Porco Madrid, povero Madrid

octubre 9, 2017

Madrid es el centro geográfico, centro absoluto del poder político y judicial español, junto con los principales medios de comunicación. Me lo dice un pariente catalán, nacionalista, independentista, para el cual esta afirmación debe ser parte esencial de su cosmovisión (su weltanschauung).

Según parece, no hace sino dar continuidad a esa percepción tan italiana de las cosas que lleva a proclamar, ante cualquier adversidad, Piove, porco Governo!, algo así como, Llueve, ¡Gobierno de cerdos!

Existe otra variante, Piove, governo ladro!, no menos contundente y muy aplicable a los tiempos de corrupción que se han instalado por las cuatro esquinas de España y que se ejecutan utilizando las cuatro lenguas patrias (quizá menos el vasco, porque los corruptos son de mente cerrada y poco dispuestos a aprender lenguas complicadas y difíciles. Con aprender el contundente Tres por ciento, el mágico Tres por cento y el elegante y cautivador Tres per cent, ya te mueves bien por España entera y, decididamente, no es necesario aprender a pronunciar Hiru ehuneko).

Además, estas fórmulas mágicas se pueden enunciar en positivo y en negativo: Non piove, porco Governo! o Non piove, Governo ladro! Así, llueva o no llueva y a sabiendas de que Nunca llueve a gusto de todos, siempre viene a cuento echar las culpas al maestro armerode turno, que invariablemente está en Madrid. Madrid es el mantra que permite iluminar el camino y que entonan cuantos ya no saben cómo enmendar los desastres que, en muchos casos, ellos mismos han provocado.

No funciona la atención a la dependencia… Porco Madrid. Hay listas de espera sanitarias… Madrid nos mata. Hay aulas sobrecargadas de alumnado… Madrid nos roba la cultura. Hay corrupción… Nos roba Madrid. No se invierte en transporte público… Todo para Madrid. Nuestro empleo es malo y miserablemente pagado… el gobierno de Madrid. Da igual que muchas de estas materias se encuentren transferidas. Siempre cabe argüir que no mandaron dinero suficiente… Madrid lladro.

Dicho lo cual, podría continuar intentando emular a Albert Pla y escribir una carta troleada, una carta trampa, llena de mentiras sobre las maldades de Madrid. Pero Albert es un maestro de la provocación, al que, como bien presume él mismo, en justo reconocimiento, han terminado echando hasta de la CNT.

No elegiré esta vía para continuar el artículo, no por miedo a ser echado de ningún sitio (sólo podrían intentar echarme de mí mismo y en eso me he ganado, no sin rasguños, mi independencia), sino porque nunca seré tan bueno como él (ya lo siento) en ese arte del monólogo sarcástico, tierno y cruel al mismo tiempo. Nunca le alcanzaré.

Me conformaré con recordar, a quienes tiran de Madrid para justificar la maldición de la lluvia, o la sequía, que este Madrid del que hablan tenía, hasta hace bien poco, un rey nacido en Roma. Que el dictador que le precedió era gallego de El Ferrol (un día me entretendré en detallar el peso de la idiosincrasia ferrolana en el caso del caudillo). Que el primer Presidente de la democracia era abulense y que los ha habido sevillanos, algún nacido en Madrid emigrado a Valladolid, un astur-leonés y de nuevo un gallego.

Vale que José María Cuevas nació en Madrid, pero el primer Presidente de los patronos de CEOE, fue un barcelonés, Ferrer Salat y el último otro barcelonino, Juan Rosell.

Samaranch, podría haberlo sido todo en Madrid, pero prefirió ser presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) durante veintiún años, entre 1980 y 2001. Nació y murió en esa Barcelona a la que ayudó a ser olímpica. Pero antes fue falangista de joven y luego franquista de corte más nacional que nacionalista. Pasó por la embajada de España en Rusia y consiguió que la imagen de la Virgen de Montserrat tuviera su altar en una iglesia de Moscú. Poco después lamentó con amargas palabras la muerte del dictador, al que consideraba uno de los jefes de Estado más importantes del siglo XX y creó un partido franquista al que llamó Concordia Nacional.

El Presidente de la Conferencia Episcopal es de Avila y el arzobispo de Madrid, un cántabro. Y qué decir de los partidos políticos. Cierto que los líderes del PSOE y Podemos son madrileños. Pero el del PP es compostelano afincado en Pontevedra. El de Ciudadanos viene de Barcelona. El de Izquierda Unida nació en Logroño, de padres malagueños y desde la provincia andaluza se lanzó a Madrid.

