Bernanos, o la libertad olvidada

enero 23, 2019

No recuerdo por qué circunstancia me topé con la referencia de un libro como Los grandes cementerios bajo la luna. Acudí a una librería religiosa especializada. Pregunté qué tenían de su autor, el católico Bernanos. La amable librera tuvo que buscar el nombre, que no le sonaba y terminó encontrando una de sus obras, Diálogos de Carmelitas, que se había vendido hace algunos meses. Algo raro hay en un autor católico, al que no reivindican ni los suyos.

Bernanos sigue incomodando. No es para menos. Un hombre que se reclamaba monárquico en la republicana Francia y que no dudaba en fustigar sin contemplaciones a los nacionalistas, monárquicos, derechistas y ultracatólicos de Acción Francesa. Que rechazaba abiertamente el escenario hitleriano, mussoliniano y estalinista, que se perfilaba en Europa.

La Guerra Civil española pilló a Bernanos en Mallorca. Se llevaba bien con los falangistas. Su hijo Yves se integró inmediatamente en las escuadras de la Falange que se hicieron con la isla. Pronto llegaron las detenciones, los paseos nocturnos, los fusilamientos sistemáticos de gentes que no habían herido ni matado a nadie.  Su hijo, desgarrando la camisa azul de falangista y gritando que aquella noche las escuadras habían matado a dos pobres viejos campesinos.

Contaría más tarde, en casa de Maritain, que el terror rojo es una decena de cabezas cortadas, en lo alto de unas picas, chorreando sangre y paseadas por las calles de la ciudad. Todo es rojo, atroz, abominable, todo el mundo lo ve, todos hablan de ello, todos están horrorizados.

Por el contrario, el terror blanco son miles de prisioneros que han sido detenidos en sus casas, transportados durante la noche en camiones que se paran al lado de la cuneta, entonces se les mata de un tiro al borde de la carretera con los motores en marcha, se arrojan los cuerpos en fosas, se recubren con tierra los cadáveres. Nunca más se habla de ello. Nadie se horroriza, nadie se indigna.

Con todo, la imagen más horrible para Bernanos es la de ese cura enviado por el obispo que, con sus ensangrentados zapatos, distribuye absoluciones entre dos descargas (…) Yo simplemente observo que esa masacre de miserables sin defensa, no arrancó ni una palabra de condena, ni siquiera la más inofensiva reserva de las autoridades eclesiásticas, que se contentaron con organizar procesiones de acción de gracias. Por eso escribe Los grandes cementerios bajo la luna.

Bernanos acepta las consecuencias de su elección. Quien dispone de una palabra libre, por modesta que sea, no tiene derecho a callar. ¿Qué es una palabra libre? La que se esfuerza en dar a las palabras su verdadero sentido, que no les permite mentir.

Sabe que el mundo de los poderosos tolera, soporta, integra, a los refractarios, a los inofensivos anarquistas intelectuales, incluso necesita a los violentos, pero teme sólo al hombre libre, el hombre capaz de imponerse su propia disciplina, aunque tenga que pagar con la soledad y la pobreza este testimonio interior. El hombre que se da, o se deniega, pero jamás se presta.

La coherencia le lleva a rechazar ser ministro, miembro de la Academia y, hasta tres veces, la Legión de Honor. No es un oportunista, un triunfador de última hora, un realista que acepta lo que hay, lo que toca. Para él el realismo es la buena conciencia de los hijos de puta, que afirman que la realidad es ésta y no podemos evitarla.

Pese al interesado olvido de Georges Bernanos, un escritor como Mauriac, decía que hubiera dado su vida, su obra y su éxito, por haber escrito como él. Albert Camus, otro hombre libre y rebelde, le define como un escritor de raza que merece el respeto y la gratitud de todos los hombres libres. Respetar a un hombre es respetarle por completo (…) saber reconocer sin disculpas su derecho a ser monárquico.

Así lo debieron entender aquellos soldados de la derrotada República Española que rindieron honores militares en su funeral, junto a un reducido grupo de amigos, congregados en la iglesia de Saint-Severin. Los perdedores, los pobres. Francisco de Asís y Juana de Arco, traicionados por la jerarquía eclesiástica y los poderosos. Nos recuerda que si la pobreza os maldice estáis muertos.

En estos días en los que se hacen más reales que nunca el cuestionamiento de la política y las amenazas cada vez más refinadas, eficaces y calculadas contra la libertad democrática, haríamos bien en  tomar en cuenta  la crítica implacable de Bernanos,  Es evidente que la proliferación de partidos halaga ante todo la vanidad de los imbéciles. Les da la impresión de que escogen. Cualquier dependiente os dirá que el público atraído por la exposición del género de temporada, una vez saciado de mercancías y después de haber puesto a prueba los nervios del personal, pasa por la misma caja.

