A este sindicalista le vale este acuerdo

diciembre 2, 2019

Andan los amigos, afiliados, inscritos, o como quiera que les llamen en cada caso, de Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Izquierda Unida y el PSOE, dando su opinión, al parecer no vinculante, sobre si es posible, aconsejable, necesario, un gobierno de izquierdas, o no.

Perdió la izquierda una oportunidad de oro antes del verano. Todos debieron intuir que más adelante sería aún más difícil, pero todos prefirieron dar su oportunidad a la derecha ultraliberal, a la otra conservadora y sobre todo a la ultraderecha, para que ahora respiremos un aire más cargado, viciado y agobiante. En un sinvivir, vaya.

He dedicado muchos años de mi vida al sindicalismo. He visto gobernar a la izquierda en diversas versiones monocolores, colaboradoras y hasta coaligadas. También he visto a la derecha, casi siempre monocolor y pepera, pero no con menos versiones, porque esos colores azules monocromáticos,  escondían en su seno sensibilidades muy distintas.

Desde el conservadurismo, al ultraliberalismo, que luego quiso ser ciudadano y terminó siendo comparsa, charanga, murga carnavalera. O desde el centrismo a la ultraderecha, esa que ahora ha decidido dar la cara y desgajarse de la casa madre, donde Aguirre, o Aznar, les alimentaban con sopa boba y empleos inventados.

Por eso, como a los sindicatos del país, me parece suficiente, necesario y ajustado a necesidad, el acuerdo suscrito entre Sánchez e Iglesias. Ya sé que es un decálogo de buenas intenciones, sin demasiadas concreciones. No son cien, doscientos, ni trescientos puntos concretos de desarrollo de una acción política, pero mucha letra no hace más entendible ni seguro un acuerdo político. Si hay voluntad ya llegarán esas concreciones. Ya he visto muchos grandes, largos y sesudos programas electorales nunca cumplidos, después de no ser nunca leídos.

Es más, con la mitad de lo escrito y hasta la mitad de su cumplimiento también me parecería bien.  La vida se está poniendo muy complicada y me parece que debo saludar toda mejora, sin grandes efusiones, pero con voluntad de avanzar. Decir que este gobierno va a combatir la precariedad laboral, intentar crear empleo y garantizar trabajo digno, estable y de calidad, me parece bien y no poco.

Luchar contra la corrupción, regenerar la política y defender los servicios públicos (educación, sanidad, servicios sociales y dependencia), blindar las pensiones, la vivienda como derecho, apostar por la ciencia, la innovación y hacer posible que nuestros científicos emigrados puedan volver a casa, mejorando la calidad del empleo en el sector, qué queréis que os diga, sólo merece mis aplausos.

Controlar el insufrible crecimiento de las casas de apuestas que degradan la vida de los barrios, significa dar respuesta a los vecinos y vecinas que ven cómo aumenta la dependencia de la nueva droga de la apuesta, condenada a arruinar familias, infancias y vidas.

Luchar contra el cambio climático, proteger el medio ambiente, la biodiversidad, parecía para muchos una ñoñería hace poco tiempo, pero con la que está cayendo, o hacemos algo y rápido, o nos inmolamos como planeta y como especie suicida.

Defender derechos como el de tener una muerte digna supone una de las mayores muestras de respeto a los vivos. Recordar a nuestros muertos, a los desaparecidos a la fuerza, son cosas que parecen banales, pero sin las cuales no tendremos una convivencia de los vivos, que necesita de la memoria de nuestros muertos. También el aprendizaje de sus dramas humanos, que nadie debe repetir, ni alentar.

Defender a los pequeños, a quienes viven la precariedad, ya sean jóvenes, mayores, autónomos, cualquier tipo de trabajador o trabajadora, apostando por un crecimiento sano que asegure el bienestar de las personas. Apoyar la cultura, o el deporte y la estabilidad de quienes viven ahora malamente de estas actividades.

