Mandela cumple 100 años

agosto 14, 2018

Cuando dejamos que nuestra propia luz brille,

inconscientemente damos permiso

a otras personas para hacer lo mismo.

Nelson Mandela

 

Tal vez comienzo a resultar pesado con tanto recuerdo de personajes y de citas históricas. Que si Karl Marx, que si Paul Lafargue, la Primavera de Praga, Stephen Hawking, Luis Montes, Mary Shelley, o Mayo del 68. Hasta para una vez que escribí sobre otras cosas en este blog, lo hice sobre la Huelga de las Aguederas de Riaguas de San Bartolomé.

Prometo enmendarme y escribir más adelante sobre algunos personajes y hechos actuales, por más que cada vez que he hablado del pasado lo haya hecho para establecer algunas conexiones con el presente, que creo no deberíamos pasar por alto. En esta ocasión, me parece obligado escribir sobre un personaje que acaba de cumplir cien años, Nelson Mandela.

Lo de Nelson es un apodo escolar que le puso su profesora el primer día de clase. Ya se sabe que en aquella Sudáfrica del apartheid los niños negros recibían apodos blancos, tal vez para evitar la tortuosa pronunciación de nombres incomprensibles para los blancos. El verdadero nombre del niño era Rolihlahla y venía a traducirse como el que tira de la rama de un árbol, se entiende que sin ton ni son, lo cual significaba algo así como agitador, rebelde, bullicioso, perturbador.

También le llamaban Madiba, como a uno de los más famosos jefes de su clan. Cuando llegó a la mayoría de edad y superó las pruebas y ceremonias que los xhosa tradicionalmente celebran, recibió un nombre bastante más conciliador, Dalibhunga, cuyo significado hace referencia al que funda, convoca, reúne, crea el consejo y facilita el diálogo.

Más adelante, le llamaron Tata, como padre de la democracia sudafricana y por fin, como señal del aprecio generalizado que supo ganarse, se le reconoció como Khulu, que no es otra cosa que la abreviatura de la palabra abuelo, que para los xhosa viene cargada de connotaciones afectuosas, de respeto y agradecimiento.

Así las cosas, deberemos convenir que Mandela hizo honor a cada uno de sus nombres, por etapas y simultáneamente, de forma acumulativa, a lo largo de toda su vida. Rebelde, dialogante, creador de unidad, fundador de una nueva nación, padre de la democracia y grande y reconocido como abuelo. Y todo ello sin renunciar a ser aquella persona que un día dijo, vive la vida como si nadie estuviera mirando y exprésate  como si todo el mundo estuviera escuchando.

El centenario de Mandela, al contrario de lo ocurrido hace casi cinco años con su fallecimiento, ha sido discreto y ha pasado casi desapercibido, aunque no dejan de causar sonrojo algunas alabanzas vertidas en las redes sociales por quienes utilizan dos varas de medir. Una, para los extranjeros que han recibido el Premio Nobel y otra para aquellos a los que hay que mirar con las gafas de ver españoles.

A fin de cuentas, Mandela, no dejó nunca de ser el comunista del Congreso Nacional africano que abandonó la no violencia para encabezar la lucha armada del Comando Lanza de la Nación. Eso le valió una condena que le mantuvo en la cárcel durante 27 años. Incluso cuando le ofrecieron salir de prisión a cambio de renunciar a la lucha armada, ¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de mi gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos.

Causa pudor ver cómo Pablo Casado tildaba al opositor venezolano Leopoldo López, de ser un nuevo Mandela, perseguido por el régimen chavista y se ha hartado de tildar de asesino al Ché Guevara, a quien no se cansa de poner en contraposición con Miguel Ángel Blanco, en un ejercicio impúdico del aquí todo vale, aunque no venga a cuento. Ignora el nuevo Presidente del PP, pese a sus cuantiosos títulos, que Mandela era también amigo personal de Fidel Castro, lo cual le valió sonoros abucheos en su visita por Miami.

Lo que nunca fue Mandela es un cínico. Hizo en cada momento lo que creyó que tenía que hacer. Y creyó siempre que, El valiente no es el que no siente miedo, sino el que vence ese temor. el hombre que sabía que nada es negro, o blanco. El que soñó una sociedad multicultural diversa y donde cada hombre, mujer y niño sean tratados igualmente. Y que aprendió que Parte de la construcción de una nueva nación incluye construir un espíritu de tolerancia, amor y respeto entre la gente del país.