No resulta extraño que poco tiempo antes de su muerte, poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial, se adentrase en un debate futurista que hoy es de rabiosa actualidad, publicando un libro titulado Francia contra los robots, en el que afirma que la civilización moderna se va convirtiendo en una conspiración universal contra toda clase de vida interior, al tiempo que rechaza la idea de que la libre empresa conduce hacia la mejora de la vida humana. Muy al contrario, siempre se ganará más satisfaciendo los vicios del hombre que sus necesidades.

Cómo no entrever la aparición de la nueva religión-ideología totalitaria del dataísmo, cuando hace más de ochenta años Bernanos afirma que el Estado Técnico tendrá mañana un solo enemigo: el hombre que no hace como todos los demás, o dicho de otra manera, el hombre que tiene tiempo para perder, o aún más simplemente, el hombre que cree en algo distinto a la tecnología.

Mujeres y hombres libres que, más que nunca, necesitamos.

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2019: El empleo en la revolución científico-técnica

enero 9, 2019

Aún recuerdo aquellos discursos de Marcelino Camacho, en los que siempre reservaba una alusión a la revolución científico-técnica. Algunos dirigentes sindicales, muy acostumbrados a bregar diariamente, en las empresas, con los salarios, las jornadas, el convenio, las horas extraordinarias, las regulaciones de empleo, o las contrataciones, pero adormecidos en su capacidad de adelantarse a los cambios, sonreían, como si aquello fuera una muletilla  proverbial y típica de Marcelino.

Sin embargo, pasados los años, me parece que el núcleo central del debate y de la acción del sindicalismo, se encuentra, precisamente, en la revolución tecnológica en curso. Porque son los cambios tecnológicos los que van determinando qué empleos desaparecen y cuáles van a ser creados en el inmediato futuro, al tiempo que delimitan las necesidades de cualificación y las características de cada puesto de trabajo.

Vista la naturaleza de los acelerados cambios tecnológicos que se están produciendo, hay quien augura la desaparición del trabajo humano, pero esto no está ocurriendo, al menos por el momento. Ni en puestos de baja cualificación, que difícilmente pueden cubrir por el momento las máquinas, ni en las nuevas necesidades de puestos que requieren altas o medias cualificaciones.

La mayoría de los empleos sufren ya y van a sufrir aún más en el futuro inmediato, modificaciones importantes, a causa de la introducción de nuevas tecnologías. Determinadas operaciones quirúrgicas pueden ser realizadas por una máquina y a distancia, pero no por eso necesitamos menos cirujanos. Muchos procesos bancarios pueden ser realizados online, pero los bancos dedican mucho mayor esfuerzo a una atención personalizada de fidelización de sus clientes.

Bien pudiera ser que desaparecieran los conductores de taxi, pero no por ello desaparecerán los taxistas, aunque sus funciones puede que no se encuentren manejando un volante. El hecho de no comprar en una tienda física no significa que la producción desaparezca, al tiempo que gana peso la distribución. Cambian las formas y los contenidos del trabajo, pero el trabajo permanece,

Muchos trabajos se tecnifican, automatizan, robotizan, informatizan, o como queramos llamarlo, pero eso exige cada vez más expertos en robótica, informática, diseño de sistemas, automatización, simuladores, probadores, o lo que antes llamaríamos comerciales y hoy encuentran un nuevo nombre cada poco, al tiempo que incorporan nuevas funciones, de forma acumulativa.

Lo podemos comprobar a diario, cuando repasamos las ofertas de empleo en las que se exigen conocimientos y cualificaciones múltiples sobre informática, comunicación, sistemas operativos, matemáticas, además de experiencia previa y posibilidad de desenvolverse en varios idiomas.

Hay algo que está cambiando para bien, si somos capaces de participar y gobernar el futuro, o para mal, si dejamos que sean los fundamentalistas del mercado, los beneficios, la desregulación, los que se hagan con las riendas de los cambios que se están produciendo.

La revolución tecnológica, por ejemplo, demanda más capacidad de cooperación que de competencia y rivalidad. Nadie sabe de todo, ni controla todas las claves de los complejos procesos de innovación. Las transformaciones son, cada día más, el producto de una intensa cooperación entre personas expertas en las más variadas disciplinas, trabajando en equipo, en entornos abiertos y sin rígidas jerarquías. Eso es positivo.

Lo negativo es que muchas de estas personas se ven obligadas a prestar sus servicios en condiciones lamentables, como becarios, aprendices, precarios y mal pagados. Basta repasar esas cientos y miles de ofertas de trabajos forzados, sin sueldo, sin derechos y con la única esperanza de ir rellenando un currículum siempre insuficiente, ya sea como chef, diseñador gráfico, asistente jurídico, o desarrolador.