En cuanto a los sindicatos, qué decir de una UGT cuyo primer secretario general en la democracia vino de Baracaldo (Nicolás Redondo), el segundo era extremeño-andaluz (Cándido Méndez) y el tercero astur-catalán (Pepe Álvarez).

En cuanto a mi sindicato, CCOO, las cosas no son muy distintas. Marcelino nació en un pueblecito de Soria, hijo de ferroviario. Antonio Gutiérrez salió de Orihuela, como antes lo había hecho Miguel Hernández. José María Fidalgo es de León. Hasta hace bien poco nos dirigía un gallego de El Ferrol (Toxo) y ahora un vasco de Barakaldo, de familia originaria de Valladolid. Obsérvese que este último Secretario de CCOO, Unai Sordo, nació en el mismo lugar que Nicolás Redondo. Este en el 27 y aquel en el 72. No hay casualidades. Algo querrá decir.

Podríamos seguir por los bancos. Al frente del BBVA, un cántabro, como cántabros los Botín que gobiernan el Santander y el bilbaino Goirigolzarri preside Bankia. Inolvidable el manresano Isidre Fainé, al frente de Gas Natural-Fenosa, Caixabank-La Caixa, la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), numerosos bancos y organismos internacionales y sus meritorios sillones en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras y en la Real Acedemia de Doctores de España.

En el capítulo de las multinacionales, la omnipotente y omnipresente Sol Daurella, la Presidenta de Coca-Cola, es barcelonesa y tan pronto coquetea con el independentismo, como concede premios desde el patronato de la Fundación Princesa de Asturias, en el que tampoco podía faltar Isidre Fainé. Para terminar, sin ánimo de exhaustividad, la Presidenta de Microsoft España, Pilar López Álvarez, nació en Astorga, se formó en la Universidad Pontificia de Comillas y tras una intensa y veloz trayectoria internacional y nacional ha sido elegida leonesa del año.

Vistas así las cosas, cuando se habla de Madrid convendría pensar en un foro de encuentro, el meeting point, punto d´incontro, punt de trobada, punto de encontro, topagunea, de personajes venidos de toda España. Si no existiera Madrid, decididamente, habría que inventarse uno a modo de ágora. Dicho de otra manera, sin Madrid, España sería un donut, con un agujero negro en el centro.

Otra razón para no imitar a Albert Pla, escribiendo una carta irónica y sarcástica, pidiendo perdón por la existencia de Madrid. Porque Madrid existe, tan sólo, ya lo dijo Machado, como rompeolas de todas las Españas. Madrid existe, para hacer realidad una greguería de Ramón Gómez de la Serna: Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España.

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El problema universal de Cataluña

septiembre 26, 2017

Tras el ataque desencadenado contra Joan Coscubiela, por parte de algunos personajes del independentismo catalán, me he sentido obligado a sumarme a cuantos han defendido que Joan puede ser criticado, como cualquiera, pero siempre ha sido honesto y sereno en sus apreciaciones y opiniones, por encima de los gustos y pasiones del momento.

Así lo he podido comprobar cuando hemos coincidido como Secretarios Generales de la CONC (la histórica Comisión Obrera Nacional de Cataluña) y de CCOO de Madrid, respectivamente y, posteriormente, cuando he tenido que tratar con él para plantear las posiciones sindicales en torno a los problemas de la Formación Profesional para el Empleo, durante la primera legislatura con Rajoy en el gobierno, en la que Coscubiela fue diputado por ICV.

Joan Coscubiela es buen sindicalista y gran político. No merece los ataques de los que ha sido objeto por haber dicho con claridad, en el parlamento de Cataluña, algunas cosas incómodas que proceden del patrimonio acumulado por la izquierda y que forman parte del patrimonio general de este país.

En Twitter he escrito, Hay que ver lo difícil que es mantener sensatez en mitad del huracán. Es lo que hace grandes a personas como Joan Coscubiela. Y en otro tuit escribí, No tememos un referéndum, ni la independencia, pero nuestro enemigo es otro. Los sindicalistas como Joan Coscubiela no lo olvidamos nunca. Este tuit va acompañado de una foto de Salvador Seguí, histórico sindicalista catalán de la CNT, con la siguiente frase: El único enemigo que hay en Cataluña es el mismo que hay en Madrid, el capitalismo.