Prevenir y combatir las desigualdades. La de la mujer, la de los desfavorecidos, la de quienes viven en la España vaciada, o quienes sufren la explotación y la trata y esclavitud, por ser mujer, inmigrante, menor de edad. Esas desigualdades que desembocan en pobreza, marginación, exclusión, degradación de las condiciones de vida, salud, vivienda. El futuro sin igualdad real, será un futuro de discriminaciones sin libertad efectiva.

Comenzar a hablar (sólo hablar ya es mucho) sobre España. Lo que nos une y lo que nos separa. Nuestra necesidad de políticas universales, pero adaptadas a nuestras realidades locales, regionales, nacionales. Resolver el problema de las reformas necesarias para que cada cual se sienta bien en España, en Europa y en el Cantón de Cartagena. No es fácil, pero hablando se entiende la gente y qué mejor que empezar en torno a una mesa. Sin redes sociales de por medio, a ser posible.

Hacer política exige dinero, recursos, presupuesto. Decidir quién pone la pasta y cómo se gasta, qué prioridades se aplican, pensando en el sostenimiento de la cohesión social y el estado del bienestar sólido y duradero. La fiscalidad justa y el presupuesto son elementos esenciales y muy poco valorados en política.

Hasta aquí el acuerdo. Ya lo he dicho. A mí me basta. Me parece lo suficientemente bueno para quienes viven de su trabajo. No temo a las bases. Temo a la irresponsabilidad ya demostrada por los dirigentes. La de quienes dejaron caer al gobierno. Quienes no asumieron los resultados electorales y dejaron pasar el tiempo hasta forzar unas nuevas elecciones. Quienes olvidan el hoy, pensando en un mañana que nunca será, o que, cuando llegue, ya no será.

Un poquito de responsabilidad en la izquierda. Por favor, o sin favor.


Evo, el líder indígena cocalero

diciembre 2, 2019

-Han permitido que la Biblia vuelva a entrar en el Palacio de Gobierno ¡Primero Dios!

Es la flamante e infamante presidenta golpista de Bolivia tomando el poder. Todo un programa de gobierno. La cruz y la espada de las fuerzas armadas, el dinero, la corrupción y la policía que han desalojado a Evo Morales de la Presidencia. Vuelven los buenos tiempos del fracasado ultraliberalismo de la Escuela de Chicago.

Estoy en la sala de reuniones de la Comisión Ejecutiva de CCOO de Madrid. En un hoy, que no es hoy. Un día cualquiera de un año indefinido, hace más de una década. Recibo a un líder sindicalista cocalero llamado Evo Morales. Recorre varios países europeos. Se reúne con líderes políticos y sindicales. Difunde los problemas de los indígenas bolivianos. Habla de su intención de presentarse a las elecciones presidenciales.

En Bolivia los campesinos productores de coca defienden sus derechos formando sindicatos. Evo es uno de sus líderes. Los problemas de los indígenas son muchos. Sobre todo la condena de silencio, privados de la tierra, del agua, de los derechos más esenciales a la salud, la educación, una vivienda digna, un empleo que asegure unos ingresos suficientes para vivir.

Han pasado los años y aquel sindicalista de los productores de hoja de coca (no confundir con los industriales de la coca, los traficantes de coca, los gobiernos que protegen el inmenso negocio de la droga) terminó llegando democráticamente a la presidencia de Bolivia.

Desde entonces el Producto Interior Bruto se ha más que triplicado. Evo ha reducido su salario casi en un 60 por ciento, mientras que el salario mínimo se ha multiplicado por 10. Ha reducido la mortalidad infantil a la mitad. Sus campañas de vacunaciones han permitido la casi total eliminación de enfermedades como el sarampión, la polio, la rubeola. Los presupuestos de salud se han triplicado.