Lo negativo es que nos estemos acostumbrando a ver como normal, e incluso como una necesidad de los tiempos modernos, que nuestra juventud se inserte en el trabajo y en la vida, en unas condiciones que, salvadas las distancias mecánicas y estéticas, no tienen mucho que envidiar a las del joven Chaplin, perdido en el engranaje de la producción industrial fordista.

Qué cooperación, sentido de equipo, identificación con un proyecto, se puede pedir a quien se obliga a trabajar en estas condiciones. Qué compromiso con la política y los políticos se puede reclamar de quien constata, día tras día, la más absoluta desidia y desatención de sus expectativas y necesidades, mientras los discursos se ven plagados de promesas y buenas intenciones que cualquiera sabe que no llegarán a buen puerto si quien las formula toca pelo del poder.

Este año hemos conmemorado el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, aquel personaje que un día anunció que, los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. No le faltaba razón y sobraban las razones, para que el nuevo proletariado, sometido a la explotación de su fuerza de trabajo y a vivir hacinado en barriadas inmundas, e infectas, en la periferia de las grandes ciudades, se rebelara y se organizara en sindicatos y partidos obreros para tomar el poder y cambiar la lógica capitalista.

Tampoco faltan hoy las razones para que, ante una revolución tecnológica imparable y acelerada, nos organicemos para que esos cambios tengan rostro humano y la mayor riqueza tenga un mejor reparto, en lugar de generar más desigualdad. En esto, el mundo globalizado y robotizado, reclama las mismas respuestas, ideales y banderas de libertad, igualdad y solidaridad, que hace casi doscientos treinta años enarbolaron los revolucionarios franceses.

El año 2019 viene cargado de citas importantes con nuestro futuro y debería estar marcado por el compromiso político y social con un empleo decente y una vida digna para las personas.


Paca Aguirre, poeta de nuestra sangre

diciembre 3, 2018

Francisca Aguirre, Paca para cuantos la conocemos, acaba de recibir el magnifico reconocimiento del Premio Nacional de las Letras 2018. Poeta y no poetisa, como las llaman quienes buscan encasillar a las mujeres poetas en un mundo de sensiblería y ñoñería, muy alejado de la realidad de creación literaria que protagonizan las escritoras en nuestro tiempo.

Hace bien poco, leía un artículo que ponía de relieve la discriminación de la mujer, también en el mundo de la cultura y la creación poética. La presencia de mujeres en los jurados de premios de poesía se limita al 15 por ciento en las últimas décadas. Porcentaje que ha aumentado al 21 por ciento en los últimos diez años.

La divulgación, publicación, acceso a premios, de nuestras poetas sigue siendo un problema de poder acumulado por una serie de personajes que dominan y controlan el mundo literario, sostiene la autora del estudio. Una situación que va cambiando, pero muy lentamente.

El premio concedido a Paca Aguirre, precedido en 2011 por el Premio Nacional de Poesía, por su poemario Historia de una anatomía, viene a reconocer toda una trayectoria de creación poética que ha producido 11 poemarios y una reciente recopilación de su obra completa bajo el título Ensayo General.

El propio título da buena muestra de un trabajo poético marcado por la voluntad de experimentar con la palabra, para descubrir, el dolor, la pobreza, el exilio, la represión, la muerte, el vacío, la miseria del tiempo que le ha tocado vivir. Un tiempo que nació republicano, primero, dictatorial durante cuarenta años y finalmente democrático.

Los miembros del jurado destacan que Francisca Aguirre es la más machadiana de la generación de mediados del siglo pasado. Valoran su lucidez, su conciencia, su capacidad de mantener viva la memoria. No en vano, una de las primeras conciencias de Paca Aguirre proviene de aquel momento en el que atraviesa la frontera Francesa, camino del exilio, en 1939, cuando su padre le cuenta que marchan al destierro por el mismo lugar donde cruzó Antonio Machado.

Nació, Paca, en Alicante. Hija del pintor Lorenzo Aguirre, formado, al principio en su tierra y luego en Madrid y París. Su obra pictórica fue galardonada con numerosos premios repartidos por toda la geografía nacional. Tras aprobar una oposición para formar parte del Cuerpo General de Policía, durante la República, se mantuvo fiel al gobierno legítimo de la misma al estallar la Guerra Civil.

Al finalizar la contienda, se vio obligado a exiliarse en Francia. Volvió a España tras la invasión alemana, pensando que huía de la muerte nazi y terminó siendo ejecutado por los franquistas, en la cárcel de Porlier, en 1942. De aquellos tiempos recordará, más tarde, que “el hambre te vuelve loca. Yo me acuerdo”.

Con Paca Aguirre hemos compartido momentos inolvidables, casi siempre junto a su esposo, el también poeta Félix Grande. Nunca ha faltado a las citas en las que las trabajadoras y trabajadores hemos necesitado sentir la solidaridad, la compañía, el apoyo del “mundo de la cultura”.