Era el pensamiento de un hombre al que le había arrebatado todo. Los mejores años de su vida, su unión matrimonial, el crecimiento de sus hijos. Pero al que no pudieron echar de Sudáfrica, ni impedir que siguiera convencido de que Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma. Renunció al odio porque no quería entregarles nada más y porque no debía permitir que aquel odio le carcomiera el alma.

Esa fue su grandeza, la que le hizo merecer cada uno de sus nombres, la que tanto necesitamos y tan poco abunda.

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Formación Profesional y nuevo gobierno

agosto 14, 2018

Acaba de presentar Pedro Sánchez su programa de gobierno ante el Congreso de los diputados. Hora y media de discurso en el que ha trazado las prioridades de la acción política durante los próximos años, si nada lo impide. Los medios se han fijado, sobre todo, en temas como las amnistías fiscales, la exhumación de los restos del dictador Franco, el Plan de Choque contra la Explotación Laboral, o la nueva senda del déficit que beneficiará a las Comunidades Autónomas.

Menos incidencia mediática ha tenido una noticia importante para los trabajadores y trabajadoras, como la derogación de ese artículo 315.3 del Código Penal, que ha producido cientos de encausamientos ante los tribunales y condenas injustas para quienes, participando en una huelga, han sido acusados de impedir el derecho al trabajo, lo cual suena a patético en un país que impide el derecho al trabajo, con y sin huelga, de millones de sus ciudadanos y ciudadanas, sometidos a largas condenas de paro.

Tampoco han tenido gran relevancia las palabras que Sánchez dedicó a la Formación Profesional. Todo el mundo habla del futuro que ha de venir de la mano de la formación, pero son muy pocos los que luego llevan a la práctica esas consideraciones enunciadas como mantras, cantinelas entonadas cuando no se sabe qué otra cosa decir.

Sánchez ha declarado que la Formación Profesional debe tener un protagonismo fundamental, tanto como para estar presente en la denominación del nuevo Ministerio de Educación. Nos propone, además, tres prioridades: La primera, integrar en un catálogo único cursos, módulos y ciclos formativos de los dos subsistemas de Formación Profesional (el dependiente del Ministerio de Empleo y el del Ministerio de Educación), bajo un mismo currículo. La segunda, regular de una vez por todas, la Formación Profesional Dual. Y la tercera, elaborar un mapa de oferta y demanda de Formación Profesional de grado medio y superior en la Comunidades Autónomas, así como las especialidades emergentes que plantea la nueva economía.

Como declaración de intenciones no está mal. Como comienzo de la andadura, tampoco. No puede haber dos Formaciones Profesionales, una a espaldas de la otra, para que dos ministerios como Empleo y Educación terminen haciendo cada uno la guerra por su cuenta. No podemos seguir llamando formación dual a las abundantes fórmulas estatales y autonómicas inconexas de explotación laboral juvenil, disfrazadas de formación con prácticas laborales. No podemos seguir asistiendo a una oferta caótica y siempre insuficiente de formación profesional que no cubre la demanda en aumento.

Vivimos en un país que ha despreciado la Formación Profesional hasta el punto de que tenemos niveles de formación universitaria iguales o superiores a los de la mayoría de los países de la Unión Europea, mientras que casi triplicamos los porcentajes de personas que han conseguido, como mucho, alcanzar la enseñanza obligatoria. En torno al 40 por ciento de los españoles se encuentra en esta situación.

Mientras tanto el nivel de matriculaciones de nuestros jóvenes en Formación Profesional se encuentra en el 12 por ciento, frente al 30 por ciento en la Unión Europea. Cada año, en Comunidades como Madrid, se llenan las plazas y se quedan miles de jóvenes sin poder acceder a la Formación Profesional que han solicitado.