Los recursos educativos han pasado de medio millón de dólares a casi tres millones y medio y Bolivia ha sido declarada territorio libre de analfabetismo. Las mujeres ocupan más de la mitad de los puestos en la Asamblea Nacional y poco menos de la mitad en el Senado. Casi el 70 por ciento de ellas son mujeres indígenas. Evo ha creado una pensión pública a partir de los 65 años y un programa de ayudas económicas para todos los estudiantes.

El país es dueño de sus telecomunicaciones, su petróleo, su gas, su telefonía, su electricidad, su tierra, su agua. No quiere decir que el Estado sea el dueño de las empresas, pero participa en las mismas y asegura que los tradicionales abusos sobre la población se hayan eliminado. No hay que olvidar que hacer llegar el agua a cada casa, o instalar un sanitario en cada vivienda, era una conquista impensable antes de llegar Evo.

Durante su mandato se construyeron decenas de fábricas de litio, cemento, automoción, textiles y casi 13.000 cooperativas. 134 nuevos hospitales. Más de 1.100 escuelas, Más de 7.000 centros deportivos y 25.000 kilómetros de nuevas carreteras.

Es la inmensa tarea de un indígena, pobre, sindicalista, que no acabó los estudios primarios, al que el orgullo de clase, las convicciones personales, el compromiso con su pueblo, le llevó a disputar el gobierno y la Presidencia a los que estudiaron en Chicago, Harvard, Oxford, Yale, o en una universidad española. Formados para seguir haciendo lo que siempre habían hecho sus antecesores. Nada nuevo bajo el sol en El Alto.

Dirigir un país tan pobre como Bolivia, obtener los recursos necesarios para acometer las inversiones imprescindibles para su desarrollo, atender y resolver las tensiones entre sectores sociales tradicionalmente enfrentados y con intereses contrapuestos debe ser tremendamente complicado.

Construir una carretera puede ser bueno para el desarrollo de un territorio, pero puede deteriorar el medio ambiente. Cerrar una instalación petrolera en la selva es bueno para el medio ambiente, pero malo para la economía nacional. Dar tierras al campesinado puede ayudar a mucha gente, pero los desmontes e incendios pueden contribuir a que la selva continúe retrocediendo y los problemas ambientales sigan aumentando.

Con todo no ha sido ninguna de estas cosas la que ha conducido al golpe de Estado perpetrado por la policía, el ejército, una parte del empresariado, los corruptos de siempre y la domesticada oposición política, con permiso del imperio del Norte. Los inmensos beneficios económicos de las grandes corporaciones se han visto reducidos, los corruptos se encuentran sometidos a procesos judiciales. Ocho bases estadounidenses han sido cerradas.

Por si faltaba algo en el golpe, resulta que Bolivia es dueña de las mayores reservas de litio del planeta, imprescindible para fabricar las baterías eléctricas de los coches que fabrican masivamente las multinacionales.

Tampoco la jerarquía eclesiástica boliviana ve con buenos ojos que la nueva Constitución haya eliminado el catolicismo como religión de Estado. Evo se declara católico de base y, como la mayoría de los indígenas, practicante del culto de la Pachamama, la Tierra Madre. El Papa visitó Bolivia,

-Pido humildemente perdón no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por todos los crímenes contra los pueblos originarios, durante la llamada conquista de América.

En alguna ocasión Evo ha dejado claro, sobre Francisco,

-Tengo enormes coincidencias sobre el capitalismo, sobre la Madre Tierra, sobre la justicia social. Por eso desde el momento en que lo conocí en Brasil, hace dos años, dije: Ahora sí tengo Papa.

Está ocurriendo en América Latina, desde Chile a Venezuela, pasando por Ecuador, Colombia, o Brasil. Los pueblos aspiran a vivir con dignidad y no soportan el enriquecimiento abusivo, las desigualdades crecientes, la secular pobreza. En el siglo pasado, con la complicidad de los Estados Unidos, proliferaron los golpes militares que impusieron el rancio neocolonialismo y el ultraliberalismo destructor de economías, pueblos y recursos.

