Pisaré sus calles nuevamente

mayo 23, 2019

Pablo Fernández-Miranda ha dedicado buena parte de su vida profesional a hacer realidad el sueño de muchas personas de contar con una vivienda digna a precios asequibles, como director de la gestora de la cooperativa de viviendas promovida por CCOO en Madrid.

Pocos sabían que otra de las pasiones de Pablo era reconstruir la memoria de su propio padre, Celestino, que fue el primero de aquellos niños de Rusia que volvió a España, en plena II Guerra Mundial, tras ser apresado por un destacamento finlandés, cuando combatía como voluntario en el Ejército Soviético que intentaba contener el avance de los panzer alemanes.

En el Centro Abogados de Atocha, la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo, ha presentado recientemente el libro que recoge la vida de Celestino desde los inicios de la Guerra Civil española hasta su retorno a España, cuyo título ha terminado siendo Pisaré sus calles nuevamente.

A lo largo del mismo va recorriendo las vicisitudes en la Colonia Escolar de Salinas en la que le sorprendió el golpe de estado, quedando separado de la familia que vivía en Oviedo, las dificultades para embarcar en el puerto de Gijón bloqueado por navíos de guerra franquistas, la acogida en la Unión Soviética, su participación en la Guerra Mundial, la captura y el internamiento en campos de prisioneros, las gestiones del entonces embajador Agustín de Foxá y el retorno a España.

Pablo podría haber optado por un libro de memorias, o un estudio histórico. Ha preferido contarnos una historia, escribir una novela, su primera novela. No es tarea fácil este empeño, pero Pablo ha sabido resolverlo con acierto. Por eso y porque aprecio su esfuerzo y su buen trabajo, tanto profesional como en todo aquello a lo que se enfrenta, no podía negarme a romper mi prevención a participar en actos públicos al servicio de egos diversos. Pablo bien merece esta escapada.

Como toda buena obra narrativa no hay improvisación en este esfuerzo por preservar el recuerdo, la memoria, la vida de Celestino. No es improvisado, sino fruto de la misma modestia que impedía a su padre presumir de sus hazañas bélicas y confesar el número de tanques alemanes que había destruido, el que Pablo haya elegido que la protagonista sea una mujer, una de sus sobrinas, Carolina, que hoy realiza su proyecto fin de carrera en Periodismo, precisamente sobre su abuelo. Lee el resto de esta entrada »

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Carta abierta y agradecida al Presidente mexicano

abril 30, 2019

Andrés Manuel,

Perdona que siendo Presidente y ostentando la máxima representación del pueblo de México, me permita este tuteo, pero así me he dirigido hasta ahora al Rey de España, al Papa Francisco, a la alcaldesa de Madrid, o a Paquita, la compañera sindicalista que acumula una experiencia vital a la que yo nunca podré aspirar

No estoy acostumbrado a que nadie se moleste en contestarme, tal vez porque siendo abiertas, también la respuesta tendría que serlo y no cualquiera puede permitírselo. El hecho es que has escrito al Papa y al Rey de España planteando que hagan un relato de agravios y que pidan perdón por las violaciones de los derechos humanos y por los pecados cometidos en la conquista de América,

Creo que ambas cartas merecen respuesta de cuantas y cuantos vivimos en éste país, o de quienes, viviendo en este país, o en cualquier otro del planeta, incluido México, se sientan católicos. A los políticos a veces se os calienta la boca en un mitin electoral, porque desgraciadamente todo acto político termina convertido en acto electoral y acabáis diciendo este tipo de cosas, aunque no vengan a cuento. Lee el resto de esta entrada »


El penitente y la cuaresma electoral

abril 30, 2019

Ya sé que vivimos tiempos poco dados a lo espiritual y religioso, pero no puedo menos que darle vueltas al hecho de que vamos a vivir toda la precampaña y campaña electoral en plena Cuaresma y Semana Santa. Las cosas no ocurren porque sí. Algo querrá decir esta confluencia de fechas.

No sigo con asiduidad las lecturas y reflexiones de la Iglesia sobre el calendario litúrgico, pero, al caer en la cuenta de que los Carnavales habían terminado y que Doña Cuaresma iniciaba su andadura, justo cuando los partidos políticos se embarcaban en el viacrucis electoral, no he podido por menos que vestirme de penitente y echarme a la calle.