El nivel de fraude en los famosos contratos de formación y de abusos en las prácticas no laborales, el aprendizaje y los becarios, es de sobra conocido. Los sindicatos lo han denunciado constantemente,  pero sigue siendo tolerado. El Estatuto del Becario que anuncia Sánchez, debe verse acompañado del Estatuto del Aprendiz que reclama la Unión Europea, para evitar la arbitrariedad y el abuso permanente contra nuestra juventud.

Afrontar el impulso necesario de la Formación Profesional en España va a exigir algo más que declaraciones de intenciones, cambiar el nombre de un ministerio,o acometer campañas promocionales. Va a requerir mucho tacto, mucha negociación y la firme decisión de remover intereses creados entre Ministerios, Comunidades Autónomas, agentes económicos y sociales y centros de formación de todo tipo.

Sin embargo merece la pena hacer frente al desafío, e intentar una regulación clara de la Formación Profesional, al servicio de un modelo de empleo estable y con derechos, reformando un sistema que, sin abandonar su componente educativo y la defensa del derecho personal a una formación a lo largo de toda la vida, se vincule con las necesidades económicas y sociales de un nuevo modelo productivo que ponga a los trabajadores y trabajadoras en el centro del futuro de los proyectos empresariales.


Carta abierta a la señora Sara, mi madre

agosto 14, 2018

La señora Sara es viuda.

Con minúscula señora

y con minúscula viuda.

Del cuento Retrato de Señora

 

Sara,

No he escrito nunca una de estas cartas abiertas a una persona que no estuviera ya entre nosotros. Además, sé bien que te gusta contar tu historia, pero no que tus andanzas sean aireadas por escrito, como si presintieras que alguna turbia maldición se cierne sobre quien demuestra ser libre en un mundo plagado de amenazas.

Como aquella vez, en plena posguerra, en la que siendo niña-criada fuiste seguida por las calles de Madrid por una vecina del pueblo, hasta dar con tus padres. Fueron denunciados, juzgados, sentenciados, condenados, apaleados, encarcelados y arrastraron para siempre la marca de la prisión y la derrota.

Nada debes temer, porque ya has dejado de pertenecer al tiempo al que nosotros seguimos sometidos. Una verdad que tan sólo le fue revelada a una mujer, mientras le era negada a los discípulos predilectos, Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Tal vez por esta forma de ver la muerte, este evangelio de María Magdalena nunca ha sido uno de los oficiales y pasa por ilegítimo, apócrifo.

Seguro que nada temes, porque ahora descansas junto a tu marido, en el cementerio del pueblo en el que asegurabas que pasaste los mejores años de tu vida. Ese pueblo en el que encontraste refugio, entre Las Criadas y la vuelta a un Madrid que devora, con crueldad y despiadada avaricia, la vida de sus habitantes. Allí te casaste, tuviste a tus hijos y cuidabas una finca, a modo de guardiana de un paraíso que, de nuevo, te fue arrebatado.

Ahora, las laderas de la Sierra de Guadarrama contemplan el infinito donde resides. La brisa  de los cerros se impondrá a los calores del verano y las nieves del invierno cubrirán tu lápida. Vives ahora la infinitud sin tiempo, mientras nosotros intentamos aprender qué tipo de relación, a base de  recuerdos, contactos, intercambios de memoria, podemos mantener contigo.

Hay muchas mañanas en las que me levanto buscando el momento del día en el que voy a acercarme a verte y muchas noches me sorprende la conexión mental que me impele a llamar para preguntarte cómo has pasado la tarde y que hables con tu nieto Pablo, de tú a tú, de vuestras cosas. Para que viajes con él por cada calle, cada ciudad, las aulas de su instituto, los paisajes de mundos cercanos, o lejanos rincones descubiertos a la vuelta de la esquina. Ese chaval que ha querido ir a verte hasta casi el último día.

Fue esa capacidad de viajar, de vivir tu vida reflejada en otras vidas; la impresionante memoria de cada nuevo nacimiento, cada pérdida, cada cumpleaños, cada enfermedad, que te llevaban a preguntar por la calle, o a coger el teléfono. Fue tu capacidad de vivir sola, sin permitir que nadie se metiera en tu vida, sin dejar de cuidar la memoria de cada persona a la que conocías, la que te hizo tan popular en el barrio.