Recuerdo su firma, junto a la de Félix, en aquel Manifiesto  que exigía la preservación del patrimonio natural, histórico y cultural de la Sierra de Guadarrama y su conversión en Parque Nacional. No faltaron tampoco en el homenaje que rendimos, en el Auditorio Marcelino Camacho, a uno de los más firmes defensores de la Memoria Histórica, Gervasio Puerta.

Allí estaban, en aquella Noche y Día contra la Reforma Laboral  que CCOO y UGT convocamos, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados,  el 24 de mayo de 2012. Ese año en que convocamos hasta dos Huelgas Generales, el 29 de marzo y el 14 de noviembre. Son tan solo tres de los muchos momentos que la pareja poética nos regaló.

Paca Aguirre nunca quiso formar parte de clubs, conciliábulos, tertulias, generaciones, círculos, sociedades, ni colectivos poéticos. La he encontrado, sin embargo, en muchas ocasiones, participando en actividades organizadas por el sindicato, o en las tertulias literarias de nuestro Ateneo 1º de Mayo. Leyendo sus poemas, presentando sus nuevos libros, explicando el sentido de su poesía.

Con motivo de la concesión del Premio Nacional de Poesía, preparamos un homenaje en el Auditorio Marcelino Camacho, en el que participaron muchas y muchos de sus amigas y amigos como Manuel Rico, Juan Carlos Mestre, Julieta Valero, o Margarita Almela, junto a Félix y su hija Guadalupe, también poeta, entre otras muchas personas venidas de la poesía, la música, el teatro. Gentes de la cultura, amigas y amigos de la vida.

Paca Aguirre es nuestra poesía. La valentía de la mujer que escribe “para no andar a gritos y para no volverte loca”. Combatiente contra la desigualdad, contra la discriminación entre mujeres y hombres, ricos y pobres. Defensora incansable de la vida y la libertad. Paca Aguirre, una mujer que merece sobradamente el reconocimiento que recibe, con el Premio Nacional de las Letras, porque su poesía está hecha de la sangre que recorre nuestras venas.


Os engañan, hijo, siempre os engañan

diciembre 3, 2018

Casi cada día iba a ver a mi madre. Desde hacía más de cuarenta y cinco años vivía en un pequeño piso del barrio de Villaverde, uno de esos lugares que han quedado como anclados en el tiempo. Ha cambiado el perfil de sus habitantes, pero social y económicamente, quienes siguen viviendo allí, quienes vivimos hace años, o aquellos que han ido llegando desde los más diversos rincones del mundo, llevamos grabada a fuego la marca de los Nadie.

Pero bueno, vamos a lo que vamos. En una de aquellas idas y venidas, en uno de aquellos paseos por el barrio, o en el pequeño salón de su casa (ya no lo recuerdo), comentando alguno de los jaleos en los que me he visto embarcado a lo largo de mi vida, a costa de los cargos que me ha tocado asumir en el sindicalismo madrileño y español, mi madre me espetó a bocajarro, sin alzar un ápice su tono de voz, Os engañan, hijo, siempre os engañan.

En aquellos tiempos no presté mucha atención, aunque la frase se me quedó dentro, como esperando mejor momento para retornar, tal vez cuando los signos de los tiempos lo hicieran posible. Cuando ahora contemplo, con más calma, los avatares de la política y de la vida nacional, no puedo dejar de recordar aquellas palabras que tenían algo de premonitorias y proféticas.

Claro que creo que han tenido sentido cada una de las batallas en las que me he visto involucrado. Desde las primeras huelgas democráticas del profesorado, hasta la defensa de los trabajadores de SINTEL. Desde las manifestaciones contra los atentados terroristas, ya fueran islamistas como el 11-M, o etarras como en la T-4 de Barajas, hasta la defensa de las trabajadoras y trabajadores del hospital Severo Ochoa de Leganés, de SOS-Cuétara, Pan Rico, o Coca-Cola en Lucha frente a las imposiciones injustas irracionales de la multinacional.

Claro que han servido de algo, aunque sólo sea para mantener la cabeza alta y la dignidad con pocos rasguños. Sin embargo compruebo, con cierto desaliento, la persistencia obstinada de aquellos que convierten su amor al dinero y al poder en la base rudimentaria, pero vigorosa, de su existencia. Y, si para ello hay que cambiar las leyes, reinterpretarlas, soslayarlas, o directamente torcerlas, pues se hace.

Son estos personajes, los que deciden que la ley general se transforme en doctrina Botín, o en doctrina Casado, o que una sentencia se cambie si no gusta a quien tiene que gustar. Son quienes hacen que cada día consideremos con más fundamento y justificación que existen dos clases de justicia y la nuestra no es justicia.