Penitente literal. No uno de esos de capirote, a los que llaman también nazarenos, capuchinos, disciplinantes, cofrades encapuchados, flagelados o no. Me refiero a uno de esos penitentes cotidianos que vagan por los barrios cada día del año. Me ha servido de disculpa el hecho de que el médico me haya aconsejado quemar el excedente de calorías a base de andar unos kilómetros al día. Lee el resto de esta entrada »


Del Instituto Escuela a Isabel la Católica

noviembre 18, 2018

Vivimos en un país en el que sigue imperando el sentido trágico de la vida. Campa a sus anchas el instinto sangriento de la fiesta, mientras escasea el tacto y buen gusto para el espectáculo. Tal vez en cosas así, resida nuestra facilidad innata para pasar las páginas de nuestra historia, sin haberlas leído y aún a costa de repetirla.

Cualquier país celebraría con orgullo, algunos acontecimientos como el centenario de la fundación del Instituto-Escuela. La memoria de un tiempo en el que un puñado de iluminados intentó la modernización de España, haciendo frente a los males seculares que la atenazaban. Unos males que se resumían en unas cuantas cuestiones: la cuestión religiosa, la imperial, la social, la militar, sin olvidar, otras como la cuestión agraria.

Aquellos visionarios se aglutinaron en torno a la figura de Francisco Giner de los Ríos, un catedrático expulsado de la universidad, por solidarizarse con otros catedráticos como Nicolás Salmerón, depurados por un ministro de educación, cuyo nombre no merece emborronar estas páginas, en pié de guerra isabelina contra la libertad de cátedra. Lee el resto de esta entrada »


Mi nombre entre los nombres

noviembre 4, 2018

Tenía pensado escribir este artículo sobre alguno de los temas que me preocupan. Sobre El fascismo que viene, o tal vez sobre La vida con filosofía. Sin embargo, una noticia ha trastocado mis intenciones y me ha incitado a adentrarme, una vez más, en un asunto espinoso, de aquellos de los que nunca sales bien parado, porque a muchos incomoda, a otros contraría y a no pocos duele.

Un medio de comunicación ha publicado una noticia sobre un supuesto homenaje de la “vieja cúpula” de CCOO a uno de los condenados por las tarjetas Black, antes de que entre en la cárcel. Sólo dan el nombre de dos de los asistentes y uno de ellos soy yo, lo cual me llena de cólera, simplemente porque no es verdad.

Ya he vivido episodios parecidos, cuando han confundido mi nombre, Francisco Javier López Martín, con el del compiyogui zalzuelero y yernísimo de Villar Mir, Javier López Madrid, también implicado en el asunto tarjetas. Como cada vez que esto ocurre, me toca desencadenar una campaña en todas las redes a mi alcance, hasta que el medio correspondiente, espero que sólo desinformado y no malintencionado, termina corrigiendo la noticia.

Así ha ocurrido también ahora. Disculpas privadas y rectificación pública de la noticia. Nada de esto merecería más atención y ya me parece hasta mucha. Avatares de la vida en el solar patrio. Si lo traigo a colación es por dos comentarios que he recibido, uno público y otro privado. El público, viene de toda una profesora de universidad con alguna responsabilidad en CCOO. Viene a decir, Bueno, seguramente es porque tú eras uno de sus amigos, sindicalmente me refiero. Los que no nos gustó nunca no figuramos en ninguna quiniela.

El mensaje privado, tampoco daré nombres, me dice, Javier, disculpa, creo que al contrario, lo mejor es no darle mayor difusión… es lo que buscan y la estrategia de las “fake news” es esa, entre mentiras y desmentidos, marcar la agenda informativa y que se siga hablando para que las redes lo amplifiquen al máximo.

En el primer caso, el comentario me parece, cuando menos, desafortunado. Cuando pertenecemos a una organización y personal, o colectivamente, alguien que forma parte de la misma se ve implicado en un asunto como el de las black, no creo que la frivolidad de la mofa, la burla y la guasa sirvan de mucho. Bien lo saben las personas que trabajan en universidades, acosadas por el desprestigio general que han sembrado quienes han utilizado la institución en beneficio propio.

En el segundo caso, agradezco la opinión, cargada de sentido común, si atendemos a la estrategia de la tensión y el debate crispado que utilizan algunos medios como ariete, abusando de los mejores principios propagandísticos de Goebbels, según los cuales la mentira repetida mil veces, adquiere apariencia de verdad.