Ha habido de todo en las contestaciones a estos mensajes. Hay quien los ha difundido, quien los ha comentado y quien los ha criticado. Me contesta un tuitero, Vale, en consecuencia: dejaremos que sea la oligarquimonarquía española la que nos gobierne, nos gusta más explotados por el capitalismo español. Cuando le respondo que ni dios, ni patria, ni lengua van conmigo, me responde que tampoco con él, pero que la única patria y lengua que le han impuesto es la española y que lo de la religión ya es otro tema.

Estoy seguro de que el tuitero, en cuestión, es un tipo de izquierdas, respetuoso y, además, declara estar muy interesado por la historia de la educación y la política educativa. Un tipo interesante, sin duda, que no insulta, que es real y opina de cara. Procura decir algo de peso, para él, en estos momentos.

Va a tener razón Luis García Montero cuando afirma que esto del nacionalismo en el siglo XXI va a ser cuestión de sentimientos y que sólo es respetable porque los sentimientos son respetables. Despertar nacionalista, al cabo de los años, por el hecho de que te impusieron de chico una nación y una lengua, es respetable, como sentimiento personal. Pero en eso, creo haber dicho ya en alguna ocasión, que me declaro, como Arrabal, un convencido nacionalista radical y sin fronteras.

En cuanto a la decisión de declararse nacionalista para no ser gobernado por la oligarquimonarquía española, imagino que también forma parte de un sentimiento aprendido. Leer Crematorio, o En la Orilla, de Rafael Chirbes, sin ir más lejos, debería habernos dejado vacunados contra este tipo de sentimientos.

Salvador Seguí, el Noi del Sucre, Secretario General de la CNT de Cataluña, explicaba, en el Ateneo de Madrid, que la independencia de Cataluña no le daba miedo, porque los trabajadores no son un pueblo leproso y, al contrario que los reaccionarios catalanistas, lo tendrían todo por ganar, porque en Cataluña sólo hay un problema universal, el del movimiento obrero.

Las balas de los pistoleros del Sindicato Libre, al servicio de la patronal catalana, aglutinada en torno a la Liga Regionalista y bajo protección del gobernador de Barcelona, el general Martínez Anido, acabaron con la vida de Seguí el 10 de marzo de 1923. Quien quiera conocer esta triste etapa de la historia de Cataluña, puede hacerlo leyendo la impresionante novela de Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta.

Un poquito de “seny” no vendría mal para romper esa danza perversa de  sentimientos y pasiones. Algo debería hacer la izquierda que, no hace tanto, contaba con mucha gente como Coscubiela, para escapar de la trampa del nacionalismo y reivindicar la resolución del verdadero problema de Cataluña. El problema universal de Cataluña.


La red de los agitadores

septiembre 16, 2017

Todos los que no tienen nada que decir hablan a gritos.

Enrique Jardiel Poncela

Comienzo por reconocer que soy un ser venido de otro tiempo, para que nadie sienta como insultantes mis comentarios. Es muy difícil poder entender la lógica del futuro, si vienes del pasado remoto. Sólo unos pocos privilegiados, como Aldoux Huxley, Julio Verne, o George Orwell, han sido capaces de intuir lo que se venía encima y entender su lógica, para explicárnoslo.

Lo dicho, nadie lo tomen a mal. En un mundo en el que tantos hablan, frecuentemente a gritos, mientras tan pocos escuchan, no sería lógico que fuera yo a estar acertado en mis interpretaciones. Máxime, viniendo desde tan lejos en el pasado.

Verán ustedes, mi idea de tertulia se fijó en aquella época en la que un periodista llamado José Luis Balbín creó y presentó un espacio llamado La Clave. Le concedieron este espacio en el segundo de los dos únicos canales televisivos existentes, en Enero de 1976. El formato procedía de un programa similar emitido en la segunda cadena de la televisión francesa, Les dossiers de l´écran.

El programa duraba cuatro horas. Tras la presentación de los invitados que participaban en la tertulia y del tema del día, se veía una película y, a continuación, Balbín moderaba un debate en torno al tema sugerido tomando en cuenta los diferentes puntos de vista. A lo largo de su andadura, se abordaron casi todos los temas prohibidos durante la dictadura franquista. Desde el aborto, a la crisis, el desempleo, o la legalización del Partido Comunista.

Por allí pasaron personas del periodismo, la política, el sindicalismo, la universidad, las artes, expertos de todo tipo. Lo nunca visto y los nunca vistos en el mundo conocido por la mayoría de nosotros. No es raro que aquello nos marcara de por vida.