Fueron tus viejas películas de Hollywood y las de la tierra; tus canciones para después de una guerra, ese incansable escuchar la radio, tus largas caminatas, las que te hicieron soportar el trabajo, mitigar el miedo, afrontar la soledad, defender tu libertad, aunque, con frecuencia, esa libertad sólo se encontrase dentro. Eso te mantuvo joven y atractivamente moderna hasta el último momento, hasta ese tiempo en que las mujeres y hombres del hospital aprendieron a quererte.

Eras cristiana, desconfiando de los curas y los beaterios. Eras socialista desconfiando de los políticos y de la política. Me seguías la pista de sindicalista y a veces me recordabas, Siempre os engañan. De derechas no eras. Recelabas del dinero, sospechabas del poder. Pertenecías a los Nadies. Con todas sus ilusiones y todo su escepticismo. Sorteando cadenas de decepciones para seguir abrazando la vida.

Decidí comenzar a escribir un día tu cuento Retrato de Señora, La señora Sara es viuda. Con minúscula Sara y con minúscula viuda. Me reprochaste que hablase de ti, aunque algo de orgullo te invadía al ver tu nombre escrito en un papel. De lo contrario no me hubieras pedido que te trajera ejemplares de los Cuentos de la Tierra de los Nadie, para repartirlos entre tus hermanos. No tuve que explicarte que sin ti, mis Nadie no existirían. Tú eras el núcleo de los Nadie.

Cada muerte es dolorosa. Esta vez, el dolor de tus hermanas y hermanos, de tus nietas, tus nietos, tus parientes, tus vecinas, cuantos te conocían en el barrio, en el pueblo donde viviste, en aquel otro en que naciste, no creo que sea menos intenso que el mío. Ver cómo tus nietas se han dedicado a ti y te han rodeado de afecto en tus últimos días, me reconcilia con la especie humana, en esta incomprensible situación que me ha envuelto.

Cada muerte es inexplicable, impenetrable, hermética, desoladora. En estos días, he descubierto y me ha ayudado mucho, leer cómo describe John Berger nuestra relación con ella, Hasta antes de que la sociedad fuera deshumanizada por el capitalismo, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era ésta su futuro último. Por sí mismos, los vivos estaban incompletos. Los vivos y los muertos eran interdependientes. Siempre. Sólo esa forma moderna tan particular del egoísmo rompió tal interdependencia. Y los resultados son desastrosos para los vivos, que ahora piensan en los muertos como eliminados.

No sé cómo hacerlo, Sara. No sé cómo acostumbrarme a vivir en la frontera entre la infinitud donde habitas y el tiempo que nos atrapa. Cómo aceptar que eres ya cuanto seremos nosotros. No sé si sabré cuidar a tu gente, esa con la que viviste, a la que querías, sin plegarme a sus caprichos, sin renunciar a mi libertad, como si tú me vieras. Cómo aprender a sacar fuerzas de flaqueza, a base de atrapar músicas, imágenes, historias, encuentros, palabras, aunque sólo sea dentro de nosotros. Sentir la sabiduría que impregna tu memoria del infinito.

He dudado mucho antes de escribir esta carta. No te gustaba que hablaran de ti en público. Un poco de pudor y otro poco de prevención para preservar tu independencia. Que lo que hace la mano izquierda, no lo sepa la derecha. Al final me he puesto a escribir, releer, tachar, corregir, reescribir. Tal vez porque construir futuro es la tarea que compartimos, que tenemos que imaginar los de allá y los de acá. Y porque tu experiencia y tu memoria ya nos envuelve y nos protege.

Sara, he preferido escribir la carta. No hay peor muerte que el olvido. No hay peor suicidio colectivo que la indiferencia y la desmemoria. Si como dijo el cura en tu funeral, has vencido a la muerte, sólo me queda encomendarme a ti y salir cada día a defender la vida. La vuestra, la nuestra.


El tiempo del bienestar

agosto 14, 2018

Hubo un tiempo en el que el bienestar social era la misión, el objetivo prioritario, que tenía encomendado el gobierno de cualquier nación. El término Welfare State, literalmente Estado del Bienestar, confronta, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el Warfare State (Estado de Guerra) que había sido impuesto por los nazis y las fuerzas del Eje.