Hoy Bolivia, con la complicidad de Trump, vuelve a vivir un golpe de cruz, dinero, espadas militares y botas policiales. Evo es otra de sus víctimas. El pueblo boliviano afronta uno de los periodos más duros de su historia por haberse atrevido a soñar aquello que el Papa de Roma les dijo en su visita, allá por 2015,

-Necesitamos un cambio. Queremos un cambio real. Un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta. No lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la hermana Madre Tierra.

Y Evo responde,

-Mi único pecado es ser Indígena y amar a mi Pueblo.

Así pues este golpe es el de la fuerza bruta y las malas artes del dinero corrupto, dueño de las fakes repetidas sin parar, el de las espadas cruzadas de militares, policías y los omnipresentes asesores estadounidenses. Pero la cruz ya no es suya, ni lo son los pueblos, ni lo es la Tierra.


Sacad las manos de nuestros niños

noviembre 20, 2019

En el periódico,

-A mí me parece bien que les peguen. Están todo el día robando, da miedo salir a la calle,

La vecina de más de 80 años, a la que han robado hace unos días. No es la única en el barrio.

-Pregunta en cualquier sitio y encontrará a alguien a quien le ha pasado.

Les llaman MENAS y se han convertido en leitmotiv a lo largo de la campaña electoral de la ultraderecha. No entiendo lo de llamar MENAS a niños que se encuentran en España sin la compañía de sus padres. Es feo esto de construirse acrónimos para enmascarar las más tristes realidades. Menores-No-Acompañados, MENAS.

-En ningún centro me han ayudado. Ni con papeles, ni con permiso de residencia, ni estudiar. Aquí no nos dan ni para el abono de transportes, ni calzoncillos, ni calcetines. Ni una pastilla por la noche para el dolor de muelas. Somos muchos, dormimos en colchones en el suelo, en los pasillos.

El chaval intenta explicarse a sí mismo, ante el periodista, viene de lejos, ya no tiene marcha atrás. En Marruecos sería un fracasado. Si vuelve tiene que hacerlo con dinero, un buen coche, salvador de su familia. Ni más ni menos que el campesino manchego, extremeño, andaluz, que marchaba a Suiza, Francia, Cataluña, o Madrid. Lo mismo. Es la imaginería popular la que le empuja a la salvación, la muerte, la resurrección. A ambas cosas.

En el descampado, cuenta el periodista,

-Yo soy gitano, español, y aquí estoy con un payo arreglando el coche. ¿Racismo? No es racismo, lo que ha pasado es normal, porque la gente está cansada de ellos.

De buena mañana, un lunes, una dirigente de la ultraderecha cañí se planta en Sevilla, en el barrio de la Macarena, habla de inseguridad, graves problemas, libertad,

-Esto se tiene que controlar y no puede haber todos los años un número sin control de menas que cuando cumplen 18 años acaban en nuestros barrios sin ningún tipo de tutela, sin haber sido integrados y sin ninguna posibilidad de futuro, porque como no tienen papeles, tampoco pueden tener acceso a un trabajo y una vivienda.

Lo curioso del asunto es que la ultraderechista en cuestión no nació en España, sino en Cuba, de padre cubano y madre española. Eso sí, sus padres no la convirtieron en MENA, porque eran dueños de una potente azucarera y con el tiempo su padre trajo a España la fraquicia KFC, la de la comida rápida, a base de pollo. Ella no fue técnicamente una mena, pero sí una menor emigrante.

Menos mal que en esta España, no sólo hay mujeres como ella, de ultraderecha, tipo Sección Femenina reconvertida. Todavía quedan mujeres sevillanas, trianeras, cigarreras, nacidas en lo más profundo de la Serranía de Ronda, como la Carmen de la novelita de Merimée y la ópera de Bizet.

Y quedan aragonesas como Agustina, madrileñas como Manuela, la de Malasaña, o la Mariana, de Granada, la que se apellidaba Pineda. Y Milagritos, como la del Cantón de Cartagena, la que se apellidaba Rueda. Hasta alguna Rosario queda, como la de ahí al lado, la de Villarejo de Salvanés, que si fuera necesario (nadie lo quiera, ni lo alimente con sus palabras ni sus obras), volvería a ser Dinamitera.