Yo, en esto, me he fiado siempre del consejo que un buen día Burroughs le dio a Patty Smith, Crea un buen nombre, mantén limpio tu nombre, no lo comprometas, no te preocupes por hacer mucho dinero, o ser exitosa. Preocúpate por hacer un buen trabajo, tomar las decisiones correctas y proteger tu obra. Y si creas un buen nombre, finalmente ese nombre será su propia moneda.

Pues bien, pese a la mofa de la señora profesora y el prudente consejo del segundo compañero, lo único que tengo, lo único que he construido a lo largo de todos estos años, allá donde me haya tocado estar, lo único con lo que he salido de cada cargo o responsabilidad, lo único con lo que me terminaré yendo del tiempo que me quede, es mi nombre, limpio y libre. He cometido errores, sin duda, pero nunca me cegó el dinero, ni el poder.

Dicho lo cual, quiero también contaros que algunos de quienes hoy están en la cárcel por las tarjetas black, han compartido conmigo momentos muy duros para los trabajadores madrileños. Desde la primera gran huelga general del 14-D, hasta el NO a la Guerra, el 11-M y la T-4 de Barajas. Desde la lucha de SINTEL en la Castellana, hasta la de Coca-Cola en Lucha.

Desde las miles de viviendas protegidas entregadas por la cooperativa VITRA, en silencio, sin escándalo alguno, hasta la defensa cerrada contra la ofensiva contra lo público de la beneficiaria del Tamayazo, que comenzó con el brutal ataque a los profesionales del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Allí dieron comienzo todas las mareas y la dura confrontación contra el neoliberalismo que puso pica, hizo nido y se fortificó en Madrid.

Cómo no voy a sentir dolor, cuando esas personas ingresan en la cárcel. Tal vez algunos creyeron que en los despachos de Cajamadrid, o de Bankia, comenzaban a formar parte de la élite financiera, ignorando que nunca seremos uno de los suyos, como ellos nunca serán uno de los nuestros. Ignorando que la justicia suya y la nuestra tienen poco que ver. Pese a su ceguera aparente, sabe quien tiene que acabar en prisión y quién no.

Cómo no voy a sentir dolor si forjé parte de lo que soy junto a ellos y algo de mí, sin duda, guardarán dentro. Si conozco a sus mujeres y a sus hijos. Algunas de sus virtudes y sus defectos. Cómo no sentir que una parte de mí está hoy en prisión. No me pidáis que me alegre su desgracia.

No, no he ido, ni iré, a homenajes, ni despedidas. No juzgo a los que van, ni a quienes los organizan, ni a quienes los rechazan. Tampoco a los que guardan silencio para no verse salpicados. Pero no puedo dejar de pensar en aquel Napoleón, tan bien descrito por Bernanos, que, recluido y abandonado en Santa Elena, presumía de haber sabido aprovecharse de los imbéciles, cuando la verdad es que fueron los imbéciles quienes se aprovecharon de él, primero como incondicionales bonapartistas y más tarde, engendrando sobre su ruina humana, un nacionalismo patriotero que les permitió blindar su posición social y su riqueza.

Es cuanto os puedo contar en 1001 palabras.


La doctrina Casado

octubre 18, 2018

Me remite Antonio Rato, uno de los abogados de la estirpe de los de Atocha, un correo con algunas opiniones sobre el asunto de los títulos de Casado. Parte de algunas consideraciones sobre el desprestigio generalizado de la universidad, allá por los años 50, en sus tiempos de estudiante.

Tiempos, nos recuerda Antonio, en los que los titulares de las cátedras universitarias se encontraban en el exilio y los nuevos titulares no daban la talla, ni el nivel, exigibles. Tiempos en los que era de buen tono tener recomendaciones. Se presumía abiertamente de ello y no pocos sacaban a pasear, a las primeras de cambio, el consabido, ¡Vd. no sabe con quién está hablando!

Con 800 alumnos en el Aula Magna (porque alumnas sólo había 4),  no es extraño que los estudiantes fueran autodidactas, aprendieran casi de por libre en la biblioteca y se presentaran en las aulas para realizar los exámenes, o en todo caso para asistir a unas cuantas y poco habituales clases prácticas. Eran frecuentes los aprobados generales, o los aprobados selectivos.