El Estado del Bienestar había tenido precedentes en el Sozialstaate alemán, o L´État Providence francés, pero ahora poseía una nueva virtud, la de hacer frente, en pleno inicio de la Guerra Fría, al atractivo que los regímenes socialistas podían ejercer sobre la clase trabajadora de los países occidentales. Los comunistas habían constituido el eje vertebrador de la resistencia al nazismo en países como Italia, Francia, o Grecia.

De los Pirineos para abajo ni de lejos pudimos beneficiarnos de tal escenario posbélico, ni del pacto que marcó la vida económica y social de Europa Occidental durante casi cuatro décadas. La Guerra Fría facilitó la consolidación de un enclave fascista en el Sur de Europa, en el que cualquier remedo de bienestar era suplantado por el Estado de Beneficencia.

Para cuando el dictador murió en la cama ya los conservadores ingleses, acaudillados por Margaret Thatcher, preparaban el asalto exitoso del neoliberalismo al Estado del Bienestar. La caída de los regímenes comunistas hizo el resto. Parecían tan sólidos, pero se desplomaron como por inercia, como fichas de dominó.

No siento pena por sus dictadores, pero es cierto que, arrumbada la amenaza del Este, el capitalismo pudo exhibir todo su componente de egoísmo e insolidaridad que, hasta el momento, había permanecido mitigado. Cada espacio público se convirtió en escenario de la batalla campal del beneficio económico, cuando no la especulación y la corrupción.

Uno de los elementos esenciales para el triunfo de este nuevo mundo, al que Bauman ha caracterizado como líquido y que Fukuyama definió como el mundo del fin de la Historia y del último hombre, es la criminalización del fracaso, junto a la identificación del triunfo con el éxito privado.

Hace tiempo que las reglas de la propaganda nazi han sido reeditadas exitosamente por gobernantes y corporaciones económicas. La simplificación, la exageración, la orquestación, la vulgarización, la verosimilitud, la unanimidad y así hasta culminar los 11 principios enunciados por Goebbels.

Noam Chomsky los ha actualizado con acierto en las 10 Estrategias de Manipulación Mediática: maniobras como desviar la atención de la ciudadanía; causar problemas en lo público para ofrecer soluciones privadas; hacerlo poquito a poco, de forma que cuando te quieres enterar ya todo ha cambiado, incluso aplazando los cambios; tratarnos como a niños; apelar a nuestras emociones, impidiendo la reflexión, hasta convertirnos en ignorantes, mediocres, autocomplacientes. Nos conocen mejor de lo que nosotros nos conocemos hasta el punto de que su control y su poder sobre los pueblos son mayores que en cualquier otra época de la Historia.

Estas maniobras, unidas a unos recortes permanentes, agudizados en momentos como la larga crisis que aún no hemos superado plenamente, han conseguido deteriorar la imagen de lo público, hasta convertir esos bienes y servicios esenciales en recursos para los fracasados y los pobres. Todo cuanto no se encuentra en manos privatizadas, todo cuanto no es negocio, es percibido con connotaciones negativas.

Y, sin embargo, si nos detuviéramos un momento, podríamos comprobar que todo forma parte de una inmensa maniobra de propaganda, publicidad y marketing. Quienes, desgraciadamente, padecen una enfermedad grave, saben que es en un hospital público donde mejor pueden tratar su dolencia. Los centros educativos públicos acaban de arrasar en las pruebas de acceso a la universidad. Un título en una universidad pública es distintivo de capacidad intelectual, mientras que en la mayoría de las privadas hace referencia a la capacidad económica.

No quiero decir que la iniciativa privada con fines sociales sea siempre mala. Quiero decir que no es bueno convertir las necesidades sociales, cubiertas con dinero de todas y todos, en un negocio seguro y cautivo para empresarios privados. Que no es bueno dejar que este tipo de política haya pasado a formar parte de una incultura que fomenta el egoísmo, denigra el esfuerzo colectivo y nos cierra las puertas al tiempo del bienestar.


La educación de los hijos y las hijas

julio 18, 2018

Estamos acabando el curso escolar. Las alumnas y los alumnos ya no van a clase. El profesorado termina sus tareas administrativas y organizativas. En el caso de Madrid, uno de los finales de curso más caóticos a los que hayamos asistido, gracias a la ocurrencia de trasladar los exámenes de septiembre al mes de junio.