Para los más nuevos en la fiesta patria conviene aclarar que acababa de morir Franco, España se precipitaba, entre 1975 y 1976, en una galerna de huelgas. CCOO había ganado las elecciones sindicales en julio de 1975. Ha ganao el equipo colorao, publicaba en portada la revista Doblón, aun antes de haber muerto Franco. La clase trabajadora se preparaba para actuar como punta de lanza de la democratización de España. Costaleros de la democracia, gusta decir Nicolás Sartorius.

No es extraño que, en este clima en el que el franquismo se resistía a morir y preparaba atentados como el de los Abogados de Atocha; en el que los GRAPO y ETA redoblaban sus atentados y secuestros; en el que lo nuevo, la democracia, no había nacido, ni aún se la esperaba, la Clave emitiera sus 13 primeros programas y fuera silenciada y prohibida hasta que, ya bajo el gobierno de Adolfo Suárez, comenzara a emitirse de nuevo, a finales de 1976.

Así hasta 1985, cuando el programa no fue renovado por el gobierno socialista de Felipe González. Desde TVE adujeron caídas en la audiencia, pero otros opinan que La Clave hubiera sido molesta en un año en el que iba a decidirse, en referendum, nuestra permanencia en la OTAN, tema vetado por la dirección de la cadena durante su última temporada. Ya sabemos…De entrada, No…

Han pasado los años, han cambiado los tiempos. Parece que hemos superado, o no, la prehistoria, el franquismo, la transición y hasta el régimen del 78. Ahora nadie parece necesitar las claves para formarse una opinión sobre el mundo en el que vivimos. Todos parecemos más interesados en buscar banderines de enganche que confirmen nuestros prejuicios sobre el origen de nuestros perjuicios.

Esos banderines de enganche nos los proporcionan, en dosis virales de 140 caracteres, o a base de consignas gritadas en las tertulias, unos cuantos “agitadores” (así los llaman ya en uno de esos programas de “debate” televisivo), que han alcanzado su efímera fama a base de histrionismo en las redes sociales.

Que nadie se ofenda, pero empiezo a añorar aquellos viejos dinosaurios como Balbín y sus ocasionales invitados en La Clave. Necesito con urgencia a quienes me hacían pensar, a aquellas personas que hoy me hagan pensar (como las meigas, creo que haberlas haylas). Y me sobran los que me animan y me incitan a gritar, a falta de algo que merezca la pena ser dicho.


Crisis, temporalidad y contrato a tiempo parcial

septiembre 5, 2017

Durante las crisis económicas se produce una caída de los salarios, es cierto. Pero en esta crisis económica, parte de esa caída de los salarios se produce porque empleos a tiempo completo están siendo sustituidos por empleo a tiempo parcial. No es necesario que el precio de la hora trabajada se reduzca, para que disminuya el salario cobrado por aquellos trabajadores que antes trabajaban a tiempo completo. Ahora sólo trabajan unas cuantas horas, porque su contrato ha sido realizado o reconvertido en tiempo parcial.

Durante la crisis han crecido el número de trabajadores y trabajadoras que se han visto obligados a firmar un contrato a tiempo parcial de carácter involuntario, porque es lo que había, aunque ellos hubieran preferido encontrar un empleo a tiempo completo. Conviene preguntarse por qué ocurre esto durante esta crisis.

Para encontrar la respuesta hay que remontarse a 2013, cuando el PP reforma el contrato a tiempo parcial, ampliando el número de horas complementarias de las que puede disponer libremente el empresario hasta un 30 por ciento. Pero es que además este número total de horas puede incrementarse un 15 por ciento voluntariamente y hasta un 30 por ciento, si se acuerda en convenio colectivo. El periodo de preaviso para utilizar estas horas complementarias pasa de 7 a 3 días.

Es muy atractivo, desde esta reforma, para el empresario, contratar a tiempo parcial, cuando tiene a sus trabajadores, o trabajadoras, permanentemente a disposición de la empresa. Eso aumenta la rentabilidad empresarial, aunque sea a costa de la compatibilidad con una vida personal y la conciliación familiar. Eso sí, cada momento de trabajo se convierte en intenso y los tiempos muertos desaparecen.

Al aumento de los contratos a tiempo parcial, se viene a sumar el carácter temporal de la inmensa mayoría de los nuevos contratos y muy especialmente en actividades económicas poco productivas. Ha sido el PP, quien con su reforma laboral y su política económica, ha incentivado un empleo precario y un crecimiento de bajo valor añadido, sin apuestas públicas por la investigación, la innovación y el desarrollo. Sienta así las bases de nuevos fenómenos especulativos y futuras crisis económicas.