Cuando conocimos la sentencia del Supremo sobre los gastos e impuestos de las hipotecas, pudimos creer, durante unas horas, que la justicia había decidido inclinar la balanza hacia la ciudadanía, el común de los mortales. Pero era fácil intuir que cuando la bolsa cae, las cosas no van a ser tan sencilla. Los banqueros no podían tolerar los efectos de la sentencia sobre sus beneficios. Aspiraban, al menos, a que el Supremo dictaminara que la sentencia no fuera retroactiva. Ya puestos a prestar servicios a la comunidad, a su comunidad, el Supremo ha tomado la perturbadora decisión de que pague el cliente.

Ha tenido que ser el Gobierno el que, vía decreto, haya revisado de hecho la sentencia, obligando a la banca a pagar los impuestos hipotecarios, eso sí, sin retroactividad.  Nadie asegura, sin embargo, que esos mismos gastos no terminen siendo repercutidos sobre el cliente, de una o de otra manera.

La respuesta del Presidente del Gobierno ante la pregunta, ¿Qué ocurrirá si los bancos encarecen las hipotecas a cambio de tener que asumir el impuesto?, es reveladora y elocuente. Cree el Presidente que no lo harán, que espera que no. Que cree que el mercado hipotecario es bastante competitivo, porque estamos dentro de la Unión Europea. Para terminar apelando a la responsabilidad del sector financiero.

Yo que el Presidente no confiaría en la competitividad de un sistema bancario acostumbrado a disfrutar de protección, por mucho que formemos parte de la Unión Europea. En cuanto a esperar que un gato no cace ratones tampoco parece muy recomendable. Y suena ingenuo y hasta imprudente, apelar a la responsabilidad de quienes alimentaron con sus prácticas una burbuja financiera que ha arrastrado a la economía española a una crisis que dura ya diez años. Porque de la recesión hemos salido, pero la crisis se ha quedado a vivir entre nosotros.

Así pues, al cabo de los años, no le faltaba razón a mi madre, cuando pensaba que hasta cuando creemos que hemos ganado, no debemos descuidarnos, porque nos engañan, siempre nos engañan. Nuestros mayores lo han vivido todo y saben mucho de estas cosas.


Desajustes en las competencias

noviembre 18, 2018

Existe una preocupación recurrente en algún sector del empresariado y entre algunos responsables políticos, sobre la falta de correspondencia entre las cualificaciones disponibles y las necesidades para cubrir puestos de trabajo. Eso que llaman el desajuste de competencias.

Reclaman insistentemente que el sistema educativo provea de personas cualificadas para ocupar los puestos de trabajo ofertados por las empresas. Esta demanda es desproporcionada. El sentido común indica que es imposible que el sistema educativo cumpla esa función, entre otras cosas porque no es su papel.

El sistema educativo puede aportar personas que sepan leer, no sólo un libro, sino interpretar sus propias vidas, ubicar su lugar en el mundo, en la sociedad, en su desarrollo profesional, ejercitar sus derechos, asumir sus responsabilidades. Personas creativas, con las habilidades necesarias para convivir, comunicarse, ganarse honradamente la vida, vivir. Cosas así puede hacer la educación.

La educación es un derecho de cada persona, a lo largo de toda la vida y una necesidad para la sociedad y, en consecuencia, para la economía y las empresas. Eso es lo que podemos pedir a la educación. Luego están la Formación Profesional, la Formación universitaria, la Formación para el Empleo, que tienen como misión que la persona adquiera determinadas habilidades, las actualice, o se recicle para adquirir otras nuevas.

Pero volvamos a la preocupación de unos pocos empresarios y de algunos políticos: el desajuste de las cualificaciones. Para empezar, la mayor parte de las veces eso del desajuste se restringe a unas cuantas profesiones que exigen una cualificación superior para ser desempeñadas. Principalmente profesionales de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), profesionales sanitarios, docentes y quienes desempeñan trabajos vinculados a la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM), que se encuentran muy demandados.

Si en lugar de en España, nos encontrásemos en uno de esos países que figuran a la cabeza de Europa, tendríamos que incluir aquí a quienes dedican su vida a la Investigación, el desarrollo y la innovación, por más que en nuestra estepa sean tratados como parias de la tierra.

Hay, ciertamente, otros trabajos que exigen cualificaciones de tipo medio, que también  encuentran problemas para ser cubiertos. No es fácil encontrar buenos cocineros, soldadores, conductores de camiones, por poner algunos ejemplos. Esta situación convive con el exceso de personas cualificadas para desempeñar trabajos que tienen poca demanda y que terminan trabajando en profesiones que no requieren una cualificación tan alta.

Con todo, la realidad de cada país es muy diferente, lo cual hace que los desajustes no se produzcan en los mismos sectores. Recordemos cuando Gran Bretaña reclamaba profesionales sanitarios. No pocos jóvenes españoles emprendieron viaje a Londres por aquellos días. Un déficit que se repite en zonas rurales de otros muchos países. En otros casos necesitan profesionales de la judicatura, como Francia, o arquitectos especializados en construcción ecológica, como en Italia.