Las evaluaciones finales habían acabado a finales de mayo. Las notas estaban entregadas a principios de junio y, luego, las ampliaciones de estudios y las recuperaciones se han convertido en un caos organizativo en el que la falta de instrucciones claras de una Consejería de Educación errática, ha producido un desconcierto generalizado en la chavalería y en los claustros.

De otra parte, el cambio de gobierno hace concebir alguna esperanza de que los males tradicionales de la educación española comiencen a tener algún viso de solución. Tras cuarenta años de desarrollo constitucional va siendo hora de intentar un Pacto Educativo que corrija las desigualdades alarmantes entre regiones y entre clases sociales.

Todo el sistema educativo ha sufrido los recortes impuestos por la derecha gobernante durante la crisis, pero al salir de la recesión nos encontramos el panorama desolador de una enseñanza pública que ha sufrido una dentellada que la desangra, haciendo cada vez más evidente la pérdida de igualdad de oportunidades.

Ha cambiado el gobierno y algunos asuntos que fueron noticia han dejado  de serlo. Sin embargo yo le sigo dando vueltas, a las justificaciones esgrimidas por la pareja de líderes podemitas para comprar un chalet en la Sierra de Madrid, allá por Galapagar.

Aunque ya no sea noticia, o precísamente por ello, he llegado a la tardía conclusión de que, sinceramente, pueden comprar lo que quieran, donde quieran y cuando quieran. Si por allí viven varios de sus amigos, pretenden así evitar la presión de los paparazzi, sus ingresos se lo permiten, respiran aire limpio, tienen cerca un colegio que responda a sus ideas educativas y creen además que así ganarán en intimidad, pues adelante. A fin de cuentas es lo que quisiera poder hacer cualquier pareja joven y hasta yo mismo siento cierta envidia, más o menos sana.

El problema viene de la batería argumental que incorpora, entre los motivos de la compra, a los ya famosos “mellizos” que vienen de camino. Vincular la compra de la casa con la intimidad en la educación de los hijos, con que pasen tiempo con sus amigos que viven cerca y con que “puedan vivir su infancia de la forma más normal posible” es legítimo, pero en esto yo soy más de la opinión de Kichi, el alcalde de Cádiz, No quiero dejar de vivir, ni criar a mis hijos en un piso de currante (…) que ya es bastante privilegio vivir en la Viña, en Cádiz y con Teresa Rodríguez.

Tal vez porque Kichi es profesor, licenciado en Geografía e Historia, e hijo de criada, como yo. O tal vez porque me forjé como maestro aprendiendo de gentes como aquel cura italiano, Lorenzo Milani, cuyos alumnos escribieron en su libro colectivo Carta a una Maestra, La escuela a pleno tiempo supone una familia que no estorbe. Por ejemplo, la de los maestros, marido y mujer, que tuvieran dentro de la escuela una casa abierta a todos y sin horario. Gandhi lo hizo. Y mezcló a sus hijos con los demás al precio de verlos crecer muy diferentes a él. ¿Os atrevéis?

Salvadas las distancias culturales e históricas y cambiando la referencia a los  maestros por los políticos, el mensaje sigue teniendo plena vigencia. Y no supone querer un ápice menos a tus propios hijos e hijas, que lejos de estorbar, enriquecen tu vida.

Elegir el magisterio, la política, el sindicalismo, la sanidad, el trabajo social, es lo que tiene. Algunas de las más dignas ocupaciones que puede escoger un ser humano. Son muy gratificantes, pero exigen renuncia al egoísmo y compromiso con la solidaridad y la igualdad a prueba de bombas.

No siempre es posible, no siempre acertamos, pero como bien recordaba Kichi, en su ya famosa carta de respuesta a las críticas vertidas contra sus opiniones, la gente nos podrá perdonar casi todo, pero no que nos equivoquemos de bando. En el voto a la derecha se presupone egoísmo, en el de izquierdas, una apuesta por la solidaridad y la igualdad.