Le asombra a mi amigo Rato (Antonio, no el otro), que hayan vuelto a algunas universidades, como la Rey Juan Carlos, esos modernos aprobados selectivos y discrecionales, esos aprobados generales, esa falta de aprecio por los claustros, la enseñanza oficial a la carta y de por libre.

Con todo, lo que más le asombra a nuestro compañero abogado es la pasividad del Tribunal Supremo a la hora de juzgar la concesión de títulos académicos en los que llaman la atención las facilidades pasmosas con las que se obtuvieron y que los vacían de contenido. Pese a todo lo cual, el Tribunal, a la vista de hechos tan evidentes, tan siquiera se atreve a declararlos títulos nulos.

Dicho de otra manera, Casado y algunas y algunos de sus compañeros y compañeras, que reconocieron haber obtenido el título sin haber hecho curso alguno, ni asistir a clase, podrán exhibir tranquilamente estos títulos en su currículum, acumulando méritos que falsearían cualquier selección de candidatos. Ahí quedan el mérito y la capacidad, reconocidos en nuestra Constitución, a la hora de obtener un puesto de trabajo.

El Tribunal no los declara nulos, ni mucho menos delictivos, cuando los hechos probados y reconocidos, me recuerda Antonio Rato, son subsumibles, de forma inconcusa, en el artículo 399 del Código Penal. Es decir, que los hechos son constitutivos de delito sin ningún tipo de duda.

El artículo viene a decir que, quien en el ejercicio de sus funciones comete falsedad, alterando documentos, o requisitos; o simula un documento en todo o en parte; o inventa la intervención de personas que no han intervenido, o las palabras de quien no dijo tales cosas; o falta a la verdad en la narración de los hechos, podrá ser condenado de 3 a 6 años de prisión, multas de 6 a 24 meses y a la inhabilitación de 2 a 6 años.

Habrá quien diga ahora que Casado no era funcionario, ni empleado público, ni  autor material del delito. Pero, es entonces cuando Rato nos recuerda que, o bien fue inductor, o cuando menos encubridor con beneficio personal de tales hechos. Aquí entra en acción el artículo 301, del mismo Código Penal, que castiga como encubridor a quien utilice bienes sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva.

Devolver el prestigio a los títulos de posgrado. Recuperar la reputación de la Universidad. Resarcir a quienes han sido víctimas del engaño, al haber visto vulnerado su derecho a ostentar un título conseguido con esfuerzo personal y coste económico, exige reconocer que Casado ha participado, con el grado de responsabilidad que se determine, en el caso máster.

No puede existir una justicia para robagallinas y otra para robamillones. Prisión para unos y vías de fuga para otros. Se encarcela al político que se enriquece cobrando comisiones mientras se deja libre a quien las paga para obtener concesiones que le enriquecen ilegítimamente.

En procesos como el de las tarjetas black, los altos directivos que más gastaron se van de rositas, en otros casos quien roba niños resulta absuelto y si viene al caso y es necesario se inventa la doctrina Botín. Nunca he creído que todas y todos seamos iguales ante la ley. Ahora, a la vista de la doctrina Casado y los argumentos esgrimidos por Antonio Rato, sobradamente conocidos en los ámbitos jurídicos, aún menos.

Imagino que serán suposiciones mías, viejos rencores, pertinaces rencillas y envidia personal de lo bien que les va a algunos ante la justicia, mientras que otros sienten todo el peso, cada vez menos ciego, de la ley.


Muertos de hambre

octubre 18, 2018

Recibimos decenas de vídeos y eso que llaman GIF, más o menos graciosos, llamativos, impactantes, virales. No suelo abrirlos porque, en los tiempos que corren, hacerlo requeriría un tiempo del que no dispongo. Sin embargo, hago una excepción con los que me envían algunos amigos, a los que atribuyo la capacidad de sorprenderme con imágenes, o ideas, que me hacen ver las cosas de otra manera.

Tras mantener una conversación telefónica, uno de esos amigos me manda un video realizado por Elio González y Rubén Tejerina, titulado Muertos de hambre. Seis minutos de monólogo, en los que Elio despliega algunas ideas en defensa del arte y los artistas, acompañadas de sugerentes imágenes en blanco y negro.

