hacia la articulación de mecanismos de detección de necesidades, coordinación de la oferta formativa, simplificación de la organización, gestión, seguimiento y evaluación del sistema.

A modo de resumen, podemos decir que la reforma impuesta debe dejar paso  a la negociación del desarrollo de un sistema de formación profesional para el empleo, que haga posible el derecho de las personas a formarse y recualificarse a lo largo de toda la vida y cubra la necesidad de las empresas de contar con trabajadores y trabajadoras cualificados.

La cualificación y formación de las personas es la mejor garantía de un futuro económico estable y de la cohesión social que sustenta la convivencia democrática en cualquier país.

Las soluciones negociadas son inaplazables. No podemos mirar hacia otro lado.

Francisco Javier López Martín

Secretario Formación CCOO

 


FPE (4): El desastre de la Formación Profesional para el Empleo en datos

abril 20, 2017

Alguien podría pensar que la visión que traslado sobre la Formación Profesional para el Empleo (FPE), en España, es demasiado dura. Que seguro que, al ser sindicalista, estoy especulando y exagerando. Sin embargo, por mucho que mejoremos la valoración de las causas, no por ello las consecuencias mejoran. Muy al contrario. Embellecer la situación sólo puede alimentar las tendencias más negativas del modelo impuesto y crear nuevos problemas,

Lo cierto es que las tasas de participación de trabajadores y trabajadoras en la formación van cayendo. Quienes más necesitan formación por sufrir más los efectos de la crisis y sufrir mayor pérdida de empleo (mujeres, jóvenes, personas con bajos niveles de cualificación) no acceden suficientemente a la formación.

Es notorio que, cuanto más necesaria es la formación, menos esfuerzo realizamos en España, mientras la Unión Europea aumenta su inversión y esfuerzo en cualificación.  Antes de la crisis económica el 11% de nuestra población activa participaba en procesos de formación permanente, mientras que ahora bajamos del 10%.

En cuanto a los participantes en formación han pasado, entre 20010 y 2015, en el caso de la formación programada por el Estado y Comunidades Autónomas, ha pasado de cerca de 1,7 millones de participantes a poco más de 600.000 personas. Quienes más necesitan formación, las personas desempleadas, han pasado de algo más de 400.00 a 175.000.

Pero si esto ocurre en la formación de oferta programada  por las Administraciones, no va mejor la formación programada directamente por las empresas que, tras la reforma del Gobierno, ha hecho que el número de horas de formación programadas haya descendido un 20%, tan solo entre 2015 y 2016.

En cuanto a la tasa de formación de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) ha pasado del 31,1% en 2012 al 22,7% en 2016. Eso significa que más de 100.000 PYMES de menos de 50 trabajadores y trabajadoras ha abandonado la formación profesional de su personal.

La FPE se comporta como un cazador que dispara a bulto, pero siempre termina hiriendo a los más débiles. No sólo en el caso de quienes trabajan en una pyme. También en el caso de las personas menos cualificadas. Las personas con baja cualificación en nuestro país suponen un 43%, pero sólo pesan el 23% de cuantas personas participan en procesos de formación. Incluso han perdido un punto de participación en los últimos años.

En cuanto a las mujeres, las mujeres asalariadas han pasado de suponer un 42% en 2007 a un 46% del total de personas trabajadoras en 2015. Sin embargo, el porcentaje de mujeres asalariadas que participan en formación han pasado de suponer un 46% en 2008 a un 44% en 2015 pasando por momentos externos, como 2011 en los que la participación de la mujer bajó al 42%.

Las personas menos cualificadas se benefician menos de la formación. Quienes trabajan en pymes, la inmensa mayoría, se forman menos y los jóvenes… Los jóvenes que suponían la mitad de las personas que participaba en formación en 2008, no llegan ahora  a un tercio, cuando el empleo juvenil ha sido una de las mayores víctimas de la crisis y todo ello pese a que el gobierno disponga de abundantes recursos para la cualificación de los jóvenes desempleados, con bajos niveles educativos.

El número de horas financiadas para formación en las empresas ha disminuido en un 20% en tan solo un año, aunque el número de personas formadas crece levemente, al pasar la media de horas de duración de cada curso, de 26 horas a 17. Con casi 10 horas menos de media por curso, con menos horas totales se termina se terminan formando más personas. La calidad se deteriora a favor de la cantidad.

Uno de los datos más alarmantes del destrozo producido en FPE es que la participación de empresas en la formación ha caído del 31.1% en 2012 al 22.7% en 2016. Más de 100.000 pequeñas y medianas empresas han dejado de participar en la formación en los últimos cuatro años. Las empresas con menos de 50 trabajadores y trabajadoras están desertando de la formación continua de sus trabajadores.

Los datos son muy preocupantes. La Formación profesional para el Empleo, sometida a las tensiones de una reforma impuesta, está produciendo una agudización de los problemas y un deterioro del sistema de FPE, cuyos efectos son demoledores para quienes más necesitan la formación y cualificación en el trabajo.

 

Francisco Javier López Martín