La rebelión de las criadas

julio 18, 2018

De nuevo Genet. De nuevo Las Criadas. Las criadas no son sólo teatro, son un grito, una súplica, una oración, un alegato. Las Criadas son aquello que cada espectadora, o espectador, quieren ver. Hay tantas criadas como actrices, o actores, se lanzan al empeño de ponerla en escena.

No es una obra cómoda. No es una obra monolítica. No es monótona. Era el propio Jean Genet quien insistía en que La manera de actuar de las actrices que representen a las dos criadas debe ser furtiva. Una manera que quiere ser contenida y resulta perturbada, que pretende interpretar la sinceridad hasta inventarla.

Son muchas las actrices y tampoco faltan los actores que se han lanzado a la tarea. Y cada escenificación de Las Criadas resulta distinta. El amor, el odio, la sumisión, la rebeldía, el crimen, el suicidio, la opresión, los sueños y juegos de libertad. Una mezcla inquietante, un equilibrio inestable de sentimientos encontrados, un conflicto permanente, que se renueva en escaramuzas constantes.

La última vez que he podido ver Las Criadas ha sido  en el Auditorio Marcelino Camacho, en representación única organizada por el Ateneo 1º de Mayo y dirigida por Ana Carrasco. Ahora que el problema de las kellys ha conseguido hacerse un hueco en el panorama informativo, parece buena idea de subir a la escena la vida de las mujeres del servicio doméstico, que escandalizó a la burguesía francesa recién salida de la Guerra Mundial y dispuesta a vivir veinte años de bonanza, que culminarían en el famoso Mayo del 68.

El escándalo de un Genet, que había pasado de los reformatorios a las cárceles y que estrena Las Criadas en 1947. Tras más de diez condenas consecutivas, tras haber sido expulsado del ejército a causa de su homosexualidad y sometido a la amenaza de ser condenado a cadena perpetua, que tan sólo es conjurada cuando un buen número de artistas e intelectuales como Sartre, Picasso, o Cocteau, intervienen en su defensa ante el Presidente de la República, consigue que terminen por indultarle en 1949.

Como muestra de la versatilidad de interpretaciones posibles de la obra, en esta ocasión, las criadas parisinas sirven a una señora de la España franquista y la directora ha decidido iniciar la obra e intercalar a lo largo de la misma, pasajes del relato de la vida de su abuela como criada. Una voz que nos atrapa en las redes de una vida condenada y oscura, que lucha por pequeños momentos de felicidad a los que aferrarse para seguir viviendo.

Genet comenzó a escribir para conjurar el tedio de los días de cárcel. Se refugiaba en su vida en libertad, vagabunda, miserable, pobre, la vida de un nadie. Luego siguió escribiendo para ganar algo de dinero. Nada de posteridad. Nada de obra literaria. Lo cual no impide que, pasados los años, termine descubriendo que cuanto ha escrito revela su empeño oculto, paciente y continuado de rehabilitar a los seres, los objetos, las actitudes y los sentimientos que son considerados viles, miserables, perdedores. El procedimiento se le antoja pueril, infantil, demasiado fácil, porque consiste edn nombrar la traición, la cobardía, el miedo, el dolor, el robo, la muerte.

Conceder un nombre, por terrible que éste sea, constituye el acto de la creación en sí mismo. Dice Genet que esta operación no ha sido vana para él. Entregar el derecho a los honores del nombre embellece cuanto vosotros despreciáis.

Imagino a Jean Genet, allá en el cementerio de Larache, junto al otro Jean, en este caso traducido al español como Juan y apellidado Goytisolo, charlando amigablemente sobre esta nueva versión que estas tres jóvenes actrices se han atrevido a llevar a los escenarios. Ana, Ainhoa, Marta.

Seguro que coinciden los dos Jean, en lo acertado del atrevimiento transgresor de convertir el personaje de Solange en el de Sara, introduciendo su nombre y su relato en la representación. Los imagino sopesando, frente al mar, la audacia de cambiar la monótona vida burguesa, gaullista y republicana de la Francia de la posguerra, por la provinciana gris, estraperlista y militarizada vida que soporta el peso de una dictadura implacable que acababa de ganar otra guerra contra su propio pueblo. Porque, ya lo dijo Genet, ¡Incendiaria! Es un título admirable.