Me gustaría que lo vierais y por eso no pienso destriparlo, ni mucho menos hacer spoiler. El video comienza transcribiendo el comentario de alguien sobre las enseñanzas artísticas. No dan el nombre del comentarista, imagino que para que no cargue públicamente con su desafortunada opinión durante el resto de su vida.

Viene a decir el personaje en cuestión que, Las investigaciones médicas aumentan la esperanza de vida (medible). Nuevos métodos en ingeniería reducen costes, distancias, tiempos, etc. (medibles). La I+D incrementa el PIB y el empleo. Que un chalado pinte cuatro rayas en un cuadro, o que un flipado componga un pasodoble, no aporta nada de forma objetiva, o medible. El mundo va a seguir igual sin su aportación. No les necesitamos.

Imagino que el pobre hombre, no se me ocurre que una mujer tenga tan escaso aprecio por la vida y sus manifestaciones, se siente perjudicado y golpeado por el hecho de que la investigación haya sido una de las primeras víctimas de los recortes de Rajoy, hasta el punto de que hayan casi desaparecido de la faz mesetaria las investigaciones médicas, los nuevos métodos en ingeniería y eso que él llama I+D y que otros denominan Investigación, Desarrollo, e innovación (I+D+i).

No me extraña que Elio comience su monólogo contando una sugerente anécdota, en la que uno de sus amigos se ve obligado a responder a una pregunta de su padre en la que se interesa por saber a qué se dedica el inseparable colega de su hijo. El joven responde que es actor y añade que le gusta la poesía, la fotografía y ha realizado algún video. El padre corta inmediatamente la conversación, Vamos, un muerto de hambre.

La opinión no es muy distinta de la de un pariente mío, que no duda en ubicar a los artistas en la categoría de cigarras. Se supone que el resto de los mortales son hormigas, ya ve usted. Lo cierto es que los artistas, no sólo en España y no sólo en estos tiempos sin historia, han sido casi siempre unos muertos de hambre.

Mira por dónde, he ido a tener dos hijas artistas, aunque no siempre pueden ganarse la vida como tales y se ven obligadas a buscar otras formas de sustento. Pagan con doble esfuerzo su osadía, como las cigarreras pagaban el atrevimiento de ser trabajadoras, mujeres y libres. Va a terminar siendo cierto que el arrojo de robar el fuego de los dioses, puede terminar convirtiéndonos en ángeles caídos, o Prometeos encadenados.

Es muy difícil creer que podemos innovar algo, investigar, introducir algo nuevo, sin forjar, fomentar y valorar la creatividad en todas sus formas. La de una actriz, la que explota en la danza, en la música, en las imágenes, en los colores, en un poema, en un cuento, un relato, seductor y fascinante. No todo es medible y objetivo, ni en el momento de nacer, ni en el de morir, ni en cuanto nos ocurre en el breve recorrido entre ambos mojones.

Mientras aquí descuidamos la formación y el empleo decente. Mientras promovemos el ideal perverso de los falsos autónomos, precarios y mal pagados, a los que enseñamos a aceptar la explotación, en otros países de Europa cuidan a sus artistas, recompensan la imaginación y premian a sus creadores.

Al final nuestros jóvenes terminan por buscar acogida allí donde les ofrecen oportunidades y aprecian su trabajo. Nuestra juventud ha huido de España al ritmo de 100.000 al año. Muchos eran titulados medios y superiores, otros eran artistas. Acabamos haciendo nido allí donde nos quieren. Allí donde nos dan una oportunidad.

Un país como Bélgica, cuenta, por ejemplo, con un Estatuto del Artista, que permite compatibilizar periodos de actividad y obtención de recursos, con otros momentos en los que no hay trabajo remunerado, o un proyecto se encuentra en una fase de creación. Acreditando un nivel anual de actividad e ingresos puedes compaginar el cobro de una prestación con otros momentos en los que ingresas dinero fruto de tu trabajo.

En España estamos dando los primeros pasos para elaborar un Estatuto del Artista que regule desde la fiscalidad, hasta los gastos de formación, la protección laboral, o el derecho a una jubilación que sea compatible con la  actividad creativa.

Esperemos que este camino no quede en nada, porque de que este barco llegue a buen puerto, depende que mañana tengamos un país más innovador y creativo. Depende que nuestra cultura nos ayude a interpretar y a convivir con el misterio de nuestra vida  y que quienes la defienden cada día, dejen de ser unos muertos de hambre.