A lo hecho por el gobierno, hay que añadirle unas prácticas empresariales nunca puestas en cuestión, que prefieren un modelo laboral con empleo temporal y a tiempo parcial, porque esa temporalidad y precariedad le permiten ajustar rápidamente los gastos y la caída de la demanda, reduciendo los costes laborales, utilizando el despido fácil y barato y fomentando la rotación de personas en puestos de trabajo que no requieren gran cualificación. Un modelo que pervive en una clase empresarial obsoleta.

Salir de la recesión económica impidiendo que los trabajadores y trabajadoras puedan recuperar salarios y derechos laborales y sociales, puede conducirnos a una salida injusta y desequilibrada, con aumento de las desigualdades y a instalarnos en una crisis permanente, no sólo económica, sino de modelo social, con inevitables consecuencias políticas y la aparición de conflictos con difícil solución.

Volveremos al crecimiento económico. A los beneficios empresariales. A encontrar nuevas fuentes de especulación, burbujas y pelotazos varios. Se creará empleo, malo y mal pagado, pero abundante. Volveremos al consumo y al endeudamiento de empresas y familias. Pero nadie debería hacerse ilusiones. Pan para hoy y hambre para mañana.

Mientras gobierno y empresariado condenen a buena parte de la ciudadanía a la precariedad laboral, la pérdida de derechos y los bajos salarios, no habremos asumido que el final de la recesión anuncia también el final de un modelo de país que se ha agotado. No tenemos demasiado tiempo para definir ese modelo del país que queremos, en lo político, lo económico y lo social, antes de que el arroz se pase. Podemos hacerlo en torno a una mesa, dialogando, o en el inevitable conflicto en las calles, en las empresas, en la política. De ambas cosas tenemos sobradas experiencias y quien más, quien menos, sabe que la segunda opción es siempre más incierta y menos deseable.


Las cuatro lenguas de España

agosto 23, 2017

Cierra los ojos y duerme,

ÑAMeabe,

pestaña contra pestaña.

No es español quien no sabe,

Meabe,

las cuatro lenguas de España.

Gabriel Aresti

Gabriel Aresti, ese bilbaíno que creció con el castellano como lengua materna y que aprendió el euskera de forma autodidacta, hasta convertirse en uno de los más importantes escritores del siglo XX en ese idioma, dedica este poema a Tomás Meabe, hijo de la clase alta bilbaína, discípulo del padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, y fundador de las Juventudes Socialistas, tras su acercamiento al movimiento obrero vizcaíno.

Dos trayectorias tan sólo aparentemente cruzadas, que vienen a coincidir con la convicción de Arrabal de sentirse un nacionalista sin fronteras. Porque ese aparente oxímoron que utiliza dos términos contradictorios uniéndolos en una misma expresión, tal vez no sea tan oxímoron, ni tan contradictorio.

Veo a mi alrededor cómo el mismo partido que defiende que en Cataluña se enseñe castellano, se empeña al mismo tiempo en que en toda España se  implante una enseñanza bilingüe en inglés, casi en igualdad de condiciones con el castellano.

Ni lo uno ni lo otro me parecen mal, de entrada. Con respecto a las lenguas extranjeras creo que hacemos bien en formar a nuestros hijos e hijas en el aprendizaje del inglés, alemán, chino, ruso, italiano, portugués, o árabe. Cuantas más lenguas conozcan, más posibilidades tendremos de movernos por y comunicarnos con un mundo globalizado.

Pero esta globalización sin fronteras debería eliminar el concepto radical de extranjero, en lugar de ampliarlo a los que viven en nuestro mismo país. Cuando, por poner un ejemplo, oímos por la calle a alguien que afirma que un catalán no es español, no sabemos, de entrada, si escuchamos a un nacionalista catalán, o a un nacionalista castellano.

Me parece que esto de la unidad de España depende más de asumir nuestra diversidad y nuestra pluralidad que de los vericuetos en los que nos meten las incapacidades del Mariano y el Carles de turno. Me siento castellano, pero más exactamente de la Sierra castellana del Guadarrama, a caballo entre las dos Castillas. Y me siento madrileño, pero más exactamente de Villaverde y, dentro de Villaverde, del Alto.