Como esa gaditana, Teresa, a la que escucho ahora clamar indignada,

-Les gusta decir MENAS porque así se nos olvida que no son otra cosa que niños y niñas solos. No puede haber más cobardía que el que se enfrenta a un niño o una niña que vive solo. No puede haber más crueldad ¡Que son nuestros niños y nuestras niñas, que están bajo nuestra tutela!

La propia arquitecta ultraderechista en cuestión cuenta en sus palabras lo que hay que hacer, aunque al negarlo lo afirma. Niñas, niños que necesitan acogida, formación, papeles, integración, trabajo, vivienda. Lo mismo que quería cualquier español y española obligado a emigrar en los años sesenta. Lo mismo que queremos para cualquier hija, o hijo nuestro, que tiene que escapar a buscarse la vida en cualquier país, siguiendo el ejemplo de Madrileños por el Mundo, Españoles por el Mundo.


Economía electoral

noviembre 20, 2019

Estamos en plena y nueva campaña electoral. Más corta, eso sí. Poco más de una semana. Reconcentrada, acelerada, comprimida, amontonada. Si ya es difícil que en una campaña al uso se debata sobre algo más que los cuatro tópicos al uso, podemos intuir que ésta se nos va a ir en rebajas fiscales, alianzas poselectorales y Cataluña, mucha Cataluña. Algunos guiños a colectivos como pensionistas, o autónomos, que se supone pueden decantar al triunfo hacia uno u otro lado en el último momento.

Los trabajadores parece que han desaparecido del mapa y de la agenda de los partidos, como si se diera por supuesto que se hubieran plegado a aceptar un destino masivo de precariedad, temporalidad, incierto futuro y no necesitaran otra promesa que tener un trabajo, cualquier trabajo, con cualquier salario y en cualquier condición. Mansedumbre, sumisión, un Sorry we missed you profetizado por Ken Loach,

-El sistema ha llegado a la perfección, el obrero obligado a explotarse a sí mismo.

Si hace décadas el modelo de producción modélico era el fordismo en el que el trabajador se hacía máquina, parte de una cadena infinita de producción continuamente alimentada, en intensivos turnos laborales, en inmensas factorías, hoy, vuelvo a Loach,

-El modelo Amazon destruye al individuo y al planeta.

Acaba con las personas, las familias, el Amazonas, el planeta todo.

Antes los trabajadores se organizaban en sindicatos, paraban la cadena, obtenían mejoras laborales y mejores retribuciones, participación en las ganancias y beneficios empresariales. En la película de Loach, hay atomización, solidaridad reducida a la mínima expresión, evaporación de cualquier tipo organización de la resistencia, de sindicato.

Nadie recordará que la media de paro en la zona euro no llega al 7´4%, mientras en España seguimos siendo cola de ratón, con casi un 14% de desempleo, tan sólo superados por Grecia. Silencio. Hablemos de la trashumante tumba del tirano, o de Cataluña. Sí, mejor de Cataluña. Donde va a parar, mucho menos deprimente, mucho más entretenido, sobre todo con una caña en la mano.

Nadie introducirá en la campaña electoral que la temporalidad, compuesta muchas veces de contratos de semanas, días, horas, ronda el 28% mientras que en la media europea no llega ni de lejos al 15. Son efectos de las sucesivas reformas laborales que no se arreglarán cambiando  de nombre a los contratos, como proponen algunas fuerzas de la derecha. Llamemos fijo a lo que es temporal y todo solucionado. Una temporalidad que, en el caso de los jóvenes, alcanza al 60%, el doble también que la media europea.

Nuestro empleo es la consecuencia de un modelo de producción, servicios, negocio, que apuesta muy poco por los trabajadores, a los que algunos denominan capital humano, recursos humanos, pero al que se considera exclusivamente como un mal necesario en el que hay que invertir lo menos posible, al que hay que formar lo imprescindible. Lo justito y mínimamente necesario.