Entender la causa de estos desajustes, que suponen una pérdida de la inversión realizada en formación, es esencial en cualquier país. Por ejemplo, son muchos los sectores productivos que reclaman profesionales formados en CTIM, desde ingenierías, o construcción ecológica, a los fabricantes de vehículos eléctricos, o sectores con altos niveles de digitalización.

El problema es que estos profesionales tardan en formarse, en carreras intensas, que exigen altas notas para el ingreso y que cuentan con elevados niveles de fracaso. A todo lo cual tenemos que añadir que los mejores terminan emigrando y formando parte de la fuga de cerebros. Los que se quedan, acaban desanimados porque se les exige ser buenos profesionales en lo suyo y además ser buenos comunicadores, gestores, administradores, jefes de equipo y manejar varios idiomas. Eso, cuando no se les propone trabajar en plataformas externalizadas, como autónomos y por cuatro perras.

Los responsables empresariales no pueden exigir al sistema educativo que mantenga actualizados los conocimientos de estos profesionales, porque los acelerados avances tecnológicos lo hacen imposible. Se generan continuamente nuevas necesidades de cualificación, mientras que otras se van quedando desfasadas.

Para abordar, por tanto, el problema de la falta de personas cualificadas creo que hay que actuar en varios niveles. Por supuesto en el nivel educativo y formativo inicial, pero también en la cualificación permanente de quienes se encuentran trabajando,  en desempleo, o se plantean mejorar su formación para encontrar nuevas oportunidades laborales.

Pero, además, si queremos retener sus conocimientos y evitar su fuga, tendremos inevitablemente que animar a estudiar estas carreras, ofreciendo luego condiciones de empleo dignas y evitando su precariedad, los bajos salarios, cuando no el empobrecimiento de estos profesionales.

Junto a todo ello, la evaluación permanente de las necesidades nuevas, con participación de las empresas y los trabajadores, observar los desajustes que se producen y mejorar la flexibilidad en los procesos de formación, pueden permitir una mejor utilización de los recursos y una mayor capacidad de solucionar los problemas de cualificación que se vayan presentando.


Carta abierta al Padre Francisco

noviembre 18, 2018

Querido Francisco,

No escribo tu nombre real, para que nadie se anime a incordiar tu retiro, alejado de la trivial, mustia y frívola vida mundanal en la que nos hemos ido aventurando, como sin darnos cuenta. Me acordé de ti, cuando andaba embarcado en la recopilación de artículos para ese singular libro-recuerdo sobre el Bicentenario de Carlos Marx, que unos cuantos iluminados decidimos echar a andar, sin mucha esperanza de que pudiera terminar viendo la luz, a la vista de lo exiguos que fueron los primeros resultados de nuestra cosecha.

Pensé que, entre las invitaciones a escribir sobre el de Tréveris, faltaba una dirigida a alguien que pudiera pensar sobre Marx y la Religión, Marx y Dios, o el Infinito y Marx. No sé, una reflexión que fuera un poco más allá de la conocida referencia de que la Religión es el opio del pueblo. Una cita que, por otra parte, no era originaria de Marx y Engels, sino que ya había sido esbozada por pensadores anteriores como Kant, Feuerbach, o Heine, entre otros. De hecho, Engels estudió, en algún momento, el papel de las ideas religiosas como sustentadoras de no pocas revoluciones.

Me apetecía que alguien hablara en el libro del camino recorrido por los seguidores de Marx, hasta llegar a la Teología de la Liberación, pasando por Rosa Luxemburgo, Gramsci, el diálogo marxismo-cristianismo, Mariátegui, o el Padre Llanos y sus jesuitas del Pozo del Tío Raimundo, los curas obreros, con sus flamantes carnés del Partido Comunista y de las CCOO.

Recordé aquel tiempo, relativamente lejano, en términos de una vida humana, cuando fui tu alumno. Días en los que bajabas a Villaverde en una vieja Vespa, para echar una mano al párroco de la iglesia del Pino, alojada en unos sótanos que, pasados los años, han sido gimnasio y abandono. Todos recordamos siempre a ese puñado de maestros que dejaron su huella en nosotros.

Conservo aún uno de aquellos cuadernos en los que tomaba apuntes de tus enseñanzas de Filosofía y Ética. En una de sus páginas apunté algo  sobre el compromiso, Nada de contemporizaciones y oportunismo en este mundo. Seguir aquellos principios te ha obligado a renunciar a cargos, privilegios, a la orden religiosa a la que pertenecías. Me animé a pedirte que  escribieras un artículo para el libro.