Y me siento un poquito de Ronda, porque allí nació una de mis hijas. Y de Ubrique, porque fui allí maestro. Y de Cáceres, más exactamente de Hervás, porque viven allí grandes personas a las que me unió la vida.

Y todo ello por accidente. Porque tengo una rara tendencia a ser y sentirme de donde vivo y trabajo, de donde viven mis hijos. Eso ha hecho que me haya ido de patrias, o que me hayan echado de ellas, o que haya sido un refugiado en otras y que haya vuelto de exilios voluntarios o forzosos, buscando mis orígenes. Vamos, como todo el mundo.

Pues bien, allá va una idea para fomentar el nacionalismo sin fronteras, al menos dentro de España: Creo que nos iría mejor como país si en los programas escolares incluyéramos el conocimiento y aprendizaje de las lenguas de Euskadi, Cataluña y Galicia. Al menos, al mismo nivel que lo hacemos con el inglés y con otras lenguas extranjeras.

Alguien contestará, lo he escuchado en alguna ocasión, que ya que podemos entendernos en castellano en toda España, para qué volcar esfuerzos en aprender otras lenguas patrias. Pero es que esto de la convivencia en un país tiene menos que ver con las cuentas, que con los relatos que somos capaces de construir en común, interiorizando la musicalidad de la lengua materna de cada cual. Nos unen más las canciones de cuna de nuestras madres, que las guerras caprichosas de nuestros padres.

Suenan bien las declaraciones del nuevo director del Instituto Cervantes, planteando un mayor compromiso de esta institución con la difusión de la cultura y las lenguas cooficiales de España, en colaboración con las instituciones de las  Comunidades Autónomas en las que se hablan esas lenguas.

No hay que olvidar que Don Quijote emprendió su famoso viaje a Barcelona y que no en vano Cervantes escribió el libro más leído y vendido de la Historia, después de la Biblia. Con la diferencia de que él lo hizo con una sola mano y en cuanto a Dios, siempre ha utilizado decenas de escribientes.

Francisco Javier López Martín


Ruidos nocturnos de Rajoy

agosto 8, 2017

Liberamos las fuerzas destructoras

y controlamos las productivas.

Exterminamos lo inferior

y aumentamos lo útil.

El huevo de la serpiente

Ingmar Bergman

Antes de que comiences a leer, ten en cuenta que cuanto aquí se cuenta no tiene que ver, en absoluto, con una realidad que casi con toda probabilidad será más dura y tendrá mucha menos gracia. Que cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. Que debes entender que te encuentras ante una parábola, similar a las evangélicas, probablemente helicoidal.

Comenzaremos así, Erase una vez… Mi primo Paco, al que de pequeño llamábamos Paquito en la familia y que ahora vive frente a las numerosas vías de los trenes que parten de la Estación de Atocha. Me cuenta sus cuitas mi primo, con la misma confianza con la que el primo de Rajoy le cuenta al Presidente sus impresiones más variadas sobre asuntos tan transcendentales como el cambio climático. Me cuenta, decía, que casi todas las noches, cuando la actividad ferroviaria desaparece de la estación de Atocha, monstruos de metal se adueñan de las vías, con enormes ojos luminosos y emitiendo bufidos, ruidos, rugidos de todo tipo.

Cuando esos engendros se desplazan de un lugar a otro cercano, para continuar su actividad frenética, devoradora de vías, emiten aullidos estridentes de todo tipo y de diferentes frecuencias, según el tamaño y envergadura del monstruo que se desplaza lentamente. Una ruidosa ocupación bélica que dura, muchas noches, hasta las tres o las cuatro de la mañana.

Durante el invierno, con las ventanas cerradas, el ruido es soportable, algo más que un molesto murmullo. Pero durante los meses de verano, con las ventanas abiertas, el primer sueño de los habitantes del lugar es sustituido por un estado de nervios permanente, que dura horas, hasta que alguien, en el ejército agresor, decide parar el combate hasta el día siguiente.

Mi primo ha escrito al Ministerio de Fomento, a Mariano Rajoy, a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de Madrid, a la Defensoría del Pueblo, a la Policía Municipal, al Concejal del Distrito, al de Medio Ambiente, a la Asociación de Vecinos, a ADIF, a RENFE, al Presidente de la Comunidad de Vecinos y a alguien más, que seguro, seguro, que se me olvida. Ha utilizado todos los correos electrónicos que ha encontrado disponibles desde la alta dirección, hasta atención al cliente y toda clase de servicios de reclamación y quejas.