Caos en el final de curso

julio 18, 2018

Cuando no son pitos, son flautas. El final de curso madrileño viene marcado este año por el desorden administrativo y el caos educativo. Y no por culpa de los profesionales de la educación, ni a causa del alumnado y sus familias, sino por los problemas derivados de la decisión de adelantar los exámenes de septiembre a finales de junio.

No entraré en valorar lo idóneo, o no, de la medida. Es verdad que hay quien dice que, en la mayoría de las ocasiones, la oportunidad de estudiar las asignaturas suspendidas durante los meses de verano, acaba en un nuevo fracaso. Hay quien opina lo contrario y también quien explica que hay países en los que no existen estas pruebas extraordinarias de recuperación.

Sea como fuere, los cambios hay que prepararlos, acordarlos, organizarlos, con tiempo y no ser fruto de la ocurrencia e improvisación. La orden que regula el calendario escolar y que incorpora estos exámenes extraordinarios de recuperación en junio no ha sido fruto del acuerdo y el consenso en la comunidad educativa. De hecho sólo la lentitud de la justicia ha impedido que haya ya una decisión judicial ante el recurso interpuesto por la Federación de Enseñanza de CCOO ante los tribunales, tras oponerse al calendario en el Consejo Escolar.

Ha llegado el final de curso y los centros educativos se enfrentan al cumplimiento de la decisión, sin que nadie haya dictado instrucciones sobre cómo organizar los horarios, exámenes, actividad educativa,  durante este periodo. Se han adelantado las evaluaciones finales y ahora es responsabilidad de los centros qué hacer con las alumnas y alumnos hasta el 21 de junio.

Quienes han aprobado se supone que van a “ampliar” estudios y quienes han suspendido parece que van a realizar “repasos” acelerados de las asignaturas. Pero las profesoras y profesores son los mismos y no pueden desdoblarse. O triplicarse, en el caso de que, además, tengan que formar parte de los tribunales de la EVAU (eufemismo de la tradicional selectividad) para quienes quieren entrar en la Universidad el próximo curso y hasta participar en los tribunales de oposición convocados de urgencia y a última hora.

Para colmo, las alumnas y alumnos que han aprobado saben que hay que ir a clase, pero con la sensación de que si hay que ir se va, pero ir para nada. No son pocas las faltas no justificadas y el aumento de las justificadas. Algo impensable en cualquier final de curso anterior.

El desconcierto de las familias también es absoluto, ante las quejas de unos hijos que madrugan para echar la mañana en actividades que se denominan “repasos” para quien ha suspendido y “ampliación” para quien ha aprobado, pero que consisten en rellenar fichas, ver películas y otras actividades similares.

El profesorado hace lo que puede. Tienen unos horarios y unas funciones firmados desde el inicio de curso y ahora se encuentran con la misión imposible de reorganizar este periodo lectivo sin normas e instrucciones claras. La administración lanza consignas a los centros, instrucciones informales y deja en los equipos directivos la responsabilidad sobre cualquier irregularidad, o problema que pueda producirse.

Una reorganización que no ha sido firmada desde el inicio del curso por el profesorado. Ni ha sido informada por el Claustro, o por el Consejo Escolar. Tampoco hay informe de la inspección educativa y, por supuesto, sin que las direcciones territoriales de Educación hayan dado la aprobación correspondiente. Un búscate la vida y si hay problemas te la buscas también.

Me parece que las personas que ejercen como profesores y profesoras en los centros educativos y quienes ejercen de padres y madres en las familias, merecen un poco más de respeto. Y las personas en formación, no por menores de edad menos personas, también tienen derecho a un escenario educativo claro, conocido y en el que sepan qué deberes y qué derechos les asisten desde el primero al último día del curso, sin periodos como éste, en los que, tras recibir las notas, no saben muy bien de qué va esto de terminar bien el curso.

Lo triste es que nadie saldrá a dar explicaciones, ni a pedir perdón, ni a asumir responsabilidades, ni a dictar instrucciones claras. Porque en este país, todo parece ir de anuncios, inauguraciones, mayorías y minorías, publicidad y propaganda. Lo de organizar, gobernar, solucionar problemas reales, eso… Eso, bueno, ya es otro cantar.