Declinaste la invitación y me lo explicaste, pidiendo comprensión. Llevabas más de ocho años en lo que denominabas bendita “soledad” en un pueblo de la costa, jubilado, e intentando reponerte de las demandas judiciales que políticos y constructores habían interpuesto contra ti. El presunto delito consistía, básicamente, en haber aceptado el reto de ser  alcalde de una rica localidad, e intentar poner un poquito de orden en los mangoneos inmobiliarios.

Aún no habían estallado los escándalos de las tramas urbanísticas en ayuntamientos, ni la Gürtel, la Púnica, ni decenas de casos similares. El dinero circulaba, la riqueza fluía, los maletines y las bolsas de basura cargadas de fajos pasaban de unas manos a otras, los bolsillos se llenaban y todo el mundo prefería hacer la vista gorda. Quien se oponía amenazaba con matar la gallina de los huevos de oro. El rey debe morir para que todos sigan viviendo. Hermoso el  libro de Mary Renault, construido sobre el mito de Teseo.

Me contabas que te fuiste para liberarte de todo y de tantos que habían agotado una vida que tan sólo quería ser honesta y comprometida. Que te habías desvinculado de todas las colaboraciones profesionales, sociales, vecinales, políticas, partidarias, sindicales, que te unían al pasado. Desde tu terraza contemplas el mar y las estrellas. En la terraza cuidas tus plantas, te entregas a la lectura y, cada vez con más frecuencia, te dedicas a imaginar qué habrá sido de los alumnos y las alumnas a los que diste clase. Qué será de sus vidas.

Me recuerdas, salvadas de nuevo las distancias de un tiempo relativo que siempre termina por conducirnos al infinito, a aquel Jaime Gil de Biedma que, hastiado de un viejo país ineficiente, al que consideraba, algo así como España entre dos guerras civiles, aspiraba a vivir en un pueblo junto al mar, poseer una casa y poca hacienda y memoria ninguna.

Y, pese a tu negativa a escribir el artículo, pese a vivir en ese pueblo junto al mar, te molestas en contarme que, El Manifiesto Comunista me convenció de que la única felicidad, a la que el ser humano puede aspirar, está en esta vida y no en otra transcendente. También que el ser humano ha de dejar de contemplar e interpretar la Naturaleza y el Mundo  como grandiosa creación de Dios (secular mito, leyenda y superstición) y convertirse en artífice, creador, transformador de la naturaleza, del mundo y de su propia vida, construyendo su propio destino y futuro.

Francisco, lo intentaste. Arriesgaste con tu decisión y empeño. Acabaste pagando un precio demasiado alto. Tu destino, o el del del Alcalde de Seseña, Manuel Fuentes, debieron hacernos reflexionar como ciudadanía y debieron llamar a la puerta de la conciencia de los partidos. Las bases económicas de nuestras haciendas municipales se sustentaban en la gestión del suelo y eso había contaminado todo, corrompiendo a demasiadas personas, instituciones, empresas.

Quienes hoy se muestran agraviados, ofendidos y escandalizados, bien pueden acabar mañana imputados. El cinismo y la hipocresía se van adueñando del paisaje árido y yermo a marchas forzadas, abonando la tierra patria para que fructifiquen en ella las malas hierbas del populismo y del neo-fascismo que se nos viene encima.

Te pedí permiso para publicar tu carta en forma de artículo, cambiando nombres y referencias personales. Aceptaste. Hoy aquel artículo figura en el libro Dígaselo con Marx. Su título, Bendito Marx, y la firma, Padre Francisco, Fraile y Maestro jubilado, fueron elegidos por los editores. En todo lo demás, he procurado ponerme en tu lugar, meterme en tu piel, comprender qué clase de mundo te ha conducido hasta la bendita soledad. Tentadora y laboriosa soledad.


Papeles errantes, papeles urgentes

noviembre 4, 2018

Recientemente falleció la madre de un buen amigo. Tal vez el mejor amigo que tengo. Una mujer, viuda, de 94 años de edad, que vivía sola hasta el momento en que cayó gravemente enferma. Una de esas señoras que, cuando mueren, dejan a las comunidades de vecinos y los viejos barrios del Sur sin una de esas presencias que hilvanaba el tejido de relaciones que sustentan toda convivencia vecinal.

Me cuenta mi amigo que, en los últimos meses, andaba  cada vez más débil y enferma. Tuvo que ser hospitalizada. Por eso, intentando anticiparse a los avatares que se pudieran desencadenar, acudió a ver a su trabajadora social, en el Ayuntamiento. Fue ella la que le pidió los papeles necesarios para iniciar el trámite de revisión de la situación de Dependencia ante la Comunidad Autónoma, avisándole de que no son cosas que se resuelvan en un día, ni en dos, ni en meses.