Se supone, por tanto, que Presidentes, Presidentas, Ministros, Alcaldesas, consejeros y consejeras, diputados y diputadas, administrativos, jefes de servicio y de negociado, de todas las administraciones, han recibido en algún momento su reclamación, queja, o sugerencia. Porque mi primo sugiere soluciones, que permitan un pacto entre familias enteras que quieren dormir y los responsables de las contratas, subcontratas y contratas de las subcontratas que se esconden dentro de los monstruos que desencadenan su furia nocturna.

Sin embargo, nadie contesta. Alguna vez un correo automático indica la cantidad de meses que tardará como máximo, en responder, el servicio al que se ha dirigido. En otras ocasiones el servicio responde amablemente que no es cosa suya y que debe dirigirse a otro sitio, que procederá a remitir un nuevo correo electrónico indicando nuevos plazos. Hasta una vez aparecieron unos amables policías municipales, desprovistos de cualquier medidor de ruidos y recomendaron cerrar las ventanas y poner el aire acondicionado, porque, pese a las quejas vecinales, ellos no podían entrar en las instalaciones ferroviarias y los operarios de la contrata de la subcontrata de la contrata manifestaban tener todos los permisos de sus jefes para continuar devorando vías ferroviarias.

Lo peor, dice mi primo, aun estaba por llegar cuando, tras conciliar el sueño a las tres de la madrugada, una mala mañana, la contrata de la subcontrata de la contrata municipal de mantenimiento del arbolado, emprendió a las ocho en punto de la mañana, durante varias mañanas, motosierras en mano, el ataque contra las ramas sanas de los árboles, debe suponerse que acusados de ser demasiado frondosos. Es sabido que las podas se realizan en invierno, pero en este caso, debe de tratarse de una operación de saneamiento urgente que justifique la existencia de la contrata de la subcontrata de…

De nuevo a las quejas, reclamaciones, sugerencias en las que mi primo pregunta si no sería posible comenzar la poda en un parque, para luego entrar, motosierra en ristre, en el casco urbano. En fin, no debería ser tan difícil, pero la respuesta consiste de nuevo y, como mucho, en correos automáticos fijando plazos de respuesta, o descargando la responsabilidad en otro departamento. Como siempre, en la mayor parte de las ocasiones la respuesta es el silencio.

Cree mi primo, que los habitantes de su bloque tal vez se encuentran sometidos a un experimento similar al de los protagonistas de la película El huevo de la serpiente de Ingmar Bergman, cuyo objetivo último puede ser el de observar la capacidad de resistencia del ser humano al ruido, la falta de sueño y otras torturas similares. No en vano la película se sitúa en el Berlín, años veinte, en una sociedad anestesiada, que ha perdido el rumbo y que comienza a ser preparada por científicos, que luego servirán a los nazis en su holocausto, para liberar las fuerzas destructoras.

Por calmarle, a la vista de que lleva las cosas demasiado lejos, como si estuviera obcecado y sufriera los efectos de verse sometido a algún experimento social, le digo que no hay para tanto. Que somos españoles y no disciplinados y obedientes germanos. Que bien pudiera ser, sin más, que todos los políticos del país se estén ateniendo rigurosamente a lo expresado por nuestro sabio Presidente del Gobierno en su comparecencia (como testigo, quede claro que sólo como testigo) ante los tribunales de justicia, donde sentó jurisprudencia al afirmar que él solo sabe de política y afirmando claramente, con ese gracejo que le caracteriza, que no sabe de compatibilidades, de contabilidades y, se sobreentiende, que tampoco de ruidos nocturnos.

Y si así ocurre con el Presidente, cómo no ha de ocurrir lo mismo de ahí para abajo. De política todos sabemos un montón, pero de cuentas y de ruidos nocturnos, ya es otro cantar. No hay que buscar nada foráneo para explicar estas cosas que sólo ocurren en España.

Bueno, parece que le he dejado más tranquilo, pero yo no puedo ocuparme de él cada noche. Sería bueno que alguien en algún ministerio, una presidencia de alguna Comunidad Autónoma, o en una alcaldía, algún jefecillo en eso de lo ferroviario, el propio Mariano Rajoy (que he comprobado que conoce lo suficiente de cuentas y contabilidad como para permitirse asegurar que el crecimiento económico, el empleo y otro montón de cosas, marchan de maravilla), se ocupase de saber qué está pasando frente a las vías del tren, o en los jardines cercanos a las urbanizaciones.