Vivimos en un país, no sé si alguien  lo dirá a lo largo de la campaña, en el que poco más del 28 por ciento de las empresas de más de 10 trabajadoras o trabajadores son innovadoras. Más del 60% de esa inversión en innovación se ejecuta en Madrid y en Cataluña. Más del 70% si incorporamos la inversión en Euskadi. El resto de España es un desierto innovador.

Una buena muestra de esta situación es que nuestras tasas de abandono educativo temprano y fracaso escolar se encuentran muy por encima también de los datos europeos. Uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia nada, cuando la media europea no llega al 13%. La Formación Profesional para el Empleo (FPE) sigue durmiendo el sueño de los justos, sin que nadie se atreva a garantizar ese derecho a lo largo de toda la vida.

Uno de los peores efectos de las reformas laborales es que los contratos a tiempo parcial, no deseados, ni escogidos, se han duplicado hasta superar el 60% de este tipo de contratos y afectan ya a una de cada tres mujeres trabajadoras y a uno de cada seis hombres.

Pocos insistirán en que el deterioro de las condiciones laborales hace que trabajar no sirva de salvavidas contra la pobreza, hasta el punto de que un 13% de quienes trabajan viven en la pobreza, casi cuatro puntos porcentuales más que en Europa.

Son cifras y números, datos tediosos, cansados, demoledores pero cansinos, aburridos, fastidiosos. De esos que lucen poco, porque nadie puede sacar pecho a cuenta de ellos, ni envolverse en tamaña bandera como carta de presentación. Cifras que desvelan retos, carencias, problemas de difícil solución y que los partidos saben que exigen complicarse la vida, proponer, ensayar, equivocarse, cometer errores, aprender de ellos, hasta terminar acertando.

De todas estas cosas no hablarán en campaña los partidos de la derecha y los de izquierda hablarán menos de lo que yo quisiera. Sin embargo son esos los temas y asuntos que van sembrando el malestar, el descontento, la indignación, el resentimiento callado. Esa clase de problemas que terminan estallando cuando salta cualquier chispa en el ambiente cargado de sustancias volátiles y altamente  explosivas.

Este país ha alimentado ya demasiadas tensiones artificiales, ha echado demasiada tierra sobre los problemas reales, o los ha tapado con banderas y banderías, como para que ahora la campaña electoral vaya a convertirse en un circo mediático, una nueva oportunidad perdida. Sobre todo para la izquierda, a la que seguiré votando, que se lo juega todo pegada al  terreno que la clase trabajadora pisa cada día.


La insoportabilidad de Cuelgamuros

noviembre 3, 2019

Me asomaba a la pequeña terraza. Al fondo, a la derecha, una cruz se alzaba en el horizonte de la Sierra. Ha formado parte del paisaje de mi infancia y la infancia es la única patria reconocible. Así están las cosas. Así son si así os parecen.

No quiero decir que me parezca mal hacer caso a Gibson y realizar una voladura controlada. Ya he perdido muchos paisajes que vienen de las nieves de mi infancia,

-Los lobos han bajado esta noche, entre la nieve y han matado unas vacas en la dehesa,

La dehesa boyal, la de todo el pueblo, fue vendida hace muchos años a los constructores y ahora hay un montón de chalets sobre el pasto del ganado.  Los lobos desaparecieron, luego han vuelto, pero no bajan por el momento hasta las urbanizaciones.

Santos Juliá pontifica que sólo las ruinas del monumento serían dignas de perdurar, como simbólicos despojos de la dictadura. La dictadura franquista, en realidad, nunca estuvo en ruinas. Como no lo estuvieron nunca las dictaduras comunistas del Este de Europa. Los viejos ricos siguieron siendo ricos y asimilaron, mediante la utilización de abundantes puertas giratorias, a muchos de los nuevos políticos democráticos que acabaron sentados en sus viejos consejos de administración, como nuevos ricos.