Cuando mi amigo pidió, por primera vez, el reconocimiento de la situación de dependencia para su madre, que ya andaba en el entorno de los 90 años, la mujer había sufrido varios internamientos hospitalarios por enfermedades que no pueden considerarse menores. Tras los meses correspondientes de papeleos y tramitaciones administrativas, le fue reconocido el más ínfimo, menor y más bajo de los grados de dependencia, al que han dado en llamar Grado I. El resultado inmediato es que la ayuda a domicilio que recibía del Ayuntamiento, le fue reducida por la Comunidad. En total pasó de seis horas a cuatro horas y media a la semana.

Por lo demás, su tránsito por la dependencia, terminó siendo similar al de otras muchas mujeres en parecida situación. Auxiliares de ayuda a domicilio que venían a su casa, la sacaban a pasear, hacían algo de compra, barrían o fregaban, según el día. En pocos años conoció a bastantes de estas trabajadoras, porque cambiaban de destino, no las renovaban el contrato, o ganaba el concurso otra contrata. Parece ser que alguna vez la llamó la coordinadora, también de turno rotatorio y hasta acudió a verla. En ocasiones la llamaban desde el servicio de teleasistencia.

Falleció, al cabo de tres meses, la madre de mi mejor amigo sin ver resuelto el nuevo expediente de revisión de la situación de dependencia. Tal vez era mucho pedir que en tan poco tiempo, medido en términos administrativos, quedara solventada una tramitación que para muchas familias se cuenta por semestres y hasta por años. No tiene mi amigo nada que objetar, muy al contrario, al trato humano que recibió, ni con la calidad humana de las personas que la atendieron. Ni en la medicina, ni en la enfermería (ya fuera en atención primaria, hospitalaria, o residencial), ni en el trabajo social, ni en la ayuda a domicilio, ni en las voces siempre amables de la teleasistencia.

La mujer era  además tan discreta que, probablemente no le hubiera gustado que nadie  hablase de ella. Era de esas personas que a lo largo de su vida, piden lo que necesitan y aceptan lo que les dan, sin exigencias, sin reproches, sin que una mano sepa lo que la otra ha hecho. En silencio, sin presumir de sus logros, ni lloriquear sus derrotas. Afrontando de frente la ruina desencadenada, cuando ésta llega.

Sin embargo, acaba mi amigo de recibir una carta inesperada, más bien un oficio, sin que hayan transcurrido ni dos meses desde la fecha del fallecimiento de su madre, en la que se le comunica que, Se notifica Resolución (…) del Director General de Atención a la Dependencia y al Mayor, por la que se declara concluso el procedimiento de revisión de la situación de dependencia iniciado por (…), por fallecimiento del titular, circunstancia que determina la imposibilidad material de continuarlo, y archivar las actuaciones practicadas en dicho expediente. Así, a palo seco, sin un Hola, un Estimado Señor, Querido ciudadano de a pié, ni fórmula alguna de saludo.

A continuación otro párrafo dedicado a informar sobre las posibilidades de interponer recurso administrativo ante el organismo correspondiente, en el plazo determinado, de conformidad con tales y cuales disposiciones legales, o cualquier otro recurso que considere oportuno. Aunque el escrito viene firmado digitalmente por la Jefatura de Servicio competente, tampoco hay fórmula alguna de despedida, ni mucho menos de condolencia, o pésame. Un frío oficio administrativo es cuanto puedes esperar en el momento de la muerte, tras soportar largas esperas en los momentos de la vida.

Pido permiso a mi amigo para contar estas cosas en un artículo. Comento cuanto he descrito con un jubilado conocido, que ha dedicado su vida a la Seguridad Social, a la atención sanitaria, a las Mutuas de Accidentes en el Trabajo y que participó, hace ya años, en la elaboración del Proyecto de Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Protección de las Personas en Situación de Dependencia, más conocida como Ley de Dependencia, que no hace mucho ha cumplido su décimo aniversario.

Coincidimos en que la buena voluntad que marcó las negociaciones para hacer posible este nuevo derecho social, que pretendía equipararnos con Europa y que queda reflejada en el propio título de la Ley, ha tenido un desarrollo desigual, insuficiente y ha dejado un poso de amargura. Ni los recursos han sido suficientes, ni el personal ha sido el necesario, ni la coordinación entre Ministerios competentes y entre éstos y las Comunidades autónomas y Ayuntamientos, ha sido la indispensable. La larga crisis hizo el resto, convirtiendo la Ley de Dependencia en una declaración de buenas intenciones, sin los recursos necesarios.

Para las personas mayores y dependientes, la protección, la suficiencia económica y la autonomía personal, pasan por unas pensiones dignas y ayudas para poder atender sus necesidades, pero también es necesario desarrollar la protección social necesaria para continuar viviendo en su entorno, mientras puedan y para contar con otros dispositivos públicos que aseguren la calidad de sus vidas hasta el momento de la muerte.

No es caridad, beneficencia, auxilio social, misericordia, lo que necesitan. Es el reconocimiento del derecho a la vida digna hasta el mismo momento de la muerte.