No sea que los experimentos terminen saliendo mal. Que se les vaya de la mano, o la mano entera hasta que a mi primo se le vaya la olla. Mi primo siempre ha sido gente sensata, amante de negociar ante cualquier conflicto. Pero, de verdad, le he visto muy alterado con esto de los ruidos. Y yo es que le quiero mucho.


Casas de la palabra

agosto 7, 2017

En mi boca, sí, se vuelve mentira

lo que verdad parecía en la mente.

Hofmannsthal

Daba vueltas sobre el artículo que debía escribir esta semana en mi columna La Voz de los Nadie. Tenía decidido el tema. Una reflexión sobre la palabra, su poder y su ninguneo hasta convertirla en posverdad. En el camino me he topado con Luis García Montero, que esta semana escribe una columna titulada Un mundo apalabrado, en la que aborda la pérdida del valor de la palabra política como contrato y en la que concluye afirmando. Frente a tanta palabra hueca y cínica, conviene saber hasta dónde puede llegar el compromiso con las palabras.

Una primera tentación me sugería no reincidir en una variación sobre el mismo tema. Pero luego he pensado que nunca viene mal afrontar el mismo problema desde dos posiciones distintas. Además me ha resultado sugerente volver a la idea que he venido alimentando desde lejos, según la cual la amistad consiste en una extraña simpatía que establece una sincronización de dos personas más allá del tiempo y la distancia. Amigos con los que tras meses, tal vez años, de separación, podrías comenzar entonando el famoso, Como decíamos ayer.

No he tenido con Luis grandes encuentros, ni desencuentros. No comparto todas sus ideas, ni he trabado con él una amistad del día a día y del codo con codo. Le apoyé en su campaña electoral y más tarde le pedí que escribiera el prólogo a mi libro de poemas, La tierra de los Nadie.  Poco más nos une. Sin embargo, eso no pare ser obstáculo para que sus preocupaciones sean las mías y para que, con toda probabilidad, estemos pensando en asuntos muy parecidos, casi al  mismo tiempo.

Creo que el valor de la palabra debe estar siendo una preocupación de mucha gente de bien ahora mismo. La historia nos demuestra de forma tozuda que cada vez que la palabra ha perdido valor, o ha sido incumplida, la brutalidad ha tomado el relevo y se ha abierto camino. Llevamos grabado a fuego, en nuestras memorias de la historia, que cada vez que la palabra ha perdido su fuerza, se ha adocenado, se ha sometido a los designios del poder, hemos permitido que se convierta en algo frágil, hemos abierto las puertas al escepticismo, primero y luego a la violencia que pretendía restablecer el orden perdido de las cosas, aún a costa de millones de muertos en los campos de batalla, o los gulag.

Parecía que, tras un siglo XX herido por la locura desatada en dos guerras mundiales y en   numerosos conflictos locales y genocidios programados, la humanidad podría comenzar el tercer milenio aprendiendo de los errores del pasado. Sin embargo, la manipulación de las palabras para justificar, alentar y sugestionar al personal en la necesidad de la violencia, junto a la utilización de la mentira mil veces repetida hasta que adquiere apariencia de verdad, al más puro estilo goebbeliano, han sido complementadas por la utilización de la palabra como llamada a los sentimientos, al miedo y las bajas pasiones.

La profecía de Aldoux Huxley está cerca de cumplirse. Esa dictadura perfecta que tendría apariencia de democracia. Esa cárcel sin muros de la que los prisioneros no soñarían en evadirse, porque gracias al sistema de consumo y entretenimiento los esclavos amarían su servidumbre. La coerción ha cedido su puesto a los creadores de tendencias, que nos sugieren, nos susurran, nos gritan, el significado de las palabras. Hay quien lo llama posverdad.

Tal vez va siendo hora de recuperar el valor de las palabras, no sólo de la palabra dada, que también, sino de la que da nombre a cuanto puebla nuestro mundo. Uno de mis amigos, de esos a los que no hay que ver cada día, me habló, tras uno de sus viajes,  de esas tribus africanas en las que el pueblo se reúne en la Casa de la Palabra, para hablar, contar, aprender, resolver problemas, tomar decisiones. Lugares de techo bajo, en los que se habla sentado, porque nadie puede, exaltado por un debate, ponerse de pie, en gesto amenazador. Donde la palabra nombra y relata y donde compromete a cuantos la pronuncian.

Tal vez es tiempo de construir Casas de la Palabra.

Francisco Javier López Martín