Los pobres corrieron la misma suerte de siempre y desde entonces siguen preparándose para desempeñar el papel de víctimas de uno u otro bando, cuando las guerras civiles vuelvan a declararse, aunque sean menos cruentas, más controladas,  acotadas en el tiempo y en el espacio, más a la catalana. Lee el resto de esta entrada »


Turismo de calidad

noviembre 3, 2019

El turismo ha sido, desde los años 60, una de las locomotoras que han impulsado la economía nacional. Para poder desarrollar económicamente un país atrasado hay que buscar capitales para invertir. El franquismo los encontró, principalmente, de dos maneras. Mandando trabajadores al extranjero para que repatriaran dinero abundante con el que mantener a las familias que habían dejado atrás y aprovechando la única industria disponible y no obsoleta en España, el sol.

Así fue como el turismo, junto a la emigración, aportaron los capitales necesarios para afrontar inversiones en la construcción de viviendas, de instalaciones hoteleras, o infraestructuras de otro tipo. Carreteras, pantanos, vías ferroviarias. En menor medida, para la industrialización de España.

Pero la emigración ya no es lo que era. Quienes se fueron ya han retornado, o se han instalado definitivamente con sus familias en los países de acogida. Volverán tras jubilarse, si la atención a los nietos se lo permite. En cuanto a la industrialización tuvo su ascenso durante esta etapa de desarrollismo, sus procesos de reconversión y declive a partir de los años 80 y la globalización le ha dado la puntilla definitiva, quedando enquistada en valores bajos en comparación con países europeos con los que podríamos compararnos.

Para más inri, la industria es muy dependiente de las decisiones corporativas de las grandes multinacionales que pueden producir, deslocalizar, o instalar, sus factorías en cualquier lugar del planeta. Lo hemos visto recientemente con Coca-Cola. Esas decisiones condicionan el futuro de una ingente cantidad familias y de pequeñas y medianas empresas auxiliares industriales y de servicios.

La construcción, bien. Campeona de Europa. Es un sector tradicional que, a falta de industria textil, minera, metalúrgica, o electrónica, ha encontrado en el suelo, su recalificación, la edificación sobre el mismo, los servicios complementarios de mantenimiento, la base de negocio que permite la acumulación de capital en unas pocas manos. Hoy las antiguas grandes constructoras gestionan además jardinería, recogida de basuras, seguridad privada y hasta servicios sociales. Lee el resto de esta entrada »


Un sindicalista revolucionario en La Canadiense

octubre 28, 2019

Hace ahora 100 años, Salvador Seguí, a quien por su tierra llamaban el Noi del Sucre por su afición a comerse los terrones de azúcar que le servían con el café, pronunciaba una conferencia en el Ateneo de Madrid. Junto a otro conocido anarcosindicalista, Angel Pestaña, andaba embarcado en un ciclo de conferencias por toda España.

Explicaban, a quien quería escuchar, el éxito de la Huelga de La Canadiense, la situación tormentosa del nacionalismo catalán, las tortuosas relaciones con la burguesía y las estrategias del sindicalismo en un momento tan complicado como el que acabaría desembocando en la Dictadura de Primo de Rivera, el último intento del Borbón para echar tierra sobre la corrupción y la insostenible situación social y política del país.

Un momento marcado por la crisis económica mundial desencadenada tras el estallido de la I Guerra Mundial, que terminaría con estallidos revolucionarios en Rusia, Alemania, o el nacimiento del fascismo en Italia. Dos huelgas generales habían sacudido España a finales de 1916 y, de nuevo, de forma un tanto precipitada, en 1917.

La burguesía catalana andaba revuelta y convocaba la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, para plantear la reforma de la Constitución de 1876, en uno de esos movimientos pendulares que les llevaba del independentismo a las exigencias de intervención urgente del ejército para contener a las masas obreras. Lee el resto de esta entrada »